Saturday, 16. December 2017

Visitantes

1265760

Búsqueda

AGON en Facebook

Compártenos

Share to Facebook Share to Twitter Share to Linkedin Share to Myspace Share to Delicious Share to Google 

Compartir

 

spain-flag1

La enseñanza del idioma español en Hamburgo

 

 

“El vacío se llena de mierda” es mucho más que una expresión aparentemente vulgar. Es toda una descripción de lo que sucede en la vida cuando las personas indicadas para hacer una tarea se desentienden de ella.

El español es un idioma que nació hace más de mil quinientos años en la zona que hoy se conoce como Castilla y León. De ahí se expandió por medio mundo, hablándose actualmente no sólo en el Centro y en el Sur del continente americano, sino también en el Norte de América y en otras regiones del planeta.

La peculiar historia de España ha provocado, no obstante, que en los últimos decenios el patrocinio y la promoción del español en el extranjero haya caído en manos de colectivos no cualificados para su enseñanza. Esta dejadez del Gobierno de España en algo tan esencial como es la protección de la segunda lengua más hablada del mundo quizás no sorprenda a más de uno, si se tiene presente cómo permite que se denigre impunemente el español en regiones como Cataluña, Vascongadas o Galicia.

Si el idioma español no se defiende dentro de las fronteras geográficas que lo vieron nacer y evolucionar, ¿cómo esperar que el Gobierno de España tenga como una obligación o, incluso, como una prioridad ser el gestor y el protector de su enseñanza en el extranjero? La consecuencia lógica de este abandono será que se ocuparán de esta tarea personas inadecuadas e incompetentes, como sucede, por ejemplo, en la ciudad hanseática de Hamburgo.

Todo español que haya visitado Alemania, se habrá visto sorprendido por el gran número de personas que de alguna manera entienden el idioma, lo hablan o desean aprenderlo. Este interés por el español, sin embargo, no se traduce en un querer ir a España, sino a Latinoamérica. ¿Por qué?

La respuesta la obtenemos en los centros de enseñanza. ¿Quiénes enseñan español en las escuelas de secundaria, en las universidades, en las escuelas de idiomas o, incluso, en el Instituto Cervantes, organismo, conviene recordarlo, financiado con los impuestos de todos los españoles? En su gran mayoría, sudamericanos que no poseen la formación académica necesaria o alemanes que han aprendido español no en España, sino en Sudamérica. ¿Significa esto que no hay españoles que enseñen español en Alemania? Sí, sí los hay, pero son muy pocos y, por lo general, suelen estar al servicio o bajo las órdenes de la mafia sudamericana.

Un ejemplo de ello lo tenemos en el “Centro de idiomas”  (Sprachenzentrum) de la Universidad de Hamburgo, dirigido por una señora latinoamericana de formación médica que responde al nombre de Dra. Adita Gordillo de Buchacher. Un vistazo a la oferta didáctica de este Centro de idiomas muestra el nivel que aquí se presenta y se transmite, así como por qué los alemanes tienen una falsa impresión tanto del idioma como de la cultura española.

Obsérvense, en primer lugar, las descripciones de los cursos que allí se ofrecen. Sin ánimo de ser exhaustivos, los hechos son los siguientes:

 

1.En la descripción de un módulo de nivel B1/B2 se hallan palabras como “solo” o “valiendose”.

 

2.En la descripción de un módulo de nivel B2/C1 se hallan palabras como “contesto”, “articulos”, “videos”, “díalogos”.

 

3.En la descripción de un módulo de nivel B2/C1 se pueden encontrar frases como la siguiente:

            “El material: Podrá bajarse de Stine y parte será distribuido en clase”


4.En la descripción de un módulo de nivel B2/C1 se pueden leer errores de concordancia tan básicos y a la vez tan graves como “Se analizará casos especiales”.

 

5.Todo ello sin mencionar los innumerables errores de puntuación y de uso de mayúsculas y minúsculas que se pueden registrar en casi todas las descripciones de los cursos que aquí se ofertan para el ingenuo estudiante universitario hamburgués que desee aprender la lengua de Miguel de Cervantes.

 

Pero no nos quedemos en la forma. Vayamos al contenido. He aquí algunos de los títulos que ofrece la jefa de los profesores de español de este Centro de idiomas de la Universidad de Hamburgo:


“Movimientos indígenas y minería extractivista: Bolivia-Chile-Ecuador-Perú”

“Mujer latinoamericana: Movimientos socio-políticos, violencia y futuro”

“Cambio climático y agroindustria: Argentina-Brasil-Paraguay-Perú”

“Migración internacional e interna: México-Centroamérica-Colombia”


A estos títulos, añádase el siguiente:

“Curso de Economía Política internacional en español”


Pero en el caso de que los títulos no sean suficientes para poder hacerse una idea de lo que aquí se intenta transmitir a los alumnos, he aquí la descripción de uno de los cursos para mayor ilustración del lector:


“El curso ha sido programado para estudiantes de todas las facultades interesados en las diferentes facetas de la mujer latinoamericana actual. Trataremos, principalmente, a la mujer latinoamericana como uno de los principales agentes del cambio social, político, cultural y económico en un mundo globalizado por el hombre. Igualmente, la mujer víctima de los errores socio-políticos del pasado y del presente. Material: libros, revistas, periódicos, entrevistas, internet, radio, videos [sic!] y CDs. Arbeitsmaterialien werden im Unterricht zur Verfügung gestellt [sic!, en alemán]. Criterios de evaluación: presentación oral, ejercicios léxico-gramaticales, examen escrito final.”


Ésta es la “cultura” y la imagen del mundo español que los estudiantes alemanes, en este caso de la ciudad de Hamburgo, reciben en sus clases de lengua castellana. Como el lector habrá podido constatar, “El vacío se llena de mierda” es mucho más que una expresión: es la constatación empírica de lo que sucede cuando las personas indicadas para realizar una tarea se desentienden de ella y permiten, con su pasividad, que gente incompetente, ignorante y fanática se encargue de algo tan fundamental como es la transmisión de un idioma y de todo lo que ello conlleva.