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La homosexualidad y la democracia en América

 

gaymarriage

Tras la marcha del Orgullo Gay del pasado 4 de julio en Madrid se ha levantado una gran polémica en algunos círculos de opinión, poniendo en cuestión tanto la idoneidad como el favor que tales actos hacen a los colectivos supuestamente ahí representados. Aquí no vamos a entrar a valorar ni la homosexualidad, ni el carácter de la marcha, ni la manipulación política de la misma, ni las consecuencias morales que este tipo de exhibiciones puedan tener en la población, ni, por supuesto, las medidas aprobadas en determinadas comunidades autónomas españolas para llevar el mundo gay y transexual a las escuelas y presentar las uniones homosexuales como una forma más de matrimonio. Todo lo que se podría decir en torno a estas cuestiones ya ha sido expresado de manera nítida por otras personas y ahí queda su testimonio[1].

Por el contrario, nosotros nos centraremos en una notica que ocasionó una gran polémica en los Estados Unidos y que tuvo lugar pocos días antes de estas grandes celebraciones internacionales del día del orgullo gay. Nos estamos refiriendo al fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos del viernes 26 de julio que reconoce e impone por ley en todo el país la unión de personas del mismo sexo, es decir, que la hasta entonces conocida como “unión de hecho” sea reconocida como “matrimonio”, teniendo así el mismo estatus jurídico y social que la unión natural entre un hombre y una mujer[2].

Este veredicto judicial, que acaba con la legislación de 33 estados que prohibían este tipo de uniones y que se focaliza especialmente en Kentucky, Michigan, Ohio y Tennessee, fue saludada por el presidente Barack Obama como una “bomba” que aceleraba la marcha hacia la igualdad completa en la sociedad. Esta “bomba” nos otorgaba a todos, afirmaba el presidente americano, “la esperanza de que en muchas cuestiones, con las que tenemos que lidiar, a veces de manera dolorosa, el cambio real es posible”. Asimismo, el causante de esta legislación, el demandante James Obergefell, declaró que “hoy me siento más completamente americano”.

Si nos fiamos de las estadísticas, esta nueva legislación reflejaba, además, el parecer de los americanos, quienes, en una encuesta llevada a cabo por The Wall Street Journal / NBC News, decían estar un 57% de acuerdo con este tipo de leyes que otorgan el derecho y reconocen la unión de dos personas del mismo sexo como matrimonio.

Mas las reacciones a destacar aquí no son ni las de los colectivos homosexuales ni las de sus simpatizantes, sino las de los políticos y las de las personas que no aprueban esta legislación por motivos éticos o religiosos y que, no obstante, acatan y aplican la ley, ofreciendo al mundo entero (y a ciertas regiones españolas en particular) un ejemplo de lo que realmente es la democracia liberal, es decir, el dominio y el respeto a la ley.

Así, el gobernador demócrata de Kentucky Steve Beshear dio la orden, tan pronto como se promulgó la decisión judicial, de hacer todo lo posible para que se pudiera aplicar, mientras que el abogado general de Tennesse, el republicano Herbert Slatery, si bien aseguró que se haría todo lo posible para que entrara en funcionamiento, destacó el hecho de que la decisión “revocaba a los estados y a los ciudadanos la antigua autoridad de votar y de decidir qué significa el matrimonio”. Con ello, Slatery estaba haciéndose eco del profundo malestar de los cuatro estados anteriormente mencionados, que sostienen que les ha sido arrebatada la capacidad legal y democrática de decidir por su cuenta sobre tales cuestiones, a la vez que afirman que su definición y limitación del matrimonio a personas de sexo distinto estaba basada en el hecho de que sólo éstos pueden biológicamente engendrar niños. Esta serie de argumentos fueron despreciados por el juez responsable de la legislación pro-gay en la Corte Suprema Anthony Kennedy, quien dijo que la “democracia es el procedimiento adecuado para el cambio”.

Por su parte, el gobernador republicano de Louisiana, Bobby Jindal, quien está personalmente en contra de este tipo de uniones, sostuvo en una entrevista en la NBC que “estoy en fuerte desacuerdo con el fallo de la Corte, pero, por supuesto, vamos a cumplir con su sentencia”. Otro republicano, en este caso el gobernador de Ohio John Kasich, afirmó en una entrevista en la CBS que “creo en el matrimonio tradicional, pero la Corte Suprema ha legislado y es la ley del país y la seguiremos”.

