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Ayaan Hirsi Ali: Discurso pronunciado en la Universidad de Wisconsin (5 de febrero de 2010)

La lección de una infiel al feminismo occidental pro–islámico.

 ayaan

 

–Por favor, unámonos para dar la bienvenida a Ayaan Hirsi Ali.

–Allahu Akbar! Allahu Akbar!

–“Allahu Akbar” significa “Dios es grande”. No voy a decir que Dios es grande. Voy a comenzar por disculparme, dado que todos habéis tenido que soportar medidas de seguridad que nos han retrasado una hora en el comienzo de esta conferencia. Deberíamos haber comenzado a las 19.30, son las 20.30, y me disculpo no porque es culpa mía, sino porque sé lo que significa tener que esperar y sé también lo que significa que sospechen que eres un terrorista en potencia.

Gracias, profesor Goldberg, por tan amable presentación. Estoy muy contenta de estar aquí esta noche para hablar sobre los derechos de la mujer y la familia en el mundo actual. Tan sólo lamento no poder quedarme esta noche y el fin de semana para el gran partido de hockey... pero animaré al equipo. En realidad nunca he estado antes en un partido de hockey en los Estados Unidos, pero en una ocasión lo estuve, en Nairobi, y usamos los palos para pegarnos entre nosotros. Ésta es mi primera vez en Madison, por lo que os agradezco especialmente la bienvenida.

Algunas personas creen que mis puntos de vista son controvertidos. Afirman que deberían silenciarme. Y aplaudo a los comprometidos directivos de la Wisconsin Union con la libertad de expresión y os agradezco calurosamente el haberme dado una tribuna.

Permitidme que me presente y os haga un pequeño resumen de cómo acabé involucrándome en los asuntos de mujeres e Islam. Y haré esto sólo para aquellos de vosotros que no habéis oído hablar de mí. Y si ya lo habíais oído y lo encontráis molesto, por favor, soportadme un poco. Nací en noviembre, en 1969, en Mogadiscio, Somalia. Mi madre, la segunda esposa de mi padre, tuvo ocho hijos y yo pertenezco a los tres que sobrevivieron. Mi hermana Haweya era un año y medio más joven que yo y mi hermano Mahad un año mayor. Cuando era sólo una niña, mi padre fue encarcelado porque se opuso al presidente de Somalia, el dictador Mohamed Siad Barre. Mohamed Siad Barre era un hombre, un auténtico miembro del ejército somalí, que se había hecho con el poder 23 años... perdón, 23 días antes de mi nacimiento. Años después, mi padre pudo escapar de la prisión y huir a Etiopía, junto con otros ex políticos para formar el partido o frente democrático somalí. En 1977 o algo así (nunca he sido buena con las fechas, a los somalíes no se nos da muy bien), Mahad, Haweya y yo nos escapamos de Mogadiscio con nuestra madre y huimos a Arabia Saudí. Mi abuela materna se unió a nosotros más tarde. Vivimos durante un año en Arabia Saudí hasta ser deportados por el gobierno saudí, dado que mi padre continuaba activo en la política somalí. Fuimos a Etiopía, donde vivimos durante año y medio. En 1980, nos trasladamos a Kenia y nos asentamos en Nairobi, donde viví durante 11 años. Me crié como musulmana y, siendo adolescente, abracé el Islam con fervor. Como algunos de los miembros del público de hoy, yo también solía gritar “Allahu Akbar”, cuando experimentaba cualquier tipo de problema. Me sentía cautivada por el modo en que mi profesora, la bella y joven hermana Asisa, hablaba del Islam y de la belleza de la castidad y de la pureza. Me fascinaba la idea de vestirme como ella, con la hijab que cubría literalmente desde la cabeza hasta los tobillos. Finalmente acabé poniéndome un pañuelo que cubría mi pelo y, debo admitirlo, me hacía sentir poderosa. En aquel momento, todavía no lo sabía, estaba atravesando un extendido renacimiento del concepto de jihad y ley islámica. En los países musulmanes los oficiales gubernamentales eran normalmente corruptos, como ahora, las sociedades se colapsaban, el caos destrozaba los países, la gente era perseguida o abandonada por sus gobiernos y, mientras tanto, nos refugiábamos en nuestras tribus, nuestras tradiciones y la mezquita se convirtió en el centro de oposición política.

