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antonaiguadecortes

Jaume Anton Aiguader i Cortés

(Barcelona, 1914– Méjico, 1972)


 

Médico y escritor nacido en Barcelona en 1914, hijo del alcalde de la ciudad, Jaume Aiguader i Miró. Cursó sus estudios en Medicina en las universidades de Madrid, París y Barcelona, donde se licenció. Sirvió como médico durante la Guerra Civil, exiliándose en París y especializándose en la Sorbona en Medicina Tropical. Desde allí, se marchó a Méjico en 1941, donde contrajo matrimonio y ejerció su profesión en el Hospital de Nutrición y en la Benéfica Hispana. En el exilio, publicó numerosos artículos sobre temas médicos y colaboró con Quaders de l’exili. Jaume Anton Aiguader falleció  en Méjico en 1972. Póstumamente parece haberse publicado una conferencia suya titulada Idees sobre el caràcter dels catalans (1975), que se encuentra actualmente desaparecido.

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Textos raciales

 

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 1. Jaume Anton, "Sobre els errors del racisme i de l’antiracisme", Quaderns de l'exili, III/11, enero-febrero de 1945, pp. ix-x y xxii.
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Traducción  

Los germánicos, al explicar su teoría racial, consideran la raza aria como una unidad estática, que no ha variado a través del tiempo. No tienen en cuenta las modificaciones sufridas ni la disgregación en nuevas razas, que dan nacimiento a nuevas naciones. Los errores del racismo germánico no nos han de llevar, no obstante, por reacción, a caer en errores de signo contrario. Raza y Nación son dos conceptos inseparables: el primer nombre significa un complejo de características fisicopsíquicas parecidas que presenta un grupo de hombres; el segundo nombre significa la unidad de este grupo de hombres. [...]

Hay, por otro lado, un factor que los racistas germánicos olvidan siempre: la aportación de sangre extranjera, que hace que no pueda tenerse en consideración la idea de una raza formada exclusivamente por hombres provenientes de una raza primigenia, sin ninguna mezcla con otros. Olvidan que hay un cierto mestizaje constante, que incluso las hay en cada unión sexual entre individuos aparentemente de la misma raza, ya que cada individuo aporta a la unión un soma diferente (y entendemos por soma no sólo el del cuerpo, sino también el del espíritu). Las modificaciones somáticas significan una tendencia a un nuevo equilibrio. Cuando los dos individuos que se unen son de razas distintas, nace el mestizo típico, que, al principio, no representa ninguna raza nueva; pero cuando el mestizaje se hace a gran escala, llegará un momento en que habrán dejado de ser mestizos y serán una nueva raza, en cierta manera pura (Méjico tiende a ello). Si los individuos que se unen son, en principio, de la misma raza –o de razas muy afines–, el mestizaje somático que se deriva es imperceptible y no rompe la unidad racial. [...]

Después de siglos de dominio de de nuestros actuales Países de Lengua Catalan por los romanos, cuando llega la invasión de los bárbaros únicamente encuentran raza: la ibero-románica, que ya balbucea la lengua que, después, será el catalán. [...]

En los Países de Lengua Catalana, la tierra es abrupta, inhóspita para la agricultura: sus habitantes, con un trabajo de siglos, puede que de milenios, han cambiado el aspecto original, con las márgenes y terraplenes que escalonan las montañas, porque han adaptado la tierra a su psicología de pueblo activo y enérgico. Idénticamente, los suizos han creado prados artificiales para su ganadería, los holandeses han hecho retroceder el mar. Las razas indolentes no dejan sobre la naturaleza una huella tan marcada. [...]

La Nación representa un deseo de poder: la Raza, un deseo de reproducción y de expansión. Hay un sentimiento que las une, pues: el sentimiento del imperium. La Nación puede admitir alianzas ofensivo-defensivas con otras naciones: la Raza procura que estas uniones no vayan demasiado lejos. Las dos fuerzas se compensan con sus deseos y no se pueden mirar como enemigas, porque son dos sistemas útiles e inseparables. [...]

Las razas, en cambio, no pueden nunca desaparecer del todo: pueden estar como en letargo durante siglos, pueden perder la consciencia de ellas mismas, pero en cuanto se dan unas circunstancias favorables, rebrotan con nuevas energías. Es la misma raza, no la misma nación: tiene otro espíritu, otra fuerza, incluso, a veces, otra lengua; las nuevas familias dirigentes ocupan el lugar de la antigua clase patricia degradada: nuevas tradiciones han aparecido. El individuo y la raza son eternos a través del soma, que pasa de padres a hijos y no muere: el uno y la otra perduran mientras evolucionan indefinidamente. Esta eternidad del individuo y de la raza tan sólo puede ser frustrada por un cataclismo.

