Tuesday, 25. April 2017

Visitantes

1061899

Búsqueda

AGON en Facebook

Compártenos

Share to Facebook Share to Twitter Share to Linkedin Share to Myspace Share to Delicious Share to Google 

Compartir

 


Racismo con características chinas

 ConfucianCommunism21

(English version)

Atrás quedaron aquellos tiempos en los que ser un zap zuung (mestizo) en Hong Kong era considerado razón suficiente para recibir el desprecio ora de sus compañeros de estudio, ora de sus compañeros de trabajo, ora de la mayor parte de la población obrera que, huyendo de los avatares de la Revolución Cultural o del Gran Salto Adelante, había emigrado desde el sur de China a la colonia británica en busca de libertad. Hoy las miradas de resentimiento –que no esconden sino ignorancia de la propia cultura y un mayúsculo complejo de inferioridad– quedan reservadas a los barrios de la acera oeste de Nathan Road, la famosa avenida comercial que recorre medio Hong Kong desde Prince hasta Tsim Sha Tsui, dividiendo la ciudad entre hongkoneses y balcones goteantes genuinamente chinos.

Pero al otro lado de la frontera, cada vez más difusa, que separa esta ciudad de los herederos del 4-J (la fatídica fecha de la masacre de Tian’anmen), el racismo es tan habitual como el arroz de cadmio, las empanadillas de aluminio, la carne de serpiente con clembuterol, el vinagre con anticongelante o la leche adulterada con melamina. No es novedad, pues esto lo saben todos los que han –y hemos– intimado de algún modo con las comunidades chinas en el extranjero. Eso que habitualmente llamamos “inclusividad”, “introversión” o “comunidad cerrada” no es más que un eufemismo para algo que en Occidente nos asusta decir del otro pero nos apasiona imputarnos: racismo. Un racismo que al joven bisoño puede hacerle cierta gracia, pero que esconde una realidad mucho más profunda. Y es que más allá de “los laowais [viejos extranjeros] se duchan por la mañana”, “los laowais no lavan el arroz”, “los laowais no entienden que la primavera significa renacimiento” y un largo etcétera de estupideces se esconden actitudes tales como decir a los niños pequeños que “no se acerquen a los españoles, que les pegan”. De tal forma que cada vez que uno de estos niños chinos ve a un español –algo ciertamente difícil en estos tiempos que corren– no puede sino huir despavorido como un cachorrito maltratado.

La epifanía, obviamente, se experimenta cuando uno es capaz de comprender, aunque sea mínimamente, las palabras que las madres dirigen a sus hijos en dialecto de Qingtian o Wenzhou. O cuando uno, ante ciertas conductas sufridas en la República Popular China –el ojo avizor se percatará de los comensales que cambian de mesa en un restaurante o de la joven que sale repentinamente del ascensor para esperar al siguiente– descubre de la mano de su profesora de lengua china que, efectivamente, sus padres les decían en su infancia tales cosas.

Pero alguien podría presumir del anecdótico carácter de estos comportamientos o, incluso, disculparlo diciendo que es cosa de “campesinos” o que “es que hay muchos chinos”. No obstante, cuando uno se dedica a viajar por su cuenta, sin la ayuda de una tercera persona que nos libere de la insoportabilidad de la realidad, descubre una regla con muy pocas excepciones.

Es bien sabido que en los años en que el maoísmo era más coherente consigo mismo existían restricciones de todo tipo en China: ningún hotel aceptaba parejas a no ser que presentasen la correspondiente documentación certificando que estaban casadas y un gran número de hoteles, hostales y semejantes no aceptaban la entrada de occidentales. Hoy las cosas han cambiado, no hay duda. Los datos personales de las parejas que se alojan en un hotel quedan registrados –ambos tienen que dejar su documentación, a diferencia de, por ejemplo, en Hong Kong–, así como cualquier visita a la habitación, que también queda registrada como testimonio de una posible relación ilícita en caso de que el marido o la mujer del visitante pida el divorcio por infidelidad. Culpable hasta que se demuestre lo contrario.

La cuestión del alojamiento es realmente sorprendente. Nos encontramos en el año 2014 y, sin embargo, todavía es fácil toparse con hoteles en Shanghai o Shenzhen que no aceptan waibin (invitados extranjeros), a pesar de que es posible ser extranjero y hacer una reserva por teléfono o internet. En una ocasión, buscando alojamiento en Xiamen (Fujian) durante un congreso sobre literatura china que se celebraba en la vecina Fuzhou, recorrí un total de cinco hoteles hasta dar con uno que aceptase waibins. Y no estamos hablando de hostales o albergues de mala muerte –que ya de por sí no suelen aceptar extranjeros–, sino de ho-te-les, con mampostería de lujo y wifi de alta velocidad. ¿Qué sucedería si un hotel en España o en cualquier otro lugar de Occidente decidiese no permitir la entrada a extranjeros? Y, sin embargo, nosotros les reímos las gracias. Otro ejemplo prácticamente desconocido es el de los vuelos interurbanos en China. No pocas son las compañías que restringen sus servicios exclusivamente a nacionales. Imagínense un vuelo Barcelona-Madrid “para los de casa”. Pero la moral victimista occidental es tal que hace excepciones para los demás y reglas para uno mismo.