Había abrazado completamente el Islam y me sentía llevada por este tipo de fundamentalismo. Me esforzaba cada día por someterme a la voluntad de Alá, a la voluntad de mis profesores, del imam y de mi madre. Y aun así había algo profundo en mí que se rebeló. Y tenía preguntas sobre cosas de las que no tenía derecho a preguntar. Por ejemplo, recuerdo el día en que, escuchando un discurso sobre por qué las mujeres debían cubrirse para evitar tentar a los hombres, pregunté: “¿Y qué hay de los hombres? ¿Por qué no se cubren ellos para evitar que me sienta tentada?”.

En 1992 un primo lejano, Osman, vino de Canadá para visitar a su familia y encontrar una esposa. Osman se dirigió a mi padre y le pidió alguna de sus hijas. Dijo que buscaba una chica que fuese obediente, pía y le diese seis hijos. Y mi padre pensó que yo cumplía esos requisitos. A pesar de mis protestas, mi padre aceptó entregarme, intenté no presentarme pero... mi presencia no era necesaria. La fiesta de la boda debía tener lugar en Canadá, donde vivía la familia de Osman y donde tendría mi nuevo hogar como su esposa. Tras la ceremonia, Osman regresó a Canadá y yo debía unirme a él allí tan pronto como mis papeles de inmigración estuviesen listos. Pero en ese momento, la embajada canadiense estaba repleta de somalíes intentando reunirse con sus familias. Otro tío lejano, Mursal, en Alemania, vino en mi ayuda. Me envió un visado y prometió ayudarme a encontrarme con mi marido en Canadá. Mi padre estaba encantando y me envió a Alemania. Una vez más, me vi enfrentándome a la sumisión frente a mi deseo de ser... de vivir mi vida. La hermana Asisa solía hablar a menudo de los dos pequeños ángeles que se sentaban en nuestros hombros. El de la derecha llamaba a cualesquiera obras correctas que hiciésemos, el de la izquierda apelaba a todos tus pensamientos y acciones pecaminosas. Frente a la vida que se me ofrecía, casada con un hombre al que ni conocía ni amaba, me encontré a mi misma rechazando y desobedeciendo. Y al final la voz del pecado ganó.

Llegué a salvo a Alemania pero, en lugar de tomar un vuelo a Toronto, tomé un tren a Ámsterdam. Pedí asilo en Holanda y se me concedió el estatus de refugiada y, posteriormente, ciudadana. Aprendí holandés y trabajé como intérprete para somalíes, en su mayor parte mujeres en diferentes situaciones, incluyendo clínicas de aborto y refugios para mujeres. Tras ser admitida en la Universidad de Leiden, en los Países Bajos, comencé a apreciar de verdad el privilegio de una educación y del pensamiento crítico. Tras licenciarme, se me ofreció un trabajo en el Partido Laborista Holandés. Allí se me pidió investigar la integración y asimilación de los musulmanes en esa sociedad. Escribí artículos sobre el tema, pero especialmente sobre la situación de las mujeres musulmanas, siendo abiertamente crítica con el Islam y la comunidad islámica. Estos artículos fueron publicados desde finales de 2001 hasta finales de 2002. Y lo fundamental de todo ello era que los principios básicos de la democracia y los principios básicos del Islam son incompatibles. Por ello, los inmigrantes tienen que elegir.

