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Para el nacionalismo catalán, todo vale

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Recientemente, los medios se han hecho eco de unas declaraciones, a todas luces más propias de las dictaduras socialistas del siglo pasado que de la Europa del s. XXI, que no hacen sino demostrar, una vez más, que el nacionalismo ha sido, es y será poco más que un burdo sentimiento equiparable a la primera erección de un adolescente (y con semejantes consecuencias). Nos referimos, qué duda cabe, a las palabras de Josep Lluís García Domingo, docente de la Facultad de Empresa y Comunicación de la Universidad de Vic y concejal del partido Esquerra Republicana per Catalunya (ERC), quien declaró con total despecho que “hay un montón de pruebas genéticas” de que España es un Estado “filofascista”.

A pesar de haber intentado excusarse en Twitter afirmando que “quería hacer referencia a las actitues [sic!], valores y conductas heredadas por los hijos”, poca duda cabe de que la herencia de Heribert Barrera, fundador de ERC, sigue más viva que nunca. Para los más jóvenes, cabe recordar que el fundador del partido del cual es concejal el docente aludido afirmaba en 2001 que “los negros tienen un coeficiente inferior al de los blancos” y que “se debería esterilizar a los débiles mentales de origen genético”. A su vez, el actual líder de ERC, Oriol Junqueras, llegó a afirmar en 2008 que los catalanes están más próximos genéticamente a los suizos que a los españoles, opinión ratificada en 2012 por el mismísimo Artur Mas, otrora presidente de la Generalidad de Cataluña. Poca sorpresa, pues, el encontrar a un racista militando en un partido de racistas.

En cualquier caso, cabría pensar que semejantes opiniones se limitarían antes a una cordial cena con sus correligionarios segregacionistas que a una discusión pública en Twitter. Pero éste es el principal problema del nacionalismo: como sucede con cualquier sentimiento, el nacionalismo se basa en una fantasía interior que se exterioriza irracionalmente, que busca constantemente nuevas pruebas de su existencia, por lo demás absolutamente ficticia. Es por ello que todo vale, sin importar lo que piensen aquellos que no son partícipes de la epifanía nacionalista.

Permítaseme el siguiente ejemplo: un joven plenamente convencido de que su bella vecina está enamorada de él. Cualquier signo es una prueba de su amor: si lo saluda lo hace movida por su interés en conocer al joven; si lo ignora, es la timidez de su amor la que actúa. Esto es lo que se conoce como “sesgo de confirmación”. De ahí que el nacionalista, como el joven enamorado, siempre encuentre pruebas de su amor.

Así, por ejemplo, Valentí Almirall –padre fundador del nacionalismo catalán– afirmaba en 1887 que el catalán era “recio, como su territorio”, mientras Pompeyo Gener decía lo propio del español, comparando Madrid con África: a “una gran altura, sin vegetación, como en un desierto, enmedio [sic!] de un pueblo atrasado” y “pobre en oxígeno” (1), “desierto, el vacío de la cultura […] una ‘meseta’ árida y triste” (2). También fue El Quijote elemento nacionalizador, para bien y para mal: defendido por Pompeyo Gener como representación del superhombre nietzscheano (el modelo al que debía aspirar Cataluña) (3), pero repudiado por la gran mayoría de los catalanistas como ejemplo de africanización y judeización española –entre ellos, Valentí Almirall, Joaquim Casas i Carbó, Ernest Vendrell, Joan Bardina o Miquel d’Esplugues–(4). E inmediatamente rescatado por Jordi Bilbeny y su reputado instituto Nova Història como una obra no sólo catalana, sino escrita en y por un catalán, Joan Miquel Servent. En el nacionalismo catalán, sin duda, todo vale.

El último extremo al que se entrega el nacionalista es, como sucede con todo sentimiento, la materialización física de las emociones. Siguiendo con el ejemplo, ésta llega cuando el joven se convence a sí mismo de que aquella bella vecina está enamorada de él, incluso si ella no lo niega o no lo sabe. Es entonces cuando acontece la violación. El nacionalismo, cuando sale del terreno de lo personal y toma forma política, se materializa igualmente en una violación de las libertades personales de aquellos que, si no comulgan con él, es porque todavía no conocen sus virtudes. Semejante comparación puede parecer excesiva, especialmente en los tiempos de corrección política en los que nos encontramos, pero no debemos olvidar que entre los numerosos dislates con los que el nacionalismo catalán nos ha extasiado desde sus orígenes se encuentran las siguientes palabras recogidas por Joan Sales i Vallès, conocido en Cataluña por sus Quaderns de l’exili y la publicación de La plaza del diamante de Mercè Rodoreda:

Todos los pueblos del mundo hablan catalán pero lo pronuncian mal; hay que corregirles la pronunciación a golpes de sable. Es una obra de misericordia que después nos agradecerán. (5)

Sólo cabe esperar que los extasiados nacionalistas de hoy resuelvan su erección frente a un espejo, antes de que vuelvan a hacer el ridículo desde su púlpito público.

 

Fuentes citadas:

(1) Pompeyo Gener, “La cuestión catalana. III”, Nuestro Tiempo, III/29, mayo de 1903, pág. 718.

(2) Pompeyo Gener, “La qüestió del Marroch. Dinámica cultural”, La Veu de Catalunya, XXI/4301, 4 de mayo de 1911, ed. de la tarde, pág. 1.

(3) Pompeyo Gener, “Don Quijote y Sancho Panza como á tipos simbólichs espanyols y com á tipos simbólichs humans I”, Joventut, II/82, 5 de septiembre de 1901, págs. 589-592; “Don Quijote y Sancho Panza como á tipos simbólichs espanyols y com á tipos simbólichs humans II”, Joventut, II/83, 12 de septiembre de 1901, págs. 614-617.

(4) Valentí Almirall, “La Quijotada”, El Estado Catalán, III/I/39, 24 de abril de 1873, pág. 1; “Los Ministres catalans II”, Diari Català, I/98, 3 de septiembre de 1879, pág. 115; Lo Catalanisme. Motius que’l llegitiman. Fonaments cientifichs y solucions practicas, Imprenta La Renaixensa, Barcelona, 1886, pág. 29; Joaquim Casas i Carbó, “Pensant-hi”, Catalònia, I/5, 25 de abril de 1898, pág. 78; Ernest Vendrell, “De catalanisme”, El Diluvio, 299, 26 de octubre de 1901, pág. 19; Joan Bardina, “Campanya necessaria”, La Veu de Catalunya, 30 de junio de 1906, edición de la mañana, XV/2263, pág. 1; Miquel d’Esplugues, Nostra Senyora de la Mercè. Estudi de psicologia ètnico-religiosa de Catalunya, Ibérica, Barcelona, 1916, pág. 245.

(5) Joan Sales, Cartes a Màrius Torres, Club Editor, Barcelona, 1976, págs. 65-66. El texto corresponde a una reproducción del comentario que Enric Usall, estudiante de derecho compadre de Sales, le habría hecho a éste en relación a la anexión "imperialista" (sic) de Murcia criticada por Lluís Cruells, un nacionalista "pero no imperialista" (sic) dado que no soportaba a los murcianos.