Friday, 18. August 2017

Visitantes

1153766

Búsqueda

AGON en Facebook

Compártenos

Share to Facebook Share to Twitter Share to Linkedin Share to Myspace Share to Delicious Share to Google 

Compartir

Geert Wilders en Jerusalén (14/12/2008)

La jihad contra Israel es la jihad contra Occidente.

 Geert-Wilders

 

   

   

 

 Muchas gracias.

 

Es un privilegio para mí estar aquí, en esta bella ciudad de Jerusalén, la capital de la única democracia en todo Oriente Medio. Cuando era adolescente viví algunos años aquí, en esta ciudad, y desde entonces la he visitado en más ocasiones de las que puedo recordar. Israel: el único país de la región con un parlamento activo, estado de derecho y elecciones libres. El único país de la región que comparte los valores de nuestras sociedades occidentales es, en realidad, una de las bases de nuestra identidad judeocristiana.

 

Estamos aquí para expresar nuestra preocupación por la creciente islamización de Occidente. Lo hacemos en esta ciudad, la ciudad de David. La ciudad que, junto a Roma y Atenas, simboliza nuestra herencia antigua.

 

Tal vez algunos de ustedes sean nuevos en Jerusalén, pero aún así, Jerusalén no es nueva para ninguno de ustedes. Todos llevamos Jerusalén en nuestra sangre, en nuestros genes. Todos vivimos y respiramos Jerusalén. Hablamos Jerusalén, soñamos Jerusalén. Simplemente porque los valores de la antigua Israel se han convertido en los valores de Occidente. Todos somos Israel e Israel está en todos nosotros.

 

Esta ciudad es la capital de una democracia amenazada. Israel está asediada, al igual que lleva siendo asediada durante más de un siglo la comunidad judía en la Tierra de Israel. Israel, con toda su gloria y esplendor, es única y su historia sin parangón. Aún así, la situación de seguridad de Israel no es única, ni lo es tampoco su enemigo.

 

Samuel Huntington escribió acertadamente: “El Islam tiene fronteras sangrientas”. Israel está localizado precisamente en esta frontera. Este pequeño país está situado en la falla de la jihad, al igual que Kashmir, Kosovo, las Filipinas, el sur de Tailandia, Darfur en Sudán, Líbano y Aceh en Indonesia. Israel se encuentra, sencillamente, en medio del avance islámico. Al igual que Berlín Occidental lo estaba durante la Guerra Fría.

 

Israel está recibiendo sencillamente los golpes destinados a todos nosotros. Si no estuviese Israel, el imperialismo islámico habría encontrado otros lugares en los que deleitar su energía y su deseo de conquista. Por ello, la guerra contra Israel no es una guerra contra Israel. Es una guerra contra Occidente. Es la jihad. Gracias a padres israelís que ven a sus hijos enrolarse en el ejército y pasan las noches en vela, padres de Europa y América pueden dormir bien y tener dulces sueños, inconscientes de los peligros acechantes.

 

En la actualidad, el frente de la jihad se extiende no sólo a través de las calles de Tel Aviv y Haifa, sino también a través de las calles de Londres, Madrid y Ámsterdam. La jihad es nuestro enemigo común y ya va siendo hora de que comencemos a plantar cara a la jihad, antes de que sea demasiado tarde.

 

Por ello, si expresamos nuestra preocupación por la islamización de Occidente, debemos hacerlo aquí, donde nuestra civilización hace frontera con el Islam. Donde los jihadistas disparan Qassams en las casas de civiles en Sderot y Ashkelon y en donde un médico como Aryeh Eldad, como es costumbre de nuestra civilización, trata a los terroristas de la misma forma que trata a las víctimas israelís. Saludo al profesor Eldad por su trabajo por la humanidad y por su patriotismo. Y le doy las gracias por dar acogida a esta conferencia en esta gran ciudad. Aryeh, estoy orgulloso de ser tu amigo.

 

Voy a decir algunas cosas sobre la islamización de Europa y sobre mi película “Fitna”. Tomaré algunos ejemplos de los Países Bajos, porque son indicativos de la situación del continente.

