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La ofensa “Estado de Palestina” de Suecia

(Artículo publicado en el Wall Street Journal el 16 de noviembre de 2014)

http://online.wsj.com/articles/barry-fisher-and-peter-sichrovsky-swedens-state-of-palestine-offense-1416179645

Antes de que el resto de la Unión Europea la imite, los miembros podrían querer considerar la historia de Suecia.

Por Barry A. Fisher y Peter Sichrovsky

mohammed bomb

El nuevo gobierno sueco de coalición de verdes y socialdemócratas reconoció oficialmente el 30 de octubre “el Estado de Palestina”, pasando por encima de la oposición de Israel, los EE. UU. y otras naciones. Suecia lo hizo incluso cuando el proceso de paz entre Israel y los palestinos está basado en el principio de que una paz duradera tiene que ser el resultado de un acuerdo negociado, no de acciones unilaterales. Tampoco Palestina cumple con los criterios tradicionales para su reconocimiento como estado como, por ejemplo, el ejercicio efectivo e independiente de un control gubernamental sobre un territorio y una población definidos.

Suecia es ahora el primer miembro de la Unión Europea en reconocer a Palestina. No hay duda de que el controvertido paso provocó una atención añadida a causa de la imagen de Suecia como nación de principios e imparcial, como un líder en la política internacional. ¿Es el reconocimiento de Palestina por parte de Suecia coherente con esta imagen o refleja una realidad histórica menos benigna? Esta segunda opción parece acercarse más a la verdad.

En 1937, cuando los judíos huían de la persecución, Suecia promulgó una ley anti-judía que prohibía la preparación de comida kosher, una ley que todavía continúa vigente. En el 2001 Suecia aprobó una ley que limitaba la práctica judía del ritual de la circuncisión en recién nacidos, una acción que el Congreso Judío Mundial calificó como “la primera restricción legal de una práctica religiosa judía en Europa desde la época nazi”.

En el 2010, el Jewish Daily Forward de Nueva York informó que miembros del parlamento sueco habían participado en manifestaciones donde fueron visibles exhibiciones antisemitas y contra Israel, incluyendo la quema de banderas de Israel y el ondear de pancartas de las organizaciones terroristas Hamás y Hezbolá. En el 2012 Moshe Kantor, presidente del Congreso Judío Europeo, dijo que Suecia se había convertido en “un centro de antisemitismo”.

Un informe del 2013 del Coordination Forum for Countering Antisemitism, un centro creado por el gobierno de Israel, halló “un marcado incremento de incidentes antisemitas registrados en Suecia”, incluyendo un aumento del 40% en la primera mitad del año. Para la primavera y el verano de 2014, la CFCA informó, por ejemplo, que un centro juvenil en el sur de Suecia había sido destrozado y se habían pintado grafitis antisemitas, un judío en Malmö había sido golpeado con tuberías de hierro por tener colgada la bandera de Israel en su ventana y una judía en un suburbio de Uppsala había sido brutalmente golpeada por llevar una Estrella de David.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el país sirvió de refugio para los judíos evacuados de Dinamarca en 1943. Los judíos han honrado durante mucho tiempo al diplomático sueco Raoul Wallenberg, destinado a Budapest, por salvar varios judíos húngaros durante la Segunda Guerra Mundial. No obstante, el trato de Suecia a los judíos hasta y durante la Segunda Guerra Mundial fue a menudo cualquier cosa menos ejemplar y condescendiente. En 1685, el Rey Carlos XI prohibió a los judíos vivir en Suecia “debido al peligro de la posible influencia de la religión judía sobre la pura fe evangélica”. En 1800 los judíos podían vivir en Suecia, pero bajo numerosas restricciones. La legislación de igualdad de derechos no llegó hasta 1910.

Oficialmente neutral, Suecia se convirtió en un aliado de facto de la política de guerra nazi. Al igual que Suiza, Suecia recibió el oro saqueado nazi. Como uno de los socios comerciales más grandes de la Alemania Nazi, Suecia fue un gran proveedor de mineral de hierro de alta calidad para la industria de acero alemana y de manufacturaciones importantes para la guerra como cojinetes. Suiza permitió que los nazis cruzaran su territorio para el envío de suministros de guerra a y desde Italia y para que los judíos de Italia fueran enviados a la muerte. De manera similar, Suecia permitió el tránsito de los ejércitos alemanes que se dirigían a luchar contra Rusia y a ocupar Noruega.

La fuerza naval sueca escoltaba a los barcos de suministros militares alemanes, mientras la industria sueca ayudaba a los alemanes a recuperarse de las pérdidas sufridas por los bombardeos aliados. Alemania tenía interés en las compañías suecas durante la guerra y Suecia ejecutó su exclusión laboral judía. Incluso después de la guerra, Suecia prolongó las negociaciones con los aliados para restaurar el oro saqueado. Argumentando que no era responsable por el oro adquirido antes de la declaración de 1943 que invalidaba las transferencias de activos durante la guerra en países ocupados, Suecia fue capaz de posponer hasta 1955 el pago de millones de dólares en la restitución de oro holandés.

Los abogados (incluyendo un coautor de este artículo, Barry A. Fisher) y las organizaciones implicadas en llevar demandas en los EE.UU. contra los bancos suizos y otros por sus actividades durante la época del Holocausto, también tuvieron como objeto de litigio la industria sueca que se aprovechó del nazismo. Pero las controversias sobre los casos de industrias suizas, alemanas y austríacas y su eventual acuerdo tuvieron como uno de sus resultados la decisión de  dejar a Suecia al margen. Su inmerecida imagen de pureza permaneció durante mucho tiempo intacta.

En este contexto, quizás no sea tan sorprendente la reciente voluntad de Suecia de reconocer oficialmente el “estado” de Palestina. En las últimas semanas, los legisladores socialistas franceses han empezado presuntamente a preparar una propuesta de ley para reconocer a Palestina y la Casa de los Comunes de Gran Bretaña pasó una moción no vinculante instando al gobierno a reconocer el estado palestino. El parlamento español se espera que haga lo mismo esta semana. Gran Bretaña, Francia y España harían bien en ponderar el ejemplo sueco antes de seguirlo.


El señor Fisher, defensor legal de los derechos humanos, fue abogado en el litigio norteamericano contra Suiza, Alemania y Austria por el Holocausto. El señor Sichrovsky, antiguo diplomático y miembro del Parlamento Europeo, es un periodista y escritor austríaco.