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Discurso de Geert Wilders en la Zona Cero (11 de septiembre de 2010)

Islam y libertad tras el 11-M 

 Geert-Wilders

Vídeo del discurso pronunciado por Geert Wilders en la Zona Cero, el 11 de septiembre de 2010, y selección fotográfica:

 

 



Queridos amigos, ¿puedo pedirles que permanezcan en silencio durante diez segundos? Tan solo guarden silencio y escuchen. Diez segundos. Y escuchen… Lo que oímos son los sonidos de vida de la mejor ciudad sobre la Tierra.


No existe lugar alguno en el mundo, ni lugar alguno en la historia de la humanidad tan ricamente variado, vibrante y dinámico como la ciudad de Nueva York. Se oyen los coches, se oye a la gente, se les oye apresurándose a sus diferentes destinos, se oyen los sonidos de los negocios y del placer, se oyen los gozos y se oyen los llantos, los excitantes sonidos de la actividad humana. Y así es como debe ser.


Siempre. Ahora cierren los ojos –sé que es un bonito día, pero cierren los ojos. Me han dicho que tal día como hoy, hace nueve años, era también un bonito día –y recuerdo, o intento recordar, o intento imaginar los sonidos que aquí se oían en este punto, bajo este mismo cielo azul, hace exactamente nueve años. El sonido de la conmoción, el sonido de la destrucción, el sonido del pánico, el sonido del dolor, el sonido del terror.


¿Se merecía Nueva York esto? ¿Se merecía América esto? ¿Se merecía Occidente esto? ¿Qué le dirían ustedes, amigos míos, a la gente que afirma que Nueva York, que América, que Occidente debe culparse a sí mismo de esos horribles sonidos?


Hay gente en esta ciudad que afirma esto. Y están enfadados porque nos reunimos hoy, aquí, para conmemorarlo, para resistir, para trazar una línea. Amigos míos, he venido del otro lado del Atlántico para compartir vuestro pesar por aquellos que murieron aquí hace nueve años. No he olvidado cómo me sentí aquel día.


Las imágenes están marcadas en mi alma, como lo están en las vuestras.


Pero nuestros corazones no se rompieron de igual forma que los corazones de los familiares y amigos de aquellos que perdieron sus vidas aquí. Muchos familiares de las víctimas están entre nosotros hoy.


Deseo aprovechar la ocasión para expresar mis más profundas y mis más sinceras condolencias a ellos y a todas las personas de Nueva York y América. Humildemente, estoy aquí ante ustedes como holandés y como europeo.


Yo tampoco puedo, sin embargo, olvidar. ¿Cómo podría alguien olvidar?


Permítanme recordarles las palabras de la canción 9/11 de Darryl Worley.


“¿Has olvidado cómo te hizo sentir aquel día?”

“Ver tu patria en llamas”

“Y a sus gentes destrozadas”

“¿Has olvidado cuándo cayeron esas torres?”.


Tenemos vecinos que todavía viven un infierno y la respuesta de Worley es nuestra respuesta: No, nosotros NUNCA olvidaremos. Estamos aquí, hoy, porque no hemos olvidado a todos aquellos que amamos y que perdimos, ni a aquellos que quedaron para seguir adelante.


Ni tampoco el mundo. Cuando las fuerzas de la Yihad atacaron Nueva York, atacaron al mundo. Entre los que murieron había gente de 55 naciones, gente de todas las religiones y de todas las creencias. Ningún lugar sobre la tierra tenía tanta fuerza laboral multiétnica, multirracial y multilingüe como las orgullosas torres de Nueva York.


Por eso mismo fueron su objetivo. Constituían un insulto a esos que mantienen que no puede haber colaboración pacífica entre las gentes y las naciones sin someterse a la Sharia; a aquellos que desean imponer el sistema legal del Islam al resto de nosotros.


Pero Nueva York y la Sharia son incompatibles. Nueva York representa la libertad, la apertura y la tolerancia. El alcalde de Nueva York dijo recientemente que Nueva York está “basado en la tolerancia holandesa”.


Estas palabras son indudablemente verdaderas. Nueva York no es intolerante. ¿Cómo podría serlo? Nueva York está abierto al mundo. Supongamos que Nueva York fuese intolerante. Supongamos que no permitiese a gente de una determinada creencia dentro de sus fronteras.


Entonces sería como la Meca, una ciudad sin libertad. Sea cuál sea tu religión, creencia o género, en Nueva York encontrarás un hogar.


En la Meca, si tu religión no es el Islam, no eres bienvenido. El imam Feisal Abdul Rauf reivindica su derecho a construir una mezquita, una casa de la Sharia, aquí –en este suelo santificado.


Pero, amigos, ni yo he olvidado ni ustedes tampoco.


Por eso estamos hoy aquí. Para trazar una línea.


Aquí, en este punto sagrado. Estamos aquí en el espíritu de los padres fundadores de América. Estamos aquí en el espíritu de la libertad. Estamos aquí en el espíritu de Abraham Lincoln, el presidente que liberó a los esclavos. El presidente Lincoln dijo: “Aquellos que niegan a otros su libertad, no se la merecen para ellos mismos”.


Estas palabras son la clave de nuestra supervivencia. La tolerancia, que es crucial para nuestra libertad, requiere una línea de defensa. El alcalde Bloomberg usa la tolerancia como argumento para permitir al imam Rauf y a sus patrocinadores construir la que llaman Mezquita Córdoba.


