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 refugees welcome_-_deutschland

Colonia u hoy es el futuro

 

 “Germany is going through massive attacks to its people
by the migrants allowed to enter the country.
New Years Eve was a disaster.
THINK!”

Donald Trump

 

Cualquier persona que visite por primera vez Alemania, ya sea por razones laborales o por placer, se puede llevar la impresión de que ha llegado a un país donde lo que impera es un orden generalizado que se manifiesta en el hecho de que todo está limpio y resulta relativamente fácil moverse por la ciudad y por los transportes públicos sin necesidad de conocer el idioma. Asimismo, la cerveza es de calidad, se puede comer bien y en abundancia y, si se está acompañado de un local, se puede hasta tener incluso la sensación de que se está en un país en el que la gente es cosmopolita y se alegra de conocer a extranjeros con los que practicar el inglés o, si se tercia, el español.

No obstante, una consideración más detenida de la realidad alemana nos ofrece un cuadro completamente diferente. La sociedad que nos parecía en un primer momento ordenada y limpia, pronto se nos aparece como desordenada y sucia. En efecto, la impresión de limpieza desaparece cuando uno va un poco más allá de las zonas turísticas y se topa con calles literalmente repletas de montañas de bolsas de basura, unos desperdicios que pueden estar en la intemperie días enteros. A ello habría que sumar las costumbres higiénicas de los alemanes, tan poco amigos del desodorante y de las duchas diarias como los chinos[1]. Asimismo, el aparente orden que se encuentra en la sociedad es reflejo de una regulación y de un control social fortísimo en el que, por ejemplo, la libertad de expresión se halla totalmente coartada y limitada por el pensamiento de lo políticamente correcto difundido no sólo por las izquierdas y sus medios de comunicación, sino también por una derecha paralítica y acomplejada.

Si bien la dictadura de lo políticamente correcto es una realidad que se manifiesta en todo Occidente y, en concreto, en Europa (en este sentido, como en tantos otros, Estados Unidos representa -¡todavía!- una admirable excepción), es en Alemania donde ésta mejor se ha instalado, siendo aquí visibles de manera diáfana sus perjudiciales efectos sociales. Así se puede explicar que haya sido precisamente en el país germánico donde ha tenido lugar un hecho escandaloso que ha sorprendido no tanto por la gravedad del mismo, como por las circunstancias en las cuales se ha informado de ello.

Nos referimos, claro está, a lo acontecido en Nochevieja en la ciudad de Colonia. Rememoremos brevemente los hechos: entre la medianoche y las cuatro de la madrugada del día 1 de enero de 2016, se produjeron en la Estación Central de Colonia toda una serie de agresiones, e incluso de violaciones, a mujeres perpetradas por cerca de 1.000 personas de origen árabe y norteafricano de edades comprendidas entre los 15 y los 35 años. Entre ellos se encontraban no pocos hombres que habían llegado recientemente al país y que vienen designados en los medios de comunicación como “refugiados”. A pesar de que muchas de las víctimas denunciaron los hechos, la policía de Colonia publicó el mismo día 1 de enero una nota en la que señalaba que “las celebraciones habían transcurrido en paz”, no informando realmente de lo ocurrido hasta cuatro días después, ofreciendo además muy pocos datos al respecto[2]. El hecho de que llegara a la opinión pública lo que realmente sucedió esa noche con tanto retraso provocó la indignación de las víctimas, quienes se habían visto hasta entonces ignoradas. Asimismo, la revelación de lo ocurrido puso en una situación comprometida a los defensores de los “refugiados”, puesto que pronto aparecieron noticias semejantes en otras ciudades alemanas que corroboraban el comportamiento real de los nuevos arribados al país. Así, por ejemplo, cabe citar Stuttgart o Bielefeld, donde se tiene constancia de que unas 500 personas entraron de manera violenta en una discoteca, donde vejaron sexualmente a diversas mujeres[3] o Baden-Württemberg, donde cuatro “refugiados” de entre 14 y 21 años violaron a dos niñas de 14 y 15 años, un suceso que sólo se dio a conocer 7 días después debido a preguntas por parte de los periodistas. En Hamburgo, la ciudad conocida como “La puerta al mundo”, se han presentado hasta el momento 240 denuncias y se habla de 400 mujeres víctimas de ataques[4]. A estos crímenes cometidos en territorio alemán, hay que añadir lo acaecido en otras regiones europeas con “refugiados”, como Suiza, Austria y los países escandinavos.

