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La Unión Europea contra Grecia

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La ilusión orquestada por Syriza según la cual el pueblo griego tendría la opción de elegir su destino y su decisión votada en referéndum sería defendida con valor y dignidad por Alexis Tsipras se desvaneció el 13 de julio, cuando, tras 17 horas de negociaciones con los ministros de economía europeos, el primer ministro griego cedió ante las exigencias de sus acreedores financieros internacionales. Se había alcanzado el acuerdo que facilitaba el tercer rescate de Grecia.

Algunos han querido ver en este acuerdo no una capitulación del gobierno de Tsipras o una traición de Syriza al pueblo que pretende representar, sino una cesión por ambas partes. Así, sin obtener cada uno lo que realmente quería, tanto Tsipras como los acreedores habrían sabido evitar el desastre de Grecia y su eventual expulsión de la Eurozona y, quién sabe, si también de la Unión Europea. El prestigio internacional de Europa quedaba salvaguardado.

¿Hasta qué punto refleja esta opinión la realidad?

Lo primero que conviene señalar es que el tan elogiado referéndum de Tsipras lejos de unir al pueblo griego, lo ha dividido. Dos son los polos que se encuentran ahora mismo en la sociedad griega: por un lado, los votantes del “no”, compuesto por jóvenes, pensionistas y miembros tanto de la extrema izquierda como de la extrema derecha y, por otro, los votantes del “sí”, formado en su mayoría por la clase media, personas de mediana edad y centristas, quienes creían que todavía estaban a tiempo de defender y mantener a Grecia en la Eurozona.

El más que previsible triunfo del “no” se hizo realidad con un 61% de los votos frente a un 39% a favor del “sí”. Con este resultado, se ponía de relieve que una parte considerable de los griegos rechazaba el principio fundamental de Bruselas y del FMI: los préstamos de rescate se proporcionan sólo a cambio de una estricta disciplina fiscal y de reformas económicas que conduzcan a que el país rescatado vuelva a ser competitivo tanto a nivel de la Eurozona como a nivel internacional.

Los efectos inmediatos de este “no” pronto se hicieron notar en territorio griego: no sólo cerraron los bancos de forma definitiva al quedarse sin liquidez (el Banco Central Europeo no quería facilitar más dinero en efectivo hasta que no hubiera un acuerdo con el gobierno de Tsipras), sino también se agudizaron los efectos de la temible crisis, sobre todo entre los sectores más desprotegidos[1].

En política, el triunfo del “no” se cobró una víctima importante: Yanis Varoufakis, quien fue sustituido por Euclides Tsakalotos, un antiguo miembro de Syriza, que ya había tomado de facto las riendas de las negociaciones con la Troika en abril, después de que los ministros de finanza europeos y los acreedores mostraran su malestar ante la supuesta arrogancia de Varoufakis[2].

Si tomamos por cierta la información ofrecida por el The Wall Street Journal[3], parece ser que la primera llamada que Tsipras realizó a un líder internacional después del referéndum fue al presidente francés François Hollande. Éste le contestó que “te puedo ayudar, pero ayúdame a ayudarte”, indicándole que había muchos países que estaban deseando la salida de Grecia del Euro y que, por tanto, tendría que apresurarse para ofrecer un plan de propuestas de reformas creíble lo antes posible.

Las reiteradas afirmaciones de Tsipras ante el presiente francés de su voluntad de permanecer en Europa y en el Euro se materializaron al día siguiente en la reunión que tuvo con los líderes de la oposición y en la que decidieron que harían todo lo posible para conseguir financiación y llevar a cabo reformas, pero sin que éstas tuvieran un efecto negativo (es decir, recesión en el país). Con este acuerdo nacional bajo el brazo y sosteniendo que “independientemente de a quién se haya votado, a partir de ahora estamos todos unidos”, el primer ministro griego se presentó en Bruselas, donde el nuevo ministro de economía anunció que se enviaría en breve una propuesta de acuerdo por parte del gobierno griego.

Todo parecía indicar que Grecia pedía formalmente un rescate de tres años, prometiendo realizar algunas reformas económicas durante los próximos meses sin precisar, no obstante, qué medidas eran éstas exactamente y cómo se iban a implementar. La posterior aparición del primer ministro griego en el parlamento de Estrasburgo, declarando que la voluntad del pueblo griego tenía que ser respetada y que, por ello mismo, se tenía que alcanzar un buen acuerdo[4], fue contestada por diversos eurodiputados[5] en una sesión en la que lo único que se puso de manifiesto fue que Tsipras no estaba a la altura de las exigencias que se le pedían[6] y que tenía únicamente el apoyo de toda una serie de partidos marginales y declaradamente anti-sistema como Podemos[7].

En efecto, después de la euforia por el triunfo del “no” griego, celebrado tanto por la extrema izquierda en España, en Italia y en Irlanda, como por la extrema derecha en Francia[8], Tsipras tuvo que enfrentarse con la realidad y darse cuenta de que su posición en la Eurozona no se encontraba tan reforzada como en casa[9]: el referéndum no sólo no había sido una estafa más escenificada por Syriza que llevaba al país a una situación todavía más grave[10], sino que había puesto a Grecia en una posición aún más desfavorecida, puesto que los acreedores (Alemania en concreto) ahora iban a ser mucho más exigentes y mostrar menos miramientos[11].

