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Elisabeth Sabaditsch–Wolff y la libertad de expresión frente al Islam

Notas a la Decisión estructural para combatir el racismo y la xenofobia.

Discurso del 27 de noviembre de 2010 en Copenhague, patrocinado por la International Free Press Society.

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El evento completo puede seguirse en los siguientes videos:

 

 

Señoras y señores,

Me presento ante ustedes aquí, en la ciudad de Copenhague, en el año 2010. Este ha sido considerado siempre un país ilustrado en el corazón de un continente ilustrado.

Nuestras libertades básicas han estado durante mucho tiempo garantizadas: primero por la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada por las Naciones Unidas en 1948 y luego reforzada por el Consejo de Europa en 1950 a través de la Convención Europea de Derechos Humanos, confirmada posteriormente por la Unión Europea. Cada uno de nuestros países ha codificado además los mismos derechos básicos en sus propias constituciones.

Estos derechos incluyen la libertad de conciencia individual, el derecho a reunirse pacíficamente y el derecho a practicar nuestra religión libremente o a no tener religión alguna. Y, tal vez lo más importante de todo, incluye el derecho a expresar nuestras opiniones libremente y a publicarlas sin obstáculos.

Mas la libertad de expresión está siendo atacada hoy, aquí, en Dinamarca, al igual que lo está en mi propio país, Austria y, en verdad, a lo largo de toda Europa. Hoy, en la Europa Occidental del s. XXI, nuestro derecho a la libertad de expresión está siendo amordazado silenciosa y sistemáticamente con una efectividad con la que tan sólo habrían podido soñar los comisarios de la antigua Unión Soviética.

Un hito en esta ominosa tendencia totalitaria será alcanzado mañana, 28 de noviembre de 2010, cuando a los estados miembros de la Unión Europea se les exija implementar una disposición legal aparentemente inocua conocida como “Decisión estructural para combatir el racismo y la xenofobia”, o, más en concreto, la “Decisión estructural del Consejo 2008/913/JHA del 28 de noviembre de 2008 para combatir ciertas formas y expresiones de racismo y xenofobia a través de la ley criminal”. Según el artículo final de la Decisión estructural, “los Estados Miembros deberán tomar todas las medidas necesarias para cumplir con las disposiciones de esta Decisión estructural el 28 de noviembre de 2010”.

¿Por qué esto es importante para la causa de la libertad de expresión en Europa?

Si leen el texto completo de la Decisión estructural (que puede encontrarse en la sección legislativa de la página web de la UE), sabrán que “Cada Estado Miembro deberá tomar las medidas necesarias [...] para asegurar que la siguiente conducta intencional es punible”. Tal “conducta intencional” incluye “conducta que sea un pretexto para dirigir actos contra un grupo de personas o un miembro de tal grupo definido por su raza, color, descendencia u origen nacional o étnico”.

Basándonos en lo ocurrido recientemente a Geert Wilders y a mí –y con anterioridad a Gregorius Nekschot, Jussi Halla-aho y a muchos otros—, todos podemos conjeturar quién será castigado bajo esta disposición de la Decisión estructural: aquellos que critiquen el Islam.

Peor aún, una queja realizada por un estado miembro no tiene que ser “dependiente de un informe o una acusación realizada por una víctima de la conducta”, ni tiene el susodicho infractor que estar “físicamente presente en su territorio”.

En otras palabras, si los dhimmi del gobierno austríaco se oponen a una caricatura publicada por Kurt Westergaard aquí, en Dinamarca, el Sr. Westergaard puede ser extraditado por el Ministro de Justicia austríaco para responder ante cargos de “lenguaje inflamatorio” en Austria. La Orden de Arresto Europeo garantiza que el gobierno danés no pueda interferir legalmente ante esta extradición y que 800 fuertes miembros de la “Fuerza de Gendarmería Europea” deberían estar disponibles para sacar al Sr. Westergaard de su cama y traerlo a Viena con total impunidad.

A partir de mañana, este escenario se vuelve una posibilidad real. No es una fantasía paranoide. Estas disposiciones legales están detalladas en documentos públicos de la UE y disfrutarán de todo el poder de la ley en todos los estados miembros de la UE a partir de la medianoche de hoy.

Los espasmos de muerte de la libertad de expresión en Europa comienzan mañana por la mañana.

