Tuesday, 25. April 2017

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China, simplemente China

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Mi buen amigo y compañero de aventuras, el difunto Francis García Cuartiella, me comentaba en una ocasión con su habitual mezcla de acritud y humor negro que sólo hay dos razones por las que un occidental puede desear quedarse en China y alabar los “logros” de las élites comunistas: “O se es imbécil o se queda allí por el sexo fácil”. Desconozco cuál de estas razones motiva a determinados sectores de la “derecha liberal” española a escribir cansinamente en favor del régimen chino, como si no hubiese en el mundo mejor ejemplo o modelo de cómo el capitalismo acaba con la pobreza. La verdad es que resulta sumamente alarmante que autores que pretenden ser “liberales” en el sentido clásico, como Luis Torras o César Vidal, no dejen de alabar impúdicamente al más sanguinario régimen que ha conocido la historia. Esta semana se cumple precisamente el aniversario de la Revolución Cultural y, mientras sectores auténticamente liberales advierten de una segunda Revolución Cultural liderada por el actual presidente Xi Jinping, LibreMercado se doblega orgullosamente ante el gigante chino.

Según explica el diario vinculado a Libertad Digital, tras el fallecimiento de Mao su sucesor, Deng Xiaoping, impulsó el comercio exterior y descentralizó el gobierno, aunque a su vez “tomaría una serie de medidas contradictorias, como el fomento de las empresas estatales, las cuales consideraba un pilar esencial para el progreso”.

Deng Xiaoping es habitualmente elogiado en Occidente por sus reformas económicas. De esta forma, mientras Mao es considerado un terrible y sanguinario dictador, Deng es considerado como el paladín de la Nueva China de la política de fronteras abiertas. Y ya que en estas fechas se conmemora la Revolución Cultural, tal vez LibreMercado debería recordar otra fecha fatídica, que será solemnemente conmemorada en Hong Kong en un par de semanas: el 4 de junio, más conocido como la Masacre de Tian’an men.

En una de mis muchas escapadas al pabellón dedicado a las víctimas del 4 de junio –un modesto museo en la quinta planta de un edificio del barrio hongkongés de Tsim Sha Tsui que el gobierno “liberal” de China cerrará a finales de año–, una joven profesora me preguntaba intrigada por qué los occidentales admiramos tanto a Deng Xiaoping. ¿La razón de su pregunta? Mao tal vez causó la muerte indirecta de 40 millones de personas, pero Deng dio el visto bueno para que el Ejército de Liberación del Pueblo marchase sobre los manifestantes con tanques y disparase contra los estudiantes que se encontraban en la Plaza de Tian’an men en junio de 1989. Un gran ejemplo para los liberales, sin duda.

Por ello resulta sorprendente el elogio a Deng Xiaoping, de la misma forma que esa alusión a “medidas contradictorias”, que no lo fueron en modo alguno porque Deng nunca fue capitalista. Deng era un dictador con fuertes ideas comunistas tan sanguinario como Mao, pero que se vio obligado a salvar China de los errores que éste había causado con su política. Como sabemos gracias a la desclasificación de varios documentos, el gobierno comunista era consciente de la impracticabilidad de las ideas socialistas, al menos desde finales de los años 50 y, por esta razón, instó al gobierno británico a no promover la autodeterminación de Hong Kong, pues “China deseaba que el actual estado colonial de Hong Kong continuara sin cambio alguno” para evitar un nuevo Singapur. Gracias al capitalismo y al libre mercado que reinaban en Hong Kong, los chinos “podemos comerciar y contactar con gente de otros países y obtener materiales que necesitamos con urgencia”. Estas palabras las pronunció nada menos que Liao Chengzhi, el director de la Oficina de Asuntos Exteriores, en 1959.

Resulta, pues, escandaloso que LibreMercado alcance a afirmar que gracias a “la menor opresión sobre el pueblo por parte del Estado” se produjese “una transformación al margen del sistema”, mientras se olvida que esta transformación y estas reformas llegaron a su fin repentinamente a finales de 1989 y principios de la década de los 90 con motivo de las manifestaciones en favor de la democracia y de la libertad de expresión que habían pedido la dimisión de Deng Xiaoping. ¿Se privatizó la economía con Deng? Sí, pero sólo durante los años previos a la Masacre de Tian’an men. A partir de 1990, China experimentó toda una serie de reformas económicas y educativas que tenían como misión evitar una nueva Unión Soviética. El sector privado simplemente desapareció y así ha permanecido hasta nuestros días. Y si no, que se lo pregunten a Yasheng Huang, autor de Capitalism with Chinese Characteristics, una obra que desmonta magistralmente el “milagro chino”. Durante una de sus visitas a Shanghái, relatada en el prólogo a su libro, Huang preguntó a un oficial si podía presentarle a algunos “emprendedores privados”. ¿Su respuesta? “¿Por qué un profesor de Harvard se interesa por esa gente que vende sandías, té y manzanas podridas en la calle?”.

A día de hoy Xi Jinping ha incrementado la censura en la red, prohibiendo incluso los vídeos de jovencitas comiendo plátanos. Libreros que venden obras contra el régimen en Hong Kong son secuestrados por la policía secreta china en Tailandia, mientras ciudadanos taiwaneses son ilegalmente deportados a China. Miles de iglesias cristianas son destruidas año tras año, en ocasiones con algunos de sus feligreses dentro, mientras los miembros de Falun Gong son encarcelados e incluso asesinados públicamente. Recientemente el gobierno chino ha declarado –“por error”– que Filipinas pertenece a China y ha instado a las jovencitas de su país a no buscarse novios extranjeros, porque podrían ser espías al servicio de gobiernos extranjeros. Es cierto que China ha mejorado gracias a la introducción de muchas medidas más cercanas a la social-democracia europea que al comunismo de Mao, pero afirmar que en China hay algo parecido al capitalismo es el mayor disparate que un economista puede cometer. ¿Acaso no constituyen las ideas, cuya libre circulación y monetización está prohibida en China, una de las propiedades más fundamentales del individuo? ¿Acaso no es habitual en China que el gobierno derribe los hogares de campesinos –otra de sus más básicas propiedades– para construir grandes infraestructuras con las que falsificar su PIB?

Artículos como los aquí comentados no sólo reflejan una absoluta ignorancia, sino también evidencian un grave problema en nuestra sociedad, pues aquellos que más deberían manifestarse como adalides de la libertad, aquellos que deberían oponerse más que nadie a las medidas liberticidas de regímenes comunistas como el de la República Popular de China, son precisamente los que alaban sus dudosas virtudes. Y puestos a buscar modelos de virtud, yo me quedo con la mansión liberal de Kim Jong-un, que luce incluso mejor que la majestuosa vista de la zona financiera de Shanghái que acompaña el artículo de LibreMercado.