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almirall

Valentí Almirall i Llozer

(Barcelona, 1841– Barcelona, 1904)


Político, ensayista y abogado nacido en Barcelona el 8 de marzo de 1841. Comenzó estudiando pintura en la Escuela de Bellas Artes pero, tras una polémica sobre la obra del popular pintor y profesor Claudio Lorenzale, abandonó la institución para dedicarse a la filosofía, carrera que estudiará entre 1854 y 1857, para centrarse a continuación en sus estudios de derecho, licenciándose en 1863. Su poco entusiasmo hacia los asuntos jurídicos le hizo decantarse por el ensayo político, ocupación en la que pudo prosperar gracias al desahogo económico de su familia. Su credo republicano federalista lo llevó pronto a asociarse con Narcís Monturiol y Víctor Balaguer en la conspiración antiborbónica de 1868, militando en el Partido Democrático Republicano Federal desde sus inicios hasta su rechazo de la política de Pi i Margall, el 26 de junio de 1881.

En 1896 fue nombrado presidente del Ateneo Barcelonés, pero su delicado estado de salud empeoró junto con su decadencia intelectual, abocada en sus últimos años al lerrouxismo. Murió en soledad el 20 de junio de 1904.

 

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Textos raciales

 

dc98 001

 

 1. Valentí Almirall, "Los Ministres catalans II", Diari Català, I/98, 3/9/1879, p.115.
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Traducción  

Pero no, no nos regocijemos, pues nadie puede regocijarse de las desgracias de la tierra, y casualmente la desgracia de la tierra proviene de las mismas causas que el alejamiento de los catalanes de los altos puestos de la administración. España se ha ido empequeñeciendo desde que las circunstancias hicieran que la raza menos pensadora y menos ilustrada de la Península fuese la que dominase. No solamente la naturaleza sino incluso la historia nos dicen que España está formada por dos grupos completamente distintos. El grupo del centro y del mediodía de la Península, compuesto por razas imaginativas, aventureras, impresionables y volubles, ha tenido sus días de gloria, como los tienen todas las razas, pero su gloria ha sido tan efímera, que sólo ha durado lo que dura una excitación nerviosa. El grupo del norte, en cambio, el grupo que podríamos denominar pirenaico, no se ha distinguido jamás por su imaginación ardiente ni por sus golpes de afecto, pero ha sido siempre más meditativo, más sólido y más transcendental en sus proyectos.

 

 

 

locatalanisme

 

 2. Valentí Almirall, Lo Catalanisme. Motius que'l llegitiman, La Renaixensa, Barcelona, 1886, pp.26-27 y 64.
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Traducción  

 

Las diferencias que tendría que observar el viajero extranjero que suponemos indican, en efecto, que en la parte española de la Península no vive un pueblo, sino varios pueblos. Para confirmar la indicación, no tenemos más que examinar los caracteres de los grupos más marcados. Por poco que profundicemos en tal examen, saldremos completamente convencidos de que dentro de la España actual, las razas diversas que la poblaron no se han fundido todavía, sino que, al contrario, el desarrollo histórico las ha llevado no sólo a mantener sino incluso a aumentar sus diferencias características.

Tomaremos tan sólo las dos que más directamente nos interesan: la nuestra, o sea la que forma el pueblo catalán, y la que ha logrado imponérsenos, o sea la castellana. No entraremos a estudiar la vasca, ni cualquier otra de las muchas que podríamos clasificar, puesto que nos alejaríamos de nuestro propósito, para lo cual me basta con demostrar que, entre nosotros y nuestros dominadores, hay suficientes diferencias para ser considerados como dos pueblos distintos. Tampoco haremos un verdadero estudio antropológico, etnográfico ni etnológico del uno y del otro, ni de los individuos que se forman, puesto que nuestro objeto no requiere sino la demostración de aquellas diferencias, con indicaciones de los efectos que han producido en la marcha histórica de nuestro país. Es, además, innegable, que por más que en España puedan encontrarse muchas variedades, grupos y subgrupos, los más marcados por sus caracteres, más que distintos, diversos y hasta opuestos, son los dos de los que vamos a ocuparnos. Los demás se aproximan a uno u otro de ambos, de lo que resulta que estudiados en conjunto los pobladores actuales de la parte española de la Península, pueden clasificarse en dos grandes agrupaciones: la central-meridional, personificada en la gente castellana, y la pirenaica o nororiental, de la que formamos parte nosotros. La agrupación central meridional tiene por centro las dos Castillas y se extiende a todas las regiones que fueron reconquistadas de los moros por las armas castellanas: la agrupación nororiental se compone de los antiguos Estados que formaron la Confederación aragonesa-catalana, debiéndose añadir todos los que ocupan las vertientes de esta parte de los Pirineos, hasta el golfo de Cantabria. Todos estos Estados y regiones, incluso los que hablaban una lengua distinta, tienen más puntos de contacto con el temperamento y carácter catalán que con los de los habitantes del centro y mediodía de la Península. [...]

Si tales son las condiciones de nuestro carácter, claro se presenta cuál debería haber sido nuestro destino si los hechos históricos no nos hubiesen supeditado a una raza tan absorbente y dominadora como la castellana.

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lespagnetelle

 

 3Valentí Almirall, L'Espagne telle qu'elle est, Nouvelle Librairie Parisienne, París, 1887, pp.285-286 y 289-291 (pp. 180 y 182-183 en la ed. española).
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Traducción  

 

España no es una nación una, compuesta por un pueblo uniforme. Más bien es todo lo contrario. Desde los más remotos tiempos de la historia, una gran variedad de razas diferentes echaron raíces en nuestra península, pero sin llegar nunca a fusionarse. En época posterior se constituyeron dos grupos: el castellano y el vasco-aragonés o pirenaico. Ahora bien, el carácter y los rasgos de ambos grupos son diametralmente opuestos.

El grupo centro-meridional, por la influencia de la sangre semita que debe a la invasión árabe, se distingue por su espíritu soñador, por su predisposición a generalizar, por su afición al lujo, a la magnificencia y a la ampulosidad de las formas. El grupo pirenaico, procedente de razas primitivas, se manifiesta como mucho más positivo. Su ingenio analítico y recio, como su territorio, va directo al fondo de las cosas, sin pararse a pensar en la forma.

El desarrollo histórico llevó a primer término al grupo soñador y generalizador. Y el sistema aragonés, basado en la libertad y fundado en la confederación libre, hubo de dejar paso al régimen castellano autoritario, centralizador, absorbente a ultranza.

[...]

La raza pirenaica no está menos caída. Pero su decadencia es de otro estilo, ya que allí imperan la rudeza, los apetitos terrenales, el egoísmo celoso. Y es que los catalanes y los vascos son los trabajadores de España.

El grupo pirenaico ha perdido toda su influencia sobre la marcha de los asuntos, desde que cedió al espíritu dominador del grupo central. Este manda; al otro le toca obedecer.

[...]

El antiguo fatalismo musulmán se adueña de nuevo de nosotros. El campesino vegeta miserablemente, sin hacer el menor esfuerzo para salir de la ignorancia, de la rutina, de la pobreza. El hombre de la ciudad vive del campesino, mientras que éste apenas puede vivir de la tierra.

 

 

 

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