A causa de mis publicaciones, mis entrevistas y mi activismo en favor de las mujeres musulmanas en Holanda, mi vida estaba amenazada y continúa estando amenazada. En 2002, en octubre, las amenazas habían llegado a tal punto que viajé a Los Ángeles en secreto para esconderme. Durante esas semanas comencé a considerar la posibilidad de dejar atrás mi trabajo y comenzar de nuevo en los Estados Unidos. Tres semanas más tarde, después de haberme ocultado, el ayudante del primer ministro de Holanda, Gerrit Zalm, ingresó como miembro del Parlamento. Él me aseguró que sería protegida por el gobierno holandés mientras mi vida corriese peligro. Siguiendo su petición y con la seguridad de mi protección regresé a Holanda para continuar con mi trabajo y fui elegida por el parlamento, donde estuve durante tres años. Durante ese tiempo enfoqué mis esfuerzos en sacar a la luz la situación de las mujeres musulmanas, en concreto en Holanda.

En agosto de 2004 hice la película llamada “Submission” con Theo van Gogh, un director holandés. Theo estaba de acuerdo conmigo en muchas cosas y discrepaba en otras. Me votó a pesar de ser miembra de un partido que ridiculizaba. Se sentía como si fuese “el tonto del pueblo”. Pero el país dependía de él para la provocación y la excitación, ya que provocaba por el simple hecho de provocar. En realidad, era un hombre seguro con una gran visión y cuando hizo “Submission” me dijo: “Vivo para provocar y mi obra ha sido provocar, pero esta vez no es ésa su intención. Es un pequeño regalo para todas las mujeres musulmanas. Es lo menos que puedo hacer”. En esta película proyectamos versos del Corán sobre el cuerpo de mujeres, versos que piden que las mujeres que sean pegadas por los hombres, abusadas, violadas y por razones como la desobediencia y el adulterio. Como respuesta, Theo fue asesinado en una concurrida calle de Ámsterdam el 2 de noviembre del mismo año. Su asesino, Mohammed Bouyeri, le disparó primero, luego lo decapitó y, finalmente, dejó una larga nota prometiendo asesinarme, clavada en su pecho. Todo ello porque nos atrevimos a mostrar el horrible trato de las mujeres, que no sólo se consiente, sino que también se ordena llevar a cabo por el Islam.

“Submission” se hizo para llamar la atención sobre el sufrimiento de las mujeres musulmanas. La situación de las mujeres musulmanas a lo largo de toda Europa era y es ésa. Y aunque viven en una democracia liberal occidental, muchas niñas musulmanas son sacadas de las escuelas en cuento alcanzan la pubertad, siendo forzadas a casarse con hombres de las aldeas nativas de sus padres, en zonas remotas de Oriente Medio, Asia, África del Norte y Turquía. Las mujeres son encerradas en pequeños apartamentos en altos edificios. No se les permite abandonar su hogar sin el permiso de sus maridos. Las comunidades musulmanas en Europa aceptan en su mayoría la violencia doméstica como algo natural. Hay asesinatos por honor, mutilación genital y un abuso sistemático de niñas y de mujeres musulmanas en suelo europeo.

Cuando me trasladé a los Estados Unidos, me sorprendí de nuevo al ver que ni siquiera la sociedad más libre del mundo podía proteger adecuadamente a las mujeres musulmanas de estos horrores cometidos en nombre de su religión por sus padres, sus hermanos, sus primos y sus sobrinos. De camino a Madison, escuché hablar de la “Idea de Wisconsin”. Digamos: “El servicio comienza en casa”. Y la “Idea de Wisconsin” es que, al educar a los jóvenes de Wisconsin, la Universidad de Wisconsin mejora, primero, Wisconsin, para que luego el resto del mundo se beneficie y siga los pasos de Wisconsin. Éste es un acercamiento que aplaudo, la idea de que la caridad comienza en casa. Y la he abrazado en mi propio deseo de ayudar a proteger y defender los derechos de las mujeres en Occidente contra el Islam militante.