Como muchos de ustedes saben ya, hace casi un año se me hizo saber que cargos de “lenguaje inflamatorio” habían sido presentados contra mí: había “denigrado las enseñanzas religiosas” dando una de mis conferencias públicas sobre el Islam.

La posibilidad de mi acusación no se me comunicó directamente, sino a través de artículos en la prensa.

No fue hasta el mes pasado que una citación judicial se estableció para mi caso. Una vez más, tuve que descubrir esto a través de la prensa, en NEWS, el mismo periódico de izquierdas que presentó la acusación original contra mí. No se me notificó oficialmente la fecha de mi vista hasta varios días después.

La evidencia usada contra mí esta semana pasada fue una transcripción de una cinta con mi conferencia, proporcionada a la corte por el mismo periódico socialista. Incluía palabras que no fueron pronunciadas por mí y palabras que no fueron dichas en público y que, por tanto, no violaban la ley.

Pero mi caso no tiene nada que ver con la ley. Es un proceso político y, como los procesos de Geert Wilders y Jussi Halla-aho, tiene la intención de silenciar a alguien que habla contra la bárbara naturaleza de la ley sharia.

Por encima de todo, intenta desanimar a quien quiera que pueda considerar seguir mis pasos. Los oligarcas que gobiernan Europa están determinados a prevenir cualquier discusión honesta entre sus ciudadanos en lo que respecta al Islam y sus doctrinas legales.

Estos son los métodos de un estado totalitario.

Son más exitosos que aquellos de los nazis y de los fascistas y de los comunistas porque se consiguen silenciosa y pacíficamente, sin necesidad de campos de concentración o gulags o fosas comunes o un tiro detrás de la nuca en medio de la noche.

Se trata de golpes de precisión quirúrgica ejecutados a través de nuestros sistemas legales y son muy efectivos. Entre el castigo sumarial contra Theo Van Gogh y la Decisión estructural aplicada en nuestras cortes, no nos queda espacio para maniobrar.

Estamos siendo silenciados sistemáticamente.

Admiro las disposiciones de la Primera Enmienda que todos los americanos disfrutan como derecho de nacimiento. Sus disposiciones en lo que respecta a la libertad de expresión harán que la imposición de la sharia sea mucho más difícil en los Estados Unidos.

Pero aquí en Europa no estamos tan bien protegidos. Nuestras constituciones y las reglas impuestas sobre nosotros por la UE permiten ciertas excepciones al derecho a hablar libremente y estos pequeños rasgones en la tela de nuestros derechos humanos son suficientes para romper toda la estructura en pedazos.

Necesitamos desesperadamente nuestra propia versión de la Primera Enmienda. Necesitamos líderes que sean sabios y tengan el coraje suficiente para redactar e implementar instrumentos legales que afirmen los mismos derechos fundamentales que están garantizados a todos los ciudadanos por la Constitución de los Estados Unidos.

Aún no tenemos ningún líder de este calibre. Pero están empezando a aparecer y un día serán verdaderos líderes de cada una de nuestras naciones europeas, reemplazando a los usurpadores totalitarios e internacionalistas que nos oprimen hoy.

Nuestras naciones serán gobernadas por su propia gente, por aquellos que realmente los representan. Sus líderes serán verdaderos patriotas, gente como Jimmie Åkesson y Kent Ekeroth en Suecia, u Oskar Freysinger en Suiza, o Geert Wilders y Martin Bosma en los Países Bajos, o Filip Dewinter y Frank Vanhecke en Flandes.

Vamos a reclamar nuestro continente y nuestras naciones. Recuperaremos nuestros países de aquellos ladrones que nos los han vendido mientras nos arrullábamos en la somnolencia de nuestra opulencia y nuestras diversiones placenteras.

Ésta no será una tarea fácil. Nuestro camino estará repleto de obstáculos y grandes peligros. Pero debemos viajar no obstante por él, porque si no lo hacemos, la civilización europea –el corazón de la civilización occidental– será destruida.

Lo que una vez fueron nuestras naciones se convertirán en regiones sin fronteras discernibles, principalmente pobladas por gente de culturas extranjeras y administradas por corruptos burócratas totalitarios. Los nativos –los habitantes originales, nuestros hijos, los descendientes de aquellos que crearon la más grande civilización que el mundo haya conocido jamás– serán reducidos a conservadores y actores disfrazados en un pintoresco parque de atracciones.

Llamadle “Euro World”. Cocina auténtica, bailarines tradicionales y fuegos artificiales a las diez en punto.

