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curet

Francesc de Paula Curet i Payrot

(Barcelona, 1886-Tiana, Maresme, 1972)

 

 Crítico e historiador del teatro catalán nacido en Barcelona en 1886 . Entre sus obras destacan sus estudios sobre las costumbres de la Ciudad Condal y la influencia del teatro en el Renacimiento catalán, siendo un gran admirador de la obra de Guimerà, a quien consideraba el Shakespeare de este movimiento. Comenzó publicando en Occitania y su sucesora, Catalonia, y poco después se convirtió en un colaborador habitual de La Devantera, dirigida por su amigo y mentor Antoni Sayós i Parramon, lector de Nietzsche. Publicó en todas ellas un gran número de artículos patrióticos y pro-occitanos a principios de siglo. Entre 1912 y 1917, dirigió El Teatre Català, revista antinovecentista que ayudó a fundar y que le permitió dedicarse a su gran pasión, consolidada en sus obras La municipalització del teatre a Barcelona (1915), El teatre català davant el renaixement patriòtic (1916), El arte dramático en el resurgir de Cataluña (1917) y, en especial, su História del Teatre Català (1967), además de su importante conferencia en el Ateneo barcelonés el 8 de febrero de 1922 sobre el teatro francés de Molière.

En los años siguientes y hasta su muerte, colaboró con La Publicidad y Diario de Barcelona. Entre 1952 y 1958, publicó los diez tomos de Visions barcelonines. 1760-1860, ilustrados por Lola Anglada. Falleció en Tiana (Maresme), en la casa de Lola Anglada, con quien convivió desde hacía años, el 27 de noviembre de 1972.

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Textos raciales

 

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 1. Francesch P. Curet, “Defectes de rassa”, La Devantera, I/11, 15 de julio de 1903, p. 2.
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Traducción  

 

Uno de los más grandes males que la dominación castellana ha hecho a Cataluña y que costará más eliminarlo ha sido sin duda la degeneración que la encuentro sencillamente comprensible desde el momento en que nuestro pueblo ha permanecido, desde la pérdida de su personalidad política, en la más completa nulidad. Por tanto, los que con un mal entendido patriotismo crean que la raza catalana es la más privilegiada del mundo, escondiéndole sus defectos, con mayor o menor intensidad enraizados, están en un lamentable error, ya que a nuestro entender no deben esconderse jamás los defectos propios, sino que por el contrario deben ser por todos conocidos y estudiados para que tengan pronto y radical enmienda. No hay nadie que dude que los catalanes de ahora no son los catalanes de antes con sus bellas cualidades, si bien no seremos tan pesimistas como para creer que ésas hayan desaparecido del todo, pero lo que sí sostendremos es que esas buenas cualidades se han mezclado con las malas del dominador, produciendo la exageración de carácter, que es el primordial defecto que sufrimos y esa exageración la verá el menos listo por poco que se fije por el contraste nada normal entre acciones y sentimientos de nuestro pueblo, siempre contraproducente.

Por culpa del instinto innato a la raza catalana de no enaltecer a los hombres, hemos caído en el defecto, siempre exagerando, de no dejar destacar al que vale o sobresale en cualquier rama de la actividad humana y ésta es la razón por la cual nuestros literatos, nuestros artistas, tiene que emigrar en número no pequeño de nuestra Patria. 

 

 

 

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