Por lo que se refiere a los líderes europeos, la confirmación del previsible “no” griego a las medidas de austeridad solicitadas por la troika no les tomó por sorpresa, como demuestra el hecho de que la canciller alemana Angela Merkel anunciara ese mismo fin de semana que el lunes día 6 de julio iría a París para tratar con su homólogo François Hollande las consecuencias del posible rechazo griego.

En esta reunión, Francia se erigió como la representante de la idea de una Eurozona que, más allá de una unión económica, aspira a ser, ante todo, un gran proyecto político, cuyos beneficios estratégicos para toda Europa justificarían su defensa a todo coste. Si bien este apoyo francés a la integridad de la Eurozona y a Grecia como miembro estable estaba en parte también condicionado por cuestiones políticas nacionales, Hollande reconoció ante Merkel que una posible actitud más benévola hacia Tsipras podría dar alas a otros movimientos populistas europeos. De esta manera, ambos mandatarios europeos llegaron al acuerdo de conceder al primer ministro griego un plazo de tiempo más extenso (hasta el jueves siguiente) para presentar un plan de reformas creíble y viable[12].

Las posteriores declaraciones amistosas con Grecia de Hollande y de su ministro de finanzas Michel Sapin contrastaron, no obstante, con las de Merkel, quien señaló que los europeos habían mostrado mucha solidaridad con Grecia, que su última oferta de ayuda había sido muy generosa y que Europa sólo podría permanecer unida si cada país se comportaba responsablemente, y las de su ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble[13], quien se declaraba enemigo acérrimo de cualquier quita[14].

Las posturas francesas y alemanas se fueron agudizando durante la semana con declaraciones tanto por parte de Sapin, afirmando que si un país abandonaba la Eurozona pondría en duda la credibilidad de la integración europea, como por parte de Schäuble, quien volvía a incidir en el hecho de que si se reducía el valor de la deuda de Grecia se estarían violando las leyes europeas. Asimismo, el ministro de finanzas alemán tuvo que volver a rebatir vehementemente la crítica según la cual la quita efectuada a Alemania en 1953 es la que había posibilitado el posterior “milagro alemán”, sosteniendo que ambas situaciones son completamente diferentes y que los tratados europeos prohíben que un país pague las deudas de otro. Con la misma contundencia, Schäuble contestó además a las presiones de los Estados Unidos y del FMI de que un acuerdo era imprescindible para garantizar la estabilidad económica y geopolítica de Europa, proponiendo que, si los americanos querían, la Unión Europea se haría cargo de la deuda de Puerto Rico con la condición de que ellos admitieran a Grecia en el dólar[15].

A estas tesis de austeridad y rigidez de Schäuble contra Grecia se sumaron posteriormente países como Finlandia (que ya había sido muy crítica durante el segundo rescate), así como otras naciones pobres de la Europa del Este como Lituania, Letonia, Estonia o Eslovaquia, que afirmaban que ellos habían padecido una crisis mucho peor que la de los griegos, quienes se estaban comportando como auténticos sinvergüenzas[16].

Con estas posiciones tan bien definidas tanto por parte de los griegos como por parte de sus interlocutores, Tsipras entregó oficialmente el jueves por la noche una batería de propuestas que, sin ser de nuevo concretas ni en lo que se refería a las reformas ni a los plazos de aplicación, debían ser aprobadas por el Parlamento griego al día siguiente. De esta manera, tanto el primer ministro como el ministro de economía tendrían la legitimidad necesaria para empezar las negociaciones en la reunión planeada para el domingo día 12 de julio[17].

Pero Tsipras no se presentó ante sus colegas europeos sólo con este documento, sino también con toda una serie de presiones adicionales indirectas como, por ejemplo, su posible petición de ayuda económica a Rusia[18] (a la que había defendido ante las sanciones impuestas por el conflicto con Ucrania) y un cambio en su política inmigratoria, permitiendo el paso incontrolado al resto de Europa de inmigrantes procedentes de África y de Oriente Medio[19]. A estas medidas de presión habría que añadir los temores de la Unión Europea de que, si se le concede a Grecia lo que quiere, otros países en situaciones parecidas podrían hacer lo mismo en el futuro[20].[21]

El principal interlocutor de Grecia en estas conversaciones fue Alemania, uno de sus mayores acreedores europeos que ha ido ganando importancia en estos últimos años, en parte por la debacle económica de Francia, que hasta entonces había hecho de freno de los alemanes[22]. Pero lo que le dio fuerza a Merkel para resistir a todos estos posibles chantajes por parte de Tsipras fue, no obstante, el hecho de que Alemania no quedaría muy expuesta ante una suspensión de pago por parte de Grecia al ir relativamente bien en economía[23].

