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España bajo la dictadura del COVID19

Conversación entre un suizo y tres alemanes residentes en España

 

 

Cualquier persona que haya viajado o que tenga amigos o conocidos en el extranjero sabrá que lo que sucede en España con la excusa del coronavirus no se observa en ningún otro lugar. Ni en Portugal, ni en Francia, ni en Alemania, ni en Reino Unido, ni en Letonia, ni en Polonia existe, por ejemplo, la obligatoriedad del uso, en todo momento y en todo lugar, de la mascarilla, so pena de multa de 100 euros.

Lo que en España puede parecer «normal», fuera de nuestras fronteras es visto con estupefacción y profunda preocupación. ¿Qué pasa en España? ¿Por qué obedecen de forma tan sumisa todos los españoles y nadie protesta ante lo que es una evidente violación de los derechos y libertades fundamentales del individuo?

Intentar encontrar una respuesta entre los propios españoles es tarea casi imposible. Así como en Argentina o en Alemania hay medios de comunicación que protestan y denuncian la situación existente, en España apenas es una exigua minoría la que levanta la voz[1].

De ahí que, si uno quiere estar no sólo informado, sino incluso bien informado de lo que sucede en España tiene que acudir a medios y testimonios extranjeros.

Hace pocos días, un canal alternativo suizo se propuso analizar la situación en España ante la «pandemia» de coronavirus. Para tal fin, se entrevistaron a tres alemanes que llevan una temporada viviendo en nuestro país. De la conversación que mantuvieron quisiéramos destacar las siguientes cuestiones:

Al inicio del programa, el presentador suizo manifiesta su sorpresa ante el hecho de que los españoles den la sensación en el extranjero de ser un pueblo «callado», que se creen y siguen a pies juntillas las directrices del Gobierno: no se observa por ningún sitio atisbo de resistencia.

Los alemanes residentes en España le cuentan que, en efecto, lo que se ve aquí es extraordinario: hay gente que va sola en coche con la mascarilla puesta, siendo lo más escandaloso cuando quienes la llevan son niños menores de 6 años. Más aún: hay padres que obligan a sus hijos, menores o mayores de 6 años, a ir con mascarilla a la playa con temperaturas de hasta 35 grados.

Los alemanes intentan explicar la actitud de los españoles por el hecho de que están profundamente atemorizados por la prensa: «lo primero que escuchas cuando pones la televisión o la radio es: “coronavirus”, “rebrotes”, “infecciones”, “infectados”…».

Ante esto, el presentador dice que, por lo que sabe, la ley española establece que la mascarilla es obligatoria a partir de los 6 años: «Qué grande tiene que ser el pánico y el miedo de la sociedad española, qué traumatizados tienen que estar por los medios», exclama escandalizado.

Los alemanes le responden que, en efecto, existe un «miedo extremo» en las familias de que sus hijos puedan morir por coronavirus. Aunque las estadísticas dejan bien claro que el virus no afecta a los niños, los españoles ya tienen el miedo metido en el cuerpo. «Es una locura», «apenas es comprensible la situación», declaran. Como muestra de hasta qué punto el pánico, cercano a la psicosis, se ha apoderado del conjunto de la sociedad española, se menciona el caso de una niña de 4 años que dice que jamás sale de casa sin la mascarilla puesta.

Los alemanes agregan que, además de pánico, hay que tener presente que los españoles tienen miedo sobre todo a las multas: para un español normal, 100 euros es mucho dinero y éste es uno de los motivos principales por los cuales están tan «callados» y no hacen nada. En este contexto, se narra cómo, desde el Ayuntamiento, se reciben «instrucciones» o «recomendaciones» sobre cómo se tienen que comportar los clientes en las terrazas: «deben llevar en todo momento la mascarilla puesta y quitársela sólo cuando realmente se vaya a beber o a comer algo». De nuevo, exclaman los alemanes: «Es una locura».

El suizo expresa el deseo de que ojalá en algún momento todos los españoles se rebelen y dejen de llevar la mascarilla. ¿Qué haría entonces el Gobierno?