Todas las soluciones comienzan con el paso de explorar y entender el problema. Cuando Adlai Stevenson, el embajador de las Naciones Unidas y candidato demócrata a la presidencia habló aquí, en 1952, Stevenson dijo que la “Idea de Wisconsin” requería el uso de la inteligencia y la razón sobre los problemas de la sociedad. La resolución de Stevenson de utilizar la inteligencia y la razón para crear un mundo mejor no podría ser más cierta o más adecuada. Debemos usar la inteligencia y la razón para enfrentarnos a lo que veo como una de las mayores desigualdades en el mundo: el tratamiento de las mujeres musulmanas. Esta desigualdad no es sólo una cuestión de tragedia inmoral, sino que es también una amenaza a la paz mundial. Ninguna cultura, ninguna religión, ninguna idea ha sido nunca tan brutal para con las mujeres como el Islam. Las feministas deben alzarse para enfrentarse a este crimen contra la humanidad que supone el Islam radical para las mujeres. Debemos tratar este ataque a la dignidad humana fundamental con inteligencia y razón. Porque para nosotros es una cuestión de principios que las mujeres sean libres e iguales, de la misma forma que es una cuestión de principios para el Islam el oprimir a las mujeres. Si guardamos silencio, estamos siendo cómplices.

Es un paralelismo a ser aprendido a través de la experiencia alemana nazi durante el Holocausto. Muchos alemanes ordinarios miraron a otro lado mientras los judíos eran capturados y asesinados. Apoyaron uno de los mayores crímenes del siglo veinte a través con su pasividad, negación e indiferencia. Y luego estaban los verdugos voluntarios de Hitler y saco esto del historiador canadiense–americano Daniel J. Goldhagen: algunos de los nazis asesinaban judíos porque pertenecían a una cultura de antisemitismo. Pero otros decidieron ser extremadamente crueles: llevaron a cabo un proceso de tortura, masacre e inanición peor de lo que ya era de por sí. Los verdugos voluntarios se ensañaron con los judíos de forma voluntaria con una malicia y crueldad sin igual. Ahora bien, pensad en las cortes de apelación saudíes, en las que las autoridades, en el año 2007, sentenciaron a una mujer violada por siete hombres a 200 latigazos tras apelar una sentencia según la cual se había sentenciado que debía ser azotada unas 100 veces. Era un tipo especial de odio el que los nazis tenían contra los judíos. Y el Islam impone un tipo especial de odio contra las mujeres. Todas las culturas y todas las religiones han sido injustas con las mujeres, añado. Hubo quema de brujas en Europa y los Estados Unidos. Hay versos atroces contra las mujeres en la Biblia y el Talmud. Pero el tratamiento de las mujeres que lleva a cabo el Islam no es cosa del pasado. El Corán, a diferencia de la Biblia y a diferencia del Talmud, es la constitución de países y comunidades de hoy. Los principios inhumanos islámicos que oprimen a la mujer son insólitos, sistemáticos y difíciles de cambiar. Pero si la Declaración Universal de los Derechos Humanos es una cuestión de principios, debemos entonces examinar la teoría expuesta por el profeta Mahoma, una teoría practicada por millones de personas. Si nos tomamos en serio los valores americanos, debemos entonces romper nuestro silencio si esperamos defender el principio de que la mujer, al igual que el hombre, tiene derechos inalienables.

Echemos un vistazo a los valores islámicos. Escrutemos esos valores. No nos acobardemos ante la idea de someter la doctrina islámica al pensamiento crítico al que todas las ideas de Occidente han sido y son sometidas. La mente musulmana debe ser abierta en el s. XXI. Hoy, 1.570 millones de personas se identifican como musulmanes y, aunque ciertamente tienen 1.570 millones de mentes diferentes, hay algo así como una tendencia cultural dominante y la mente musulmana actual está sujeta a la ley Sharia islámica y la jihad. Lo que quiero dejar claro es que los valores islámicos son incompatibles con los valores americanos. Nota: los valores islámicos, la teología islámica, no los musulmanes. Los musulmanes son diversos, son seres humanos individuales, pueden cambiar su forma de pensar. Estoy hablando de la doctrina, de la teología, y esa doctrina, esa teología, esa teoría política es incompatible con la teoría americana y el credo americano.

