Saturday, 29. July 2017

Visitantes

1138340

Búsqueda

AGON en Facebook

Compártenos

Share to Facebook Share to Twitter Share to Linkedin Share to Myspace Share to Delicious Share to Google 

Compartir

Mohamed en Alemania

 

Arthur Schopenhauer afirmaba que la lectura de cualquier periódico servía como prueba definitiva de que su pesimismo antropológico tenía unos fundamentos más que arraigados en la realidad de las cosas: asesinatos, violaciones, guerras, robos, etc., era lo que se podía observar página tras página.

Hoy, en pleno siglo XXI, querer leer un diario es algo más que prepararse para leer catástrofes causadas por la naturaleza o por el hombre: es poner a prueba los límites de la paciencia que uno pueda tener y, sobre todo, la fortaleza de su estómago ante posibles apariciones de úlceras por las innumerables muestras de estupidez.

Si esta reflexión es válida para cualquier medio de información, lo es todavía más para la lectura de un medio de comunicación español o alemán. Centrándonos hoy en la prensa alemana, la noticia que queremos comentar es una muestra clara y distinta de lo que decimos.

El diario de la ciudad de Hamburgo, Hamburger Abendblatt, está llevando a cabo una eficaz campaña de marketing entre los alumnos de secundaria, en la que les invita a colaborar con artículos y textos en una edición especial. Así, el periódico publica textos sobre los más diversos temas compuestos por alumnos y que sirve no sólo para potenciar la escritura, sino también (y ésta es la intención) la costumbre de leer diarios. De esta manera, las dos formas de manipulación social más eficaces, la escuela y los medios de comunicación, se dan cita ya desde la más temprana edad.

Entre los diversos artículos redactados por alumnos que se han publicado hasta ahora, sobresale uno que lidia con un tema de actualidad en toda Europa: la inmigración y, más en concreto, la llegada de los denominados “refugiados”. El texto en concreto proviene de la pluma de alumnos de 15 años de un instituto situado en una de las zonas más prósperas de Hamburgo y lleva por título: Ayudamos a Mohamed a que se sienta como en casa (edición del 19 de abril de 2016).

El artículo empieza con la frase “somos los padrinos de Mohamed”, un “refugiado” que, como muchos otros, “huyen del terror en sus países de origen”. Adoctrinados por sus padres de la existencia de una “crisis de los refugiados” y de que Hamburgo es una ciudad “que se compromete fuertemente con los refugiados”, ellos se proponen ayudar a Mohamed.

Para concienciar a otros jóvenes como ellos, reconocen en primer lugar que “muchos niños y jóvenes de nuestra escuela tienen prejuicios y miedo de los refugiados”. A pesar de que esta sensación pueda estar fundamentada por alguna mala experiencia que hayan podido tener o por el miedo a lo “desconocido” y a posibles “cambios en nuestra sociedad”, “ellos creen simplemente los rumores que actualmente se cuentan por todos sitios” de que, por ejemplo, “muchos refugiados son criminales”. Junto con este grupo de personas, habría que citar, continúan los autores del texto, a los que simplemente se desentienden de cualquier compromiso solidario.

Sin embargo, ellos no son así. “Nosotros y otros alumnos de nuestra clase somos padrinos de niños que están en la clase de preparación internacional en nuestra escuela”. En esta clase, que lleva ya un año de existencia, se enseña sobre todo el idioma alemán. “No todos los alumnos en la clase han huido de su patria, pero todos llevan relativamente poco tiempo – algunos dos años y algunos desde hace pocos meses– en Alemania”.

La preocupación principal de estos jóvenes periodistas es saber si estos alumnos extranjeros se sienten como en casa en Alemania. Así se lo han preguntado en diversas ocasiones a su apadrinado Mohamed, quien llegó de Egipto hace dos años y a quien describen de la siguiente manera: “habla relativamente bien alemán y es un chico agradable. Para su edad, 16 años, es de estatura pequeña, su pelo es negro y tiene un bigote en el labio superior. Sus rasgos faciales son agradables y su estilo a la hora de vestir está siempre muy a la moda”.

El problema con este “chico agradable” proveniente de Egipto es que, a pesar de lo que desearía, “no se siente como en casa en Alemania”. “Le gusta Egipto y le gustaría volver allí cuando tenga la oportunidad”. No obstante, afirma que en Alemania “se puede vivir bien”.

A continuación, se explica que su viaje a Alemania “fue muy espectacular”. Así, “llegó primero a Italia en barco. Desde allí viajó en un maletero de un coche a Alemania”. “Al final de su viaje estaba muy contento de haber llegado por fin a Alemania”. Aunque a Mohamed no le gusta hablar de su viaje como inmigrante ilegal a Alemania y dice no encontrarse “como en casa” en el país, “en su tiempo libre, Mohamed pasea, boxea en un club deportivo y juega al fútbol con sus amigos”.

Describiendo la vida de Mohamed y ayudándole a que “se sienta como en casa”, los alumnos confiesan al final del artículo que “tienen la sensación de que con la tarea de asistir a un alumno apadrinado por ellos y de ayudarle hacen algo bueno”.

Ante esta noticia, uno se pregunta, no obstante, lo siguiente:

1. Si el país de Mohamed es Egipto, ¿qué significa que se sienta como en casa? ¿Hermanos musulmanes? ¿Acaso sexual a mujeres?[1] ¿Persecución de cristianos coptos?

2. Si Mohamed llegó como inmigrante ilegal a Alemania, ¿quién lo ha acogido? ¿dónde vive? ¿quién le financia la escuela? ¿quién le paga el club deportivo? ¿quién le paga la ropa de moda que lleva?

3. Si Mohamed tiene tantas ganas de volver a Egipto, ¿qué es lo que le retiene aquí?

4. Si Mohamed llegó como inmigrante ilegal, ¿qué le impide hacer el camino de vuelta a su país de la misma manera?

5. Y la pregunta más inquietante: ¿qué hace un grupo de menores de edad apadrinando a un delincuente, a alguien que manifiesta haber transgredido la ley alemana al llegar al país de manera ilegal?

6. Los niños confiesan que quieren hacer algo positivo para la sociedad. Bien, ¿acaso en Alemania no hay alemanes que sean pobres? ¿acaso no hay inmigrantes legales que necesitan ayuda?

7. ¿Es ético que un diario acoja en sus páginas tales muestras de ilegalidad y las fomente?

Sin duda, toda una serie de interrogantes, cuyas respuestas podrían revelar una más que inquietante realidad.