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mohammed bomb

El Reino Unido y el islam

 

 mohammed bomb

“La libertad civil y la tolerancia religiosa son las cosas más deseables en este mundo,
las que conducen a la paz, a la abundancia, al conocimiento y a todo tipo de felicidad […]
Pero así como por libertad no entiendo libertinaje,
por tolerancia no entiendo indiferencia
y mucho menos aprobación de cualquier religión que yo pueda padecer.”

John Toland, Mangoneutes (Tetradymus), 1720.

 

La presencia del islam en el Reino Unido es, como en toda Europa, perceptible de manera clara y distinta por el ciudadano de a pie: sólo hay que darse un paseo por las calles principales de Londres para ver tiendas paquistaníes en cada esquina, hombres con vestimenta propia del desierto arábigo, mujeres con velos en la cabeza o directamente con burka y tener la extraña sensación de que el avión con destino a la capital inglesa se ha desviado de su ruta y no ha aterrizado en la tierra de Shakespeare, de Lord Byron, de Locke o de Hume, sino en algún lugar de la Península Arábiga.

El nivel tan elevado de población musulmana que se encuentra en el Reino Unido se debe a su pasado colonial e imperial, es decir, a la Commonwealth, pero también a la poca atención que los ingleses han prestado a sus tradiciones y valores, lo cual ha llevado a que esta religión de origen judío se haya desarrollado y manifestado de manera mucho más prístina, es decir, sin engaños o dobles morales que en el resto del mundo civilizado.

De esta manera, Inglaterra se caracteriza no sólo por estar plagada de tribunales islámicos que aplican libremente la sharia y por tener zonas donde la policía no se atreve a entrar al estar de facto bajo el dominio del islam, sino también por ser el único país occidental donde los musulmanes se pueden permitir el lujo de matar a sangre fría y a plena luz del día a un militar, mientras los transeúntes, en lugar de detenerlos o apalearlos, se detienen a dialogar con ellos sobre las razones por las cuales han cometido el asesinato, mientras éstos, al lado del cadáver del soldado Lee Rigby, blanden con orgullo y satisfacción sus cuchillos ensangrentados.

Los recientes atentados islamistas cometidos en Francia y en Dinamarca por musulmanes pertenecientes o simpatizantes de Al-Qaida y del Estado Islámico han encendido las señales de alerta en Europa, que ahora teme un posible ataque terrorista por parte de estas dos organizaciones rivales (recuérdese que el islam es una religión de paz y de concordia) en cualquier lugar del territorio europeo coincidiendo con la celebración del Ramadán.

En la edición europea del Wall Street Journal del 2 de julio de 2015 podía leerse la noticia “U.K. Enlists Teachers in Fighting Terror”, en la que se informaba del hecho de que el Primer Ministro británico David Cameron quería introducir una medida legislativa según la cual “los maestros, incluidos los de preescolar, [deberían informar] a la policía acerca de posibles inclinaciones o comportamientos extremistas de los estudiantes”, en un intento de combatir “el terrorismo en casa y en el extranjero”. “La disposición –seguía la noticia– se aplicará a todos los funcionarios públicos, incluyendo a los trabajadores del ámbito de la salud y a los empleados del gobierno local, pidiéndoles que alerten a las autoridades si sospechan que alguien está en riesgo de radicalizarse”.

Por supuesto, las reacciones por parte de las asociaciones musulmanas no se han hecho esperar y ya han aparecido las primeras críticas, en las que se denuncia que con tales medidas lo único que se conseguirá es dividir a la sociedad inglesa y dar la razón a los que dicen que “el mundo musulmán está en peligro”. A ellos se han unido “algunos analistas de contra-extremismo, quienes afirman que la estrategia del gobierno corre el riesgo de implantar el crimen de pensamiento”.

El actor más importante en esta polémica es, no obstante, el Consejo musulmán de Gran Bretaña, que representa a más de 500 organizaciones musulmanas. Así, según informa el Wall Street Journal, el Consejo sostiene que “el gobierno sugiere de manera injusta que las comunidades musulmanas están conduciendo a la gente joven al extremismo. Asimismo, [el Consejo] niega la idea de que los musulmanes no están haciendo lo suficiente para combatir la radicalización”.

Dejando de lado que estas afirmaciones las rebaten las acciones cotidianas de los propios musulmanes y los principios de su religión (cfr. el concepto de Al-Taqiyya expuesto en el Corán, p. ej. en los suras 3.28 y 16:106), conviene citar, para ilustrar todavía más el carácter de victimismo que caracteriza al islam en territorio europeo, los siguientes párrafos de la mencionada noticia del diario americano:

“En una reciente reunión vespertina en Blackburn, un pueblo en el noroeste de Inglaterra, donde casi un tercio de la población es musulmana, un grupo de imames, dueños de negocios, policías y otros profesionales se juntaron para hablar de lo que significarían para ellos las nuevas medidas.

Nasir Hafesi, un abogado que ha representado a clientes acusados de delitos terroristas[1], dijo que los musulmanes británicos están ahora sujetos a un grado de vigilancia mucho más grande que antes. Las demostraciones públicas de religiosidad o de crítica política –mostrando de repente una predilección por el atuendo islámico u oponiéndose a la política exterior occidental en Oriente Medio– podría llamar ahora la atención de los servicios de seguridad, dijo el Sr. Hafesi a la audiencia.”