Y ésta es una declaración bastante fuerte; y entiendo que tengo que apoyarla con argumentos, y que mis argumentos deben ser lo suficientemente fuertes como para sostenerse. Así que tomemos unos cuantos valores centrales. En primer lugar, la libertad. La Declaración de Independencia dice de la libertad: “Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Contrástese esta definición del derecho a la libertad individual con el Islam. Suele decirse que la palabra “Islam” significa “paz”, de la palabra “salam”. En realidad, la definición precisa de la palabra “Islam” es “sumisión”, en concreto, sumisión a la voluntad de Alá, tal y como fue narrado por Mahoma, el hombre que se declaró a sí mismo el último mensajero del único dios verdadero. Este significado es el corriente y es compartido por todos los que se identifican a sí mismos como musulmanes. Los valores americanos ponen la libertad y la responsabilidad del individuo en el centro de este constructo. Por el contrario, el Islam pide sumisión total, sumisión de la voluntad, sumisión total del individuo y la renuncia a la responsabilidad. Es un choque de dos civilizaciones, una de libertad y responsabilidad contra una de obediencia y carencia de responsabilidad.

La relación entre hombres y mujeres es idéntica según la ley y la cultura americana. Algunos diréis que al menos en teoría. Aquí, en Wisconsin, me dicen que a las mujeres se les permitió acceder a la universidad por primera vez durante la Guerra Civil. Bueno, no está mal para Wisconsin, por estar por delante de otros lugares en América y de otros lugares en el resto del mundo. Hubo que esperar hasta 1920 para que la frase “todos los hombres son creados iguales” incluyera a las mujeres en las votaciones. Preguntemos ahora al público. Levantad la mano los que penséis que está justificado excluir a las mujeres. ¿Hay alguien que esté levantando la mano? No. ¿Significa eso “cero personas”? Es bastante fuerte. Bueno, bajo el Islam y la Sharia es algo más que una opinión. Es ley excluir a las mujeres de los derechos y libertades disfrutados por el hombre: vigilancia, matrimonio y divorcio, testimonio en la corte, vestimenta, herencia. En estos temas, la ley islámica es explícita en que las mujeres son inferiores.

La voluntad divina de Alá está esbozada en el Corán y en las enseñanzas de Mahoma que fueron registradas en la Hadith o la Sunnah. El Corán se considera la verdadera palabra de Dios revelada a Mahoma a través del ángel Gabriel. Bien. La Sunnah [sic, se trata de la Hadith] ha sido a menudo motivo de debate entre los teólogos islámicos. Se ha llegado a un consenso que apoya la autoridad de un conjunto de seis volúmenes derivados de la mismo llamados Sahih Sittah‎ [sic; se trata de Sahih al-Sittah o al-Kutub al-Sittah‎], “los Seis Auténticos”. El Corán y la Sunnah conforman las bases de la ley y jurisprudencia islámica o Sharia. En cualquier país en el que rige la ley islámica, si una mujer está a solas con un hombre que no es familiar suyo, es castigada según el juicio de su guardián. Para una mujer casada esto significa la lapidación. Para una chica soltera significa latigazos. Y no es sólo para las mujeres. Si un hombre en estos países se toma la ley por su cuenta y decide encargarse del castigo él mismo, normalmente no es llevado a juicio. Si se le lleva y puede probarse una transgresión lo suficientemente fuerte [de la mujer], el hombre es absuelto de toda responsabilidad criminal. A ojos del estado y de su comunidad simplemente estaba llevando a cabo su obligación. Éstas son las desigualdades que acarrean las consecuencias de estas leyes.

Un ejemplo real es Sakineh Ashtiani, juzgada con la Sharia en Irán en 2007. Fue azotada 99 veces por relaciones ilícitas al ser encontrada culpable de adulterio. Para los homosexuales no hay escapatoria. La pena por mantener relaciones homosexuales bajo el Islam es clara: es la muerte. Estáis probablemente familiarizados con la famosa declaración del presidente de Irán en la Universidad de Columbia, en Nueva York, que afirmó que no hay homosexuales en Irán.