El alcalde Bloomberg olvida, sin embargo, que la apertura no puede carecer de límites. Una sociedad tolerante no es una sociedad suicida.


Debe defenderse a sí misma contra los poderes de la oscuridad, la fuerza del odio y la peste de la ignorancia. No puede tolerar al intolerante –y sobrevivir.


Esto quiere decir que no debemos dar carta blanca a aquellos que quieren subyugarnos. Una aplastante mayoría de americanos se opone a la construcción de esta mezquita.


Así también una aplastante mayoría en todo el mundo no-islámico.


Porque nos hemos dado cuenta de qué está en juego. Sabemos lo que significa realmente la llamada Mezquita Córdoba. El Imam Rauf mantiene que la ley secular americana y la ley de la Sharia están basadas en los mismos principios.


Rechaza condenar a los terroristas porque dice que el terrorismo es “un problema complejo”. Dice que América es "cómplice del crimen cometido en el 11-S”.


“En realidad”, dijo literalmente, “hablando sin tapujos, Osama bin Laden fue creado en los Estados Unidos”.


También dice que “el terrorismo sólo acabará cuando Occidente reconozca el daño que ha hecho a los musulmanes”.


Ésta es la razón por la cual este hombre no puede seguir el juego que tiene en mente aquí, en Manhattan. Su mensaje de “Culpa a Occidente, Culpa a América” es un insulto. Los americanos –y por extensión, todos aquellos de nosotros cuya civilización fue también atacada el 11 de septiembre del 2001– no son culpables de lo que ocurrió aquí hace hoy nueve años. Osama bin Laden no fue creado en los Estados Unidos.


Occidente nunca “dañó” al Islam antes de que éste nos dañase a nosotros.



La mayor parte de los americanos no quieren que la denominada Mezquita Córdoba se construya aquí. Entiende que esto es tanto una provocación como una humillación. Entiende la triunfante narrativa de una mezquita nombrada a partir de la Gran Mezquita de Córdoba, construida donde estuvo una catedral cristiana antes de que esas tierras fueran conquistadas por el Islam.


Una aplastante mayoría de americanos se opone a construir un centro cultural islámico cerca de la Zona Cero. No faltan mezquitas en Nueva York. Hay docenas de edificios en los cuales los musulmanes pueden rezar. No es por falta de espacio para sus plegarias.


Es por su significado simbólico. Aquellos que hemos venido hoy a hablar, nos oponemos a este proyecto de la mezquita porque su promotor y sus ricos patrocinadores nunca han sugerido construir un centro para promover la tolerancia y el entendimiento entre distintas confesiones donde realmente es necesario: en la Meca –una ciudad donde a los no musulmanes no se les permite siquiera entrar, menos aún construir iglesias, sinagogas, templos o centros de comunidades.


El americano corriente se opone al proyecto de la mezquita porque hay actualmente no menos de diez proyectos de mezquitas multimillonarios planeados en los Estados Unidos, así como docenas en Europa, mientras ni una sola iglesia se permite en el reino de Arabia Saudí, mientras a los judíos no se les permite mover sus labios en oración en el Templo del Monte de Jerusalén, mientras los cristianos más antiguos del mundo, los coptos, no son libres de renovar sus iglesias, menos aún construirlas en Egipto.


Amigos míos, esto es por lo que estamos hoy aquí. Lo que ocurre en Nueva York debe ser visto en una perspectiva mundial.


Los eventos de hace nueve años tuvieron un enorme impacto en todas partes. La mayor parte de la gente compartió vuestro dolor, pero, desafortunadamente, algunos no.


Hace nueve años, cuando las noticias de esta terrible atrocidad sobre Nueva York llegaron a Europa, jóvenes musulmanes bailaron en las calles. En un sondeo, dos tercios de los musulmanes inmigrantes en los Países Bajos expresaron entender parcial o completamente a los terroristas del 11-S.


Si se construyese una mezquita en la Zona Cero, estas personas se sentirían victoriosas. Pero nosotros, nosotros no traicionaremos a aquellos que murieron el 11-S.


Por ellos, no podemos tolerar una mezquita en o cerca de la Zona Cero. Por ellos, alto y claro, decimos: ¡No a una mezquita aquí! Por ellos, debemos trazar una línea. Para que Nueva York,  basado en la tolerancia holandesa, nunca llega a convertirse en Nueva Meca.


Pero expresemos nuestra gratitud a los héroes del 11-S, a aquellos que cayeron en aquel campo de Pensilvania, a aquellos que vigilaban la libertad en el Pentágono y a aquellos que aquí, en Nueva York, nueve años atrás, arriesgaron y perdieron sus vidas por las víctimas.


Amigos, en honor a estas víctimas, a estos héroes y a sus familias, creo que las palabras que Ronald Reagan dijo en Normandía en el 40 aniversario del Día D resuenan con un nuevo sentido en este punto santificado.


El presidente Reagan dijo: “Siempre recordaremos. Siempre estaremos orgullosos. Siempre estaremos preparados para ser siempre libres”. Y nosotros también siempre recordaremos a las víctimas del 11-S y a aquellos queridos familiares que dejaron atrás; nosotros también estaremos siempre orgullosos de aquellos héroes; nosotros siempre defenderemos la libertad, la democracia y la dignidad humana; en el nombre de la libertad: ¡No a una mezquita aquí!

- Traducción de César Guarde