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#JeNeSuisPasCharlieEtVousNonPlus

(English version here)

 china-flag-wave

            En la oscura esquina de un callejón una joven grita pidiendo ayuda mientras un fornido malhechor la empuja contra la pared con la intención de violarla. En el edificio de enfrente una multitud se une para ayudarla, encendiendo sus flamantes iPhone y twitteando los más diversos hashtags: #UnidosXElla, #ApoyoalasVictimas, #HacedAlgo, #HaciendoAlgo… La misma multitud que esta semana clama unida en las redes sociales que #JeSuisCharlie. Pero no, no lo son en modo alguno. Porque los empleados del semanario francés de izquierdas están muertos y ellos no. Gracias a la tecnología, estas personas que otrora se hubiesen encerrado asustadas en sus dormitorios pueden ahora sentirse moralmente superiores con tan sólo catorce caracteres. Como recordó magistralmente en una ocasión Ayaan Hirsi Ali, “podéis escupir sobre la libertad porque no sabéis lo que es no tener libertad”.

            Entretanto, en las antípodas de Occidente, más libertades son saqueadas a aquellos que nunca las han conocido –ni parece preocuparles lo más mínimo–. El año nuevo se inauguró en la República Popular China con la censura definitiva de gMail, la plataforma de correo electrónico de Google, que ya venía haciendo aguas desde al menos 2012. Como ya comenté en una ocasión, un año antes un profesor de márquetin de una conocida escuela privada barcelonesa me había asegurado que China se estaba abriendo y que muy pronto renunciaría a la censura en la red. Hasta qué punto tienen razón aquellos que auguran una “Primavera China” queda manifiesto en los recientes atropellos a la libertad de expresión que está llevando a cabo el gobierno del gigante comunista. Mientras 2012 vio la censura de los pechos desnudos de Kate Winslet en Titanic 3D –vistos en los cines chinos cinco años antes, en 1997, sin altercados–, 2015 ha comenzado con el bloqueo permanente de gMail, un servicio que no sólo utilizan muchos extranjeros viviendo en China, sino también un número no menor de ciudadanos chinos, incluidos miembros del gobierno.

            Esto, que podría parecer meramente anecdótico al lector, deja de serlo cuando se investiga un poco y se va más allá de lo que los medios occidentales denuncian. En los últimos diez días el acceso a un gran número de páginas web extranjeras ha sido restringido hasta tal punto que utilizar cualquier servicio que funcionase con una dirección IP no china resultaba inviable. Esto incluye, por supuesto, los programas que chinos y extranjeros utilizan para saltarse el Gran Cortafuegos con el que el gobierno chino veta el acceso a Facebook, Google, Twitter o Youtube, pero también otros servicios como Hotmail (Fig. 1) o páginas web cuyo dominio es .cat, desde la Biblioteca Nacional de Cataluña hasta la misma Generalidad. Olvídese también de actualizar programas de uso habitual no chinos, como Chrome, Microsoft Office, Adobe Reader, Java, Flash o su antivirus preferido.

HotmailChina

Fig. 1. Acceso a www.hotmail.com bloqueado en China (10/1/2015).


           Simultáneamente, otro hecho “anecdótico” muestra cuan equivocados están los que piensan que China avanza, mejora y se liberaliza bajo el mandado de su nuevo timonel, Xi Jinping. Coincidiendo con su anuncio de “marximizar” más todavía China para liberarla de las malas influencias occidentales –pues, como todos sabemos, Karl Marx era chino–, una de las emisoras más populares del país ha comenzado a emitir de nuevo “La Leyenda de Wu Meiniang” (Wu Meiniang chuanqi), serie que había sido suspendida temporalmente por “motivos técnicos”. Por “motivos técnicos” entiéndase, en la jerga eufemística del Partido Comunista Chino, los provocativos escotes de época que vestían las protagonistas y que, según parece, no siguen los parámetros morales de la República Popular China. La solución ha sido recortar la imagen a la altura del cuello para que todas las mujeres que aparecen en la pequeña pantalla no muestren sus encantos femeninos (Fig. 2), lo cual ha traído consigo, dicho sea de paso, más de una decapitación improvisada. Resulta sin duda altamente significativo, y harían bien en tomar nota de ello los adalides del “sueño chino”, que estos sugerentes escotes femeninos propios de la China del s. VII resulten escandalosos en la moderna y desarrollada China del s. XXI. Diríase que los musulmanes no son los únicos viviendo todavía en el desierto árabe del siglo séptimo.


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Fig. 2. Censura de "escotes" en la serie "La Leyenda de Wu Meiniang"