La fuerza y la implacabilidad mostrada por la canciller durante todo este proceso negociador estaba dirigida, sobre todo, a su electorado, quien se mantenía muy crítico sobre cualquier tipo de ayuda adicional a Grecia. De hecho, una de las consecuencias del referéndum de Tsipras ha sido el avivar todavía más el odio y los prejuicios de los alemanes contra Grecia, como magistralmente muestra Bild, el diario alemán más vendido y que representa la opinión del ciudadano medio alemán. Este periódico, además de publicar diversas portadas irrespetuosas contra Grecia[24], se ha distinguido por sus columnas de opinión como las de, por ejemplo, Nikolaus Blome, quien, en la titulada “¡Saliros, griegos!”, daba muestras de ese tono perdonavidas tan típicamente alemán, afirmando que “Grecia, la madre de todas las democracias, pertenece a Europa. Salirse temporalmente del Euro no es ninguna vergüenza, sino que enseñaría a todos los europeos a tener de nuevo respeto por los griegos”[25].

Así se puede entender que la reunión decisiva del domingo día 12 de julio empezara con unas peyorativas declaraciones de Merkel, quien sostenía que “la divisa más importante se ha perdido y ésta era la confianza” y que no se buscaría ningún tipo de acuerdo “a cualquier precio”, mientras que Tsipras afirmaba al llegar que “estoy aquí listo para alcanzar un acuerdo honesto”[26]. Que las negociaciones no serían fáciles ni iban a tener un final feliz, se presumía ya no sólo por estas palabras de los principales actores de la reunión, sino también por el borrador que se presentó para la discusión por parte de los ministros de finanzas europeos en el que, a diferencia de los dos rescates anteriores en los que sólo se pedían recortes, aquí se exigían reformas estructurales[27]. Así, entre las principales demandas se encontraba la modificación urgente de la legislación laboral con el fin de que se facilitara el despido, la liberalización de los mercados, principalmente el farmacéutico y el lácteo, así como la privatización de empresas estatales (cerca de 50 mil millones). Asimismo, como medida de presión, se dejaba entrever como opción muy factible una “expulsión temporal” de Grecia del Euro, una acción ésta que no se encuentra estipulada legalmente en ningún estatuto, puesto que “la pertenencia al euro se considera irreversible y un paso necesario para crear confianza en la nueva moneda”[28]. Todo ello tenía la clara intención, sobre todo por parte de los alemanes, de provocar “una rendición casi total del gobierno del primer ministro Alexis Tsipras ante las exigencias de los acreedores”[29].

Y, en efecto, así fue. Tras 17 horas de negociaciones, el lunes por la mañana se aprobó el tercer rescate a Grecia que costaría, en esta ocasión, 86 mil millones de euros a distribuir en los próximos tres años, más 25 mil millones para recapitalizar el sistema bancario. La aplicación de esta nueva ayuda exigía la implantación de toda una serie de medidas, entre las que se incluían un ajuste de las pensiones y una subida del IVA, a aprobar por parte del Parlamento griego el miércoles siguiente y a aplicar a partir del lunes día 20, como al final ha sucedido[30]. Asimismo, con la excusa de que “se tenía que restaurar la confianza” (Merkel) se imponía un control externo sobre los asuntos financieros en Atenas, inaudito hasta entonces en ningún país europeo[31], aceptando la tutela de la troika hasta mediados del 2018[32].

“La furia de los funcionarios europeos contra el gobierno griego del primer ministro Alexis Tsipras ha llevado a una serie de exigencias punitivas sin precedentes, yendo del poder de los inspectores de la bancarrota al veto de las leyes griegas pasando por la amenaza inspirada por Alemania de un ‘tiempo muerto’ o desalojo temporal de la divisa común.

‘Ha sido algo personal. En el centro de este acuerdo hay castigo y humillación’, dice Megan Greene, economista jefa del Manulife Asset Management, quien ha seguido durante mucho tiempo la crisis de la Eurozona. ‘El lenguaje de un ‘tiempo muerto’ es lo que le dirías a un niño malcriado’[33].

La confianza de los acreedores en la coacción a la hora de imponer sus términos del rescate financiero puede intensificar el sentimiento griego de victimismo, llevando con el tiempo a un cumplimiento irregular del acuerdo.”[34]

Otro comentador, en este caso el periodista del diario Kathimerini, Yannis Palaiologos, escribía que “los términos a los cuales ha dado su acuerdo el Sr. Tsipras como precondiciones para negociar un importe para el tercer rescate económico son una rendición total. Sus esperanzas de acabar con la austeridad en su país y liderar una revuelta pan-europea contra los halcones fiscales del norte, en concreto, Alemania, están destrozadas. Ha cruzado todas sus líneas rojas y ha comprometido a su gobierno a tomar unas medidas que su predecesor conservador nunca se habría atrevido a considerar”[35].

De esta situación era bien consciente Tsipras al decir que “el acuerdo es duro” antes de partir a Atenas con la intención de que el Parlamento ratificara el acuerdo y se pudieran implementar las primeras medidas de manera que se recibiera cuanto antes la ayuda por parte de la Troika.

