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Aprender del islam significa aprender a vencer

En cualquier religión hay fanáticos, pero en ninguna otra se insiste con tanta obstinación en que éstos nada tienen que ver con la religión a la que invocan. Una polémica.

Henryk M. Broder

 mohammed bomb

Artículo publicado en Die Welt, el día 11 de enero de 2015

Idea y realidad van juntas: en el socialismo y en el islam

La Sociedad para la Amistad Germano-Soviética era la segunda organización de masas más grande de la RDA. Contaba con unos seis millones de miembros. Sólo la Libre Confederación de Sindicatos Alemana era todavía más poderosa.

La Sociedad para la Amistad Germano-Soviética realizaba semanas de la amistad germano-soviética, viajes de estudios a la Unión Soviética y cursos de ruso; otorgaba condecoraciones honoríficas a miembros que se lo merecían de manera especial y organizaba contactos por carta entre jóvenes alemanes y soviéticos.

A principios de la década de 1950, la Sociedad para la Amistad Germano-Soviética creó la consigna: “¡Aprender de la Unión Soviética significa aprender a vencer!”. La Sociedad para la Amistad Germano-Soviética es historia desde hace 25 años. Pero su espíritu flota todavía por el país: sólo que hoy ya no se trata de la amistad organizada entre dos pueblos, sino de la relación entre dos culturas, de las cuales una es agresiva y la otra defensiva, en la que la cultura agresiva se concibe como víctima de la defensiva y la cultura defensiva lleva a cabo todas las contorsiones posibles para no ser tomada por agresiva.

¿Islam bueno, islamismo malo?

Tras el ataque a la redacción de Charlie Hebdo, en todos los medios se hablaba no sólo de los muertos, que estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado, sino de la obligación de la sociedad de mantener la decencia. Sigmar Gabriel alertaba incluso en el día del baño de sangre de no “instrumentalizar” un ataque de violencia semejante para “declarar a todos los musulmanes criminales o islamistas”, lo que nadie había hecho ni en Alemania ni en Francia. Lo que en Francia había pasado, según el líder del SPD, no tenía “nada que ver con el islam”, sino que “yo diría más bien con el placer por la muerte y el terrorismo”.

Quien ponga ahora “a los musulmanes bajo sospecha general”, decía el ministro de justicia Heiko Maas, sólo querrá “dividir la sociedad y fomentar el odio”. Al final del día no se sabía con quién se tenía que tener más compasión, si con las víctimas del ataque o con la una y otra vez agravada “mayoría pacífica de los musulmanes” que no se merecía que se le pusiera bajo una “sospecha general”.

Para el ministro del interior Thomas de Maizière, esto no era todavía suficiente. Exigió a YouTube que eliminara un vídeo de 42 segundos de duración en el que se veía, entre otras cosas, cómo uno de los terroristas ejecutaba a un policía que yacía herido en el suelo con un tiro directo a la cabeza. Se podrán “ver muchas cosas en YouTube”, dijo de Maizière, pero “no todo lo que de alguna manera se pone allí debe estar”.

Una declaración semejante testimonia no sólo el deseo de hacer que desaparezca lo acontecido, sino también una ignorancia catastrófica de la materia. Así como no se puede hacer que por arte de magia la leche derramada vuelva a la botella, tampoco se puede sencillamente eliminar par ordre du mufti[1] un vídeo que circula por la red. Un ministro, que es responsable de la seguridad nacional, debería saberlo.

El socialismo real fue un fracaso único

Volvamos al inicio. Hay sorprendentes paralelos entre los esfuerzos de la Sociedad para la Amistad Germano-Soviética, que idealizaba en cuentos de hadas lo que sucedía en la Unión Soviética, y el ejercicio, con el tiempo ampliamente difundido, de querer entender el islam únicamente como una “religión de paz”. Ambas funcionan con el mismo truco.

La mala gestión y el nepotismo de la URSS no tenían nada que ver con el socialismo. No había miseria, no había paro, no había corrupción y no había criminalidad, a excepción de los disidentes y otros “elementos negativos”. El socialismo era el paraíso en la tierra, un garante del bienestar individual y colectivo.

Estúpidos eran sólo los que no querían participar en este proyecto. La verdad era que el socialismo era en todas partes una cosmovisión tolerante que coexistía pacíficamente con otras cosmovisiones, cuando no estaba en el poder. No obstante, en todos los sitios donde partía el bacalao se acababa rápidamente el pacifismo y la tolerancia.

De manera semejante se actúa ahora con el islam. Al-Qaeda, Boko Haram, el Estado Islámico y los talibanes no tienen nada que ver con el islam. El régimen de los ayatolás no tiene nada que ver con el islam. Las luchas sangrientas entre chiitas y suníes no tienen nada que ver con el islam. Cuando en Arabia Saudí se azota a los blasfemos y se lapida a las adúlteras, esto no tiene nada que ver con el islam.

¿Capitalista bueno, capitalismo malvado?

Los atentados del 11-S no tenían nada que ver con el islam. Tampoco lo que sucedió en Londres, Madrid, Bombay, Bali, Boston, Sídney, Bruselas y Toulouse tenía nada que ver con el islam. Pues el islam significa “paz” y la yihad, así lo escuchamos una y otra vez, no significa “guerra santa”, sino “esfuerzo interior” para lo que sea. En cualquier religión hay fanáticos, pero en ninguna otra se insiste con tanta obstinación en que éstos nada tienen que ver con la religión a la que invocan.

La diferenciación entre el islam bueno y el islamismo malvado es, si se considera objetivamente, tan arbitraria como entre la del socialismo en sí y el socialismo real existente. Con todo, se diferencia incluso todavía más. Hay también islamistas “moderados”, “estrictos creyentes” y “fanáticos”. Ya sólo esta matización muestra que el islamismo no es lo contrario al islam, sino una de sus variantes.

Esto causa la extraña sensación de que a nadie se le haya ocurrido todavía diferenciar entre capital y capitalismo y salvar con ello el honor del capital y echar la culpa de todos los efectos colaterales negativos al capitalismo. Para ello habría una cantidad de buenos testimonios. ¿No habían mostrado compasión los Fugger por los pobres y los necesitados? ¿No habían construido los Krupps uno de los primeros polígonos obreros? ¿No se preocupa conmovedoramente Wolfgang Grupp (Trigema) por sus trabajadores?

Como vemos: el capital es bueno, el capitalismo es malvado. Sólo habría que transmitir correctamente el mensaje. ¿Qué tal con la consigna “¡Aprender del islam significa aprender a vencer!”?



[1] Esta expresión se suele usar en alemán con intención irónica. El muftí, como intérprete de la sharia en el islam, es el único capacitado para emitir fatuas. En este sentido, se utiliza para señalar que se reciben órdenes desde lo más alto de la jerarquía de rango o, también, para indicar arbitrariedad. (Nota del traductor).