Tuesday, 22. August 2017

Visitantes

1162442

Búsqueda

AGON en Facebook

Compártenos

Share to Facebook Share to Twitter Share to Linkedin Share to Myspace Share to Delicious Share to Google 

Compartir

 


Acerca de la posibilidad de una reforma en el islam

 

 mohammed bomb

En esta página web de AGON. Grupo de estudios filosóficos se han confeccionado estudios y se han traducido artículos con la intención de exponer públicamente el verdadero rostro del islam y combatir así la contaminación ideológica que tanto los propagandistas musulmanes como sus abogados defensores tanto de izquierdas como de derechas difunden día tras día a través de la gran mayoría de los medios de comunicación. Todo ello, hay que reconocerlo, en vano. Como bien aseveró ese gran conocedor de hombres que fue Arthur Schopenhauer, el saber es limitado, sólo la ignorancia es atrevida e ilimitada. Así, junto con los colectivos anteriormente mencionados, hay que citar a algunos cristianos[1], quienes sostienen que el problema del islam es que no ha padecido una reforma que lo «actualizara» como ha pasado históricamente con el cristianismo.

El pasado lunes 2 de febrero de 2015 se publicó en el Wall Street Journal un artículo titulado «El ejemplo cristiano para la modernización del islam» de Kevin Madigan, profesor de historia en la Harvard Divinity School y autor del libro Medieval Christianity: A New History, en el que se sintetiza perfectamente esta actitud benevolente cristiana frente al islam. A continuación ofrecemos al lector algunos párrafos ilustrativos:

                     «Incluso todavía hoy, fuera de la Europa occidental y de los Estados Unidos, estados predominantemente cristianos –Rusia y Uganda por ejemplo– tienen leyes desgraciadamente represivas.

                  Todo ello sirva para decir que los estados tradicionalistas islámicos y los musulmanes no han tenido, históricamente hablando, el monopolio del autoritarismo, de la violencia contra los apóstatas, del indiscriminado rechazo del pluralismo religioso y de la manipulación de la religión para llevar a cabo agendas políticas. Pero en el mismo triste saco de hechos también hay algunas buenas noticias: los sorprendentes cambios experimentados por las iglesias occidentales en los últimos siglos sugiere que también podrían ocurrir cambios similares dentro del mundo del islam.

[…]

                      Menos felizmente, en momentos críticos de la historia del islam, han triunfado sobre las demás las interpretaciones –o malinterpretaciones– reaccionarias del Corán y de la Sharia.

                    Por suerte, algunos musulmanes han empezado a reinterpretar las antiguas tradiciones a la luz de la modernidad y han empezado sus propias y a menudo silenciosas reformas, afligidos por los elementos autoritarios introducidos en su tradición. Hay intentos de sintetizar –como han hecho muchas ramas del judaísmo y del cristianismo– elementos de sus tradiciones religiosas con ideas democráticas. Tales reformas han sido institucionalizadas con éxito en diversos países con población significativamente musulmana, como Turquía y Túnez».

Ante estas palabras dos son las actitudes que el lector puede tomar: o bien la bienintencionada (el pobre hombre es un ignorante lleno de buenos propósitos), o bien la desconfiada (el autor sabe muy bien de lo que está hablando y manipula conscientemente a sus potenciales lectores).

Como la tarea de todo aquel que piense por sí mismo ha de ser la de un sano escepticismo y, sobre todo, la de combatir la ignorancia, la superstición y la mentira, sean éstas difundidas por sacerdotes o por cristianos secularizados camuflados de libertadores de la humanidad, sea aquí dicho lo siguiente:

        1. Hablar de cristianismo represivo en pleno siglo XXI y poner a Rusia y a Uganda como ejemplos denota una profunda intención calumniadora y manipuladora. Ni la Iglesia ortodoxa en Rusia (a pesar del gran peso social que pueda tener) ni los evangelistas en Uganda están gobernando ni detentan el poder legislativo, a pesar de la elaboración de leyes que puedan estar de alguna manera en consonancia con su ideario y que en ningún modo justifican o fomentan el asesinato en público como sucede en diversos países musulmanes[2].

