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La decisión de Ferguson

(Editorial del WSJ publicado en su versión impresa europea el 26 de noviembre de 2014, pág. 12)

 

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Una medida –quizás la medida– de una sociedad civilizada es el respeto que muestra por el gobierno de la ley. La decisión de un gran jurado de no imputar al oficial de policía de Ferguson, Missouri, Darren Wilson por disparar al adolescente negro desarmado Michael Brown es una prueba para los Estados Unidos.

La extensa presentación que el lunes por la noche realizó el fiscal del Condado de St. Louis Robert McCulloch, en la que exponía las evidencias pareció ser minuciosa. Un jurado de doce ciudadanos, escogidos mucho tiempo antes de que este caso apareciera y que incluía a tres ciudadanos americanos de raza negra, revisó 70 horas de testimonios, escuchó a 60 testigos y deliberó durante dos días. Las afirmaciones públicas de algunos testigos probaron ser falsas después de un examen de las evidencias físicas, dijo el señor McCulloch, incluyendo las afirmaciones emitidas por televisión de que se había disparado por la espalda a Brown. Brown se parecía a un sospechoso identificado en un robo local y existen evidencias de que se aproximó al coche del Sr. Wilson para golpearle.

A los miembros del jurado se les presentaron cinco cargos potencialmente criminales, incluyendo homicidio involuntario y los cinco fueron rechazados. Las evidencias se hicieron públicas después de la conferencia de prensa del señor McCulloch, de manera que los demás pudieran examinar concienzudamente el informe y formarse su propio juicio. El proceso y la transparencia habían parecido ser, al menos hasta este momento, un reconocimiento para los funcionarios locales.

La falta de imputación desilusionará e incluso enfurecerá a muchos de los que creen que Michael Brown es como muchos otros jóvenes negros que han sido asesinados por la policía. La familia Brown expresó su profunda desilusión, pero para su reconocimiento pidió calma y canalizar cualquier indignación en acciones positivas de manera que se produzcan menos episodios semejantes.

El Presidente Obama fue a la sala de conferencias de la Casa Blanca y ofreció su propio consejo de que toda protesta debía ser pacífica y citó la afirmación del padre de Brown de que “herir a otros o destruir propiedades no es la respuesta”. En uno de esos momentos surrealistas de esta época de medios de comunicación, el señor Obama hizo estos comentarios mientras se mostraban escenas de las protestas, humo en las calles y disturbios policiales en Ferguson.

El Presidente tenía razón cuando habló sobre los progresos que los Estados Unidos han hecho en las relaciones raciales, mientras señalaba a la vez el legado de desconfianza que a veces subsiste entre la policía y las “comunidades de color”. Fue uno de sus mejores momentos y debería llevar al diálogo

y no a la destrucción.