Pero, ¿qué ocurre cuando los musulmanes siguen estos códigos dentro de las democracias liberales seculares de Occidente, que no reconocen el Islam como la religión estatal oficial? En tales casos estos castigos son considerados ilegales y el que los perpetra un criminal. Sin embargo, el crimen es a menudo encubierto por la familia o la comunidad musulmana local. Enfrentarse a los principios tras los crímenes se vuelve casi imposible dado que cualquier crítica de estos principios es entendida como “islamofobia”. La cuestión que nos queda por plantear es la siguiente: ¿Es el Islam una religión? Y esto me lleva a mi siguiente punto.

Mucha gente enfrenta el Islam con el cristianismo, y, ciertamente, el Islam tiene una dimensión religiosa. Pero creo que es más preciso enfrentar el Islam con otras teorías políticas, ya que el Islam es una teoría política. Al igual que lo es el comunismo y su ideología hermana, el socialismo, al igual que la filosofía política del nacionalsocialismo. Todos ellos son un conjunto de ideas sobre cómo debería funcionar la sociedad. El concepto de “América” es también un credo político, es una teoría basada en la sociedad y cómo esa sociedad debería funcionar, la relación definitoria entre los ciudadanos y los estados y entre los ciudadanos. Hay una ley política y un código penal. Hay también unas leyes familiares que dictan las relaciones entre hombres y mujeres. Derivados de la cultura americana, los valores americanos, la historia americana y la constitución americana. De forma similar, la dimensión política y social del Islam dispone reglas para la relación entre el estado y sus sujetos y para la relación entre hombres y mujeres y los castigos para aquellos que incumplen la ley. El credo americano y el credo islámico son dos ideas en disputa: son tan diferentes como es el día de la noche.

Cuando tomo una postura crítica con el cristianismo, tal y como es hoy en día, encuentro una rica evolución en la doctrina cristiana y en cómo se practica. Un estudio similar del Islam nos brinda el chocante resultado de que poco ha cambiado en la jurisprudencia islámica. El Corán sigue siendo la pieza central del Islam. Este libro es conceptualmente pobre, con una carencia en lo referente a la comprensión del ser humano. Se centra en los vicios y en las actitudes negativas de la humanidad y no deja lugar al lado innovador y creativo del hombre, menos aún de la mujer. Las ideas, pensamientos y expresiones de los individuos son silenciados y sometidos a los que el profeta Mahoma estima como modelo. Todo aquello fuera de su modelo se condena. Ahora, señoras y señores, simplemente imaginen reducir la imaginación de 1.570 millones de personas a la idea de un único hombre del siglo séptimo. No hay nada parecido a la Universidad de Wisconsin en el mundo árabe islámico.

Quienquiera que sea honesto admitirá también que las versiones más tempranas del Antiguo Testamento e incluso partes del Nuevo Testamento son igualmente negativas. Pero tras muchos siglos de vigoroso cuestionamiento y crítica, el cristianismo se despojó de su dimensión política y la separación entre iglesia y estado se estableció en Occidente. Los teólogos cristianos pueden tener una opinión política, pero no se parece en nada a lo que la Sharia significa en el Islam. Aquí hay una ley secular que protege la libertad de religión y a los no creyentes por no tener fe alguna. No tenemos ninguna ley secular de este tipo en el lugar del que vengo. En la Edad Media y más tarde la gente solía hablar de los vicios. El Islam está centrado en los vicios. Las enseñanzas de Mahoma o la Hadith se convirtieron en el lugar en el que encontrar una excusa con la que introducir en la ley los inusuales y crueles castigos de tiempos medievales y primitivos. Cuando leemos la doctrina cristiana, encontramos la misma fuerza a la hora de enfrentarnos a temas como el alcohol, las drogas, el sexo y otros impulsos que violan los diez mandamientos. Los teólogos occidentales y los filósofos laicos occidentales han pensado en un sistema de recompensas y castigos y han debatido sobre ello a lo largo de los siglos, para aquellos que se mantienen en la ley y para aquellos que la violan. La Biblia puede decir que el castigo por el pecado es la muerte. Si hay cristianos que quieren matar -y algunos hay- esos cristianos son detenidos por otros cristianos y, si no son detenidos por otros cristianos, lo son por el Estado de derecho. Son condenados por sus compañeros creyentes que han desarrollado una teología cristiana alternativa. En el Islam, aquellos musulmanes que se entregan a la violencia pueden ser condenados en ocasiones por sus compañeros musulmanes, pero no han conseguido desarrollar una teología alternativa debido a su enclaustramiento en torno al Corán y la Hadith. En los países islámicos no existe el Estado de derecho y no hay separación entre el ámbito de lo político y el ámbito de Alá. El Islam tranquiliza a las mujeres y a otros grupos oprimidos para que perseveren, pues Alá lo arreglará todo en la otra vida.