         2. Afirmar que el islam no puede ser acusado de poseer históricamente el monopolio del autoritarismo y de la violencia es un acto de fragante manipulación[3]. Si nos centramos en las dos religiones que más han influenciado a lo largo de los últimos 2.000 años en la civilización occidental, observaremos que, en primer lugar, el judaísmo no ha sido jamás una religión proselitista ni tiene prescrito en la Torá o en el Talmud la guerra a muerte contra el infiel que no acepte su religión. De hecho, si de algo pueden ser acusados los judíos es de exclusivismo religioso y de no querer mezclarse con el resto de comunidades al no considerarlas «elegidas» por Yahvé. Por lo que se refiere al cristianismo, quizás convendría recordar que los discípulos de Jesús evangelizaban a las poblaciones circundantes con la palabra y que fueron los cristianos –y no los romanos de la época– los que fueron cruelmente perseguidos y reprimidos durante prácticamente los primeros cinco siglos de su existencia. Jesús rechazó frontalmente el poder político y se dedicó a predicar la buena nueva a través de la palabra y no de la espada. Por el contrario, Mahoma fue un gobernador político que se valió de su Corán para establecer toda una serie de leyes civiles, penales, políticas y religiosas (lo que hoy en día se diría una «constitución») a través de las cuales se debía regir Medina. Asimismo, Mahoma fue un caudillo militar que libró sangrientas batallas y realizó crueles exterminios de poblaciones enteras si no se sometían a su pacífica espada del islam[4]. Sólo hay que recordar el destino de la población judía de Quarayba, cuyos miembros masculinos fueron decapitados personalmente por el Profeta cuando se rindieron ante sus fuerzas, tal y como se recoge en el Corán, en los hadices y en la Vida del profeta de Alá compuesta por Mohamed ben Ishaq[5]. De hecho, un conocimiento de las empresas bélicas de Mahoma durante su mandato en Medina y de su comportamiento con sus enemigos[6] permite comprender cómo los supuestos «terroristas» o «radicales islamistas» actuales no hacen sino imitar y seguir el ejemplo establecido por Mahoma[7], quien no en vano es considerado en el islam como el hombre perfecto por excelencia (al-Insān al-Kāmil)[8]. De ahí que sea un grave error histórico y teológico afirmar que con el paso del tiempo se han introducido «elementos autoritarios» en el islam, puesto que éstos ya se encuentran entre los rasgos distintivos de su fundador.

          3. Sostener la existencia de interpretaciones «reaccionarias» o, incluso, de «malinterpretaciones» históricas del Corán y de la Sharia revela o bien una profunda ignorancia del texto sagrado musulmán y de su ley o bien, de nuevo, una repulsiva manipulación consciente por parte del autor. A semejanza del judaísmo y del cristianismo, el texto del islam es palabra de Dios. Mas, a diferencia del judaísmo y del cristianismo, esta palabra de Dios tiene una serie de características bien definidas que impiden cualquier tipo de interpretación que no sea la literal. En efecto, en la teología islámica, el Corán es un libro quedictado a Mahoma palabra por palabra por Alá a través del arcángel Gabriel, siendo, por consiguiente, cada una de sus palabras palabra directa de Alá. De ahí que lo que se dice en el Corán, a no ser que sea anulado explícitamente por otro pasaje (lo que se conoce como la doctrina de Nashk o abrogación expuesta en los Suras 2, 106, 13, 39 y 16, 101)[9] no puede ser ni cuestionado, ni reformado. En este sentido, el problema no lo tienen ni los «fundamentalistas» ni los «terroristas islámicos», quienes siguen con sus acciones fielmente los dictados de su religión tal y como éstos se encuentran expuestos en sus libros fundacionales, sino más bien los musulmanes que se denominan a sí mismos «moderados y pacíficos»[10]. En efecto, si éstos fueran sinceros y honestos, deberían rechazar por completo la lectura literal del texto coránico. Ahora bien, haciendo esto se sitúan consciente o inconscientemente fuera de la ortodoxia islámica, ya que con ello repudian al mismo tiempo la premisa fundamental del islam: que el Corán es un libro dictado directamente por Alá, que el Corán constituye una revelación extraída del libro perfecto, es decir, del umm al-kitab («el libro original»; cfr. Suras 13,39 y 43,4, así como también 50,4 y sus equivalentes kitab maknūn –el libro escondido– [Sura 56,78] o lawh mahfuz –la tabla preservada– [Sura 85,21-22]), obra increada que se halla con Alá más allá del séptimo cielo[11].

