Friday, 22. September 2017

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De “llibertaris”, “okupas”, “progres” y otros detritus sociales

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Con cada nuevo curso académico, las facultades de Filosofía, Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona abren sus cloacas dejando salir una nueva ola de detritus sociales. En ocasiones aparecen convenientemente señalizados para evitar confusiones, decorando su parafernalia bolchevique con la habitual galería de asesinos a la que nos tienen acostumbrados: Marx, Engels, Stalin, Lenin, Trotsky o, cómo no, el “Che” Guevara. Estas facultades son un auténtico hervidero de las más contradictorias, genocidas y destructivas ideologías que nos ha dejado el s. XX y, en última instancia, estas agrupaciones “anti-sistema” no parecen sino servir para que los estudiantes se sientan moralmente superiores saltándose las clases. En los últimos años ha ganado importancia una autodenominada “Asamblea Libertaria” cuya pretendida finalidad es, según explican en su página web, ir “creando un discurso y una práctica libertarias”. Asociaciones como ésta son incluso más peligrosas que los anteriormente mencionados exhibicionistas de bilis porque, en lugar de declarar abiertamente su ideología, prostituyen un nombre que tiene un significado perfectamente establecido con la única intención de aumentar el número de seguidores potenciales –una estrategia que, curiosamente, siempre han denunciado como capitalista–. Son como el malvado lobo vestido con piel de corderito de la famosa fábula de Esopo. Pero a diferencia de éste, su falta de aseo personal e intelectual se percibe a distancia.

Como es bien sabido, el término “libertario” hace referencia a un sistema de pensamiento que comienza a adquirir forma con la obra de Adam Smith, John Locke y John Stuart Mill, hasta consagrarse finalmente en autores de la Escuela Austríaca como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek o Murray Rothbard. Los libertarios defienden la propiedad privada, el libre comercio, la privatización de los medios de producción (incluyendo la educación o la sanidad), la reducción del peso del Estado y de los impuestos y la libre asociación de personas privadas sin intromisión alguna por parte del gobierno. Sin embargo, un vistazo rápido al papel de estas asociaciones y “asambleas libertarias” de estudiantes en las facultades catalanas de Filosofía e Historia parece sugerir que sus pretendidas ideas “libertarias” están más cercanas al gulag de Lenin o Stalin y al habitual currículum progre de cualquier votante de Podemos que a lo que la palabra “libertad” realmente representa.

Tómese como ejemplo el breve “manifiesto” de su página web. Esta “asociación libertaria” defiende una “pedagogía libertaria entendida como un conocimiento compartido, aprendizaje mutuo, mediante formas de valoración personal de lo aprendido como los debates abiertos, la libre expresión, y evitando la jerarquía institucional en la que la profesora [sic!] es superior a la estudianta [sic!]”. Lo cual se traduce, una vez eliminada toda esa sofística de alcantarillado, en una interpretación marxista de las relaciones profesor-alumno, que son concebidos en términos socialistas como opresor-oprimido, idea ésta que hunde sus raíces en el pensamiento del norteamericano John Dewey y que fue firmemente criticada por Hannah Arendt en su ensayo “La crisis en la educación”. La postura libertaria con respecto a la educación es otra, verdaderamente simple y verdaderamente “anti-sistema”: eliminar completamente la educación pública, es decir, la educación subvencionada con el dinero que el Estado quita violentamente a los ciudadanos a través de los impuestos para sufragar un programa educativo que favorezca al gobierno –la verdadera razón de los constantes cambios en los planes de estudio cada vez que hay un cambio de partido–.

La educación pública nunca puede ser de calidad, de igual forma que una educación basada en el debate abierto entre iguales que no reconocen la autoridad que el otro recibe por sus conocimientos nunca puede formar individuos convenientemente preparados. Un ejemplo muy simple echará por tierra esa interpretación marxista de la educación: ¿puede un hablante competente de español aprender japonés de un hablante competente de japonés con una relación de iguales como la aquí presentada, es decir, sin que el segundo ejerza una posición superior por sus conocimientos a la del primero, ignorante de la lengua japonesa? ¿Acaso el hablante de español está legitimado para poner en duda que los verbos japoneses se coloquen al final de la frase, que los adjetivos se declinen o que las preposiciones se coloquen detrás de los nombres, a diferencia de la lengua española? Este tipo de educación no sólo niega la experiencia, sino también relativiza y banaliza los conocimientos como si no existiese nada absolutamente cierto, mostrando un auténtico desdén hacia lo real. ¿El porqué de todo ello? No olvidemos la famosa frase atribuida a Lenin: “Cuando la realidad y los sentimientos se contradicen, la realidad se equivoca”.

El segundo punto con el que esta “asociación libertaria” se identifica es la “autogestión”, definida “como una decisión consensuada entre alumnas, profesoras [sic!], PAS y PDI de la financiación, plan de estudios, usos de los espacios, preparación de almuerzos y comidas veganas con gestión cooperativa, trabajando por una universidad gratuita y universal (y sobre todo no financiada por entidades externas privadas)”. Las contradicciones que uno puede leer en este párrafo demuestran contundentemente el grado de hepatitis mental que padecen aquellos que se encuentran detrás de estas asociaciones y los que las secundan:

- Si se defiende una universidad autogestionada en la que se han eliminado las relaciones entre profesores y alumnos, ¿qué papel juegan las PAS (Personal Administrativo y Servicios) y PDI (Personal Docente e Investigador)? ¿No habíamos quedado en que se autogestionaba por alumnos y se eliminaba la figura autoritaria del profesor?