No obstante, lo escandaloso de lo sucedido en Alemania radica no sólo en los ya de por sí deplorables e incontables ataques sexuales (violaciones incluidas) a mujeres durante las celebraciones de Año Nuevo, sino también en el hecho de que éstos han sido perpetrados en su gran mayoría por los denominados “refugiados”. Este para algunos pequeño e insignificante detalle fue sistemáticamente negado en un principio tanto por la alcaldesa de la ciudad de Colonia, Henriette Reker[5], como por el jefe de la policía Wolfgang Albers, quienes afirmaron que no había indicio alguno de que entre los autores hubiera algún “refugiado”[6] y que lo acontecido respondía a “hechos criminales de una nueva dimensión”[7].

Sin embargo, los documentos policiales estaban ahí y demostraban lo contrario. Así, en un informe de la policía del día 2 de enero se podía leer cómo se habían detenido a 71 personas, siendo la mayoría de ellas solicitantes de asilo. Con la sorprendente publicación de éste y de otros documentos por parte de la prensa alemana (en especial por Bild[8] y Der Spiegel[9]), salió también a la luz pública cómo los policías de toda Alemania tienen ordenado no informar jamás de delitos, sean éstos del tipo que sean, en el que se encuentren implicados inmigrantes árabes o negros, es decir, “refugiados”. La excusa oficial para esta actuación es evitar cualquier uso partidista por parte de la “ultraderecha” o por los enemigos de la inmigración. Así, un oficial de la policía confesaba a un diario que “hay órdenes directas de las autoridades de no informar de sucesos cometidos por refugiados. Sólo se pueden responder a preguntas directas sobre estos hechos realizadas por periodistas”[10].

Hasta el día de hoy apenas si hay detenidos[11], no se ha juzgado a nadie por lo acaecido y lo único que se conservan son los ya mencionados informes policiales en los cuales se pueden leer, entre otras declaraciones, cómo los autores de estos delitos sexuales y violaciones eran bien conscientes de su impunidad, siendo quizás la más destacable de todas la que decía: “Ich bin Syrer, ihr müßt mich freundlich behandeln! Frau Merkel hat mich eingeladen (Soy sirio, ¡me tenéis que tratar con amabilidad! La señora Merkel me ha invitado)”[12].

El espanto que estas noticias sobre el comportamiento real de los “refugiados” provocó en la sociedad alemana pronto se vio combatido en los medios de comunicación, quienes intentaron defender a toda costa a los “refugiados”, sosteniendo que no todos eran violadores en potencia, como demostraron algunos de ellos pocos días después repartiendo flores en la Estación Central de Berlín bajo el lema “You are like our mothers, daughters and sisters!”.[13]

A pesar de haberse contabilizado sólo en Colonia 593 delitos sexuales y de haber un total de 1092 denuncias, los alemanes, con ese absurdo complejo de culpabilidad y con su deseo de ser los “campeones del mundo de la compasión”[14], no cesan en su esfuerzo por entregarse por completo a los “refugiados” y así se entiende que, por ejemplo:

-Se tolere que los “refugiados” traumatizados puedan despreciar la comida que los alemanes les dan argumentando que ésta sería “porquerías para perros o para mujeres”.

-Se les entregue, tan solo llegar a Alemania, a todos un iPhone o un Smartphone de última generación para que puedan comunicarse entre ellos y con sus familiares.

-Se les ofrezca alojamiento y comida, se les entregue dinero, se les permita viajar gratis, ir a los supermercados y aprovisionarse de todo con el fin de poder vagabundear todo el día por las calles de las ciudades.

-Se les facilite la opción de realizar cursos de alemán y de “integración” gratuitos.

-Se les permita abrir cuentas en las principales cajas de ahorro del país con el argumento de que así podrán recibir mejor sus prestaciones sociales, es decir, el dinero que el Estado alemán les da mensualmente proveniente del bolsillo de todos los que trabajan en Alemania, sean éstos alemanes o extranjeros residentes legalmente en el país.

-El 17 de febrero de 2016 se publique una noticia en la que se informaba de cómo los “refugiados” de un centro de acogida de Colonia denunciaban a través de dos cartas públicas[15] las terribles condiciones en las cuales tenían que vivir, sosteniendo en la segunda[16] que, además, el equipo de seguridad llevaba desde “mediados de diciembre del 2015” acosando sexualmente, con violaciones y grabaciones de los hechos incluidos, a mujeres refugiadas, entre las que se encontrarían “en parte menores de edad”. A pesar de que las investigaciones realizadas hasta el momento lo único que han probado es que las mujeres confiesan hablar “de oídas” y que ninguna ofrece un dato claro y concreto, los movimientos izquierdistas alemanes ya se han movilizado, como prueban las manifestaciones “espontáneas” del día 17 y, sobre todo, del sábado día 20 en la explanada de la Estación Central de Colonia[17], donde un joven “refugiado” menor de edad expresó “su deseo” de que se le diera educación y una vivienda para su familia.