Los alemanes le contestan que esto se ve poco probable, ya que la obligación de llevar mascarilla «en todos los sitios», a no ser que hagas deporte o tengas un certificado médico que te exima de ella, es muy estricta. Es más: hay policía por doquier controlando que la población se ponga la mascarilla y poniendo multas a los que desobedecen. (En uno de los comentarios al vídeo se lee: «¿Es que la policía española no tiene nada mejor que hacer que controlar si la gente lleva mascarilla?»).

De esta manera, sostiene el suizo, el Estado se va financiando, vaciando los bolsillos a los ciudadanos. Una lamentable actitud de los poderes públicos que es calificado por los alemanes de Schweinerei («guarrada»). Las autoridades españolas, aclaran, se aprovechan de la crisis económica para atemorizar a la gente con las multas de 100 euros: la población española vive en un estado de pánico constante (Panik-Modus).

El presentador suizo vuelve a insistir en su perplejidad por el hecho de que en España apenas haya manifestaciones ante esta situación y por la enorme presencia policial. «Es muy fuerte», sostiene.

En efecto, contestan los alemanes residentes en España, la situación es muy fuerte. En parte se debe al hecho de que los españoles apenas reciben información «alternativa» a los medios generalistas. Aun así, hay algunos que están empezando a darse cuenta de la realidad y hablan incluso de la exitosa manifestación de Berlín del 1 de agosto.

No obstante, el chantaje y la opresión económica es tan fuerte en España que, intentar saltarse el increíble número de prohibiciones, conllevaría tener que pagar tantas multas que acabarían por empobrecer aún más a los españoles. Hay que tener presente, señalan, que desde el 2008 muchas generaciones viven bajo un mismo techo: no se pueden permitir, por ejemplo, los alquileres. Todo está carísimo.

Asimismo, sectores como la gastronomía, donde los españoles suelen trabajar, se encuentran actualmente con graves problemas económicos por la falta de turismo. El empobrecimiento de los autónomos y de los pequeños comerciantes es, por otro lado, evidente: por todos lados se observan carteles que dicen «se vende» / «se alquila».

En este punto, el presentador suizo vuelve a insistir en el problema de las mascarillas y en el sorprendente comportamiento de los españoles preguntando si en España existen, como en Alemania o Suiza, la figura del «denunciante», esto es, del «buen ciudadano» que denuncia a la policía a su vecino si observa que éste no cumple con las normas y/o no lleva la mascarilla. Los alemanes comentan que sí, que existe esta figura social, pero ellos la explican por la cuestión del miedo: los españoles están simplemente aterrorizados por el bombardeo constante de los medios de comunicación.

El suizo persiste en la cuestión y explica que en las escuelas suizas hay profesores que «enseñan» a los alumnos a denunciar a las personas que no lleven mascarilla.

Los alemanes indican que, por lo que saben, no se ha llegado en España a tales extremos, aunque informan de que en Alemania el Ministerio del Interior está planeando llevar a cabo algo similar a lo que ocurre en el país helvético.

El presentador continúa narrando que en Suiza esta situación en las escuelas es «normal», puesto que su sistema educativo está diseñado para crear no individuos pensantes, sino personas que estén dentro del sistema, trabajen, se jubilen y paguen impuestos. A lo que contesta un alemán que la finalidad del sistema suizo y, por extensión, europeo es claro: crear ciudadanos que sean «lo suficientemente buenos para trabajar y lo suficientemente estúpidos para pensar» (gut genug, um zu arbeiten, doof genug, um zu denken).

Los alemanes vuelven a resaltar el hecho de que las medidas gubernamentales y, en concreto, la mascarilla obligatoria ha matado el turismo en España. La gente ya considera España como un país al cual no hay que ir: Mallorca es un ejemplo.

Ante esta situación normativa y social, los alemanes denuncian que «España se ha convertido en un país comunista».