En realidad, el Islam está tan centrado en la otra vida que la vida en la tierra ha sido ahora declarada una sala de espera transitoria para nuestra vida después de la muerte. Sabemos por la historia que todo credo que pide sistemáticamente que inviertas en la otra vida se convierte en un culto a la muerte. El credo islámico reclama que no puedes cometer errores. En contraste, la Ilustración, que nos trajo el credo americano y la constitución de muchos países europeos, honra la vida. No se trata de honor después de la muerte o en la otra vida, sino de honrar la vida individual. Aquí y ahora.

¿Puede reformarse el Islam? Ésa es una pregunta que probablemente oiremos más que ninguna otra a lo largo de este siglo. Pero si no alzas tu voz o incluso si no consideras criticar el Islam, nunca verás lo que está mal. No puedes resolver un problema a menos que identifiques su fuente. Si no podemos examinar la raíz de lo que está mal en el Islam actual, entonces, en un sentido totalmente realista, el Islam no puede ser reformado. ¿Qué debemos hacer entonces? Debemos comenzar por ver el Islam como otro credo político más. Estamos acostumbrados a muchas ideas políticas. Debatimos los méritos del socialismo y los deméritos del comunismo. Entendemos las implicaciones políticas del fascismo y del nazismo. Vivimos cada día con los frutos de la teoría americana puestos en práctica. Y no es perfecto. Pero al menos, aquellos de nosotros que tenemos la gran suerte de vivir en América podemos recoger esos frutos. Sabemos que en los años durante y entre las Grandes Guerras del s. XX, hubo hombres y mujeres italianos que fueron buenas personas, hubo hombres y mujeres alemanes que fueron buena gente, pero se dejaron persuadir por las malas ideas de su tiempo. Cuando un grupo de gente lo suficientemente grande cree en una mala idea, es bastante probable que quieran llevar esa idea a su consecuencia lógica. Explorar ideas, discriminar las buenas de las malas, examinarlas en detalle, eso es lo que significa debatir.

La ilustración occidental trata precisamente de inspeccionar ideas religiosas y políticas. Y toda esa inspección, por supuesto, hace que algunas personas se sientan ofendidas. Eso es lo que llamamos una controversia. Pero al final es enriquecedor, porque adquieres una visión de las consecuencias de una determinada idea, ya sea ésta buena o mala. El Islam está exento de esta inspección. Por ejemplo, por parte de las feministas. Las feministas atacan la idea de que la mujer sea un ama de casa y una madre y un entretenimiento, luchan por el derecho de la mujer a ir a la escuela, participar en la educación universitaria, votar y, también, participar en asuntos públicos. Las feministas continúan haciendo esto atacando la barrera de cristal, pero me da la impresión de que sólo lo hacen por las mujeres blancas. Y critican únicamente las malas ideas del hombre blanco. ¿Es esto en lo que se ha convertido el feminismo occidental? Se estableció como un movimiento universal para defender los derechos de todas las mujeres, pero al abstenerse en condenar los terribles principios mantenidos por hombres de color –tal es, por ejemplo, la religión de los hombres fuera de las culturas occidentales–, el feminismo occidental se ha convertido en una fuerza que protege únicamente a mujeres blancas. Tomad la situación de las mujeres musulmanas que viven aquí, en los Estados Unidos. Por favor, levantad la mano si habéis oído la historia de Amina y Sarah en Texas. Uno... dos... tres... cuatro... cinco... seis... Me han dicho que aquí hay unas mil trescientas personas. Bueno, Amina y Sarah fueron asesinadas por su padre egipcio en Texas en 2007, porque descubrió que estaban saliendo con chicos americanos. Tenían, respectivamente, 16 y 18 años, y eran como cualquier otra brillante y hermosa joven americana. Bueno, al menos eso creían. Imaginad qué tipo de reacción hubiera habido por parte de esas feministas, si Amina y Sarah se hubieran llamado Mary y Ruth y su padre fuese cristiano.