Pero por si estas afirmaciones por parte de un defensor de terroristas islámicos en territorio europeo no fueran suficientes, he aquí la continuación de sus declaraciones:

“No hay una lista publicada de lo que constituya una idea no-violenta y una idea extremista y los ‘valores británicos’, tal y como están definidos, no son un punto de referencia lo suficientemente claro”, dijo el Sr. Hafesi. “Así que, ¿cuándo sabremos que hemos cruzado una línea?”.

El insulto que las palabras expresadas por este musulmán representan para la gran tradición de pensamiento liberal anglosajón (y liberal anglosajón no significa en absoluto “laissez faire, laissez passer”, sino defender y proteger activamente la libertad contra las ideologías totalitarias enemigas del individuo como el catolicismo en su momento, el comunismo y el fascismo después y, ahora, el islam), que constituye la madre de las democracias liberales europeas y americanas de hoy en día, no encontraron, por lo que parece, respuesta alguna.

Sin embargo, la crónica de la noticia no se queda ahí, sino que revela todavía más datos interesantes sobre el gran poder que el islam tiene en el país que en una ocasión dominó el mundo:

“Tras el ataque a Charlie Hebdo en París en enero, un ministro del gobierno envió una carta a los imames de todo el país exigiéndoles que hicieran más para detener la radicalización en Gran Bretaña, provocando una respuesta indignante de los líderes musulmanes, quienes dijeron que la comunidad había sido convertida injustamente en el chivo expiatorio de las acciones de una minoría.

En un discurso del mes pasado, el Sr. Cameron destacó el papel que las familias y las comunidades tienen en la lucha contra la radicalización y sugirió que algunos musulmanes han “consentido en voz baja” la ideología extremista militante del Estado Islámico. El discurso levantó una fuerte crítica, incluyendo la de una antigua ministra del gobierno[2]”.

Esta fuerte crítica, en efecto, se reflejó en diversos ataques al Primer Ministro británico, quien fue acusado de islamófobo por parte tanto de musulmanes como de los defensores occidentales del islam[3]. Las palabras exactas pronunciadas por David Cameron el 19 de junio en Eslovaquia fueron, de hecho, las siguientes:

“Es una ideología extremista islámica la que dice que Occidente es malo y que la democracia es mala, que las mujeres son inferiores y que la homosexualidad es un mal. Es la que afirma que la doctrina religiosa está por encima del gobierno de la ley y el califato sobre el estado nación y justifica la violencia mientras se afirma ella misma y alcanza sus metas. La pregunta es: ¿cómo llega la gente a esta visión de la realidad?

Sé perfectamente que una de las razones es que hay personas que piensan igual y que, sin embargo, no van tan lejos abogando por la violencia, pero sí se creen algunos de estos prejuicios, otorgando al islamista extremo peso narrativo y diciéndole a los demás musulmanes “sois parte de esto”.

[…]

Siempre hemos tenido hombres y mujeres cabreados que han creído en causas supuestamente revolucionarias. Ésta es malvada, es contradictoria, es fútil, pero es particularmente potente hoy en día.

Pienso que parte de la razón por la cual es tan potente es porque se le ha dado crédito. Así, si eres un chico que está cabreado con el mundo o una chica en busca de una identidad, por algo en lo que creer y hay algo que está consentido en voz baja, online o quizás en sectores de tu comunidad local, entonces se precisa menos de un salto para pasar de ser un adolescente británico a un luchador o a una esposa del ISIS que para una persona que no ha sido expuesta a estas cosas”.[4]

El posible consentimiento y entusiasmo inicial que estas palabras podrían tener en el conocedor del islam merecen ser, no obstante, puestas en cuarentena. En primer lugar, este discurso está pronunciado por una persona que ha sido uno de los principales culpables de la islamización del Reino Unido[5]. En segundo lugar, a pesar de haber sido criticado por las asociaciones musulmanas[6], no se ha producido un cambio concreto en la política anglosajona contra los musulmanes, como sí se ha visto, por el contrario, en su lucha contra los europeos que van a las Islas en busca de un futuro mejor[7].

Al islam no se le combate con discursos, sino con acciones. Y el Reino Unido no estará libre del peligro islámico hasta el momento en el que sea consciente y reconozca que los musulmanes de hoy son un peligro todavía mucho mayor que los católicos del siglo XVII y que no llegarán a ser jamás de nuevo ni libres ni forjadores y portadores de ideales de libertad ante el mundo civilizado hasta que no reaccionen contra los musulmanes de manera considerablemente más eficaz y rotunda de lo que hicieron en el siglo XVII contra los supuestamente autoritarios Tudor respaldados por la católica Francia[8].



[8]Dos noticias publicadas casi simultáneamente ponen todavía más de relieve el preocupante status que el islam tiene -y puede tener en un futuro no muy lejano- en las islas británicas: http://www.elmundo.es/internacional/2015/07/07/559aab8f268e3ef7708b4585.html y http://www.elmundo.es/internacional/2015/07/07/559adc80268e3ee2708b4599.