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La «invasión árabe de Europa» del Papa Francisco

 

El día 4 de marzo de 2016 saltó a la palestra en los principales medios de comunicación internacionales la noticia de que el Papa Francisco había afirmado que se estaba produciendo “una invasión árabe de Europa”. Teniendo en cuenta el momento histórico que vive el continente con los “refugiados” y el latente anti-cristianismo o, mejor dicho, anti-catolicismo de la prensa de orientación progresista o protestante, un titular de tales características no quería sino suscitar polémica. Si a ello le sumábamos que el Sumo Pontífice había también hecho referencia a la idea del “Gran Reemplazamiento”, ésta estaba más que servida. 

Ahora bien, si uno iba a la fuente a partir de cual los periodistas supuestamente habían extraído la noticia, se podía observar que, puestas en su contexto, estas declaraciones del Papa jesuita no tenían en absoluto ni el cariz ni la intencionalidad que los medios le querían otorgar.

En efecto, la lectura completa de la noticia publicada por el Osservatore romano en su edición del 3 de marzo de 2016 con el título “Il Papa e i pesci rosa” revelaba que, en primer lugar, estas palabras del Papa se enmarcaban dentro de un encuentro que había tenido lugar con un grupo de cristianos de Francia, en el que el Obispo de Roma reflexionaba acerca del destino de Francia y de Europa[1].

En su conversación con esta delegación francesa, el Papa se preguntaba acerca de la posibilidad de poder realizar una crítica a la modernidad que no fuera tachada de reaccionaria y se refería a Emmanuel Lévinas y a su filosofía del otro. A continuación, el Pontífice confesaba que le preocupaba la cuestión de la “globalización”, de la cual resaltaba el hecho de que, si bien permite a las personas comunicarse con todo el mundo, tiene el inconveniente de que le aísla como individuo, impidiendo que se exprese libremente. “La globalización mejor sería ante todo un poliedro. Todos están unidos, pero cada pueblo, cada nación, conserva su identidad, su cultura, su riqueza”. De esta manera, continuaba el Papa Francisco, se podría “favorecer el diálogo, la comprensión recíproca”, puesto que cada uno conservaría su propia identidad. Este diálogo entre las civilizaciones lo debería capitanear Europa, ya que, según el Pontífice, “es el único continente que puede aportar cierta unidad al mundo”.

Junto con la cuestión de la identidad europea, el Papa recordaba el grave problema de natalidad que padecen los distintos países que la conforman, centrándose, sobre todo, en España e Italia. De ahí que la Europa actual se debilite y se pueda hablar de que se corre el riesgo de que ésta se convierta en un “lugar vacío”. Es precisamente en este contexto, donde el Sumo Pontífice afirmaba:

“Hoy podemos hablar de una invasión árabe. Es un hecho social”.

A renglón seguido, combatía la tesis de la “extrema derecha” del “gran desplazamiento” sosteniendo:

“¡Cuántas invasiones ha conocido Europa en el transcurso de su historia! Pero siempre ha sabido superarse a sí misma, ir hacia adelante para verse después crecida por el intercambio entre culturas”.

Para completar el cuadro en el que se insertaban estas declaraciones del Papa Francisco, conviene señalar cómo después realizaba una serie de reflexiones más estrictamente políticas en las que criticaba con severidad a los “estados nacionales” por su acusado egoísmo, el cual impide que se pueda hablar de una unidad europea y que surja un hombre que lleve a cabo la necesaria renovación del continente. Asimismo, hacía referencia a la cuestión del laicismo y, lejos de criticarlo, el Papa sostenía que el laicismo “es una cosa sana” y animaba a Francia “a llegar ser un país todavía más laico”, puesto que “un laicismo sano incluye una apertura a todas las formas de transcendencia, según las diferentes tradiciones religiosas y filosóficas”. En el plano económico, el Pontífice Romano denunciaba “la ideología y la idolatría del dinero” y elogiaba a Christine Lagarde, la presidenta del Fondo Monetario Internacional, describiéndola como “una mujer inteligente. Sostiene que el dinero tiene estar al servicio de la humanidad y no al contrario”.

