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Grecia contra la Unión Europea

alemania grecia

Cuando se trata de la lucha entre la civilización (Grecia) y la barbarie (Alemania), AGON siempre ha tenido muy clara cuál debía ser su postura: apoyar a la civilización[1]. No hay camelo histórico más despreciable y fruto de la ignorancia más indocta que el afirmar que Alemania es la heredera de Grecia o que constituye un ejemplo a seguir.

Alemania no es ejemplo de nada en ningún sentido, a no ser que se la tome como modelo de lo que no hay que hacer. Así lo demuestra su historia, en la que no han sido capaces de aportar en absoluto nada de valor a lo que se podría llamar acervo cultural europeo: en música, ha mirado constantemente a Italia y se ha nutrido de temática cristiana; en religión, ha sido la culpable del surgimiento de la Reforma, que provocó innumerables baños de sangre y conflictos en todo el continente europeo, fomentando que grandes partes de su población tuviera que huir al Nuevo Mundo en busca de paz y de libertad; en pensamiento, se ha distinguido por destruir sistemáticamente los restos que todavía quedaban de filosofía griega con su forma de ver la vida reduccionista, limitando sistemáticamente allí donde los griegos (y los romanos) habían defendido infinitas posibilidades en lo que se refería a la teoría del conocimiento, el saber humano y la libertad; mientras que en política, Europa le debe a Alemania la creación y la fundamentación ideológica de los dos totalitarismos más sanguinarios del siglo XX, amén claro está de la consumación del antisemitismo cristiano en Auschwitz.

En estas últimas semanas se está tratando con bastante detalle en los medios de comunicación la cuestión de la crisis griega, es decir, de la imposibilidad del Gobierno griego de poder hacer frente a los pagos de los créditos que se le otorgaron en sus continuados rescates. Que Grecia padece una terrible crisis económica por culpa de ciertos grupos financieros que han especulado y que se han aprovechado del país heleno, es una realidad que no se puede negar. Así como tampoco es posible ignorar que una gran parte de esta crisis se debe a una mala gestión y al robo sistemático de fondos por parte de una clase dirigente griega profundamente corrupta. Ahora, gracias tanto al partido socialista Pasok como a la denominada extrema-izquierda de Syriza, Grecia ha caído en el abismo, hasta tal punto que ya se ha empezado a hablar en serio de la posibilidad de expulsar al país de la Eurozona y, quién sabe, si también de la Unión Europea.

La gravedad de la situación no se le escapa a nadie que siga los acontecimientos. Sumida en una situación de desesperanza agónica, el pueblo griego eligió en las urnas en enero del 2015 al partido radical de Syriza, creyendo que así podría hacer frente a unos acreedores que no parecían mostrar piedad alguna hacia ellos. El gobierno de Alexis Tsipras inició toda una serie de negociaciones de la mano de su entonces ministro de economía Yanis Varoufakis que lo único que han conseguido es irritar a sus camaradas europeos y a los representantes de la denominada “Troika”.

Defender la causa helena se hace, sin embargo, cada vez más difícil si se tiene presente el conjunto de farsantes y manipuladores que rigen actualmente el destino de los griegos, quienes pretenden, por un lado, defender los intereses de la población empobrecida y dar lecciones de democracia participativa al resto de Europa, mientras que por el otro están engañando y manipulando a este mismo pueblo que pretenden representar cuando exigen en Bruselas lo que niegan en Atenas.

Un buen resumen de todo lo acontecido hasta ahora y de por qué Grecia está en la situación en la que se encuentra la ofrece Bret Stephens en un artículo de opinión publicado en la versión europea del The Wall Street Journal el miércoles 8 de julio titulado “Grecia y el alejamiento de la realidad. Un pueblo que desea riqueza sin trabajar no la obtendrá”, el cual se ofrece a continuación en versión española:

El domingo, Grecia se convirtió en el segundo país de la historia –Argentina fue el primero– en pasar del mundo desarrollado al mundo en desarrollo. Ahora la pregunta es: ¿Quién será el siguiente?

La pregunta es digna de plantearse, puesto que mucha gente importante –Thomas Piketty, Paul Krugman, Jeffrey Sachs y Joseph Stiglitz, entre otros– piensan que los griegos hicieron lo correcto votando en contra de las exigencias de sus acreedores que intentan vivir dentro de sus posibilidades como condición de una mayor generosidad. El Sr. Stiglitz, quien hace también de vocero del gobierno de Kirchner en Argentina, dice que votar “no” da a Grecia la oportunidad de “coger su destino con sus propias manos”, incluso si eso significa un futuro “no tan próspero como el pasado”.

El destino puede parecer tan romántico… sobre todo para intelectuales lo suficientemente ricos como para menospreciar el valor de las aspiraciones económicas de otras personas.