De hecho, si en lugar de especular gratuitamente y de inventarnos un mundo feliz de acuerdo con nuestras fantasías, leyéramos a los comentaristas clásicos del Corán, observaríamos que para ellos está bien claro qué estatus tiene su libro sagrado. Así, por ejemplo, en Tafsīr al-Jalālayn se afirma lo siguiente en relación con el Sura 85,21-22, donde se dice que el «glorioso Corán está inscrito en una tabla bien preservada»:

 

«esta tabla está suspendida eternamente sobre el séptimo cielo, preservada de todos los demonios y de cualquier tipo de modificación en su contenido».[12]

 

Mientras que Sayyid Abu Ala Maududi, exegeta indio-paquistaní del siglo pasado, a quien siguen muchos de los «fundamentalistas» actuales, comenta:

 

«Es decir, la palabra escrita revelada en el Corán es inmodificable e imperecedera. Está inscrita en una tabla bien preservada por Alá. Esta tabla no se puede modificar de ninguna manera. Todo lo que está escrito en ella se tiene que cumplir. Aun cuando el mundo entero quisiera, no podrá impedir su cumplimiento».[13]

 

Ahora bien, aceptemos que estas autoridades islámicas que, a diferencia de los occidentales bienintencionados, conocen el texto original y su contexto histórico se equivocan y que es posible otro tipo de lectura, así como también la «adaptación» del mensaje coránico al siglo XXI: ¿Cómo explicar, entonces, las aleyas del Corán que abogan directamente por el exterminio físico del infiel si éste no reconoce la religión verdadera del islam y se somete a Alá? ¿Cómo interpretar los Suras 9,29 ó 98,6? ¿Cómo se ha de entender el Sura 9,5?: 


«Y cuando hayan pasado los Meses Sagrados [es decir, el primer, el séptimo, el undécimo y el doceavo mes del calendario islámico, en el cual está vedado el combate armado] matad a los politeístas (mušrikīn[14]) dondequiera que los halléis, capturadles, cercadles y tendedles mil emboscadas, pero si se arrepienten [y aceptan el islam] y rezan el Azalá y pagan el Azaque, entonces dejadles ir en paz. Ciertamente, Alá es el más indulgente, es el más misericordioso».


           4. Por si esto no fuera suficiente, la afirmación de que en Turquía o en Túnez se pueden encontrar ejemplos de islamismo reformado es ya de traca. Dejando de lado a Túnez, el país que más terroristas exporta al ISIS[15]y en donde, después de su «primavera árabe», todavía se persigue a los cristianos[16], poner a Turquía como modelo de islam moderado sólo puede provocar más que una olímpica carcajada en el lector informado. ¿Islam reformado es reconocer junto con el presidente Erdogan que no existe un islam radical y un islam moderado, sino que el islam es el islam[17]? ¿Reconocemos junto con él, por tanto, que no hay diferencia alguna entre un terrorista y un musulmán pacífico y moderado? ¿Islam reformado es la opresión contra los kurdos? ¿Islam reformado es la represión contra los medios de comunicación[18]? ¿Islam reformado es verter teorías conspirativas antisemitas, cuando no directamente afirmaciones propias del ISIS, AlQaeda o Hamás[19] y tener una población musulmana que no condena los atentados terroristas como los cometidos hace poco más de un mes en París[20]?

