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Iglesias vacías, mezquitas llenas[1]

 mohammed bomb

             Los signos de la decadencia de Occidente son evidentes y claros para todos los que los quieran ver. Un paseo por cualquiera de las grandes ciudades europeas, americanas o rusas deja entrever una realidad oscura e inquietante que augura un futuro nada halagüeño.

                Uno de estos signos, si no el más importante y decisivo, tiene que ver con lo espiritual, es decir, con la religión, cuya función, como la etimología de su propio nombre indica, ha sido desde siempre la de mantener unida y cohesionada a la sociedad, esto es, a la comunidad. Un pueblo deja impronta en la historia cuando tiene una religión que le otorga unidad y fuerza, perdiendo su carácter y volviéndose débil cuando abandona los valores afirmativos y vitales que su religión le proporcionaba. Los griegos en la Antigüedad y los vikingos en la Edad Media son ejemplos indiscutibles de esta realidad.

                Un estudio publicado recientemente pone de relieve el estado actual del cristianismo en Europa, resaltando la alarmante situación en la que se encuentran las diversas iglesias tanto católicas como protestantes. Los datos hablan por sí mismos:

1.En Inglaterra, se cierran cerca de 20 iglesias al año.
2.En Dinamarca, alrededor de 200 iglesias han sido consideradas como inviables o infrautilizadas.
3.En Alemania, la Iglesia Católica ha cerrado unas 515 iglesias en la última década.
4.En Holanda, la Iglesia Católica estima que dos tercios de sus 1.600 iglesias dejarán de funcionar en una década. Por su parte, los protestantes prevén cerrar 700 iglesias en los próximos cuatro años.
5.En España, no sólo están las iglesias cada vez más vacías, llegando incluso a no habitar en ellas el párroco correspondiente, sino que también las vocaciones son tan ínfimas que se tienen que importar sacerdotes de Latinoamérica para poder mantener las ya de por sí escasas parroquias.

                Mas donde se refleja el destino que le espera al cristianismo en Occidente es, sobre todo, en el Norte de Europa. Así, por ejemplo, se observa cómo en Alemania las iglesias están siendo vendidas a los musulmanes para que éstos las transformen en mezquitas, mientras que en Holanda, Inglaterra o Escocia las iglesias vacías pasan a ser o bien un supermercado, una floristería, una librería, un gimnasio o una pista para practicar skateboarding (Holanda), o bien una escuela para aprender a trabajar en un circo (Inglaterra), o bien un bar temático dedicado a Frankenstein (Escocia). En el mejor de los casos, las iglesias vacías que poseen un tamaño reducido son ofertadas en el mercado inmobiliario como casas para uso privado como sucede en Inglaterra o en Escocia.

                Por lo que se refiere al estado de las otras religiones abrahámicas en Europa, el judaísmo se mantiene y el islam, antaño minoritario, crece de manera desorbitada gracias al constante y creciente flujo de inmigrantes procedentes de África y de Oriente Medio. De este modo, mientras que este colectivo representaba en 1990 el 4,1% de la población total europea y en el 2010 constituía el 6%, ahora se espera que en el 2030 alcance la cifra del 8%, lo que traducido en números redondos significa 58 millones de personas. Con estos datos en la mano, no queda sino que calificar de proféticas las palabras pronunciadas por el Coronel Gadafi poco antes de ser asesinado, según las cuales el dominio musulmán de Europa y, por ende, del mundo no se llevaría a cabo por medio de la violencia, sino a través de la inmigración y, más en concreto, de la reproducción de estos inmigrantes.

                La desaparición del cristianismo en Europa es una realidad que está tomando cuerpo de manera inquietante día tras día. Lo que podría ser un símbolo de gozo y de alegría para izquierdistas o ateos, se convierte, sin embargo, en seria preocupación para todos aquellos que, sin ser cristianos, reconocen el valor histórico que esta religión de origen judío ha tenido en el destino de Europa. Así, la honestidad intelectual exige un profundo agradecimiento al cristianismo por los momentos memorables y respetables de su historia, en los cuales ofreció una heroica resistencia a los deseos de conquista y de destrucción que ha caracterizado y caracteriza todavía hoy en día a la religión de los seguidores de Mahoma.

          La situación del cristianismo en Europa es y debe ser, por consiguiente, objeto de inquietud no sólo para los creyentes, sino también y principalmente para todos los que se sienten profundamente europeos y contemplan a los seguidores del epiléptico alucinado del siglo VII como un enemigo todavía más despreciable y peligroso para la cultura europea nacida en Grecia y en Roma que la secta judía fundada hace más de 2.000 años por Jesucristo.



[1] Estas reflexiones se llevan a cabo a partir del reportaje de Naftali Bendavid, «Europe’s Empty Churches Go on Sale», publicado en la versión europea del Wall Street Journal el día 5 de enero de 2015, en las págs. 1 y 10-11.