Por si todo esto no fuera suficiente, el comisionado de malos tratos del gobierno alemán, Johannes-Wilhelm Rörig, manifestó en el portal de Tagesschau24[18] que la situación denunciada en el centro de Colonia era escandalosa, pero que de ningún modo representaba un caso único. Así, sin ofrecer ningún tipo de prueba o documento que avalase sus afirmaciones, sostuvo que “en todos los centros de acogida de refugiados hay ataques sexuales y violaciones de la intimidad tanto de niños y de jóvenes, como de mujeres”.

Y para acabar de redondear la situación, aún dos noticias más:

1) El 24 de febrero se produjeron las dos primeras condenas por los sucesos de Nochevieja en Colonia. En primer lugar, se juzgó a un marroquí de 23 años que había robado el teléfono móvil de una alemana de 20 años y al que se le encontraron a la hora de cachearle 0,1 gramos de anfetaminas. A este joven, que en la noticia se especificaba bien claro que había llegado a Alemania a través de España (la culpa siempre la tienen otros), se le condenó a seis meses en libertad condicional y a una multa de 100 euros. El segundo juicio se llevó a cabo contra un marroquí de 18 y un tunecino de 22 años a los cuales se les acusó de robar una cámara de fotos a un indio. Se les quiere condenar respectivamente a 6 y a 4 meses de libertad condicional.

En ningún caso se ha juzgado a nadie por delitos sexuales o violaciones. De las 78 personas hasta ahora investigadas, hay 15 en prisión y, de éstas, sólo una está acusada de acoso sexual. En ningún caso, se afirma explícitamente que sean “refugiados”.

2) No obstante, en la ciudad de Hamburgo sí se da el dato de que son “refugiados” los autores de agresiones sexuales. Así, el día 25 de febrero se publica la noticia de que el martes día 23 se detuvieron a dos afganos de 19 y 22 años que, en la madrugada del 1 de enero, persiguieron a una joven de 19 años alcoholizada desde la Reeperbahn a Spannskamp (Stellingen), donde fue violada y le robaron el móvil.

Sólo el afgano de 19 años está en prisión, junto con otros tres “refugiados” más detenidos por el mismo motivo: un argelino de 22 años (se le acusa de haber participado en tres ataques sexuales cometidos en grupo, habiéndose producido en uno de ellos una violación con robo y heridas corporales a la víctima), un iraní de 33 años (acusado de violación) y un afgano de 29 años (acusado de acoso sexual)[19].

Ante esta situación, uno no puede sino recordar cómo Dante, en su famoso poema filosófico-teológico, narraba que en las puertas del infierno se hallaba la inscripción «Lasciate ogne speranza, voi ch‘intrate’». De vivir en el siglo XXI y de observar la actitud de los alemanes, no cabe duda de que Dante mandaría grabar estas palabras en las fronteras de Alemania como forma de aviso para todos aquellos que, sin ser “refugiados”, quisieran entrar en el país.






[2] Sin duda, apremiados por toda una serie de testimonios que habían ido apareciendo tanto en los medios sociales como también en la prensa (http://www.express.de/koeln/koeln-sexuelle-uebergriffe--opfer-erzaehlt-vom-horror-am-hauptbahnhof-23252186).

[5] Alcaldesa que se ha hecho famosa por insinuar que las mujeres habían provocado a los “refugiados” con su comportamiento y les recomendaba que a partir de ahora mantuviesen “un brazo de distancia” frente a personas desconocidas con el fin de evitar que se repitieran las mismas escenas que en Nochevieja. http://verne.elpais.com/verne/2016/01/06/articulo/1452103680_127517.html y http://www.spiegel.de/panorama/justiz/koeln-oberbuergermeisterin-henriette-reker-gibt-verhaltenstipps-fuer-frauen-a-1070650.html

[6] http://www.ksta.de/koeln/polizei-koeln-spricht-von-80-opfern-sote,15187530,33056908.html. Mientras que la alcaldesa sostenía que tales sospechas son “absolutamente ilícitas”, Albers afirmaba que “no sabemos quiénes son los autores”.