 

La migración masiva a los Países Bajos continúa adelante a gran velocidad. Actualmente, un asombroso número de inmigrantes llega cada año, muchos de ellos musulmanes, normalmente incultos, si no analfabetos. Trayendo con ellos las costumbres locales de las montañas y desiertos de los países islámicos atrasados. Miles y miles de musulmanes llegan a los Países Bajos cada año, mientras un millón de musulmanes viven ya en nuestro pequeño país.

 

Hay muchos problemas en lo que concierne a este flujo masivo: los inmigrantes están sobrerrepresentados en beneficios sociales y estadísticas criminales y el coste total es asombroso. El coste financiero de la inmigración masiva en los Países Bajos excede los 100 billones de euros.

 

Pero lo que más debemos temer es la islamización progresiva, la jihad silenciosa. Porque cada vecino islámico, cada tienda islámica, cada mezquita, cada escuela islámica, cada burka, cada velo, es tomado por muchos musulmanes como bloques constitutivos hacia una meta mayor, hacia la dominación.

 

Ésta es, de hecho, la esencia del problema. No el crimen, ni siquiera las cargas económicas. El mayor problema es el desarrollo demográfico y el modo en que a la larga influye nuestra sociedad. La inmigración de países musulmanes y la demografía llevarán a la Eurabia que la valiente Bat Ye’or nos está advirtiendo. Se hará realidad si no actuamos ahora.

 

Hace una década y media, un entonces desconocido político americano usó el siguiente eslogan para su campaña política: “es la economía, estúpido”. De ahora en adelante el nuevo lema de mi partido será: “es la demografía, bobo”.

 

Más de 40 años atrás, un político británico dio un famoso discurso. Dijo que, observando el futuro, veía “ríos de sangre” como resultado del incontrolado flujo de inmigrantes. El discurso de Enoch Powell fue comienzo de un debate sobre la inmigración masiva en Europa. Como es habitual, la izquierda lo calificó de extremista y su carrera se vino abajo. Pero el pueblo británico lo adoraba y apoyó a Powell. Los trabajadores de los muelles de Londres, tomándolo en sus corazones, se manifestaron en miles apoyando al Sr. Powell.

 

Mirando retrospectivamente, comparto con Enoch Powell su visión alarmista de la inmigración masiva, pero los “ríos de sangre” no son algo que vea ocurrir. No nos enfrentamos a una guerra civil. Nuestra élite política está intentando hacernos creer que el flujo de inmigrantes musulmanes es similar a las olas inmigratorias que se sucedieron siglos atrás. O dicen que el “Cristianismo se desarrolló hacia la modernidad y, por tanto, el Islam hará lo mismo”.

 

¿Cómo vamos a continuar siendo una democracia si la mayor parte de la creciente población musulmana está a favor de introducir la ley de la Sharia? ¿Cómo va a permanecer Ámsterdam siendo la capital gay si los gays son regularmente apaleados por inmigrantes no occidentales, normalmente musulmanes? ¿Cómo van a sobrevivir las comunidades judías en Europa con la creciente presencia de una ideología tan clarísimamente antisemita? ¿Cómo vamos a seguir siendo el centro de la excelencia cultural y científica si el Islam se opone al arte y a la investigación académica? ¿Cómo vamos a seguir siendo una sociedad abierta y tolerante si nos enfrentamos con una parte de la comunidad musulmana que favorece la autosegregación y no muestra deseo alguno de asimilación? ¿Cómo podemos observar el futuro con confianza, cuando la mayor parte de la población busca respuestas en el desierto del siglo séptimo?

 

Éstas son cuestiones que los multiculturalistas no quieren responder.

 

En lugar de ofrecernos liderazgo nuestra élite política nos ha engañado usando nuestros propios principios en nuestra contra. Les daré cinco ejemplos.

 

Primero. Nuestra tolerancia se usa como argumento para traer más Islam, para traer más musulmanes y como forma de decirnos que no debemos criticar su cultura islámica y que, si lo haces, serás tachado de intolerante y de racista.