Más crítico se mostró, sin embargo, el antiguo gobernador republicano de Arkansas, Mike Huckabee, quien negó el valor legal del fallo de la Corte Suprema, argumentando que no tenía el mismo peso jurídico que un Acta del Congreso o una enmienda institucional: “Esto está hecho por un edicto de corte de cinco abogados que no han sido elegidos por nadie, por un comité que ha decidido que ellos saben más que los legisladores”.

Tales aseveraciones han encontrado eco en algunos grupos religiosos, que se concentran principalmente en el sur del país. Para poder comprender el alcance de este tipo de reacciones y el papel fundamental que las distintas asociaciones religiosas tienen en los Estados Unidos de América, hay que recordar que este país nace gracias a la unión de todo un conjunto de sectas religiosas (protestantes en su mayoría) que, huyendo del clima de represión e intolerancia que dominaba en toda Europa durante los siglos XVII y XVIII, pactaron juntarse para garantizar la tolerancia y, sobre todo, la libertad. Esta libertad no se limitó jamás al derecho a votar a unos representantes políticos, sino que significaba el poder elegir sin ningún tipo de interferencia su propio destino y el de no someterse a la autoridad arbitraria de un Estado o de un Presidente o de cualquier otra persona, si sus principios iban en contra del individuo y del bien común, es decir, en contra de lo pactado en el “contrato social” que había dado lugar a los Estados Unidos.

Empezando por Texas, hay que citar en primer lugar las palabras de Rick Scarborough, pastor baptista y presidente de “Vision America Action”, quien afirmó que lucharía por el mantenimiento de los valores morales de la mayoría de sus fieles y por los derechos constitucionales:

“Denunciaremos esta práctica en nuestros servicios religiosos, no la enseñaremos en nuestras escuelas, rehusaremos oficiar este tipo de bodas y no aceptaremos ninguna violación de nuestros derechos de la Primera Enmienda”[3].

En otra localidad sureña, en este caso en California, el reverendo Jim Garlow, pastor en la “Skyline Church”, La Mesa, California, acabó su oficio del domingo siguiente a la proclamación de la sentencia sosteniendo en una mano el fallo y en la otra la Biblia, mientras decía: “Uno ha sido escrito por cinco personas en togas negras en Washington, D.C. y el otro por 40 personas a lo largo de 1.600 años bajo la inspiración de Dios. Vosotros decidiréis a quiénes escogéis”. Acto seguido, tiró el fallo al suelo y erigió la Biblia provocando el aplauso entusiasmado de su congregación que se puso toda de pie[4].

Jim Garlow llegó incluso a afirmar, en declaraciones a FOX5 News, que “si no se destruye al hombre americano con esta decisión, se le destruirá en el futuro, ya que lo que quieren destruir es la noción de que una madre y un padre son necesarios para educar a los niños, pues ésta es la definición de matrimonio”[5].

Más diplomático fue, no obstante, el reverendo Douglas Turner, pastor de la “Bridgeway Church” en Georgia, quien, sin tener todavía una postura oficial sobre el matrimonio homosexual, apeló a “hacer una llamada al amor y al decoro y al respeto, no sólo hacia la Corte Suprema, sino también hacia otros que puedan tener puntos de vistas diferentes”[6].

Estas reacciones ante la aprobación de un fallo que reconoce la equiparación de las uniones homosexuales con el matrimonio tradicional nos enseñan dos cosas: primera, que por encima de la arbitrariedad de cada uno está la ley, la cual tiene que ser obedecida, puesto que constituye el principio básico de la democracia. Y segunda, que la obediencia a la ley no significa en absoluto seguirla de manera ciega y sin cuestionarla, ya que entonces estaríamos promoviendo el surgimiento de acciones tiránicas, sobre todo cuando se legisla de manera injusta o  en contra del derecho natural, del individuo, del bien común o, simplemente, contra los principios que dieron lugar a esta sociedad.



[2] Para la realización de este comentario, nos hemos basado principalmente en Jess Bravin, “Court: Gays Have Right to Marry”, The Wall Street Journal, 29 de junio de 2015, pág. 7 y Zusha Elinson, “Gay-Marriage Ruling Brings a New Reality”, The Wall Street Journal, 30 de junio de 2015, pág. 8.

[3] El texto de la tan citada en Estados Unidos Primera Enmienda reza como sigue: “El Congreso no deberá hacer ninguna ley con respecto al establecimiento de una religión o prohibiendo el libre ejercicio de la misma o limitando la libertad de expresión o de prensa o el derecho de las personas de reunirse pacíficamente y solicitar al Gobierno una compensación de agravios”.

[5] En su página web se pueden leer y escuchar más comentarios críticos sobre esta cuestión: http://www.jimgarlow.com/

[6] Desde un punto de vista católico, puede verse el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=T8HFNkVdK-M