El islam no permite reforma o «actualización» alguna debido a sus mismas premisas doctrinales. Como ya se ha indicado, en la teología coránica existe el umm al-kitab, el libro original que se encuentra con Alá en el paraíso y que contiene todas las revelaciones que éste ha venido realizando a la humanidad. El Corán representa el último estadio de esta revelación y, como se dice en uno de los hadices dedicados al Corán, el lápiz (al-qalam, cfr. Corán, 68,1; 96,4) con el cual se han escrito estas revelaciones está ahora «seco», es decir, ya no hay nada más que completar ni modificar[21]. Y, en efecto, el Sura 13, 38 deja bien claro que «cada época tiene su libro», en el que éste encuentra su delimitación y su validez específica[22]. El Corán es entregado por Alá a Mahoma con la intención de que sea entendido como la «revelación definitiva» (no en vano en el Sura 3,4 el Corán es calificado de al-furqān o «la salvación» que viene a completar el mensaje transmitido a través de la Torá y los Evangelios), encontrándose aquí todo lo que el hombre necesita saber y hacer a partir de entonces para temer y someterse a Alá (Corán, 2,2).

 Asimismo, cualquier intento de modificación del mensaje coránico iría directamente en contra de la idea de la omnipotencia de Alá, quien es el único capaz de derogar o abrogar aleyas, es decir, de cambiar de opinión sobre un mismo asunto. Así de claro se afirma en el Sura 13, 39: «Alá elimina y confirma lo que él quiere y con él está el libro original», que es comentado en el Tafsīr al-Jalālayn de la siguiente manera:

            Alá elimina de este libro [el Corán] lo que él quiere y escribe lo que él quiere en lo que respecta a mandatos y otras cuestiones y junto a él está el libro original, su fuente en la que nunca se ha modificado nada y que contiene lo que él ha escrito en la pre-eternidad (azal).[23]

De ahí, por lo tanto, que el islam no permita modificación o reforma alguna[24] y menos aún una «actualización» como si de un programa informático se tratara, sino que es una religión con un claro componente político y una agenda bien definida: el establecimiento de la voluntad de Alá en todo el planeta. No en vano, el islam es la única religión que divide el mundo entre Dar-El-Islam («La casa del islam») y Dar-El-Harb («La casa de la guerra»), siendo la primera la meta, mientras que la segunda es la descripción de una humanidad que no acepta el islam. Son los propios musulmanes los que conciben a los no-musulmanes como sus enemigos y los que se sienten en guerra continua contra los «infieles», lo que se traduce en el concepto de «yihad», que no sólo significa «lucha interior», sino también lucha con la espada contra el infiel siguiendo el ejemplo del Profeta Mahoma.

Aquí no se trata, por consiguiente, de lo que uno quiera o desee en su mundo particular. La realidad es la que es y ésta no la conformamos con nuestros deseos o caprichos como pretendía el fracasado de Kant. La realidad es una, clara y distinta para todo aquel que sepa y quiera comprenderla. El islam es el islam y tanto en el Corán como en los hadices está expuesto de manera bien diáfana cuál es su finalidad: la conquista y la sumisión de todo el planeta a la religión de Alá y la instauración de la Sharia. Sólo entonces es cuando tiene sentido hablar del islam como religión de paz, de religión justa, puesto que ya no habrá nadie a quien combatir ni asesinar por apóstata o infiel, como de manera consecuente y fiel al espíritu coránico han expuesto intelectuales musulmanes como Sayyid Qutb[25].



[2] Aquí se está haciendo referencia al hecho de que tanto en Rusia como en Uganda se han aprobado toda una serie de leyes que van en contra de los homosexuales. Véanse, a título ilustrativo, las siguientes noticias: http://www.elpais.com.uy/mundo/discriminacion-clima-hostil-rusia-contra-homosexuales.html; http://www.20minutos.es/noticia/2032391/0/vladimir-putin/homosexualidad/juegos-sochi/; http://www.elmundo.es/elmundo/2013/06/11/internacional/1370958773.html y http://internacional.elpais.com/internacional/2014/11/12/actualidad/1415815701_060791.html; http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13636646; http://diarium.usal.es/frias/2015/02/02/caza-al-homosexual-en-uganda-un-reportaje-de-jon-sistiaga/ y http://www.europapress.es/internacional/noticia-publicada-uganda-primera-revista-dedicada-comunidad-lgtb-20150108075428.html.