Acto seguido, se pasa a hablar de la noticia que se publicó hace poco en el portal EuroWeekly que anunciaba un nuevo confinamiento a partir del 18 de septiembre en España. Si bien señalan que los medios generalistas y las autoridades españolas han indicado que esta información es falsa, uno de los alemanes cuenta que esta noticia se la enseñó a un amigo policía, quien en ningún momento negó su veracidad. De hecho, comentan que también para Alemania se están barajando estas fechas. (En un comentario en el chat, se habla incluso de que a policías y militares germanos se les ha prohibido tomarse vacaciones a partir del 1 de septiembre y a fecha de 21 de agosto se ha divulgado la noticia de que «obligan a los soldados a agotar días libres: “La movilización puede ser inmediata”»).

En su recta final, la conversación vuelve al tema de las noticias y los medios de comunicación. Se comenta cómo la cuestión del número de infectados varía cada día, siempre dan una información distinta con lo que es imposible hacerse una visión de conjunto. Esta táctica de terrorismo mediático también se produce en toda Europa, tanto en Alemania como en Suiza.

En este contexto, el presentador suizo expresa su deseo de que, algún día, «los periodistas y los medios de comunicación suizos sean juzgados por sus noticias que propagan el miedo entre la población», así como vuelve a insistir en el tema de la mascarilla. De hecho, sigue sorprendido por la noticia de que niños, ya sean mayores o menores de 6 años, lleven mascarilla: «¡Es un horror!», exclama. Y recuerda que está científicamente probado por diversos estudios que las mascarillas son perjudiciales y que traumatizan, especialmente, a los niños. Les impide llevar una vida normal, socializarse: con una mascarilla, los niños «no pueden comunicarse entre sí».

Los alemanes corroboran estas palabras calificando la situación de bizarre («estrafalaria», «extravagante», en este contexto «enferma»). En España todo está controlado y reglado. Desinfectan todo, «¡incluso las calles!», afirman escandalizados. Esto, sostienen los alemanes, no lo habían visto en ningún sitio. Asimismo, mencionan la existencia de aplicaciones de móvil de «rastreo».

Por último, tratan el tema de las vacunas. El suizo pregunta cómo está la situación en España y los alemanes responden rápidamente con las siguientes palabras: «la mayoría de los españoles quiere vacunarse». Es tal el miedo que tienen en el cuerpo que ellos mismos piden la vacuna. Si bien, aclaran, en España la vacunación no es obligatoria, esto no significa nada: éste es un país en el que todo puede cambiar «de un día para otro».

A un español con un mínimo de criterio, el visionado de esta conversación le deja una sensación bastante desagradable. Parece ser que tienen que ser extranjeros, en este caso alemanes, los que tengan que explicar y denunciar la situación dictatorial, «comunista» de represión y de empobrecimiento social que se vive en España, puesto que los medios españoles presuntamente «alternativos» parecen tener como misión entretener a la supuesta masa crítica y rebelde con las miserables e insustanciales rencillas entre los distintos partidos políticos.

La no defensa de las libertades básicas y el sometimiento de los españoles a un Estado corrupto, totalitario y comunista no sólo sorprende al espectador foráneo, sino que conduce inequívocamente a la implantación de facto de una dictadura. En este sentido, quisiéramos concluir este breve informe con unas palabras que se podían leer en uno de los comentarios a esta conversación y que sintetizan muy bien lo aquí descrito:

«En resumen, que se puede decir tranquilamente que España es de nuevo una dictadura. Simplemente no puedo entender cómo es posible que los españoles colaboren en un desastre como éste».

(Zusammengefasst kann man getrost sagen, Spanien ist wieder eine Diktatur. Ich kann ganz einfach nicht verstehen, dass die Spanier so eine Sauerei mitmachen können)

 

Derek Vyniard



[1] Un atisbo de esperanza por lo que se refiere a la reacción del pueblo español ante estas medidas totalitarias puede encontrarse en la concentración celebrada el domingo 16 de agosto en la Plaza de Colón de Madrid (https://www.youtube.com/watch?v=lFWVDtkSUY4).