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Yihad en Jerusalén

(Editorial del Wall Street Journal publicado en la edición europea del jueves día 20 de noviembre de 2014, pág. 15)

 

http://online.wsj.com/articles/jihad-in-jerusalem-1416356018

 mohammed bomb

Para entender por qué la paz en Palestina está a años o incluso a décadas de distancia, consideren las celebraciones palestinas después del asesinato del martes en una sinagoga de Jerusalén de cinco israelíes, tres de ellos con doble nacionalidad norteamericana. Dos primos palestinos armados con cuchillos de carnicero y una pistola atacaron a los fieles durante el rezo matutino y la respuesta fue de júbilo en las calles[1].

El Frente Popular para la Liberación de Palestina reclamó la responsabilidad, mientras que Hamás elogiaba los asesinatos como una “respuesta a los continuos crímenes israelíes”. El principal obstáculo para la paz no son los asentamientos judíos en la ciudad multi-religiosa de Jerusalén. La barrera es la cultura del odio contra los judíos alimentada por los líderes palestinos.

El Presidente palestino Mahmoud Abbas condenó los asesinatos, pero no sin hacer antes una llamada a Israel para que parase lo que él denomina “invasiones” de la sagrada mezquita Al Aqsa de Jerusalén. El señor Abbas había dicho previamente que la Explanada de las Mezquitas estaba siendo “contaminada” por los judíos, a pesar de las garantías del Primer Ministro Benjamín Netanyahu de que la Cúpula de la Roca y la mezquita Al Aqsa eran sólo para el culto musulmán. El servicio de noticias Memri informa que el número del 29 de octubre del diario palestino Al-Hayat Al-Jadida estaba repleto de falsas acusaciones sobre el hecho de que Israel está dañando los lugares santos de Jerusalén.

El Secretario de Estado de los Estados Unidos John Kerry culpó del ataque del martes a una “incitación” general, pero el señor Abbas era uno de los incitadores.

Los asesinatos son lo peor en una reciente escalada de ataques palestinos, que algunos llaman tercera “intifada” o levantamiento espontáneo contra Israel. Pero hay pocos acontecimientos espontáneos en una sociedad dominada por facciones militares armadas. La última intifada, después del fracaso de las conversaciones de paz de Bill Clinton en el 2000, también se decía que era espontánea hasta que se puso de manifiesto que Yasser Arafat la estaba dirigiendo.

La finalidad de esta nueva yihad es coaccionar a los israelíes a aceptar una Jerusalén dividida, una demanda capital palestina en las conversaciones de paz que acaban de fracasar. Sin embargo, es sólo bajo el dominio israelí que todas las religiones han sido respetadas en Jerusalén. En el 25º aniversario de la caída del Muro de Berlín, el mundo no debería ir dividiendo ciudades.

El Presidente Obama condenó el ataque, pero su gobierno también ha hecho daño denunciando la construcción israelí en el municipio de Jerusalén. La administración de George W. Bush garantizó en una carta del 2004 al anterior Primer Ministro Ariel Sharon que un futuro tratado de paz requeriría algunos ajustes fronterizos en Cisjordania dependiendo de la realidad sobre el terreno. En 2009 Hillary Clinton dijo que la carta de Bush no tenía vigencia, alentando así la esperanza palestina de una Jerusalén dividida.

Lo que Israel necesita ahora es la confianza de que los EE.UU. no recompensarán estos actos de yihad intimidando al señor Netanyahu para que retome las negociaciones con el señor Abbas. El Primer Ministro israelí tiene completo derecho a renunciar a reunirse con el señor Abbas hasta que la Autoridad Palestina finalice la incitación a la violencia.

La mejor manera de prevenir otra intifada es asegurar a Israel que los EE.UU. apoyan su auto-defensa, a la vez que se advierte a los palestinos de que no tendrán nunca una patria mientras sigan cultivando una sociedad que celebra el asesinato de inocentes en nombre de la religión.

 



[1] Lo cual contrasta radicalmente con la actitud de Israel frente a los crímenes realizados por judíos contra los palestinos: «La mañana del 25 de febrero de 1994, la festividad judía de Purim, Baruch Goldstein, un activista de extrema derecha que vivía en el pueblo de Cisjordania de Kiryat Arba, entró en la Tumba de los Patriarcas en Hebrón y disparó contra 29 musulmanes que estaban rezando. El horror dentro de la sociedad israelí fue devastador e indiscutible. Hablando desde el pódium de Knesset, el Primer Ministro Yitzhak Rabin excomunicó a Goldstein del pueblo de Israel. Los dos principales rabinos de la ciudad denunciaron el ataque como una profanación del nombre de Dios, el máximo pecado judío. La publicación oficial del movimiento de asentamientos de Cisjordania, Nekudah, denunció a Goldstein, un colono, como una mácula en su campo. Sólo un suburbio radical intentó justificar y explicar la masacre como respuesta a las provocaciones palestinas». Cfr. Yossi Klein Halevi, «The War on the Israeli Home Front», Edición europea del WSJ, 20 de noviembre de 2014, pág. 16. Nota del traductor.