[3] Véanse también en este contexto las palabras del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en el Día de la Oración el día 5 de febrero de 2015, en el que equiparó las Cruzadas y la esclavitud en los Estados Unidos con el terrorismo islámico, relativizando de esta manera el carácter violento del islam y dando argumentos a los terroristas, quienes no en vano nos designan de manera despectiva como «cruzados»: http://www.religionenlibertad.com/obama-culpa-a-las-cruzadas-la-inquisicion-y-la-esclavitud-de-40423.htm y http://www.foxnews.com/opinion/2015/02/05/obama-at-prayer-event-christians-did-terrible-things-too/

[5] Véanse los testimonios en Corán, 33, 26-27, el hadiz Sunan Abu Dawud, 14:2665 y 38:4390 e Ibn Ishaq, The Life of Muhammad. A Translation of Ishaq’s Sira Rasul Allah, with Introduction and Notes by  A. Guillaume, Oxford University Press, Oxford, 1955, pág. 464. Asimismo, se puede ver Al-Tabari, The History of Al-Tarabi, vol. VIII, The Victory of Islam. Translated and Annotated by Michael Fishbein, State University of New York Press, Nueva York, 1997.

[6] Algunos historiadores modernos han relativizado estas acciones criminales de Mahoma argumentando que su proceder era típico de la época (cfr. p. ej. William Montgomery Watt, Muhammad. Prophet and Statesman, Oxford University Press, Oxford, 1961 y Norman A. Stillman, The Jews of Arab Lands. A History and Source Book, Jewish Publication Society of America, Philadelphia, 1979), cuando no sosteniendo que de haber obrado de otra manera habría dado signos de «debilidad, si no de locura» (cfr. Tariq Ramadan, In the Footsteps of the Prophet. Lessons from the Life of Muhammad, Oxford University Press, Nueva York, 2007). Aun cuando se acepte que esto realmente era así, no parece muy científico olvidar, como hacen estos especialistas, que Mahoma no era, en teoría, un señor de la guerra más, sino un profeta de Alá y que su misión consistía, en todo caso, en dar ejemplo de la piedad y de la compasión de éste.

[8] La teoría del «hombre perfecto» fue desarrollada por Ibn al-‘Arabi (1240) en sus obras al-Fotūḥāt al-makkīya y Foṣūṣ al-ḥekam y continuada por ʿAbd-al-Karīm Jīlī en Al-Insān al-Kāmil. Véase además la moderna biografía de Mahoma debida a  Mohamed Alawi al-Maliki con el título Muhammad al-Insān al-Kāmil, Dar al-Kutub al-‘Ilmiyya, Beirut, 2008.

[9] De ahí, por ejemplo, que los Suras revelados en Medina y que tienen un carácter más agresivo, bélico e intolerante abroguen por completo a los Suras pacíficos del periodo de la Meca. Esto es lo que se conoce como naasikh (el verso que abroga) y mansukh (el verso abrogado). Esta distinción, evidente y diáfana para los musulmanes, es la que todavía no tienen muy clara algunos ignorantes de la teología coránica en Occidente.

[10] Véase para esta cuestión la entrevista a Serafín Fanjul, arabista y miembro de la Real Academia de la Historia en https://www.youtube.com/watch?v=iwGUM7cJG90.

[11] En la Enciclopedia del Corán se dice que el umm al-kitab «es la fuente (asl) y la totalidad (jumla) de todas las revelaciones [anteriores, es decir, la de Set, Abrahán, Moisés, David y Jesús], incluyendo el Corán». Este Corán empieza a ser dictado a Mahoma a partir de la «noche fatídica» (laylat al-qadr) por el Arcángel Gabriel (Corán, 97, 1-5; 44, 2-3), es decir, en el año 610, finalizándose con la muerte del Profeta en el 632. Cfr. Encyclopaedia of the Qur’an. Ed. Jane Dammen McAuliffe, Brill Academic Publishers, Leiden, vol. 2, 2002, pág. 412.