- La financiación no depende de los costes, sino de una decisión personal y arbitraria a la que se llega por consenso. Esto tiene su lógica, puesto que en un sistema marxista los precios no pueden estabilizarse a través del mercado, siendo imposible decidir el valor real de los productos en función de la demanda (únicamente pueden calcularse en función del esfuerzo). Hoy sabemos que el valor de un producto no depende del trabajo empleado en su producción, sino de su utilidad marginal, por lo que únicamente en un sistema capitalista de libre mercado puede establecerse el valor de los productos de forma no arbitraria.

- Se preparan comidas veganas con gestión cooperativa. Comencemos por lo segundo: si estamos autogestionando la universidad, no estamos cooperando, a no ser que, como suele suceder con todo populismo, “el pueblo son los míos”. Es decir, que está bien si la gestiona alguien, siempre y cuando pertenezca a mi clase social. Con respecto a las comidas veganas, valga decir lo siguiente: el liberalismo considera que los animales son propiedad de los seres humanos, puesto que no les reconoce valores –hay una extensa bibliografía sobre este tema– y, por tanto, estos pueden hacer con ellos aquello que deseen, especialmente con aquellos que forman parte de nuestra dieta –que no es algo cultural, puesto que el ser humano es, evolutivamente, omnívoro–. Imponer una dieta vegana en las universidades es un ataque a las libertades individuales que pretenden defender al autodenominarse “libertarios”. Es, por lo demás, absolutamente irracional, a no ser que justifiquen de algún modo que se permita a otros animales alimentarse de carne y se nos explique científicamente por qué razón es legítimo alimentarse de un ser vivo del reino vegetal, pero no de uno del reino animal.

- Finalmente se nos habla de una “universidad gratuita” y “no financiada por entidades externas privadas”. Dado que nada es gratuito –alguien ha tenido que pagar por ello en algún momento– y dado que están en contra de la privatización de la educación, queda claro que lo que aquí se está defendiendo es, de nuevo, una educación pública financiada por el Estado (ya sea el suyo propio o algún otro), cuyo dinero saldrá coactivamente de los bolsillos de los ciudadanos. Algo totalmente alejado de las ideas “libertarias”.

Por último, querría centrarme en una de las muchas sandeces con las que estos maravillosos ejemplos de inanición intelectual –producto de nuestro sistema educativo público– intentan hacerse pasar por “libertarios”. En una de las entradas de su blog, titulada “Operación de la Audiencia Nacional española y de los Mozos contra el movimiento libertario”, se intenta seducir al poco precavido lector afirmando que el gobierno –español, claro– y la policía realizan habituales redadas contra el movimiento libertario, habiendo conseguido ya detener a unas catorce personas. Si leemos la entrada completa, sin embargo, nos daremos cuenta que lo que la policía ha hecho es detener a gente que estaba ocupando ilegalmente propiedades privadas de otros, es decir, lo que vulgarmente se conoce como “okupas”. Pero “okupar” viviendas ajenas, señores, nada tiene de “anti-sistema” y mucho menos de libertario: el gobierno lo hace habitualmente expropiando. ¿Es legítimo ocupar una vivienda que lleva tiempo sin ser habitada aun cuando todavía sea propiedad de alguien? ¿Está mal que el gobierno expropie, pero no que lo hagan unos prepúberes “hijos de papá” que nada saben de las virtudes del agua y del jabón?

El argumento que los defensores de los “okupas” ofrecen es siempre el mismo: hay gente que no tiene casa –por supuesto no los “okupas”, que viven del cuento y de los padres– mientras otros tienen varias viviendas que no usan, por lo que es legítimo quitarle al que más tiene para dárselo al que carece de ello. En su lenguaje, se trata de “justicia social”. El argumento es tan pueril que sorprende la validez que todavía tiene entre la mayor parte de la población: una casa es una propiedad y, como tal, pertenece a un individuo determinado, que puede hacer el uso que desee de la misma, incluso, prescindir de usarla. No se diferencia en modo alguno de ninguna otra propiedad. ¿Acaso nuestro coche debe ser legítimamente utilizado por otras personas el tiempo en que no hagamos uso de él, por ejemplo, durante las horas laborales o mientras dormimos? Las 23 horas en las que no hacemos uso de la ducha, ¿justifican que nuestra vivienda esté abierta al libre paso de todo aquél que quiera hacer uso de nuestro cuarto de baño? Señoras feministas, ¿aceptarán ustedes que sus cuerpos sean utilizados por otros seres humanos mientras duermen, ya que no están haciendo uso de los mismos? Es imposible realizar un uso constante y absoluto de todas nuestras propiedades al mismo tiempo, pero esto no justifica que las mismas deban ser usurpadas por otros. Un ejemplo evidente es el dinero ahorrado y que, precisamente por estar ahorrado, no se mueve en años. ¿Deben los bancos entregar el dinero que no utilizamos a aquellos que en ese momento lo necesiten?

Todos estos ejemplos pueden parecer ciertamente graciosos, pero esconden la raíz exacta del problema que se encuentra detrás de las ideas que fundamentan el movimiento “okupa”. Porque una de las bases fundamentales del comunismo es la eliminación absoluta de los derechos de propiedad: sobre nuestro hogar, sobre nuestro dinero, sobre el ahorro y. finalmente, sobre nuestro propio cuerpo.

“Llibertaris”, “okupas” y “progres” no son más que las dos caras y el canto de una misma moneda teñida de sangre: la de la hoz y el martillo.