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Introducción

La falta de cultura general que domina en la sociedad española actual, fomentada por los que en teoría tendrían el deber intelectual y moral de protegerla y difundirla, ha conducido a un desconocimiento cada vez más amplio de la gran tradición de pensamiento crítico positivo de la que ha gozado España durante su dilatada historia. 

El número de mentes preclaras que son capaces de detectar los problemas estructurales que padece un país nunca se ha distinguido por ser elevado, ni por el reconocimiento de sus compatriotas, quienes con frecuencia no sólo los ignoran, sino que, cuando repara en ellos, los desprecia y los somete a escarnio.

Sin embargo, estos Casandras del pensamiento sobreviven a su titánica lucha contra el mundo obtuso que les rodea de la misma manera que han vivido: solos. Pero es precisamente esta soledad la que les da la fuerza necesaria para poder seguir resistiendo, a la vez que es la base de su verdad, del hecho de que en el fondo son ellos -y sólo ellos- los depositarios de la razón y del sentido común.

El día 24 de mayo se celebraron elecciones municipales y autonómicas en casi toda España. Los resultados obtenidos son inequívocos y confirman la teoría de que no existe el progreso humano: la sociedad española ha vuelto, consciente o inconscientemente, a la primera mitad del siglo XX. Diferentes son únicamente los rostros, pues las ideologías y las actitudes son las mismas, mas con la experiencia práctica que les otorga la Revolución de 1917, la Segunda Guerra Mundial y los 80 años de existencia de la U.R.S.S.

A continuación presentamos un texto publicado en 1905 por Pío Baroja. A pesar de haber sido redactado hace más de 100 años, el lector atento notará que sus reflexiones no han perdido ni un ápice de actualidad, siendo justamente esta cualidad la que hace tan especial y distingue al escritor vasco de otros presuntos intelectuales de su tiempo (y no sólo de su tiempo) quienes, bajo el manto de un saber filosófico sin par, desprestigiaron a su patria con sus acciones y sus palabras, actuando como envenenadores y corruptores morales.

 

DIVAGACIONES: EL ESTANCAMIENTO

Pío Baroja

(El Pueblo Vasco, nº 776, del lunes 4-IX-1905, pág. 1)

Ayer noche me encontré con un diputado que salía del ministerio de la Gobernación.

-¿No va usted –le dije- a su distrito por el acta?

-No, la defiendo mucho mejor desde aquí. Cuando las elecciones de Moret fui al distrito, con las de Maura también, con éstas no. Las elecciones se hacen aquí –y señaló el ministerio.

-¿De modo que en estas elecciones se respetará menos eso que llaman ustedes la pureza del sufragio?

-Con seguridad. Vamos a las costumbres antiguas. El ministro comienza a creerse omnipotente. Se le dice: Mire usted que tengo una mayoría absoluta en el distrito y contesta él: Eso lo veremos.

-Muy bien.

-Créame usted. De este ministerio sale todo el mal que aflige a España. Ahí se pacta siempre con el cacique para trastornarlo todo, para desarreglarlo todo…

-A mí me parece éste tan malo como los demás –le dije yo.

-No –replicó él– ustedes los que están fuera de la política, lo quieren echar todo a barato. El ministerio de la Gobernación es la causa activa de la infecundidad de la política española, la administración es la causa pasiva.

-Yo no sé eso, le contesté, lo que sí sé, es que la sociedad española está organizada de tal modo, que cualquiera se halla capacitado para hacer el mal y nadie para hacer el bien; lo que sí sé es que gracias a todos ustedes, el país no progresa, no marcha, se ha quedado estancado…

Nos despedimos el diputado y yo, él volvió al ministerio y yo me vine a casa.

***

Yo no soy socialista, ni mucho menos él. Al revés: soy individualista rabioso, creo que el hombre no debe sacrificarse por el Estado, ni por la patria, ni por la democracia, ni por ninguno de estos nuevos Moloch que han inventado las sociedades de hoy, y de los cuales se reirán las sociedades de mañana, porque habrán inventado otros ídolos.

Como digo, no soy socialista ni entusiasta de la corrupción del Estado, pero me preocupa el porvenir de esta tierra donde he nacido y vivo.

Y como me preocupa ese porvenir, ayer noche cavilaba yo acerca de las causas que producen el estancamiento en España.

Y entre esas causas, la más principal me pareció que es la falta de selección que se observa en la sociedad española.

La selección natural hace que en todas las sociedades animales, los más fuertes, los más robustos, los más inteligentes, preponderen en la lucha por la vida en contra de los débiles y de los no inteligentes. Esa selección natural en España no se realiza; a los puestos sociales más altos, en donde los hombres se convierten en directores de rebaño humano, suben no los más fuertes, ni los mejores, sino los más adaptables, los más viles.

Y esto sucede no solamente en la política, sino también en el arte y en la literatura.

Entre nosotros están subvertidos todos los valores. ¿Qué importa que en un ejército haya buenos soldados si los generales son ineptos?

La prueba del trastrueque de categorías que hay en España la da el aspecto claramente paradójico que tiene nuestro país. Por todas partes vemos hombres inteligentes; sin embargo, el país parece un país de idiotas; por todas partes vemos hombres honrados y modestos y, sin embargo, el país parece un país de farsantes y de pillos.

Y es que no hay selección. Hay mucha gente que está mandando un barco, dirigiendo un periódico, al frente de un batallón, que debía de estar haciendo guardia o a lo más en un mostrador, y hay mucha gente de mostrador que debía estar al frente de un ministerio.

En un país en donde la mayoría de los periodistas son menos inteligentes que los despectiva e injustamente llamados horteras, y en donde la mayoría de los diplomáticos por lo único que se distinguen es por no saber pronunciar las erres, es que está todo al revés.

Otra causa poderosa del estancamiento de España es la rutina, que es una consecuencia de la falta de selección. El que subió a una alta esfera social sin mérito alguno, odia la fuerza, porque ve en ella un peligro para su posición mal adquirida.

El español actual es rutinario. Odia lo improvisado, que es la vida, y se inclina con amor del lado de todo lo que está cocido a fuerza de tiempo.

Así, por esta rutina, el español se figura que el partido republicano es un partido avanzado, cuando es una agrupación de hombres fósiles; por esa rutina cree que Canalejas es un socialista, Salmerón un terrible revolucionario y Cánovas un político genial en su triunfo.

Por esa misma rutina se entusiasma con Echegaray y se indigna contra Zuloaga, que actualmente es el único español de nombradía europea.

Unid a la falta de selección y a la rutina la presunción y la ineptitud del meridional y tendréis la causa de nuestro estancamiento.

***

¿El remedio? El remedio tiene que ser lento. Hay en España un terreno inexplorado. Es el que constituyen millones de cerebros que no saben leer ni escribir.

Hoy España intelectualmente tiene menos habitantes que Bélgica. Haced que todos los españoles sepan leer y escribir, dejad a todos en condiciones de luchar por su vida y por sus ideas, y a los pocos años la situación de España habrá cambiado.

¿Cómo se consigue esto?

Sin la acción del Estado imposible. Alguno dirá: Pero si es necesaria la acción del Estado y el Estado se halla constituido por individuos no seleccionados que tienen gran interés en el estancamiento actual persista, ¿cómo ellos mismos van a poner en condiciones de lucha a esos millones de hombres que no saben leer ni escribir?

Puesta así la cosa, casi no tiene solución. La única salida es que la clase neutra que aún no ha entrado en la política se una y llegue a influir en la sociedad y trace el camino para que las riquezas intelectuales y materiales del país salgan a la superficie.