 

Segundo. Democracia. Un creciente electorado musulmán es algo demasiado duro para que los políticos lo resistan, así que se entregan a sus quejas y demandas para ganar sus votos. En breve la ley de la Sharia será introducida, legal y democráticamente, por votación mayoritaria. El antiguo ministro de justicia holandés dijo en una ocasión que la ley de la Sharia podría ser parte del sistema legal holandés si dos tercios de la mayoría de la población estuviesen a favor de ella.

 

Tercero. Nuestra libertad religiosa es utilizada por una ideología que no planea en modo alguno jugar según nuestras reglas, mas exige los mismos derechos que nuestras religiones tradicionales han tenido durante siglos.

 

Cuarto. Nuestro estado de bienestar que otrora era la envidia del mundo, funciona ahora como imán para numerosos inmigrantes no occidentales, soñando con un chollo de vida en la rica Europa.

 

Quinto. Nuestras fronteras abiertas llegaron a simbolizar nuestra mentalidad abierta, ejemplo de nuestra hospitalidad cosmopolita. Pero ahora hemos perdido el control de nuestras fronteras y no podemos siquiera seguir la pista a quien entra en nuestro países, menos aún prevenir su entrada.

 

Nuestros principios occidentales están huecos si no los acompañamos con un deseo por sostener nuestra cultura y nuestra civilización, basado en conocer quiénes somos y de dónde venimos. No somos de Arabia Saudí. No somos de Irán. Venimos de Roma, Atenas y Jerusalén. Eso es lo que hace nuestra civilización especial y sin duda merecedora de ser preservada.

 

A pesar de todo ello, la élite política todavía sigue locamente enamorada con su proyecto favorito, la sociedad multicultural, como la llaman románticamente. Aparentemente no viven en los vecindarios que se están volviendo islámicos. Te dirán que “son buena gente. No veo el problema”. Las exigencias del inmigrante musulmán les parecen razonables, como “dejadnos tener una mezquina supergrande”.

 

Es difícil seguir siendo optimista a la luz de la creciente islamización de Europa. La marea se vuelve contra nosotros. Estamos perdiendo en todos los frentes. En lo que a la demografía respecta, el Islam está ganando velocidad. La élite gobernante está incluso orgullosa de la inmigración musulmana. Después de todo, así pueden mostrar a todos que no son racistas. El ámbito académico, las artes, los medios, los sindicatos, las iglesias, el mundo de los negocios, toda la clase política, se han convertido todos a la teoría suicida del multiculturalismo y del relativismo cultural.

 

El relativismo cultural es la mayor enfermedad que la moderna Europa actual sufre. No todas las culturas son iguales. Nuestra cultura occidental es mejor que la cultura islámica. En palabras del valeroso Dr. Wafa Sultan: “Es un enfrentamiento entre la civilización y el atraso, entre lo civilizado y lo primitivo, entre la barbarie y la racionalidad”. Ciertamente, también aquí en Israel no están llevando a cabo una guerra territorial, no es por el territorio, sino por la ideología. La ideología islámica no busca cooperación o asimilación, sino que tiene como objetivo la sumisión y dominio sobre los no musulmanes. No hay un Islam moderado, no habrá nunca un Islam moderado. Puede haber gente moderada que se llame a sí misma musulmana, pero no hay Islam moderado.

 

Los periodistas de la izquierda y los políticos de la izquierda se apresuran a calificar a cualquiera crítico con la islamización de “extremista de extrema derecha”. Toda la clase se ha puesto de parte del Islam. La izquierda, los liberales y los cristianodemócratas son ahora esclavos del Islam. Son de los Dhimmi. Lenin denominó en una ocasión a la gente ignorantes que sin saberlo asistían su causa “idiotas útiles”. Bien, Occidente está ahora lleno de estos “idiotas útiles” e incluso están orgullosos de ello.

 

Ahora algunas palabras sobre mi película “Fitna”.