Esto es a lo que nos enfrentaremos si renunciamos a nuestras preciadas libertades. Si perdemos nuestra libertad de expresión, estaremos entonces perdidos para siempre.

No soy una víctima. Intento apoyar lo que es correcto. Defenderé lo que tiene que ser defendido. Por encima de todo, ejerceré mi derecho, dado por Dios, a hablar libremente sobre lo que está ocurriendo. La libertad de expresión es la más importante de las libertades que poseemos.

Hago esto por mi hija y por sus hijos, por aquellos que tendrán que vivir en el mundo que ahora estamos preparando para ellos. Y estoy haciendo lo que nuestros abuelos deberían, tal vez, haber hecho en los años 30, cuando sus propias libertades estaban siendo amenazadas.

Tal es nuestro tiempo. Esta copa no pasará a otros.

Recuerdo un pasaje de la famosa trilogía de J.R.R. Tolkien, El Señor de los Anillos.

Es una conversación entre Frodo, el Hobbit, y Gandalf el mago, y concierne a la peligrosa búsqueda en la que Frodo y sus amigos se han embarcado.

Frodo dice: “Desearía que esto no hubiese ocurrido en mi tiempo”.

Gandalf responde: “Yo también y todos los que viven para ver estos tiempos. Pero eso no es algo que ellos puedan decidir. Lo único que podemos decidir es qué hacer con el tiempo que se nos ha dado”.

Es hora de decidir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado.

Si fuera a pronunciar estas mismas palabras mañana por la mañana, podría ser arrestada. Podría ser acusada bajo las disposiciones de la Decisión estructural y extraditada al país que me acusa haciendo uso de la Orden de Arresto Europea, escoltada por la Gendarmería Europea.

Este no es un escenario imaginario; es una posibilidad muy real.

Es cierto que sólo unas pocas personas sufrirán tal ordenanza. Pero sólo hacen falta unas pocas personas.

¿Cuántos más tendrán que sufrir lo que el Sr. Wilders y yo estamos sufriendo antes de que alguien más pille el mensaje?

¿Cuántos ejemplos hay que dar antes de que el resto de la población europea entienda las nuevas reglas y sea intimidada hacia la sumisión?

Y debemos recordar a quién se someterán al final. Se someterán a nuestros sucesores en Europa. Se someterán a nuestros reemplazos.

Debemos recordar que la palabra en árabe para sumisión es Islam.

Cuando haya suficientes musulmanes viviendo en Europa –y no hace falta que sea la mayor parte de la población, basta algo entre el 15 o el 20%– estaremos viviendo bajo la ley islámica y no con las leyes que actualmente nos gobiernan.

No disfrutaremos más de aquello para lo que los derechos constitucionales están. Nuestros derechos serán completamente prescritos y delimitados por la sharia. Las mujeres serán bienes virtuales de los hombres. Los cristianos y los judíos serán expulsados u obligados a convertirse al Islam. Los ateos y homosexuales serán asesinados.

La Unión Europea consideraría estas palabras “lenguaje inflamatorio”. Bajo la Decisión estructural, serían clasificadas como “racismo y xenofobia” y yo podría ser procesada por decirlas.

Pero son de hecho la pura verdad.

Cualquiera puede verificarlo estudiando historia. Cualquiera que elija leer el Corán y la Hadith y la Sunna del Profeta.

Tratados oficiales fáciles de conseguir acerca de la ley islámica confirman que mi descripción no es “lenguaje inflamatorio”, sino una lectura simple y precisa de los principios de la ley islámica.

Se ha hecho evidente que decir la verdad sobre el Islam es ahora considerado “incitación al odio religioso”.

Está claro que ahora los no musulmanes que revelan los principios de la ley sharia al público están “denigrando enseñanzas religiosas”.

Si dócilmente aceptamos estas reglas, estaremos entonces consintiendo la imposición de la ley sharia en nuestras propias naciones. Y yo, al menos, no me sentaré en silencio mientras esto ocurre.

No quiero que mi hija viva bajo la sharia.

Nuestro tiempo es breve. Si tú y yo no deseamos un futuro islámico para nosotros, entonces debemos hablar ahora.

Si deseamos preservar el derecho a hablar y publicar libremente, debemos entonces ejercerlo ahora.

Desearía que esto no hubiese ocurrido en mi tiempo. Pero lo ha hecho.

Debemos hacer buen uso de todo el tiempo que nos queda.

Gracias.

- Traducción de César Guarde