El destino también es usado por ideólogos políticamente ambiciosos de toda Europa empeñados en no permitir que se desperdicie la oportunidad que les ofrece la crisis griega. El Frente Nacional de extrema derecha de Francia, el partido Podemos de extrema izquierda de España y el movimiento Cinco Estrellas de extrema excentricidad de Italia, todos apostaron por el “no” de Grecia y emergerán políticamente más fuertes si Atenas tiene éxito consiguiendo mediante chantaje mejores condiciones de sus acreedores. Si nadie tiene la voluntad de hacer cumplir las leyes, nadie deseará cumplirlas.

Pero quizás leyes no sea la palabra más adecuada. El problema más importante es la realidad y el alejamiento de ella por parte de Grecia. La proporción entre la deuda y el PIB de Grecia es del 177%, lo cual suena como una abstracción, pero significa que este año Grecia producirá apenas la mitad de lo que debe. Esto es lo que el gobierno griego y sus compañeros de viaje llaman austeridad.

En el 2008, en vísperas del colapso, Grecia tenía nada menos que 133 fondos de pensiones públicas, cada una de ellas administradas por su propia pequeña burocracia. (Por presiones de sus acreedores, el número se suponía que se iba a reducir a 13). Los griegos se jubilan antes y viven más tiempo que la mayoría de sus colegas de la eurozona, lo que significa que gastan cerca del 18% del PIB en pensiones públicas, comparado con el 7% de Irlanda y el 5% de los EE.UU. El fraude en las pensiones es generalizado, pero nadie puede dar una cifra exacta, puesto que los registros son de manera notoria, y probablemente deliberada, irregulares.

Lo que es válido para las pensiones, lo es también para todo lo demás. Los acreedores han pedido a los griegos reducir su gasto militar (actualmente entre los más elevados de Europa en porcentaje del PIB) al 10%, pero el partido gobernante Syriza podría solamente hacer la mitad de los recortes. Los turcos podrían invadirlos cualquier día.

La privatización de las empresas de propiedad estatal tendría que haber dado 50 mil millones de euros. Cinco años en crisis y los sucesivos gobiernos sólo han vendido 2,5 mil millones de los activos. Grecia tiene más abogados per cápita que los Estados Unidos. En el 2010, los gastos laborales griegos fueron un 25% más elevados que en Alemania. Un litro de leche en Grecia cuesta un 30% más que en cualquier lugar de Europa, gracias a las regulaciones que prohíben que permanezca en el estante más de una semana. Los medicamentos son también más caros gracias a la cartelización de la economía.

Éstos y otros detalles muestran la mentira de la afirmación de que los problemas de Grecia  son de alguna manera el producto de poderosas e indiferentes fuerzas económicas más allá de su control: el valor del euro o las maquinaciones de la gran finanza o los cambios de humor de Angela Merkel. Grecia quería ser próspera sin ser competitiva. Quería llevar un estado del bienestar de cinco estrellas con una economía de dos. Quería modernidad sin eficiencia o transparencia y riqueza sin trabajo. Quería controlar su propio destino, mientras otro retiraba el cheque.

Lo que es más extraordinario es cómo persiste el alejamiento de Grecia de la realidad. Desde que Grecia incumplió la semana pasada con el pago de su préstamo del FMI, los griegos han podido probar lo que su futuro les depara: bancos cerrados, limitaciones para sacar dinero de los cajeros automáticos, pensionistas haciendo colas para su paga semanal de 134 euros. Y aun así han votado mayoritariamente por un gobierno que les está llevando, casi inevitablemente, a una rápida salida del euro y posiblemente de la Unión Europea, sus únicas cuerdas salvavidas. El orgullo precede a la destrucción, dice el proverbio. Al igual que la estupidez.

Quizás en pocas semanas los griegos puedan darse cuenta de que su voto los ha puesto a merced de la Sra. Merkel y de los otros gobernantes supremos europeos mucho más que antes. O podrían no darse cuenta. Si la demagogia del gobierno de Syriza ha funcionado es porque los griegos eran un pueblo que quería ser objeto de la demagogia.

El concepto de democracia es que el pueblo aprende con el tiempo de sus errores –incluso si tiene que cometer primero estos errores– y que la experiencia es el maestro definitivo. Pero, ¿y si no lo es? Argentina muestra que el pueblo puede equivocarse generación tras generación, que las ilusiones de grandeza pueden mantener una política fracasada.

Grecia demuestra que Argentina no está sola. España e Italia podrían seguirla fácilmente. Y así también podríamos nosotros. La lección de Grecia es que nadie es inmune a hacer de ella [Argentina] su modelo.



[1] Véanse en esta misma página de AGON los distintos artículos escritos relacionados con las primeras ayudas que Grecia recibió de la Unión Europea.