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Anarquía y vacuna fría

 

De entre todas las teorías políticas que se pueden encontrar a lo largo de la historia de la humanidad, la más sublime es sin duda alguna el anarquismo. “Sublime” porque sólo ella pone el acento en la libertad del individuo y en su capacidad de autogobernarse y, por tanto, de ser responsable no sólo consigo mismo, sino también con los demás, esto es, con la comunidad en la que vive.

El proyecto anarquista de pequeñas comunas que se autorregulan, que son autárquicas y cuyos miembros se mueven por el “bien común” según el principio del “apoyo mutuo” tiene clara connotaciones feudales y, afinando todavía más históricamente, su modelo podría rastrearse hasta llegar a la polis griega. El hecho de que el padre del anarquismo fuera un nostálgico poco encubierto del sistema feudal de relaciones sociales y que sus dos principales teóricos posteriores pertenecieran a la nobleza rusa deberían ser indicios más que suficientes para comprender qué es realmente este movimiento político.

De la misma forma, cualquier persona que haya leído a los clásicos del anarquismo y haya seguido el desarrollo del movimiento libertario en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI no puede sino lamentar su perversión, su corrupción y su traición a los genuinos principios anarquistas. Pues: ¿cuáles son, por ejemplo, las diferencias esenciales entre lo que reivindica el “anarquismo” actual y las políticas oficiales que se encuadran bajo la “Agenda 2030”? Cualquier “anarquista” actual estaría de acuerdo con sus metas: “fin de la pobreza”; “hambre cero”; “educación de calidad”; “igualdad de género”; “energía asequible y no contaminante”; “trabajo decente y crecimiento económico”; “reducción de las desigualdades” o “ciudades y comunidades sostenibles”.

Y, sin embargo, si existe un proyecto que sea completamente opuesto al anarquismo es precisamente esta “Agenda 2030” impulsada por la finanza internacional. En el olvido parece que han quedado las denuncias de Proudhon de los poderes de estas finanzas internacionales personificados en determinadas familias de Frankfurt que manipulaban a su antojo y acababan con la soberanía de los distintos países europeos, o bien las acusaciones de Bakunin de que los movimientos pretendidamente obreros estaban sometidos en realidad a los dictados del gran capital.

De esta manera, el “anarquista” del siglo XXI defiende con alegría a estos enemigos tanto de las soberanías nacionales, como de los obreros, apoyando con entusiasmo sus pretensiones “sociales”, como si éstas fueran realmente propias: así, no es extraño encontrarse con “anarquistas” que se permiten censurar a Proudhon por no someterse a la agenda del movimiento de “liberación” femenina en su siglo y defender el valor de la mujer y de la institución del matrimonio, o bien silencian su “antisemitismo”, de la misma manera que el de Bakunin y el de Kropotkin.

El completo alineamiento del “anarquismo” actual con el poder financiero internacional se manifiesta asimismo en estos días con total claridad en su falta de actitud crítica ante la pretendida “pandemia” de covid19, así como su aceptación incondicional de su relato oficial.

¿Injurias por parte del autor de estas líneas? He aquí lo que publicaba el diario de la CNT en España, en su número 423, de abril-junio de 2020:

Estamos ante una crisis sanitaria. Y se trata de una crisis planetaria. El covid-19 es muy contagioso. No es como el hambre que, aunque las cifras de muertos sean alarmantes, según la ONU más de 100 millones de personas en 2019, a diferencia del virus, no afecta a los ricos […] Frente a eso sólo podemos responder con el apoyo mutuo, no necesitamos que nos pongan multas para quedarnos en casa; somos conscientes de la enfermedad y solidarios, no queremos contagiar a nadie, ni caer enfermos, no necesitamos policías ni ejércitos que nos lo impongan. Sabemos tomar precauciones y ayudar a quien lo necesite. Apoyamxs a todxs lxs enfermxs y a lxs sanitarixs que hacen frente a la epidemia sin recursos, arriesgándose al contagio. El derroche de uniformados y las prohibiciones a lxs más desfavorecidxs sobran. (pág. 4)

Nótese bien: aceptación completa de la narrativa difundida por el Gobierno y sus medios de comunicación, amén de la adopción entusiasta del lenguaje “inclusivo”. Muy libertario. A todo ello añádase lo que en este mismo artículo se encuentra a continuación:

Abramos nuestra mente más allá de las fronteras. Demostremos de forma activa que también estamos al lado de los refugiadxs en los campos de Rubar y Shahba, en el norte de Siria, en Al Zaatari en la frontera jordana, en el de Jabalia en Gaza, en Dollo Ado, en Etiopía, en Kakuma, Kenia, en Moria, Lesbos, allí donde sólo hay cinco grifos de agua para más de veinte mil personas que viven hacinadas en pobres tiendas de campaña. Allí también va a llegar esta epidemia. El coronavirus no tiene fronteras. (pág. 5)

Las diferencias entre lo que se dice aquí y el mensaje difundido por el “filántropo” George Soros y su organización Open Society brillan por su ausencia.

En otra contribución de este mismo número se puede leer cuál es la tarea de la CNT en esta “crisis” sanitaria:

La CNT se ha organizado desde sus secciones sindicales, ha formado parte de las redes vecinales, colabora con el movimiento feminista y da reconocimiento explícito a los servicios esenciales: sanitarixs, limpiadorxs, cajerxs de supermercado, repartidorxs, conductorxs o agricultorxs, reivindicando siempre el comercio local y la creación de tejido social que permita que en situaciones como esta, y siempre, practiquemos el apoyo mutuo (pág. 7).