A pesar de la famosa entrevista en televisión que inmediatamente concedió al volver a Grecia, y donde realizó declaraciones como que “esta Europa no pertenece al señor Schäuble” o “tomo la responsabilidad por un texto en el cual no creo”[36] y que han levantado las iras de los alemanes[37], es un hecho innegable que ha tenido que acceder a peticiones mucho más severas de las que hasta entonces había descartado, consiguiendo el rechazo del sector duro de su propio partido. De esta manera, “Plataforma de izquierda”, que abogaba abiertamente por salir del euro, se expresó por medio del ministro de energía Panagiotis Lafazanis, sosteniendo que “los denominados socios –el primero de ellos el régimen alemán– se comportan como si nuestro país fuera su colonia y como brutales chantajistas y asesinos económicos”[38].

Por su parte, la reacción de la prensa griega fue fulminante, como lo prueba, por ejemplo, la portada del diario conservador Eleftheri Ora en el que se representaba a Merkel haciendo el saludo nazi y titulando “¡Heil Merkel!”:

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O el periódico “Dimokratia”, que publicó dos portadas todavía más provocativas. En la primera se decía “Grecia en Auschwitz” y se afirmaba que Schäuble había instigado un holocausto en la eurozona. En el texto de la noticia se sostenía que en la reunión se había obligado al primer ministro griego a acceder a transformar Grecia en un Auschwitz moderno[39]:

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En la segunda portada no sólo se agradecía el apoyo mostrado por Francia e Italia a Grecia, sino también se afirmaba: “¡El patrimonio nacional como garantía para el fondo de inversión de la Gestapo para los próximos 30 años!”[40].

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Ante esta situación, no es de extrañar que Tsipras se haya ganado las antipatías del sector duro de su propio partido y las simpatías de los tres partidos pro-europeístas: To Potami (centro), Pasok (socialista) y Nueva Democracia (conservador). Así se puso en evidencia el jueves por la mañana, cuando obtuvo el respaldo del Parlamento para poder aplicar las primeras medidas de austeridad y donde 32 diputados de Syriza (entre ellos Varoufakis) votaron en contra y 6 se abstuvieron, comprometiendo gravemente así la perdurabilidad del primer ministro griego en el poder. La reacción de Tsipras fue no sólo emitir un comunicado interno en el que criticaba esta falta de responsabilidad de los votantes del “no”[41], sino también una remodelación interna del gobierno que ha tenido como cambio más importante la sustitución del crítico Panagiotis Lafazanis[42].

Es cierto que se precisa como mínimo de un par de meses para implementar las medidas necesarias para conseguir que el dinero del rescate llegue a Grecia, pero lo más probable es que Tsipras se vea forzado a tener que convocar elecciones en otoño, si antes no recibe ninguna mala notica de “Plataforma de izquierda”[43].

Más allá de esta dispuesta interior dentro del partido Syriza, gracias a la aprobación del Parlamento griego, Mario Draghi pudo dar luz verde ese mismo jueves a la concesión de ayudas por valor de 900 millones a los bancos griegos, agregando 90 mil millones a la liquidez de emergencia de manera que los bancos puedan abrir ya el lunes día 20, después de estar cerrados tres semanas y limitar la extracción de dinero a 60 euros por día[44]. Gracias a esta decisión, Grecia ha podido hacer frente al pago al BCE que vencía el lunes día 20 de julio y al FMI[45].

Sin embargo, las presiones desde Alemania no disminuyen, como se entrevén por las palabras de Wolfgang Schäuble, quien volvió a recordar después del acuerdo que nadie sabe muy bien cómo puede funcionar esta ayuda sin una quita, la cual, sostiene, es incompatible con la pertenencia a la unión monetaria[46] y que ha amenazado con dimitir si se sigue siendo tan “permisivo” con el país heleno.

Por lo que se refiere al resto de países, éstos se encuentran en estos momentos divididos. En efecto, además del hecho de que ahora el acuerdo debe ser refrendado por los Parlamentos nacionales de Alemania[47], Austria, Francia (aunque aquí no es vinculante), Eslovaquia, Estonia, Finlandia y Holanda, está la cuestión de saber de dónde se va a sacar el dinero para Grecia. De entrada, los países que no usan la moneda común ya han dicho que ellos no quieren saber nada del asunto (Reino Unido, Suecia, Dinamarca y la República Checa), mientras que, entre los que poseen el euro, sigue la férrea resistencia tanto de Finlandia como de Alemania[48], donde Wolfgang Schäuble sigue manteniendo, frente a Merkel, la tesis de un necesario “Grexit”, temporal o, mejor todavía, definitivo de la Eurozona[49].

En este sentido, no deja de ser irónico que aquellos que son más estrictos con Grecia para que tome toda una serie de medidas para mejorar la economía y su competitividad como conditio sine qua non para obtener cualquier tipo de ayuda financiera y se atrevan a amenazar al país heleno con la expulsión de la Eurozona sean, al mismo tiempo, los que menos deberían hablar.