[7] Así se manifestó no sólo Wolfgang Albers, sino también desde el sindicato de policías Arnold Plickert (“Esta es una dimensión completamente nueva de violencia. Hasta ahora no habíamos visto algo semejante”), quien además informó de que una mujer policía había sido también sexualmente agredida, pero sostuvo acto seguido que no había que criminalizar por ello a la mayoría de los “refugiados”, puesto que “en sus países de origen su vida corre peligro” (sic!). La relativización absoluta de lo acontecido, sin embargo, vino de la mano de André Schulz, presidente de la asociación de profesionales, quien afirmó que “quien hable de una nueva dimensión de criminalidad organizada, se equivoca o le faltan conocimientos criminalísticos o criminológicos” y, sobre todo, del ámbito académico. Hansjörg Dilger, miembro del Instituto de antropología social y cultural de la Freie Universität de Berlín, manifestó en una entrevista que “ataques sexuales los hay en todas las regiones del mundo. Yo sería muy cuidadoso a la hora de adscribir esto a una cultura o a una religión. Una religión o cultura en sí no es misógina. Esto tiene siempre muchas caras. Sería muy poco serio establecer una conexión”. www.ruhrnachrichten.de/nachrichten/politik/aktuelles_berichte/Uebergriffe-am-Koelner-Hauptbahnhof-Religion-oder-Kultur-an-sich-ist-nie-frauenfeindlich

[8] El día 3 de enero publicaron el testimonio de varias víctimas de agresiones sexuales (http://www.bild.de/bild-plus/regional/koeln/sexuelle-belaestigung/raubzug-der-silvester-fummler-44003690,var=a,view=conversionToLogin.bild.html). Poco después vendría la publicación de los informes policiales de esa noche (http://www.bild.de/news/inland/silvester/das-geheime-polizei-protokoll-44048000.bild.html y http://www.bild.de/regional/koeln/sex-uebergriffe-silvesternacht/die-widerliche-sex-akte-der-silvesternacht-44102554.bild.html

[11] Lo cual ya había sido advertido por el sindicato de la policía de Colonia a principios de enero (véase http://www.spiegel.de/panorama/justiz/koeln-polizeigewerkschaft-befuerchtet-keine-verurteilungen-nach-uebergriffen-a-1070661.html). En cualquier caso, sólo se puede hablar de “prisión preventiva” de algunos “refugiados”.

[13] http://www.morgenpost.de/berlin/article206905993/Fluechtlinge-schenken-Frauen-Rosen-am-Berliner-Hauptbahnhof.html. Sólo desde la más tremenda y supina ignorancia o desde la más despreciable manipulación se puede presentar este acto como algo positivo. ¿Acaso hay que recordar qué estatuto tienen las mujeres en el islam? ¿Qué valor tiene una hermana o una hija para un musulmán? Si bien con una rosa en la mano, los musulmanes de Berlín estaban transmitiendo el mismo mensaje que sus compañeros de Colonia, Hamburgo, Düsseldorf y otras ciudades alemanes víctimas de los ataques sexuales y violaciones: os consideramos a vosotras, mujeres, seres inferiores que tenéis que estar a nuestro servicio y bajo nuestra voluntad.

[14] Henryk M. Broder, „Wo bleibt die islamische Solidarität für Flüchtinge?“ (¿Dónde está la solidaridad islámica para los refugiados?), Die Welt, 16 de febrero 2016. Ya antes de que toda esta cuestión de los “refugiados” se volviera en una “obligación moral” para los alemanes y, de paso, para toda Europa, el historiador Heinrich August Winkler había denunciado el peligro que este tipo de actitudes podían tener. Así, en un texto titulado “Deutschlands moralische Selbstüberschätzung” (La presunción moral de Alemania), había escrito que “la creencia de que estamos llamados de hacer el bien en todo el mundo, por lo menos en la forma de derecho de asilo y, si es necesario, solos, es una opinión errónea que no debe convertirse en nuestra mentira vital. Cualquier intento de derivar del capítulo más temible de la historia alemana una moral especial alemana conduce al error y está condenado al fracaso. No podemos prometer más de lo que podemos cumplir”. H. A. Winkler, “Deutschlands moralische Selbstüberschätzung”, Frankfurter Allgemeine Zeitung, 30.09.2015.

[17] Para más detalles, véase la página web creada con la finalidad de defender a los “refugiados”: https://dignity4refugees.wordpress.com/