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La mansión liberal de Kim Jong-un

 

Decía von Mises que los partidos políticos tienen como único objetivo defender privilegios especiales para determinados grupos patrocinando y subvencionando a una “mayoría” electora con el dinero y recursos de una “minoría”. Si bien los partidos políticos constituyen la antítesis del liberalismo, se hacen necesarios cuando, como presagiaba el autor referido, los otrora liberales parlamentos se organizan en grupos de interés que culminan con la hegemonía in saeculum saeculi de dos partidos mayoritarios: el que está en el poder y el que quiere el poder –siendo los restantes partidos minoritarios poco más que grupos de auxilio para mantenerse a través de un gobierno de coalición. Es por ello que constituye motivo de alegría la formación de grupos de estudio liberales, como Students For Liberty (SFL) y partidos que, aunque se declaren de derechas, pretendan cuanto menos recuperar las libertades individuales y reducir el poder del Estado, como es el caso reciente de VOX.

Existe sin embargo, como ya se ha comentado en otro lugar, cierta delectatio morosa por parte de la “derecha” española y ciertos liberales hacia ese milagro económico que se supone que es la República Popular China, olvidando estos últimos lo que cualquier liberal sabe o debería saber: que un país comunista solo puede subsistir “chupando” de un país capitalista, algo que la historia no deja de demostrar. Un ejemplo reciente lo constituye un “meme” de SFL (Fig. 1), en el que puede leerse lo siguiente:

 

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Zhejiang es comúnmente llamada la provincia del libre mercado en China.

Las bajas regulaciones y el emprendimiento local la han llevado a tener el PIB per cápita más alto de toda China.

¡La libertad funciona, démosle una oportunidad!

 

           


Resulta cuanto menos escandaloso que un grupo que defiende ideas liberales deba recurrir como ejemplo de economía liberal a una de las partes (una provincia) de una dictadura comunista y, tal vez, debiera preguntarse el lector si la mansión de Kim Jon-un en Corea del Norte no constituye también un paraíso de liberalismo digno de imitar. Pero el problema principal de la afirmación presentada por SFL es que es, simplemente, falsa: Zhejiang ni tiene ni ha tenido jamás el PIB per cápita más alto, ni tiene las regulaciones más bajas de toda China (la fuente de estos datos es, probablemente, Bloomberg Business). Ese derecho le corresponde muy probablemente a la provincia de Cantón y a su ciudad Shenzhen que, debido a su cercanía con Hong Kong, se convirtió en la primera Zona Económica Especial de China (lo que no hace sino confirmar la opinión arriba citada de von Mises acerca del carácter succionador del comunismo con respecto a los países capitalistas).

 

 

            Cuando decimos “muy probablemente”, lo hacemos teniendo en cuenta un sin sentido que surge de una comparación entre los datos oficiales de China sobre el PIB per cápita y la realidad. Según datos oficiales, la provincia china con mayor PIB es Cantón, mientras Tianjin, un municipio bajo jurisdicción central al sur de Pekín, ocupa el puesto decimoséptimo. Sin embargo, si observamos los datos en lo que al PIB per cápita respecta, veremos que Tianjin ocupa el primer lugar con 99.607 yuanes (Zhejiang ocupa el quinto). Esta discrepancia es fácilmente explicable cuando uno abandona el mito del “PIB”, pero el hacer uso del mismo implica aceptar la idea, absolutamente falaz (v. infra), de que el PIB per cápita es un indicativo fiable de la calidad de vida y, por tanto, del capital acumulado, lo cual está en directa relación con otros factores, como pueden ser los ingresos o los impuestos. Sin embargo, la realidad nos dice algo muy diferente: en Tianjin el sueldo normal de un trabajador no llega a los 30.000 yuanes anuales, mientras un profesor universitario puede cobrar entre 66.000 y 78.000 yuanes anuales. Por otro lado, en la provincia de Fujian (novena en la lista) el sueldo de un profesor puede superar los 100.000 yuanes anuales. Algo, obviamente, no cuadra con los datos oficiales chinos, lo cual no debería extrañarnos en modo alguno.

            Como bien recordaba Derek Scissors hace un año, “la función más importante del departamento [Nacional de Estadística] y la del resto del gobierno es asegurarse de que el Partido se mantiene en el poder. Al Partido no le gusta la inestabilidad ni episodios prolongados de malas noticias, por lo que estos nunca llegan a ocurrir. China nunca reconoce ni siquiera breves periodos de crecimiento del PIB por debajo del 6%, tasas de inflación cercanas al 10% o desempleo urbano superior al 6%. El desempleo rural ni se discute”. Y esto explica que una ciudad como Tianjin, con muy pocas oportunidades empresariales y unos sueldos que difícilmente alcanzan para que una pareja pueda pagarse el alquiler de una vivienda, pueda situarse como la, ahora sí, provincia con el PIB per cápita más alto de China.

            Toda esta disquisición podría haberse evitado, de hecho, recurriendo a dos pensadores indispensables para todo aquel que se considere liberal y que los miembros de SFL harían bien en tener en cuenta en futuras contribuciones: Frank Shostak y Ludwig von Mises. Del primero puede traerse a colación un celebérrimo pasaje de su “What is up with the GDP?” (“¿Qué le pasa al PIB?”):

                 

“El marco del PIB no puede decirnos si los productos y servicios finales que se han producido durante un determinado periodo de tiempo son o no un reflejo de la expansión real de la riqueza o un reflejo del agotamiento del capital.

                        Por ejemplo, si un gobierno se embarcase en la construcción de una pirámide, que no añade absolutamente nada al bienestar de los individuos, el marco del PIB lo entendería como crecimiento económico. En realidad, sin embargo, la construcción de la pirámide desviaría financiación real de actividades generadoras de riqueza, asfixiando por tanto la producción de riqueza. […] Todo el concepto del PIB carece de cualquier base de realidad. Es un concepto vacío”.

 

            Y, una vez más, von Mises, citado por Shostak:

 

“El intento de determinar con dinero la riqueza de una nación o de toda la humanidad es tan infantil como los intentos místicos de resolver los misterios del universo preocupándose por las dimensiones de la pirámide de Keops”.

 

Y esto sin tener en cuenta la reciente contribución de Joseph T. Salemo a la discusión, cuyo título debería ser una tautología para cualquier liberal:

 

Cómo reducir el PIB incrementa el crecimiento económico”.