Ignorando el dicho bíblico de que “tire la primera piedra el que esté libre de pecado”, Alemania es un país que, a pesar de que estadísticamente da la sensación de que puede ir económicamente bien, posee toda una legislación laboral demasiado proteccionista y leyes caducas que impiden la competencia entre industrias como las aseguradoras o los servicios legales. Asimismo, mientras que Alemania exige a Grecia que no permita que los trabajadores se retiren hasta los 67 años, dándole de plazo para su implantación definitiva hasta el 2022, el país germano se toma su tiempo hasta el 2029; cuando Alemania critica que Grecia usa un 14,5% de su PIB en pensiones, parece olvidar que ella destina un 10,6%, cantidad que también supera la media de la OCDE (7%), de la misma manera que cuando reclama una liberalización del mercado laboral y del despido en Grecia parece obviar que ella tiene una de las legislaciones más proteccionistas de Europa. Por último, la idea de que los griegos deberían liberalizar sus horarios comerciales y ampliarlos a los domingos choca frontalmente con el -de nuevo- proteccionismo germano: “el status de los domingos y de los días festivos públicos como ‘días de descanso del trabajo y de la elevación espiritual’ está consagrada por la Constitución Alemana [artículo 139] y aplicada con vigor, aunque existen algunas lagunas legales.”[50] Mas esto no importa: Alemania es Alemania y ella está por encima de todo.

Pero para comprender hasta qué punto Grecia está en una situación extrema después del rescate es necesario acudir a Yanis Varoufakis, quien, si bien es un ser despreciable ideológicamente, ha demostrado una gran clarividencia en el análisis de los términos del tratado.

De esta manera, lejos de caer en la venenosa y tendenciosa propaganda alemana contra Varoufakis[51], lo que hay que señalar es que, en los prácticamente cinco meses en los que estuvo al frente de las negociaciones en nombre del gobierno griego, si algo demostró es coherencia y, sobre todo, conocimiento de cómo funciona la política y la vida.

En una entrevista que se le realizó poco antes de que Tsipras firmara el acuerdo, Varoufakis narraba cómo se habían llevado los acuerdos durante los primeros cinco meses, destacando el carácter agresivo y poco dialogante que se encontró por parte de algunos países, quienes temían que, si ellos lograban alcanzar un acuerdo con buenas condiciones, éstos podrían tener problemas en sus respectivas naciones. Asimismo, dejaba bien claro que, ni de lejos, había una supuesta rivalidad entre Alemania y Francia, que elegía muy bien sus palabras a la hora de realizar cualquier crítica al trato de los alemanes a los griegos, doblegándose a Alemania cuando así lo exigía el guión marcado por Schäuble, quien, revelaba Varoufakis, es quien realmente conducía las negociaciones, como se ha tenido ocasión de constatar con posterioridad.

Citando a Nietzsche y utilizando un lenguaje bélico, Varoufakis afirmaba que su táctica había sido siempre la de no doblegarse y retar a sus homólogos europeos con medidas de fuerza como el anuncio de que se iba a realizar una quita unilateral de los bonos griegos de 2012 que tenía el BCE o la de tomar el Banco de Grecia.

Esta actitud enérgica de Varoufakis frente a los acreedores tendría que haberse reforzado y legitimado con el resultado del referéndum, pero no fue así. “En su lugar, se debían hacer más concesiones a la otra parte: la reunión del consejo de líderes políticos, con nuestro Primer Ministro aceptando la premisa de que pase lo que pase, hagan lo que hagan las dos partes, nosotros nunca responderemos de forma desafiante significaba básicamente que te doblegas…. que dejabas de negociar”. Lo único que ya cabía esperar era que se alcanzara un acuerdo el cual sería, sin duda alguna, “peor”[52].

El acuerdo firmado el pasado lunes día 13 de julio le ha dado la razón a Varoufakis, quien no dudó en sostener al día siguiente que, con el abandono de una posición enérgica y la firma del tratado, “Grecia acepta convertirse en vasallo del Eurogrupo”[53]. En una entrevista posterior con la BBC, el antiguo ministro griego agregó que Alexis Tsipras “fracasará” en la implantación del plan y que “nos dieron la opción de ser ejecutados o capitular. Y él [Tsipras] decidió que la capitulación era la mejor estrategia”[54].

Sea como fuere y acabe como acabe este “drama griego”, la lección que se puede extraer de todo este asunto es que los populismos y las visiones alejadas de la realidad no son nunca la mejor solución para triunfar ni en la política, ni en la vida. Asimismo, que la coherencia y la defensa decidida en lo que se cree es la única vía que garantiza la victoria, una victoria que sólo se podría haber conseguido luchando y siendo, como dice Varoufakis, enérgico.

“Viviendo en sociedad, o es uno acreedor o es uno deudor. No hay término medio[55] […] La lucha por la vida y por la guerra son los principios que conservan en el hombre las cualidades viriles y nobles. Luchar, guerrear: ésta deber ser la política nuestra”[56]. Cuando el político olvida estos principios, no sólo corre el riesgo de hacer el más estrepitoso ridículo, sino también de condenar a su pueblo a la miseria y a la esclavitud.



