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Hermenegild Puig i Sais

(Albons,Bajo Ampurdán, 1860-Barcelona, 1941)

 

Médico nacido en Albons (Bajo Ampurdán) en 1860. Se licenció en Medicina en Barcelona en 1886, especializándose en enfermedades infecciosas, como la septicemia y la tuberculosis. En 1892, entró a trabajar como auxiliar en el Hospital de la Santa Cruz de Barcelona. Entre 1900 y 1904, dirigió la policlínica del Sagrado Corazón y en 1903 inauguró el Congreso Universitario Catalán.

Hermenegild Puig encauzó sus estudios médicos por senderos políticos peligrosamente cercanos a la eugenesia, atacando las tesis neomaltusianas del control de población a través de métodos anticonceptivos y el onanismo propio de la sociedad moderna, entregada al disfrute, pero no a la procreación. Este síntoma fue considerado una seria enfermedad en su texto fundacional, El Problema de la natalitat a Catalunya. Un gravissim perill per la nostra patria (1915), que tanto influyó en Josep Vandellós y su Catalunya, poble decadent (1935).

Puig i Sais presidió la Academia y Laboratorio de Ciencias Médicas entre 1914 y 1916 y el Sindicato de Médicos de Cataluña en 1920. En 1923, fue elegido diputado provincial. En 1934 presidió el “VIII Congrés de Metges i Biòlegs de Llengua Catalana”. Falleció en Barcelona en 1941.



Textos raciales

 

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 1. Hermenegild Puig, El Problema de la natalitat a Catalunya. Un gravissim perill per la nostra patria, Badia Cantenys, Barcelona, 24 de noviembre de 1915.

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Traducción  

 

Bienvenida sea también la gente acomodada, que atraída por las condiciones del clima, del ambiente catalán en general, vienen aquí a gastar lo que en otros puntos gastarían, o a impulsar el trabajo en todos los conceptos. Pero junto con esta gente útil nos invade un grupo de gente inútil, pobre, gandules, viejos y otros, que no vienen a producir nada, sino que constituyen una carga inútil, e incluso perjudicial en el concepto económico y en ocasiones incluso en algunos otros conceptos.

Desde el punto de vista social nuestra situación es peligrosa, en cuanto que la invasión producida por el desequilibro económico y demográfico ha de producir naturalmente efectos étnicos, una degeneración de nuestra raza, que nosotros hemos de tener buen empeño en conservar pura, e incluso hemos de sublimar sus cualidades características. Yo creo mucho, tengo mucha confianza en la fuerza asimiladora de nuestro ambiente, pero ya sabemos que esta fuerza es siempre relativa y tal puede ser la inmigración, que quede neutralizada por la inicial de los invasores. Hoy, y menos unos años atrás, ya que la reacción había comenzado, los catalanes de los grandes centros, los catalanes de Barcelona, p. ej., ya no son en general los catalanes que nosotros conocimos por la tradición y por la historia; no son los catalanes de nuestras montañas, ni únicamente los de nuestras planicies, en cuanto a condiciones propias de la raza, que por su cultura más bien habrían de haber mejorado; y gracias a la corriente centrípeta continua, que despoblando nuestros campos llena Barcelona, llevando la sabia vivificadora, no se ha llegado más allá en la pendiente de la descatalanización; mas si no cambiamos de orientación, los campos no podrán con su corriente para ellos menguante, neutralizar lo que nos viene de los pueblos vecinos, cuya población aumenta como hemos visto más deprisa que la nuestra y a la vez es atraída por el desequilibrio económico y de cultura del que hemos hablado, arrastrándolos con fuerza irresistible. Entonces, el día que esto suceda, nuestra degeneración como catalanes será más peligrosa todavía. [...]

Conviene, pues, que procuremos aumentar el número de catalanes de pura raza, para luchar en todos los terrenos, ya que aumentando el número al mismo tiempo que aumentamos en cultura, la lucha nos será más favorable; porque también hemos de aceptar la fuerza de la cultura, que siempre es un factor importante en la lucha entre las razas, tanto que pueblos de mayor cultura, de vencidos se vuelven vencedores muchas veces; pero vale más que no lleguemos a este caso.

 

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