[12] Tafsīr al-Jalālayn, por Jalāl al-Dīn al-Mahallī y Jalāl al-Dīn al-Suyūṭī. Translated by Feras Hamza. Edited and with an Introduction by Ghazi bin Muhammad bin Talal, Royal Aal al-Bayt Institute for Islamic Thought, Amman, 2007, pág. 739.

[13] Sayyid Abul Ala Maududi: Tafheem ul Quran (Para la comprensión del Corán), en http://www.islamicstudies.info/tafheem.php

[14] En el Corán se pueden encontrar principalmente dos calificativos para mencionar a los enemigos de los musulmanes: mušrikīn y min ʾahli l-kitābi. El primero hace referencia a las personas que, junto a Allāh, también adoran a otros dioses, es decir, a los politeístas (contra ellos están dirigidos los Suras 4,48; 5,72 y 31,13), mientras que el segundo a los pueblos del libro, es decir, a judíos y a cristianos. Tanto unos como otros son designados en este Sura como «allaḏīna kafarū», esto es, como «aquellos que son infieles». La palabra aquí utilizaba es la forma verbal de «infiel», que en el Corán se dice kāfir (plural kuffār). Aunque en esta aleya se habla de politeístas y, en un primer momento, se mentaba a las poblaciones árabes cercanas a Medina que todavía no se habían convertido al islam, con el paso del tiempo este concepto se ha utilizado como sinónimo de infiel. De hecho, en la publicación inglesa del Estado islámico Dabiq se suele utilizar el término kāfir  para referirse inequívocamente a todos los no-musulmanes, en especial, a «judíos y cruzados». Para el término kāfir, véase la bienintencionada entrada de Walter Björkman, en Encyclopaedia of Islam. New Edition. Prepared by a Number of Leading Orientalists. Edited by C. E. Bosworth, E. van Donzel, B. Lewis and Ch. Pellat, Volume IV, “Iran-Kha”, E. J. Brill, Leiden, 19973, págs. 407-409.

[21] Cfr. Encyclopaedia of the Qur’an, op. cit., vol. 4, 2004, pág. 262. Véase, p. ej., el Sahih Muslim, El libro del destino, hadiz 2648a.

[22] Tafsīr al-Jalālayn, por Jalāl al-Dīn al-Mahallī y Jalāl al-Dīn al-Suyūṭī, op. cit., pág. 262.

[23] Ibid.

[24] En el siglo XIX, Chokan Valijánov, un exmusulmán, escribía en un contexto de discusión acerca de la posibilidad de una reforma del islam: «¿Qué tipo de renacimiento se puede esperar de una religión que tiene sus fundamentos en los salvajes y bárbaros prejuicios de árabes nómadas del siglo VI, las tradiciones de espiritualistas, de judíos y de diferentes hocus-pocus de los magos persas del mismo periodo?». Chokan Valijánov, Zapiska o sudebnoi reforme, en Sobranie sochinenii v piati tomakh, tom 4, Glavnaya redakziya Kazajskoi sovetskoi enziklopedii,  Alma-Ata, 1985, pág. 102.

[25] Véase el ilustrativo artículo Serafín Fanjul, «La yihad perpetua», ABC, 22 de diciembre de 2014, pág. 17. Asimismo, se pueden consultar las obras de Gregory M. Davis, Religion of Peace? Islam’s War against the World, World Ahead Publishing, Inc., Los Angeles, 2006; Robert Spencer, Religion of Peace? Why Christianity is and Islam isn’t, Regnery Publishing, In., Washington, DC, 2007 y Alex J. Bellamy, Massacres and Morality. Mass Atrocities in an Age of Civilian Immunity, Oxford University Press, Oxford, 2012.