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Una Silenciosa Revolución Cultural

La batalla del PCC contra la cultura china

(Versión en chino clásico)

 

ConfucianCommunism21

Cuando en 1966 los comunistas chinos tuvieron la genial idea de imitar a sus homónimos alemanes –nacionalsocialistas como ellos– el mundo siguió girando. Al fin y al cabo, quemar millones de libros y destruir cientos de reliquias y templos en lo que entonces era un país lejano, desconocido y tercermundista, poco importaba a nadie. Cuando tres décadas después decidieron hacer lo propio con los estudiantes que se manifestaban en Tian’anmen, nuevamente, las reacciones no fueron más allá de las que podemos contemplar hoy cuando unas niñas cristianas son violadas o unos homosexuales ahorcados en países musulmanes: lejanos, desconocidos y tercermundistas. Pero una situación semejante difícilmente podría darse en la China actual: un país que no deja de venderse a sí mismo, para propios y extraños, como la nueva potencia económica, el nuevo “sueño chino”, la culminación del auténtico comunismo ilustrado que ningún otro país ha sabido llevar a cabo. Por ello es difícil pensar que las calles de Hong Kong se vayan a llenar de tanques disparando contra jóvenes estudiantes. Para Occidente –y esto es lo que cuenta– China no es ni Irán ni Siria. Hay que mantener las apariencias.

            Y en la “sociedad del conocimiento” no está muy bien visto quemar libros. De ahí que en los últimos años el gobierno chino haya iniciado un lento proceso de control y eliminación de la cultura china, como ya hiciera durante la Revolución Cultural. Por supuesto, para un país que no deja de practicar el onanismo histórico frente al espejo de cinco supuestos milenios, la batalla contra su propia cultura tiene que ser la propia de unos buenos tecnócratas: conservémosla, pero lejos de la gente. Que exista museísticamente en una gran nave industrial, inaccesible, fuera del alcance de todos, para poder gritar al mundo cómo el “gran sueño chino” preserva su cultura.

            Esto parece estar sucediendo en diversas bibliotecas importantes de la República Popular China. Entre ellas la Biblioteca de Dalian, en la provincia de Liaoning, en la que se conservan un gran número de libros y diarios que fueron víctimas de la Revolución Cultural en Pekín y Shanghái. Sin embargo, el gobierno local está “sellando” gran parte de su fondo anterior a 1949 –es decir, anterior a la fundación de la República Popular China, cuando el gobierno comunista no tenía un control suficiente de lo que se publicaba–. De esta manera veta el acceso a muchos libros de los cuales no se conserva ningún otro ejemplar y cuyo único pecado parece haber sido “nacer” unos años antes que el moderno Partido Comunista Chino.

            No es un caso aislado. En los últimos meses el gobierno chino no sólo ha intensificado la vigilancia en la red, cerrando por motivos políticos el acceso a LINE, Instagram, El País o el Wall Street Journal. También han caído numerosas páginas y foros dedicados a compartir libros antiguos. Libros sin copyright, cuyo único pecado es, nuevamente, haber “nacido” unos años antes que el moderno Partido Comunista Chino. Primero cerró el servicio de intercambio de archivos de Xinlan Weibo (ishare.sina.com.cn), al que siguieron otras paginas importantes, tales como Caizi Jiaren (caizijiaren.book.topzj.com), Zhongguo gudai xiaoshuo wang (bbs.zggdxs.com, ya atacada en 2010 por un conocido hacker turco), Shulin wang (bbs.ltgx.net), NamiPan (www.namipan.com), Bailing shequ (club.beelink.com.cn), o las más recientes, la inestable y ocasionalmente accesible Guoxue shudian (bbs.gxsd.com.cn) y su hermana Xueleku (www.xueleku.com).

            Casi una docena de páginas dedicadas al peligroso arte de compartir libros anteriores a 1949 desaparecen con unos pocos meses de diferencia. Según diversos miembros del Partido, se trataría de una simple casualidad y en realidad no habrían sido “cerradas”, sino que llevarían varios meses “actualizándose”. Es el mismo eufemismo que vemos en los monumentos históricos chinos: “restaurados”, entiéndase, “reconstruidos”.

            Sólo hay algo peor que repetir la historia. Y es quedarse sin historia que repetir.