¿Y qué hay del hombre paquistaní que admitió haber estrangulado, en un suburbio de Atlanta, a su hija de 25 años, Sandeela, por querer abandonar al marido que él había elegido para que se casase con ella en Paquistán? ¿Y qué hay de Rifqa Bary, de 17 años, que se convirtió al cristianismo y continúa escondiéndose de sus padres porque el Islam dicta que, siendo una apóstata, debe ser asesinada? En América. Ni en Somalia, ni en Afganistán, ni en Europa. Aquí, en los Estados Unidos. ¿A qué viene el silencio? ¿Por qué respetamos las atrocidades del hombre musulmán sobre las bases de su cultura y religión, mientras condenamos la religión y cultura del hombre occidental?

Observad con lupa los últimos casos de opresión. Muchos grupos de feministas están hoy indignadas por culpa de un anuncio pro–vida de la Superbowl. Qué trivial es esa historia en comparación con las mujeres que son enveladas, lapidadas, azotadas y asesinadas y casadas en contra de su voluntad. Si realmente queréis enfrentaros a la injusticia, mirad ahí. Los sucesos de Amina y Sarah en Irving, Texas, fueron castigos a niñas que habían infringido un orden cultural religioso. Aunque ese orden es antiguo, brutal y viene de muy lejos, puede operar en Dallas o Atlanta o Chicago o tal vez incluso aquí mismo, en Madison, como en cualquier otro lugar. Cuando bienintencionados occidentales ansían promover el respeto de minorías religiosas y culturas, se olvidan de prácticas como los matrimonios concertados o las ocultan para evitar que la sociedad estigmatice a los musulmanes, niegan a incontables mujeres y niñas musulmanas su derecho a ejercer su libertad fuera de la cultura y religión de sus padres. Cuando nosotros, permaneciendo en silencio, nos volvemos cómplices, fracasamos en nuestro intento de vivir según los ideales y valores de nuestra sociedad democrática. Y dañamos también a esas mismas minorías que todos buscamos proteger.

Soy la prueba viviente de que la mujer musulmana en Occidente puede beneficiarse del alejarse de los principios de su fe que justifican subordinación para abrazar aquellos de la libertad en las culturas receptoras. Pero hay un alto precio a pagar por animar a los musulmanes a examinar sus creencias. He recibido amenazas de muerte por haberme convertido en una infiel y he vivido escondida desde el asesinato de mi compañero, Theo van Gogh. Cuando hicimos esa película, no esperaba que defender la libertad de las mujeres oprimidas en nombre del Islam fuera a ocasionar el asesinato de un ser humano, el asesinato de Theo. Tal es el peligro de este principio y es por ello que es urgente e importante examinar los principios básicos del Islam, de la misma forma en que examinamos los principios básicos de todas las demás ideas.

Por ello os invito a todos a uniros a mí y hacer de ello un principio en 2010 que las mujeres se merecen la dignidad humana básica y las mismas oportunidades de igualdad. Por favor, visitad la página web de mi fundación, theahafoundation.org. No olvidéis el “the” antes del “aha”. Allí podréis encontrar formas con las que contribuir y no se trata de sólo de donaciones, encontraréis formas con las que contribuir y uniros a movimientos para luchar por el principio de la igualdad de todas las mujeres y contra los principios de opresión en el nombre de culturas tribales, en el nombre del Islam, en el nombre de cualesquiera argumentos.

Muchas gracias por vuestra paciencia y espero encarecidamente vuestras preguntas en la sesión de preguntas y respuestas.

- Traducción de César Guarde