Por último, un detalle que los que divulgaron la noticia de que el Papa Francisco había hablado de “una invasión árabe de Europa” parece ser que olvidaron que entre los miembros de la delegación francesa que visitó al Papa había una intelectual musulmana, Karima Berger. Ante ella, el Pontífice reiteró su convicción de que en el “islam a Dios se le describe como misericordioso” y narró la siguiente experiencia personal vivida en su visita apostólica a la República Centroafricana del 29 al 30 de noviembre de 2015:

“Trabajamos mucho en el diálogo entre cristianos y musulmanes. En la República Centroafricana hay armonía. Sin embargo, hay un grupo que, por otra parte, no es musulmán, pero que ha empezado una guerra. La presidenta de transición, católica practicante, es amada y respetada por los musulmanes[2]. Yo fui a la mezquita. Pregunté al imán si podía rezar. Me quité los zapatos y fui a rezar. Todas las religiones tienen sus extremistas. Las degeneraciones ideológicas de las religiones son el origen de la guerra”.

Como se puede observar, el Papa en absoluto denunció los peligros que la actual invasión árabe de Europa puede tener para la civilización occidental ni se adhirió a las tesis del “Gran Reemplazamiento”. Y no puede hacerlo, puesto que, si bien el Sumo Pontífice, como con mucha agudeza definió Donald Trump[3], “es una persona muy política”, ésta no está dirigida a defender a los pobres y a los más necesitados o a reivindicar la cultura y la tradición cristianas, sino a afianzar los intereses de las oligarquías transnacionales que están fomentando la destrucción de la sociedad tal y como la conocemos desde hace más de 2.000 años.



[1] http://www.osservatoreromano.va/it/news/il-papa-e-i-pesci-rosa. Todas las citas que se hagan a partir de aquí en el texto principal se ofrecen en traducción del autor.

[2] El Papa se refiere a Catherine Samba-Panza, empresaria que en estos momentos está dirigiendo el país a la espera de unas elecciones democráticas. La situación en la República Centroafricana, lejos de ser armónica, como sostiene el Sumo Pontífice, es caótica, entre otros motivos, por la existencia del grupo Séléka (“coalición” en sango, uno de los dos idiomas nacionales junto el francés), formado, en su gran mayoría -por mucho que le duela al Papa- por musulmanes. A raíz de las ejecuciones y violaciones perpetradas por Séléka, en el país existen también unas milicias de resistencia denominadas Anti-Balaka (que significa “los que detienen las balas de los Kalashnikov”), compuestas principalmente por cristianos.

[3] Como es sabido, a raíz de las palabras pronunciadas por el Papa ante una serie de periodistas en el avión durante su viaje de regreso al Vaticano después de su estancia en México en febrero de 2016, según las cuales una persona que quiere construir un muro para que no entren inmigrantes ilegales no es cristiana, se produjo un intercambio de declaraciones entre el Sumo Pontífice y Donald Trump. El candidato republicano sostuvo que “para un líder religioso, cuestionar la fe de una persona es algo ignominioso” (https://www.facebook.com/DonaldTrump/posts/10156658168535725) a la vez que le acusó de ser un peón de México y de desconocer la realidad de la política norteamericana. Mientras tanto, el actor Jon Voight afirmó que, si bien “he sido católico toda mi vida”, “estoy muy decepcionado  con el Papa por la forma en que atacó a Trump […] Si le preocupan nuestros inmigrantes ilegales, pues que el Vaticano se lleve un millón. Son tan ricos como cualquier otro país en el mundo y así Su Santidad podrá cuidar de ellos” (http://www.foxnews.com/politics/2016/02/19/christian-conservatives-react-to-pope-questioning-donald-trumps-faith.html).