[1] Cfr. Costas Paris y Juliet Samuel, “Greek Importers Begin To Feel the Squeeze”, The Wall Street Journal (=WSJ), lunes 6 de julio de 2015, pág. 5; Charles Forelle y Apostolis Fotiadis, “Economic Mirage Masked Greek Crisis”, WSJ, lunes 6 de julio de 2015, pág. 6 y Aristides N. Hatzis, “A Perilous ‘No’ to the Status Quo”, WSJ, jueves 9 de julio de 2015, pág. 13.

[2] Stelios Bouras y Nektaria Stamouli, “Greece’s Finance Chief Steps Down After Vote”, WSJ, martes 7 de julio de 2015, pág. 5. Ya el hecho de que Tsipras obligara a dimitir a su polémico ministro de finanzas debería haber dado pistas de que la capitulación estaba cerca, puesto que si había habido una persona coherente en todo este proceso de negociación entre Grecia y la Troika, éste había sido Varoufakis. Pero a esta cuestión volveremos más adelante.

[3] Matthew Dalton, William Horobin y Stacy Meichtry, “Greece Enlists Paris for Help Staying in Europe”, WSJ, viernes-domingo 10-12 de julio de 2015, pág. 2.

[4] Su discurso se puede ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=kYsybAnSsRI

[5] Véase, por ejemplo, el contundente discurso del liberal belga Guy Verhofstadt: https://www.youtube.com/watch?v=P84tN0z4jqM

[6] Cfr. Simon Nixon, “For Some in Syriza, a Greek Euro Exit Is Goal”, WSJ, jueves 9 de julio de 2015, pág. 4.

[8] Artículo de opinión, “Greek Political Contagion”, WSJ, martes 7 de julio de 2015, pág. 12.

[9] Cfr. Matina Stevis y Nektaria Stamouli, “Tsipras Rides Wave, But to Where?”, WSJ, miércoles 8 de julio de 2015, pág. 5 y William Horobin, “Hollande Pushes Eurozone Government”, WSJ, miércoles 15 de julio de 2015, pág. 6.

[10] Costas Paris y Stelios Bouras, “Greece’s Economy Seizes Up Under Capital Controls”, WSJ, viernes-domingo, 10-12 de julio de 2015, págs. 1 y 5.

[11] Matina Stevis, “Fears in Greece Grow as Hour Of Truth Nears”, WSJ, viernes-domingo, 10-12 de julio de 2015, pág. 5.

[12] Cfr. Matthew Dalton, William Horobin y Stacy Meichtry, “Greece Enlists Paris for Help Staying in Europe”, WSJ, viernes-domingo 10-12 de julio de 2015, pág. 2.

[13] Aunque las negociaciones se llevan principalmente entre los miembros del Eurogrupo, compuesto por los ministros de economía de los países de la Eurozona, es Wolfgang Schäuble quien dirige la orquesta y defiende los postulados más estrictos para poder otorgar a Grecia cualquier tipo de ayuda. Este es el motivo por el cual la prensa alemana lo alaba constantemente (véase, por ejemplo: http://www.bild.de/politik/inland/wolfgang-schaeuble/ist-ein-grosser-europaer-41838312.bild.html) y lo diferencia de Merkel. Estas diferencias se explican si se atiende al hecho de que Schäuble tiene la función de mirar por los intereses de Alemania como país, mientras que Merkel, quien está en contacto constante con Obama, Putin y otros mandatarios internacionales, es consciente “de los posibles riesgos geopolíticos que [podría tener] una salida de Grecia de la Eurozona”. Cfr. Anton Troianovski y Marcus Walker, “Behind Berlin’s Hard Line, Cracks Emerge on Greece”, WSJ, jueves 9 de julio de 2015, pág. 5.

[14] Gabriele Steinhauser y Andrea Thomas, “Berlin Keeps Hard Line On Greek Debt Relief”, WSJ, martes 7 de julio de 2015, págs. 1 y 4.

[16] Gabriele Steinhauser, Liss Kängsepp y Juris Kaza, “Eastern Europeans Lose Patience With Greece”, WSJ, lunes 13 de julio de 2015, pág. 4.

[17] Gabriele Steinhauser, Nektaria Stamouli y Todd Buel, “Under Pressure, Greece Submits Plan”, WSJ, viernes-domingo 10-12 de julio de 2015, pág. 4.

[18] Véase, por ejemplo, la portada de Eleftheri Ora: https://kosmologelei.files.wordpress.com/2015/06/eleftheri-ora.jpg?w=529. Rusia, que era consciente de este juego de Tsipras, ya había dejado bien claro que ni el primer ministro heleno había hecho una solicitud formal de ayuda ni ésta entraba en los planes del gobierno ruso, puesto que se trataba de “un problema para Europa que había creado el problema ella misma y que debía resolverlo ella misma”. Cfr. Paul Sonne y Matina Stevis, “Dream of Russian Aid for Greece Fades”, WSJ, lunes 13 de julio de 2015, pág. 4.

