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Nuestro mundo: la campaña del caos global de Soros

(Jerusalem Post, 22 de agosto de 2016)

Caroline B. Glick

 GEORGE-SOROS

Los principales medios de comunicación de los EE.UU. han ignorado la filtración de miles de correos electrónicos de la multimillonaria Fundación Sociedad Abierta (Open Society Foundation = OSF) de George Soros llevada a cabo por el grupo de activistas hackers DCLeaks. La OSF es el vehículo a través del cual Soros ha canalizado miles de millones de dólares en las últimas dos décadas a organizaciones sin ánimo de lucro en los EE.UU. y en el mundo entero.

Según los documentos, Soros ha dado más de 30 millones de dólares a grupos que trabajan para la elección de Hillary Clinton en noviembre, siendo él así su mayor donante como persona física. De esta manera, es más que comprensible que los medios que apoyan a Clinton hayan tenido algún papel en la campaña generalizada de los medios para ocultar esta historia.

Sin embargo, también es comprensible que al menos algunos editores de noticias no hayan entendido por qué los documentos filtrados merecían ser tratados. La mayor parte de la información ya era de conocimiento público. La financiación masiva por parte de Soros de grupos de extrema izquierda en los EE.UU. y en el mundo entero estaba documentada desde hacía más de una década.

Pero no viendo el significado de la historia en su conjunto porque algunos de los detalles ya eran conocidos, el asunto se convierte en un caso en el que los árboles no dejan ver el bosque. La descarga de documentos del DCLeaks es una cuestión seria porque expone el bosque de las redes de financiación de Soros.

Lo primero que observamos es la naturaleza megalómana del proyecto filantrópico de Soros. No existe un rincón del globo que no se vea afectado por sus esfuerzos. No existe un área política que no haya tocado.

A simple vista, el enorme número de grupos y de gente que Soros ha apoyado parece no estar relacionado. Pues, ¿qué tiene que ver el cambio climático con la inmigración ilegal africana a Israel? ¿Qué tiene que ver el Occupy Wall Street con las políticas de inmigración griegas? Pero el hecho es que los proyectos apoyados por Soros comparten características comunes básicas.

Todos estos proyectos trabajan para debilitar la capacidad de las autoridades nacionales y locales en las democracias occidentales de mantener las leyes y los valores de sus naciones y comunidades.

Todos estos proyectos trabajan para entorpecer el libre mercado, ya sea éste financiero, ideológico, político o científico. Lo hacen en nombre de la democracia, los derechos humanos, la justicia económica, racial y sexual y otros nobles términos.

En otras palabras, la finalidad de estos proyectos es subvertir las democracias occidentales y hacer imposible a los gobiernos mantener el orden o a las sociedades conservar sus identidades y valores propios.

Black Lives Matter, que recibió el año pasado 650.000 dólares de grupos controlados por Soros, es un ejemplo paradigmático de estos esfuerzos. Hasta hace poco, la policía era universalmente admirada en los EE.UU. como el equivalente nacional de los militares. BLM emergió como una fuerza social corrupta para politizar el apoyo a la policía.

El argumento principal de BLM es que en los EE.UU. la policía no es una fuerza para el bien, permitiendo que la sociedad funcione manteniendo la ley y el orden, sino que más bien la policía es un instrumento de represión de los blancos sobre los negros.

Para este grupo, la aplicación de la ley en comunidades predominantemente afroamericanas está considerada como inherentemente racista.

La agitación de BLM, que ha sido acusado de inspirar el asesinato de policías en distintas ciudades de los EE.UU., ha causado dos reacciones en los policías de rango y de a pie. En primer lugar, los ha desmoralizado, en tanto que se encuentran criminalizados por intentar mantener sus ciudades libres de delincuentes.

En segundo lugar, su voluntad de usar la fuerza en situaciones en las que ésta se requiere ha disminuido. Por un lado, está el miedo a que se les acusen de actos criminales y, por el otro, la condena pública de “racistas” provoca que la policía prefiera la inacción, incluso en situaciones en las que se requiere que actúen.

La desmoralización y la intimidación de la policía es muy probable que causen un elevado incremento de los crímenes violentos.

