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Los laboratorios imprudentes de China ponen al mundo en peligro


Pekín está obsesionado con los virus, pero no con la bioseguridad. Estamos pagando un precio muy alto por sus errores.


Mike Pompeo y Miles Yu*

(WSJ, 23 de febrero de 2021)

 

El Partido Comunista Chino está obsesionado con los virus. Su ejército de científicos afirma haber descubierto casi 2.000 virus nuevos en poco más de una década. El resto del mundo necesitó los últimos 200 años para descubrir una cantidad semejante. Más preocupante resulta la negligencia del Partido en materia de bioseguridad. Los costos y el riesgo para la salud mundial son enormes, como se ha demostrado con el nuevo coronavirus que escapó de Wuhan. Esta situación no puede continuar. El mundo debe responsabilizar al Partido Comunista Chino y castigar a Pekín si no cumple con los estándares globales de bioseguridad, incluidos los requisitos básicos de transparencia.

El ejemplo más reciente de esta actitud ilícita se encuentra a nuestro alrededor. La evidencia de que el virus vino de Wuhan es enorme, aunque en gran medida circunstancial, y la mayoría de las señales apuntan al Instituto de Virología de Wuhan, o WIV, como la fuente de Covid-19. En los Estados Unidos, la preocupación por este hecho es ahora amplia y compartida por ambos partidos. El gobierno de Biden ha declarado que está “profundamente preocupado” la investigación de la Organización Mundial de la Salud en los primeros días de la pandemia, en particular en lo que respecta a la interferencia de Pekín en el trabajo de los investigadores.

El mundo sabe desde hace mucho tiempo que el WIV representa un  riesgo enorme para la salud mundial. Dos cables del Departamento de Estado advirtieron en 2018 sobre sus problemas de bioseguridad. Incluso predijeron que el receptor ACE2 del SARS-CoV-2, identificado por los científicos del WIV, permitiría la transmisión de persona a persona. Yuan Zhiming, a la sazón director del laboratorio de nivel 4 de bioseguridad del WIV, advirtió: “El laboratorio de bioseguridad es una espada de doble filo: puede usarse en beneficio de la humanidad, pero también puede conducir a un desastre”. Enumeró las deficiencias que prevalecen en los laboratorios de biología de China, incluida la falta de “apoyo técnico operativo, instrucciones profesionales” y “estándares viables para los requisitos de seguridad de las diferentes zonas de protección y para la inoculación de animales microbiológicos y equipamiento”.

El público chino tomó nota, mientras varios blogueros alegaban que los animales portadores del virus del WIV se vendían como mascotas. Incluso podían aparecer en los mercados callejeros locales. Después del brote de Wuhan, un bloguero ahora desaparecido pidió a un investigador del WIV que debatiera en público sobre las prácticas de bioseguridad del laboratorio. La oferta fue ignorada.

Pekín tiene la obligación moral y legal de tomarse en serio la bioseguridad, especialmente teniendo en cuenta el tipo de investigación que se lleva a cabo en el WIV. En 2015, la Dra. Shi Zhengli del WIV coescribió un artículo titulado “Un grupo de coronavirus de murciélago similar al SARS en circulación muestra potencial para su emergencia en humanos”, en el que admitía que su equipo había diseñado virus “quiméricos” e “híbridos” a partir de murciélagos de herradura. En un artículo de 2019 titulado “Coronavirus de murciélago en China”, la Sra. Shi y sus coautores advirtieron que “es muy probable que futuros brotes de coronavirus similares al SARS o al MERS se originen a partir de murciélagos y existe una mayor probabilidad de que esto ocurra en China”. En ese momento, el WIV albergaba decenas de miles de muestras de virus de murciélago y animales en experimentación.

China se resistió a la supervisión internacional del WIV. El laboratorio fue construido con la ayuda de Francia, pero China derogó su promesa de permitir que los científicos franceses participaran in situ en investigaciones esenciales. China acreditó a continuación al WIV a través de su propia agencia como su única instalación de nivel 4 y la Comisión Nacional de Salud del país lo aprobó rápidamente para manejar algunos de los virus más peligrosos del mundo. El Ministerio de Ciencia y Tecnología de China realizó en 2016 un estudio completo de seguridad y gestión en los 75 laboratorios de bioinvestigación de China y descubrió que el WIV ni siquiera se encontraba entre los 20 mejores en cuanto a calidad.

El Ejército Popular de Liberación o PLA ha admitido haber desarrollado armas biológicas. En 2011, China informó a la Conferencia Internacional de Examen de la Convención Internacional de Armas Biológicas y Toxinas de que sus expertos militares estaban trabajando en la “creación de patógenos artificiales”, “genómica que sienta las bases para la transformación de patógenos”, “marcadores genéticos específicos de la población” y “tecnología enfocada a la administración de fármacos que facilita la propagación de patógenos”. Un estudio del PLA de 2015 trató el brote de coronavirus del SARS de 2003 como un “arma genética contemporánea” lanzada por fuerzas extranjeras. Y en enero de 2021, el Departamento de Estado confirmó que algunas personas habían enfermado misteriosamente en el WIV en otoño de 2019 y que el WIV llevaba a cabo una investigación secreta de armas biológicas con el PLA.

La negligencia en los laboratorios biológicos de China, especialmente en el WIV, fue tan peligrosa que el PLA envió a un general para hacerse cargo de las instalaciones poco después del brote en Wuhan. El primer discurso de Xi Jinping sobre el brote destacó las “lecciones aprendidas” sobre las “deficiencias” y las “filtraciones” en la gestión del material biológico y el sistema de seguridad biológica de China. Exigió que “una nueva ley de seguridad biológica” fuese parte del “sistema de seguridad nacional”.

La imprudencia del Partido Comunista Chino ya le ha costado demasiado al mundo y su ofuscación garantiza que ésta no será la última tragedia de este tipo. Ordenaron la destrucción de las muestras de virus recogidas de los primeros pacientes. Prohibieron la divulgación de datos clave. Silenciaron a periodistas, médicos y científicos. E impidieron la investigación de la OMS. Pekín no quiere que el mundo sepa el verdadero origen del coronavirus y sus graves problemas de bioseguridad.

El gobierno chino debe cambiar de rumbo. Debe ser abierto sobre sus sistemas de bioseguridad, corregir sus errores y reducir sus peligrosas ambiciones. Las vidas y los medios de subsistencia de todo el mundo están en juego. Todos tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que el Partido Comunista Chino no tenga barra libre.


* El Sr. Pompeo fue Secretario de Estado de EE.UU. (2018-21) y director de la Agencia Central de Inteligencia (2017-18). El Sr. Yu ejerció como el principal asesor en política y planificación de China bajo el Secretario Pompeo. Ambos son miembros del Hudson Institute.