[19] Naftali Bendavid y Katerina Voutsina, “Greek Turmoil Spurs Regional Geopolitical Concerns”, WSJ, viernes-domingo 10-12 de julio de 2015, pág. 4.

[20] Artículo de opinión, “The Greeks Say No”, WSJ, lunes 6 de julio de 2015, pág. 12.

[21] Mientras Tsipras se preparaba para la batalla en Bruselas, en Grecia la situación era tan extrema que varios medios de comunicación que habían estado a favor del “sí” hablaban ya de lo trascendental que suponía la reunión del domingo en la que se decidiría si se quedaban o no en el euro y pedían a Tsipras que cumpliera con su “deber patriótico” sellando un acuerdo con los acreedores de manera que se acabara con el sufrimiento de su pueblo. Cfr. http://www.ekathimerini.com/199205/opinion/ekathimerini/comment/doing-the-right-thing

[22]Anton Troianovski, “Germany’s Power Strains Unity in EU”, WSJ, martes 7 de julio de 2015, págs. 1 y 10.

[23] Andreas Thomas y Bertrand Benoit, “Germany Seen as Likely to Weather Any Greek Default”, WSJ, martes 7 de julio de 2015, pág. 6.

[24] Una selección de estas portadas puede verse en las siguientes páginas web: http://www.bildblog.de/tag/pleite-griechen/ o http://www.tornante.pf-control.de/blog1/?p=31562

[26] Estas duras declaraciones tenían un trasfondo nacional, puesto que su reputación tanto en Alemania como en Europa estaba en juego. Cfr. Anton Troianovski, “Merkel Partners Split Over Crisis in Greece”, WSJ, lunes 13 de julio de 2015, págs. 1 y 6.

[27] Véase María Antonia Sánchez-Vallejo, “Corregir las debilidades del Estado griego, principal objetivo del rescate”, El País, 18 de julio de 2015, donde además se pretende dar una explicación histórica al origen de la situación griega remontándose a los otomanos: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/18/actualidad/1437247333_801932.html

[28] Richard Barley, “Europe’s Greek Weekend”, WSJ, lunes 13 de julio de 2015, pág. 28.

[29] Gabriele Steinhauser y Viktoria Dendrinou, “Greece’s Fate Remains Uncertain”, WSJ, lunes 13 de julio de 2015, págs. 1 y 5.

[30] Nektaria Stamouli, “Greece Pays Debt, and Banks Reopen Amid a Cash Brunch”, WSJ, martes 21 de julio de 2014, págs. 1 y 6.

[31] Gabriele Steinhauser, Viktoria Dendrinou y Matthew Dalton, “Greece Reaches Deal With Europe, With Tough Demands”, WSJ, martes 14 de julio de 2015, págs. 1 y 5, así como Claudi Pérez / Lucía Abellán, “Europa alcanza un acuerdo para un tercer rescate a Grecia”, El País, 13 de julio de 2015: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/12/actualidad/1436712440_136211.html

[32] Véase el artículo de Simon Nixon, “Tsipras’s Next Test: Privatization”, WSJ, lunes 20 de julio de 2015, pág. 4, donde se justifica esta medida.

[33] “El nuevo patrón de comportamiento de la gobernanza económica de la eurozona se acaba de describir en Bruselas: acepta las normas alemanas o vete”, según las palabras de Paul de Grauwe, de la London School of Economics, recogidas por Claudi Pérez, “Grecia firma el acuerdo más exigente”, El País, 14 de julio de 2015: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/13/actualidad/1436772859_015200.html

[34] Marcus Walker, “Third Time’s a Charm? Pessimism Greets Bailout”, WSJ, martes 14 de julio de 2015, pág. 4. Una opinión contraria la expresa Simon Nixon en su columna “Glimmer of Hope For Both Sides”, WSJ, jueves 14 de julio de 2015, pág. 6.

[35] Yannis Palaiologos, “The Two Kinds of Pride Before Greece’s Fall”, WSJ, martes 14 de julio de 2015, pág. 13.

[36] En el que no cree él ni tampoco varios analistas, quienes, por ejemplo, señalan que las medidas exigidas por las autoridades europeas “están basadas en la asunción irreal de que las reformas estructurales pueden dar un impulso inmediato al PIB”. Declaraciones de Richard Koo, economista jefe de Nomura, recogidas en el artículo de Alicia González, “El nuevo rescate no aleja el fantasma del ‘Grexit’”, El País, 18 de julio de 2015, en http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/18/actualidad/1437228750_808881.html

[37] Cfr. por ejemplo “Tsipras hat sich als Partner endgültig disqualifiziert“, Die Welt, 15 de julio de 2015, en www.welt.de/144019975