A ello hay que añadir las acciones de Soros a favor de la inmigración ilegal. Desde EE.UU. hasta Europa e Israel, Soros ha puesto en marcha una ofensiva mundial para usar la inmigración con el objetivo de minar la identidad nacional y la composición demográfica de las democracias occidentales. Los correos electrónicos filtrados muestran que sus grupos han interferido en las elecciones europeas para conseguir que se elijan a políticos que apoyen la política de fronteras abiertas para inmigrantes procedentes del mundo árabe. Asimismo, se apoya a través de financiación y otros medios a periodistas para que informen compasivamente sobre los inmigrantes.

Los grupos de Soros están sobre el terreno permitiendo a los inmigrantes ilegales entrar en los EE.UU. y Europa. Han influenciado en la Corte Suprema de los EE.UU. cuando legislaba sobre la inmigración ilegal de México. Han trabajado con los musulmanes y otros grupos para demonizar a los norteamericanos y a los europeos que se oponen a las fronteras abiertas.

También en Israel, Soros se opone a los esfuerzos del gobierno para terminar con el flujo de inmigración ilegal procedente de África a través de la frontera con Egipto.

La intención que se encuentra en el corazón de la ofensiva para la legalización de la inmigración sin restricciones es que los estados no sean capaces de proteger sus identidades nacionales.

Si es racista para los griegos proteger su identidad nacional intentando bloquear la entrada de millones de sirios en su territorio, entonces también es racista que Grecia –o Francia, Alemania, Hungría, Suecia, los Estados Unidos o Polonia– exista.

De manera paralela a estos esfuerzos, están los dirigidos a rechazar el derecho de las democracias occidentales a conservar sus normas sociales mantenidas desde hace tiempo. Los grupos apoyados por Soros, por ejemplo, están detrás de la ofensiva no sólo por el matrimonio homosexual, sino también por los baños públicos unisex.

Estos grupos apoyan tanto el derecho de las mujeres a servir en unidades de combates, como los esfuerzos para obligar a los soldados a vivir en barracones unisex. En otras palabras, estos grupos apoyan los esfuerzos dirigidos a negar a los ciudadanos de las democracias occidentales el derecho a mantener cualquier distancia entre ellos y el rechazo de Soros de sus valores más íntimos como su privacidad e identidad sexual.

Por lo que se refiere a Israel, los grupos apoyados por Soros trabajan para deslegitimizar cualquier aspecto de la sociedad israelí como racista e ilegítimo. Los palestinos son el foco principal de sus ataques. Los usan para afirmar que Israel es un estado racista. Soros financia a grupos izquierdistas moderados, grupos izquierdistas radicales, grupos árabes israelíes y grupos palestinos. De diversas maneras complementarias, estos grupos cuentan a sus audiencias que Israel no tiene derecho a defenderse a sí misma o a reforzar sus leyes contra los ciudadanos no-judíos[1].

En los EE.UU., los grupos apoyados por Soros desde BLM a J Street trabajan para hacer social y políticamente aceptable oponerse a Israel.

La idea central de los esfuerzos de Soros desde Ferguson a Berlín y Jerusalén es inducir a disturbios y al caos para que las autoridades locales, paralizadas por sus grupos, sean incapaces de proteger sus sociedades e incluso de argumentar coherentemente que merecen protección.

En muchos aspectos, la campaña de Donald Trump no es una respuesta directa a Clinton, sino al propio Soros.

Haciendo un llamamiento a erigir un muro en la frontera, apoyando la salida de Gran Bretaña de la U.E., apoyando a Israel, apoyando una prohibición temporal de la inmigración y apoyando a la policía contra el BLM, Trump actúa como un desbaratador directo de los esfuerzos de los multimillonarios dólares de Soros.

El DCLeaks ha expuesto la inmensidad de la campaña izquierdista financiada por Soros contra los fundamentos de las democracias liberales. Los movimientos de “democracia directa” que Soros apoya no son nada más que llamadas al gobierno de la muchedumbre.

Los pueblos de Occidente tienen que reconocer los fundamentos comunes de todas las acciones de Soros. Tienen que darse cuenta también de que la única respuesta por parte de los pueblos de Occidente a estas campañas premeditadas de subversión es la de defender sus derechos nacionales y su derecho individual a la seguridad. Deben estar con las instituciones nacionales que garanticen la seguridad de acuerdo con el gobierno de la ley y el mantenimiento y defensa de sus valores y tradiciones nacionales.[2]



[2] Este artículo de opinión de Caroline B. Glick ha sido asimismo traducido por Silvia Schnessel y publicado en el diario digital Enlace Judío de México: http://www.enlacejudio.com/2016/08/24/la-campana-caos-global-soros/ (nota del traductor).