 

Sentía tener el deber moral de educar a la gente en lo que es el Islam y la islamización de Europa. El deber de dejar claro a todos que el Corán permanece en el centro de lo que algunos llaman terrorismo, pero que en realidad es la jihad. Quería mostrar que los problemas del Islam se encuentran en el núcleo del Islam y que no son algo marginal.

 

He advertido contra los peligros del Corán y del Islam en numerosas entrevistas, artículos de opinión, discursos y, por supuesto, debates parlamentarios, pero las imágenes a veces dicen más que las palabras. Por ello hice “Fitna”.

 

“Fitna” es un documental que muestra lo que se está haciendo en nombre del Islam. Sin poner a todos los musulmanes en la misma categoría, creo que he tenido éxito en mostrar que el Corán no es un viejo libro polvoriento, sino que continúa usándose hoy como fuente de inspiración para, y justificación del odio, la violencia y el terrorismo a través de todo el mundo.

 

Hace unas semanas el mundo vio de nuevo de qué es capaz el Islam. En Bombay, los jihadistas separaron a los musulmanes de los no musulmanes, según un testigo de un periódico belga. Los no musulmanes, los Kaffir, fueron tiroteados a continuación. Los terroristas se dirigieron directamente también al pequeño centro judío de Bombay, en donde, según las declaraciones realizadas a un noticiario digital de la India, torturaron horriblemente a judíos antes de asesinarlos brutalmente.

 

La mayor parte de los medios occidentales sigue llamando a los culpables miembros de “movimientos separatistas”. Al hacerlo, no reflejan la realidad y están injustamente ignorando la naturaleza islámica de los ataques terroristas. Después de todo, si el conflicto es cosa de fronteras, ¿por qué matan judíos en Bombay? ¿Por qué, en una ciudad de decenas de millones, encuentran los jihadistas el camino más corto al único rabino de la ciudad para matarlo a él y a su mujer? ¿Por qué los enemigos de Israel gritan siempre “Allah hoe–Akbar” y “matad a los judíos”, si todo lo que quieren es la coexistencia pacífica y el entendimiento mutuo? Tal vez sea, y estoy sólo suponiendo, porque tienen una ideología que les dice que maten a los judíos, que maten a los no creyentes y que hagan avanzar el Islam hasta que domine el mundo. El Islam, después de todo, divide el mundo en dar–al–Harb y dar–al–Islam. El Islam es una ideología totalitaria llena de odio, violencia y sumisión.

 

Desde el día en que mi plan de realizar mi pequeña película fue hecho público, causó cierta conmoción en los Países Bajos, en Europa y en todo el mundo. Primero vino el alboroto político, con líderes de gobiernos de todo el continente en pánico total. El ministro holandés de Asuntos Exteriores me llamó a abandonar mi proyecto cinematográfico. El ministro de justicia hizo saber que se podrían iniciar procesos criminales post hoc si la película se estrenaba. El gobierno holandés investigó la posibilidad de prohibir “Fitna” por adelantado. La rama holandesa de la organización islámica Hizb ut–Tahrir declaró que los Países Bajos se arriesgaban a un ataque. A nivel internacional hubo diversos incidentes. Los talibanes amenazaron con organizar ataques adicionales contra las tropas holandesas en Afganistán y una página web vinculada a Al Qaeda publicó el mensaje de que yo debía ser asesinado, mientras el Gran Mufti de Siria afirmó que yo sería responsable por todos los derramamientos de sangre tras la proyección de la película.

 

En Afganistán y Paquistán, la bandera holandesa fue quemada en numerosas ocasiones. Muñecos representándome a mi fueron también quemados. El presidente indonesio anunció que nunca se me volvería a permitir la entrada a Indonesia, mientras el secretario general de las Naciones Unidas y la Unión Europea expidieron comunicados con la misma cobarde pauta de aquellos del gobierno holandés. Podría seguir. Fue una desgracia absoluta, se vendieron. Fue una traición a nuestros principios occidentales, fue una traición a la libertad de expresión, fue una traición a la libertad misma. Mi propio gobierno no me defendía, sino que se convertía en mi peor enemigo en el proceso.

