Friday, 15. December 2017

Visitantes

1264544

Búsqueda

AGON en Facebook

Compártenos

Share to Facebook Share to Twitter Share to Linkedin Share to Myspace Share to Delicious Share to Google 

Compartir

Mark Steyn: “Rusia, China, una Europa semi–islamizada aspirante a califato”

Extractos de “After America. Get Ready for Armageddon” (2011).

china_iran


Tras el anuncio de las sanciones occidentales sobre Irán el 23 de noviembre de 2011, el general Zhang Zhaozhong, profesor en la Universidad de Defensa Nacional de China, anunció una semana después en una conferencia en Beijing, que su país se opondría a las sanciones unilaterales contra Irán y no vacilaría a la hora de proteger la república islámica, incluso con una Tercera Guerra Mundial. Si bien el público chino se ha tomado con escepticismo las declaraciones de Zhang Zhaozhong, este enero se ha abierto con las declaraciones del embajador ruso Dmitry Rogozin, quien ha afirmado que “Irán es nuestro vecino y si Irán se ve involucrado en cualquier acción militar, será una amenaza directa a nuestra seguridad”. Con las tres grandes y futuras potencias (Rusia, China, el califato musulmán) alineadas contra Occidente y todo lo que representa la civilización, cabe recordar las proféticas palabras de Mark Steyn en su último e imprescindible libro, “After America. Get Ready for Armageddon”.


 

“La “globalización” tiene el encanto de todas las teorías de los inevitabilistas: va a pasar. ¿Por qué? Simplemente pasará. No te preocupes por ello. Así mismo, Francis Fukuyama y El Fin de la Historia: ninguna nación puede resistir la atracción de la democracia liberal occidental y, por ello, un día todo el planeta será Suecia y no habrá más guerras. En estos días incluso Suecia no es Suecia. Preguntad a algún judío en Malmö, si podéis encontrar alguno.

Frente a esta globarrada se encuentra la tesis propuesta por el fallecido Samuel Huntington en El Choque de Civilizaciones. El punto de vista de Huntington tiene menos encanto porque es menos sedante. La globalización no nos pide nada, mientras el choque de civilizaciones pone un frío y duro signo de interrogación sobre el futuro. Huntington postula que los identificadores culturales cuentan más que los económicos. Un hombre en una fábrica en la otra punta del mundo puede hacer las partes de un trasto electrónico que Thomas Friedman usa mientras espera a que su sala VIP dé paso a su vuelo, pero eso no significa que compartan nada parecido a una misma visión del mundo. Parece lamentable que sea necesario señalar algo tan obvio. ¿Qué es, después de todo, más importante para la identidad de un hombre? ¿El hecho de que hace baratijas para Thomas Friedman? ¿O el hecho de que es un musulmán de Indonesia? En 1996, Huntington identificó diez civilizaciones en el mundo, incluyendo las tres más grandes: la occidental, la musulmana y la sínica. Una década y media después, China –la potencia sínica– está subiendo económicamente, pero es demográficamente débil, mientras el Islam está ascendiendo demográficamente, pero es económicamente irrelevante, salvo por esa parte del mundo musulmán que vive del petróleo extraído por extranjeros. Mientras tanto, Occidente está cayendo en picado tanto económica como demográficamente. Y ya que la civilización occidental fue el componente indispensable en la construcción del mundo moderno, eso plantea una pregunta: ¿Qué viene después?

[…] Como los medas y persas hicieron con Belsasar, los rusos, los chinos, el nuevo califato y otros esperan el momento para repartirse el mundo occidental.

Cuando el dinero se escurre, también lo hace el poder. Los británicos lo aprendieron a golpes, incluso mientras el suyo se escurría entre los más amigables de entre los poderes sucesores al otro lado del Atlántico, en Washington. Hoy, el dinero se escurre por el Pacífico. Aquellos que poseen nuestras almas poseen nuestras cadenas. Al igual que América tenía el dinero británico, así tiene China el de América. ¿Cómo lo usará para aumentar su poder e influencia? ¿Qué provocará la amenaza de un pequeño chantaje económico? ¿La actuación americana contra Corea del Norte? ¿El apoyo de Washington a Taiwán? China es peligrosa, no (como muchos afirman) por su fuerza, sino por su debilidad. Tal y como escribí en America Alone, la República Popular tiene un grosero fallo estructural: gracias a su desastrosa política del hijo único, envejecerá antes de enriquecerse y, a no ser que esté planeando convertirse en la primera superpotencia gay desde Esparta, los millones de excedentes en juventud masculina a los que la política del hijo único del gobierno ha privado de una compañera femenina son una receta, o bien para estremecedoras convulsiones sociales en casa, o bien para la guerra en el extranjero, el tradicional método de liquidación de excedente de inventario de las grandes potencias. Éstas son, en realidad, noticias mucho peores que si China se estuviese dirigiendo hacia la indiscutible hegemonía mundial, puesto que significa que los cálculos de Pekín en lo que respecta a la evolución de las relaciones Sino–Americanas van a ser muy diferentes de los nuestros.

[…] El mundo después de América está empezando a tomar forma, un planeta en donde los locos y los hombres duros pondrán pies en polvorosa y el resto pasará para llevarse bien con el poder. La imagen de las Naciones Unidas en unos años: para tres de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Inglaterra, Francia, Rusia) acomodarse con el Islam será el imperativo político nacional y llevarse bien con China será la prioridad extranjera predominante. En un sentido práctico, esto contraerá “Occidente” y destruirá el equilibrio de postguerra con el cual los tres miembros permanentes del mundo libre equilibraban dos potencias autoritarias. Dales un codazo para que tiren un poco adelante –un díscolo planeta de fuerzas hostiles –Rusia, China, una Europa semi–islamizada, aspirante a califato, lo que quiera que el nuevo Chavismo deje a Latinoamérica– todos mutuamente antipáticos mas para los cuales la movediza América sigue siendo el mayor y más tentador objetivo. No habrá un “nuevo orden mundial”, sólo un mundo sin orden, en el cual insignificantes estados fracasados serán potencias nucleares mientras las naciones más ricas del planeta serán incapaces de defender sus fronteras y se verán obligadas a ajustarse a la era postamericana en la medida de sus posibilidades”.

 

“Extracto de una carta desde el futuro”

 

“En Moscú, Vladimir Putin, autoproclamado de presidente a zar de facto, decidió que ya era hora de reconstituir el antiguo imperio y comenzar a re–colgar el Telón de Acero; no de manera formal, no de manera inicial, sino como una esfera de influencia de la que los yanquis se mantendrían alejados. Rusia, como China, era demográficamente débil, pero geopolíticamente agresiva. La Europa que el nuevo zar preveía era no sólo energéticamente dependiente de Moscú, sino también desde el punto de vista de la seguridad. De ahí su malicioso apoyo a un Irán nuclear, puesto que los mulás con armas nucleares servían a las ambiciones rusas para restaurar su hegemonía en la Europa del Este. Tan sólo Washington estaba sorprendida de cuán lejos se extendía la Europa del “Este” en la época en la que se consolidó Moscú. En un mundo inestable, los rusos se ofrecieron como sindicatos de protección en los que podrías confiar, y había bastantes interesados en aceptar el chantaje cuando cada ciudad europea estaba al alcance de Teherán y otros locos. Miradlo desde su punto de vista: mientras el “poli bueno” que era América se retiraba a su comisaría, quedaba por salir el “poli malo” que todavía tenía cierta credibilidad cuando se trataba de partir cabezas”.

 

- Traducción de César Guarde