 

 

 

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 2. Jaume Anton, "Per la salut del nostre poble", Quaderns de l'exili, III/15, septiembre-octubre de 1945, pp. viii-ix.
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Traducción  

 

En Cataluña, en estos últimos años, se había observado una mejora racial, expresada por el aumento del promedio de estatura, no tan brillante como el observado en los Estados Unidos, pero sí digno de ser tenido en consideración. Los pobladores de los Países de Lengua Catalana ya formaban, desde siempre, un grupo destacado dentro de la Península hispánica, al lado de los vascos, a causa de su estatura superior, como demuestra el mapa que publicamos. [...]

Una fisiología perfecta, una perfección de líneas acompañada de una altura proporcionada a los diversos diámetros del cuerpo y en perfecto desarrollo intelectual, significan un goce para la vida y dan al hombre una confianza en sí mismo y una capacidad combativa que es la mejor defensa contra la destrucción de la nación. El desfigurado, el enclenque, el enfermizo, pueden ser hombres de talento, hombres de genio y entonces el respeto que inspiran es más grande todavía, porque nos hace ver cómo el espíritu puede superar las miserias del cuerpo. [...]

Desde tiempos inmemoriales, los deseos de los jóvenes consisten en encontrar, para la unión matrimonial, la perfección en la belleza física y moral. Lo que buscan en realidad es la harmonía en la fisiología de los individuos del sexo opuesto, a la vez que una pureza étnica dentro del pueblo al que pertenecen –los exotismos son siempre mal vistos, por razones que no han de explicarse en este artículo–.

 

  

 

ARCHIVOLOGOs

 

 

Los germánicos, al explicar su teoría racial, consideran la raza aria como una unidad estática, que no ha variado a través del tiempo. No tienen en cuenta las modificaciones sufridas ni la disgregación en nuevas razas, que dan nacimiento a nuevas naciones. Los errores del racismo germánico no nos han de llevar, no obstante, por reacción, a caer en errores de signo contrario. Raza y Nación son dos conceptos inseparables: el primer nombre significa un complejo de características fisicopsíquicas parecidas que presenta un grupo de hombres; el segundo nombre significa la unidad de este grupo de hombres. [...]
Hay, por otro lado, un factor que los racistas germánicos olvidan siempre: la aportación de sangre extranjera, que hace que no pueda tenerse en consideración la idea de una raza formada exclusivamente por hombres provenientes de una raza primigenia, sin ninguna mezcla con otros. Olvidan que hay un cierto mestizaje constante, que incluso las hay en cada unión sexual entre individuos aparentemente de la misma raza, ya que cada individuo aporta a la unión un soma diferente (y entendemos por soma no sólo el del cuerpo, sino también el del espíritu). Las modificaciones somáticas significan una tendencia a un nuevo equilibrio. Cuando los dos individuos que se unen son de razas distintas, nace el mestizo típico, que, al principio, no representa ninguna raza nueva; pero cuando el mestizaje se hace a gran escala, llegará un momento en que habrán dejado de ser mestizos y serán una nueva raza, en cierta manera pura (Méjico tiende a ello). Si los individuos que se unen son, en principio, de la misma raza –o de razas muy afines–, el mestizaje somático que se deriva es imperceptible y no rompe la unidad racial. [...]
En los Países de Lengua Catalana, la tierra es abrupta, inhóspita para la agricultura: sus habitantes, con un trabajo de siglos, puede que de milenios, han cambiado el aspecto original, con las márgenes y terraplenes que escalonan las montañas, porque han adaptado la tierra a su psicología de pueblo activo y enérgico. Idénticamente, los suizos han creado prados artificiales para su ganadería, los holandeses han hecho retroceder el mar. Las razas indolentes no dejan sobre la naturaleza una huella tan marcada. [...]
La Nación representa un deseo de poder: la Raza, un deseo de reproducción y de expansión. Hay un sentimiento que las une, pues: el sentimiento del imperium. La Nación puede admitir alianzas ofensivo-defensivas con otras naciones: la Raza procura que estas uniones no vayan demasiado lejos. Las dos fuerzas se compensan con sus deseos y no se pueden mirar como enemigas, porque son dos sistemas útiles e inseparables. [...]
Las razas, en cambio, no pueden nunca desaparecer del todo: pueden estar como en letargo durante siglos, pueden perder la consciencia de ellas mismas, pero en cuanto se dan unas circunstancias favorables, rebrotan con nuevas energías. Es la misma raza, no la misma nación: tiene otro espíritu, otra fuerza, incluso, a veces, otra lengua; las nuevas familias dirigentes ocupan el lugar de la antigua clase patricia degradada: nuevas tradiciones han aparecido. El individuo y la raza son eternos a través del soma, que pasa de padres a hijos y no muere: el uno y la otra perduran mientras evolucionan indefinidamente. Esta eternidad del individuo y de la raza tan sólo puede ser frustrada por un cataclismo