[38] Nektaria Stamouli y Stelios Bouras, “Greek Primer Pushes To Maintain Support”, WSJ, miércoles 15 de julio de 2015, págs. 1 y 6. Véanse, asimismo, las declaraciones de Lefteris Pandakis, de Syriza, quien afirmó que el origen del acuerdo se hallaba en la “falta de preparación y en la inexperiencia del Gobierno”, que no ha “sabido negociar teniendo enfrente a pesos pesados como Merkel y han pagado cara su ingenuidad; no pueden existir otras razones para aceptar esta humillación, máxime cuando sabían perfectamente que su propio partido se le iba a echar encima”. Citado en María Antonia Sánchez-Vallejo, “Tsipras maniobra para minimizar las diferencias en el Gobierno y en Syriza”, El País, 14 de julio de 2015: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/13/actualidad/1436775698_302567.html

[40] El victimismo alemán ante estas críticas se puede ver en el artículo de opinión de Dirk Schümer: “Das ‘vierte Reich’: Eine Welle von Deutschenhass rollt durch Europa”: www.welt.de/politik/ausland/article144178920/Eine-Welle-von-Deutschenhass-rollt-durch-Europa.htm

[43] El resentimiento contra Varoufakis se puede hallar en casi toda la prensa financiera, siendo un ejemplo el artículo de Stelios Bouras, “Party Backlash Clouds Tsipras’s Political Fate”, WSJ, viernes-domingo, 17-19 de julio de 2015, pág. 4.

[44] Véase “Grecia reabre sus bancos y empieza a aplicar la subida del IVA”, Libremercado, lunes 20 de julio de 2015:  http://www.libremercado.com/2015-07-20/grecia-reabre-sus-bancos-y-empieza-a-aplicar-la-subida-del-iva-1276553187/ y María Antonia Sánchez-Vallejo: “Grecia cumple y paga el vencimiento de 4.200 millones al BCE”, El País, lunes 20 de julio de 2015: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/20/actualidad/1437382800_924379.html

[46] Brian Blackstone y Todd Buell, “ECB Extends Bigger Lifeline to Greek Banks”, WSJ, viernes-domingo 17-19 de julio de 2015, págs. 1 y 4.

[47] Sobre la votación y la polémica que se originó en el Parlamento alemán, véase Luis Doncel, “Alemania aprueba el rescate griego en un intenso debate sobre su liderazgo”, El País, 18 de julio de 2015: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/17/actualidad/1437121085_856772.html, así como http://www.bild.de/politik/inland/griechenland-krise/bundestag-stimmt-ueber-verlaengerung-der-griechen-hilfen-ab-39948440.bild.html

[48] El diario Bild publicó el 14 julio de 2015 en su portada: “¡Merkel salva a Grecia con nuestro dinero!”. Véase http://www.dw.com/image/0,,18586904_401,00.jpg

[49] Luis Doncel, “Merkel gana apoyos en su partido para que respalde el acuerdo”, El País, 13 de julio de 2015: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/13/actualidad/1436788056_558544.html; Viktoria Dendrinou, “Eurozone Seek Interim Cash for Athens”, WSJ, miércoles 15 de julio de 2015, pág. 4; Luis Doncel, “Schäuble se distancia de Merkel al insistir en la salida de Grecia del euro”, El País, 16 de julio de 2015: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/16/actualidad/1437042001_022701.html y, sobre todo, el resumen que se hace de la entrevista concedida al Der Spiegel el sábado 18 de julio en http://www.libremercado.com/2015-07-18/wolfgang-schauble-si-me-intentan-forzar-a-decidir-contra-mis-opiniones-puedo-pedir-el-cese-1276553107/?utm_source=ECO_D&;utm_medium=bajonoticia&utm_campaign=recomendados. La inamovible postura de Schäuble frente a los griegos le ha llevado a tener las simpatías del ciudadano medio alemán y a que algunos periodistas lo deseen incluso como canciller, así como el desprecio profundo de los helenos, como se puede observar por las diversas viñetas en las que se ve retratado con el uniforme nazi. En febrero de 2015 se publicó una viñeta que provocó una fuerte polémica y la reacción expresa de repulsa por parte del ministro de finanzas alemán, en la que se leía como título: “La negociación ha comenzado” y se ponía en su boca las siguientes palabras: “Ahora insistimos en hacer jabón a partir de vuestra grasa. Sólo discutiremos sobre el abono de vuestras cenizas”. Véase http://www.rundschau-online.de/politik/griechische-partei-zeitung-schaeuble-wuetend-ueber-nazi-karikatur,15184890,29849296.html

[50] Harriet Torry, “Germany Yet to Swallow Some of Greece’s Medicine”, WSJ, miércoles 15 de julio, pág. 4.

[51] Dejando de lado lo que se escribe constantemente en la prensa alemana, véase, por ejemplo, Holger Schmieding “Greece Can Ease Its Debt Burden With Reforms”, WSJ, viernes-domingo 17-19 de julio de 2015, pág. 13.

[55] Pío Baroja, Aurora roja. Novela. Caro Raggio, Editor, Madrid, 1920, pág. 129.

[56] Pío Baroja, “Divagaciones acerca de Barcelona”, conferencia leída en la Casa del Pueblo de Barcelona, el 25 de marzo de 1910, recogida en Divagaciones apasionadas (1924), en Obras Completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 1948, V, pág. 537.