Véase: aceptación de la retórica oficial de que existen servicios “esenciales” y “no esenciales”. Es decir, el “anarquismo” actual apoya el hecho de que haya personas que no puedan trabajar porque así lo dice el Estado con la excusa de una “crisis sanitaria” y que se conviertan, por consiguiente, en dependientes de lo que estos mismos “anarquistas” denominan el “Papá Estado”. ¿Dónde está la “dignidad” del obrero? ¿Dónde está aquello de que todos los trabajos son “dignos”? ¿Ahora hay trabajadores de primera y de segunda? Sí, muy libertario.

No obstante, no vaya a creerse el lector que estas citas corresponden a textos ocasionales del periódico anarquista por excelencia. En el número siguiente, 424, de julio-septiembre de 2020, dedicado a “la ecología social” (sic!), se halla ya en sus primeras páginas la siguiente perla:

Deberíamos haber aprendido durante esta pandemia cómo estamos tratando al medio ambiente, a qué nivel estamos destruyendo este planeta. En este país hemos parado unos meses la producción, aunque de manera total solo un mes, suficiente para darnos cuenta del nivel de contaminación que generamos, y el daño que esta forma económica está haciendo al planeta y, por ende, a nosotros. (pág. 2)

Resulta realmente difícil encontrar cualquier tipo de divergencia entre lo que aquí se afirma y lo que sostiene la ONU (asociación al servicio de la plutocracia internacional) y el movimiento “ecologista” encabezado por esa adolescente sueca con graves problemas mentales.

Esta falta de actitud crítica del “anarquismo” actual es lo que le impide no sólo identificar correctamente al enemigo, sino también realizar un diagnóstico adecuado de la realidad. El mantener al potencial lector de esta publicación “anarquista” en el imaginario de una hipotética lucha de clases, preconizada y argumentada (no hay que olvidarlo jamás) por un enemigo acérrimo del anarquismo como fue Karl Marx, lleva a formular juicios como el siguiente:

Un «bicho» ha remarcado la fragilidad del Capitalismo, de su Economía, cuyo único motor de funcionamiento es la represión mientras se apoya sobre unos cimientos de barro dejando al aire su vulnerabilidad. Lo esencial y lo que no, como ha quedado demostrado, es competencia de la Clase Trabajadora, por tanto, tiene la obligación moral de aprovechar la oportunidad, de manera consciente y responsable, para evitar la vuelta a la anormalidad. (pág. 5).

Quienes van a aprovechar la “oportunidad” que les ha proporcionado el “bicho” son los mismos que querían implantar la Cuarta Revolución Industrial en el 2020 y que, en el 2021, van a plantear lo que las finanzas internacionales han denominado el “gran reseteo”, demostrando con ello que, como “agudamente” sostiene el articulista, el “capitalismo” está “dejando al aire su vulnerabilidad”.

Si ante cuestiones tan básicas como son los “derechos sociales”, el “feminismo” y la “ecología” el “anarquismo” actual se muestra completamente incapaz de denunciar y destapar su más que evidente mentira y falsedad, ¿habría que ser optimistas con el hecho de que puedan darse cuenta de qué es realmente lo que ha sucedido en el mundo a partir de marzo de 2020? Si hemos de juzgar por sus manifestaciones, parece que poco espacio hay para ese optimismo. La adopción del lenguaje oficial y de las supuestas medidas “sanitarias” así lo atestiguan. En este sentido, una imagen vale más que mil palabras:

cnt

Ya en su interior se hallan declaraciones tales como:

Resulta que es por esa riqueza y bienestar de muy pocos por lo que el coronavirus se ha instalado en nuestras vidas. (pág. 2)

La pandemia nos ha mostrado que los trabajadores somos insustituibles e imprescindibles. Que para construir una sociedad justa y segura, los políticos, los jueces, los ricos, sobran. (pág. 11)

Lo normal debe ser avanzar contra viento y marea hacia un futuro igualitario y solidario, con un modelo económico justo, feminista, sostenible y respetuoso con el planeta. (pág. 20)

Es decir, los anarquistas, los supuestos defensores de los pobres, de los desamparados, de los sometidos, normalizan y viralizan el bozal impuesto por el Gobierno (quizás habría que recordar que históricamente se forzaba a ir con la boca y la nariz tapada a los esclavos y a los presos, como sucede en la actualidad en Guantánamo); aceptan sin dudar la versión oficial de una pandemia de covid19; adoptan de manera acrítica el vocabulario y las medidas establecidas por el poder; no cuestionan en ningún momento la validez o la necesidad de una vacunación forzada establecida por las instituciones, mientras siguen con un discurso social completamente fantasioso y alejado de la realidad, abanderando las reivindicaciones “feministas”, “ecologistas” y de “justicia social” dictadas por la finanza internacional.

En este contexto, no deja de ser iluminadora la siguiente reflexión de Mijaíl Bakunin, completamente aplicable al “anarquismo” del siglo XXI:

La inmensa mayoría de los individuos humanos, no solamente en las masas ignorantes, sino también en las clases civilizadas y privilegiadas, no quieren y no piensan más que lo que todo el mundo a su alrededor quiere y piensa, creen sin duda querer y pensar por sí mismos, pero no hacen más que reproducir servilmente, rutinariamente, con modificaciones por completo imperceptibles y nulas, los pensamientos y las voluntades ajenas. Este servilismo, esta rutina, fuente inagotable de lugares comunes, esta ausencia de rebelión en la voluntad y esta ausencia de iniciativa en el pensamiento de los individuos son las causas principales de la desoladora lentitud del desarrollo histórico de la humanidad.

D.V.