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ConfucianCommunism21Onanistas económicos

Si el socialismo y la economía china son tan buenas, ¿para qué las zonas especiales?

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Han pasado ya casi dos años desde que el gobierno chino estableciese la “Zona Económica Especial” –y libre– en Shanghái, un sector de 29 kilómetros cuadrados inaugurado en septiembre de 2013, en el que las restricciones sobre las inversiones extranjeras se relajarían considerablemente. El proyecto se presentaba como un nuevo Shenzhen, esa ciudad que en 1979 fue elevada a la misma categoría y que, como su homónima en Shanghái, pretendía ser una prueba para futuras reformas económicas. Pero tras más de 35 años, el resto de China sigue sin disfrutar de esas reformas. ¿Será Shanghái la respuesta?

Lo cierto es que Shenzhen, a pesar de su éxito económico y de los beneficios que a sus residentes otorga su cercanía y libre tránsito con Hong Kong, continúa siendo un aburrido pozo de basura idéntico a cualquier otro lugar de China. Y la nueva zona de libertad económica inaugurada en Shanghái parece que va a seguir estos mismos pasos:

“El cambio más visible en la zona es el marisco barato directamente importado. Las colas de espera suelen ser de unos cien metros, los clientes arrasan con los bogavantes congelados de Mozambique, los cangrejos rey chilenos y los langostinos tigre vietnamitas, que normalmente se agotan a la hora de abrir”. [http://www.wsj.com/articles/one-year-on-shanghai-free-trade-zone-disappoints-1411928668]

No deja de ser irónico que, mientras Shenzhen ha pasado de ser un pueblo de pescadores a convertirse en el motor económico de China, Shanghái ha dejado esto último para ponerse a vender lo primero. Los caminos de la economía china son inescrutables.

Si todavía queda algún economista que crea que esto es uno más de los lentísimos y milenarios pasos de la economía china en el largo y ambivalente camino de la liberalización, tal vez debería mirar con mayor cuidado. La “zona libre” creada en Shanghái es tan libre como cualquier otra región china. O lo que es lo mismo: no es libre en absoluto. Sí, se ha simplificado la burocracia, facilitado el registro de compañías e incluso se han liberalizado las transferencias de fondos, pero todo esto no ayuda sino a los grandes magnates chinos que tienen a sus hijos en Harvard o en alguna otra importante universidad extranjera. Al igual que ocurrió con Shenzhen, no esperen ustedes mayor libertad religiosa o de expresión, ni mayor defensa de los derechos humanos ni, mucho menos, esperen que todo esto se expanda al resto de la población.

Simplemente sepan que la economía china, como cualquier otro tipo de economía con bases socialistas, ni funciona ni puede funcionar, y es por esta razón que los que quieren seguir siendo ricos a costa de la miseria y del sufrimiento del resto de sus compatriotas necesitan inventarse paraísos fiscales que aguanten mientras ellos vivan, dado que el resto hace tiempo que se ha venido abajo. Y si de paso nos quitamos a unos cuantos críticos con palabras tales como “libertad” y “reformas”, mejor que mejor.

George Orwell acertó de pleno, simplemente se equivocó de año y de país.