 

Por “Fitna”, el Estado de Jordania dirige en estos momentos acciones legales contra mí. Jordania quiere procesarme por blasfemia, degradación del Islam y difamación del profeta Mahoma; violaciones del código penal jordano, aun cuando las presuntas violaciones ni siquiera ocurrieron en Jordania. Como todos ustedes saben, Jordania es un país no democrático, sin un sistema judicial independiente o imparcial y sin una sociedad civil fuertemente desarrollada. Según un reciente estudio de Human Rights Watch, la tortura es rutina y práctica ampliamente extendida en Jordania.

 

Los intentos jordanos de procesarme constituyen un incumplimiento de la soberanía de mi país, los Países Bajos. Constituye un incumplimiento de la libertad de expresión. El intento jordano es un realidad un acto hostil contra la libertad misma.

 

Si Jordania tiene éxito en procesar a un miembro de un parlamento occidental elegido democráticamente, ¿qué tipo de precedente sienta esto? Pero no se trata sólo de mí. El principio no es Geert Wilders. Si miran la prensa y el resto de la élite política en los Países Bajos, a nadie le ha importado. A nadie le importó una mierda. Esto fue lo peor. Un país no democrático como Jordania no puede hacer uso del sistema legal doméstico o internacional para silenciar a nadie. Si esto comienza, si permitimos esto, podemos deshacernos de todos los parlamentos y podemos cerrar todos los periódicos y podemos callarnos y rezar todos a la Meca cinco veces al día.

 

Pero hay algo de esperanza. Por ejemplo, hay esperanzas con los trabajadores de clase media. Bajo las vanas bravuconadas de la élite, el trabajador de clase media, el típico Joe, comienza a darse cuenta de que hay algo terriblemente malo en el Islam. En los Países Bajos, el 60% de la población considera la inmigración masiva el peor error desde la Segunda Guerra Mundial. Y el mismo 60% ve el Islam como la amenaza número uno a nuestra identidad nacional. Pero el Partido por la Libertad es el único partido político el parlamento holandés que comparte esta visión.

 

Y hay esperanza porque los partidos políticos críticos con la islamización de Occidente están ganando terreno por toda Europa, haciéndose más fuertes. Y trabajaremos juntos con una legislación común, con iniciativas comunes, tal vez incluso con un grupo común en el parlamento europeo como defensores de Occidente, defensores de nuestra cultura, defensores de nuestra identidad, defensores de nuestra libertad.

 

Necesitamos una nueva forma de pensar, un nuevo paradigma, para defender nuestras libertades. El reiterar, simplemente, nuestra devoción a la tolerancia y a la democracia no es lo suficientemente bueno, dado que nos enfrentamos a la jihad. Necesitamos nuevas metas e ideas. Necesitamos nuevos líderes. Y debemos recordar siempre de dónde venimos. Todos venimos de Jerusalén.

 

Déjenme terminar. La esencia de mi breve discurso hoy es que Europa está en proceso de islamización y que necesitamos luchar contra ello. Porque si no luchamos contra la islamización perderemos todo: nuestra identidad cultural, nuestra democracia, nuestro estado de derecho, nuestras libertades, nuestra libertad. Tenemos el deber de defender las ideas de Roma, Atenas y Jerusalén. La antigua herencia de nuestros antepasados está siendo atacada; tenemos que levantarnos y defenderla.

 

Hace un siglo y medio, en la otra punta del mundo, un joven presidente dijo exactamente esto. Esto es lo que Abraham Lincoln dijo en 1862 y con ello les dejo:

 

Los dogmas del tranquilo pasado son insuficientes para el tormentoso presente. La ocasión se ha amontonado con dificultad y tenemos que elevarnos junto con la ocasión. Ya que nuestra realidad es nueva, debemos pensar de nuevo y actuar de nuevo. Debemos descautivarnos a nosotros mismos y entonces salvaremos a nuestro país”.

(Abraham Lincoln, Mensaje anual al Congreso, 1 de diciembre de 1862).

 

Son las doce menos cinco. La libertad debe ganar, tenemos que ganar y ganaremos.

- Traducción de César Guarde