¿Y qué hay de los “servicios públicos”? Numerosos bancos –no me aventuro a decir que todos– no permiten que los extranjeros controlen sus transacciones a través de internet o que consulten su saldo a través del móvil. Grandes bibliotecas como la insigne Biblioteca Nacional de China en Pekín no permiten que los extranjeros saquen libros en préstamo, incluso si viven y trabajan de forma legal en China. Tal privilegio está reservado a los “ciudadanos chinos de más de 16 años” (véase la imagen adjunta). Más allá de los conocidos casos de censura de Google, Facebook, Twitter, LINE y el recientísimo Instagram, ¿qué pensarían si les dijera que los servicios de correo de QQ –una especie de Skype chino y el más extendido en China–, rechazan o envían a la Papelera gran parte de los correos recibidos cuando estos provienen de gMail o Hotmail? ¿O que en determinados momentos, aparentemente cuando hay sobrecarga en la red, las páginas ubicadas en países occidentales dejan de ser accesibles? Y digo occidentales, tal y como suena, porque sí son accesibles las de Irán, Iraq, Emiratos Árabes y tantos otros lugares afines a las libertarias costumbres de la República Popular China.

IMG 5395 IMG 5394

Formulario de registro de la Biblioteca Nacional de China, Pekín.


Este “racismo con características chinas” está intrínsecamente arraigado en la psique china gracias a la monumental propaganda nacionalista a la que la juventud está sometida desde la mañana al ocaso, no sólo a través de expresiones audiovisuales, sino también del propio lenguaje. No es casualidad que la frase que más repiten los chinos a lo largo del día sea “nosotros los chinos” para diferenciar cualquiera de sus usos o abusos de los de los restantes 195 países que componen el mundo. Pues éste se divide según ellos en dos partes: China y guowai, es decir, “lo que está fuera de la categoría de país”, término casi exclusivo para denotar China. Así, por ejemplo, la palabra woguo, que significa “mi país” tanto en chino clásico como en japonés –en donde se lee wagakuni–, es ahora, gracias al nacionalismo chino, “China”. De tal forma que si un extranjero, hablando en chino, tiene la ocurrencia de referirse a su país como woguo, será inmediatamente corregido y su interlocutor le dedicará una sonrisa mientras susurra: “los laowais no entendéis la cultura china”.

La cuestión de los ya mencionados laowais es paradigmática del carácter chino. Cuando un español viaja a Francia, Somalia, la India o Japón es un extranjero, pero cuando un francés, un somalí, un indio o un japonés viajan a España, los extranjeros son ellos. No obstante, mientras un español en China es un laowai, un chino en España sigue siendo chino, ni laowai ni waiguoren [extranjero], sino chino. Y los españoles que viven en España para él siguen siendo “viejos extranjeros”. Esto es así porque la psique china no concibe un mundo dividido equitativamente en países, sino entre el “nosotros” y el “otro”, la “periferia”, el mundo salvaje que no disfruta todavía de la maravillosa cultura china del sonoro esputo en la acera o de las hediondas heces y orina reflejando las luces del andén del metro.

Por no hablar del chauvinismo histórico, otro ejemplo clásico de esta distinción. Dejando de lado las discusiones históricas sobre qué cantidad de material fue saqueado por británicos y franceses en el Antiguo Palacio de Verano y de cuánto se salvó, precisamente, por no encontrarse en China cuando Mao tuvo la genial idea de destrozar el mayor número de objetos culturales chinos, ¿con qué impunidad acusa un chino a un español, italiano o americano de haber robado “sus” reliquias? ¿Acaso los restantes 195 países que componen el mundo invadieron todos al unísono el Antiguo Palacio de Verano en 1860? ¿Acaso todos los habitantes de estos 195 países acudieron en masa a robar la infinitud de tesoros que guardaba el Emperador mientras su pueblo se dedicaba a fumar opio? Imagínense a los judíos acusando y responsabilizando, no ya a los alemanes en general, sino a los cristianos, a los europeos, o simplemente a los extranjeros del Holocausto. Los chinos, sin embargo, en su autoencumbrada superioridad, creen poder acusar a cualquier extranjero de hoy de los crímenes que cometieron dos países hace 144 años. Por favor, señores chinos, hagan memoria y recuerden las siguientes cifras:

 

- ejecución de más de 70.000 miembros de la Guardia Roja acusados de pertenecer al Kuomingtang por orden de Mao Zedong, entre 1930 y 1931;

- durante la Campaña Anti-Trotskista de 1937 a 1939 numerosos “disidentes” fueron asesinados por orden del Partido, entre ellos, sólo entre agosto y noviembre de 1939, 300 trotskistas fueron ejecutados en Huxi;

- durante la segunda ola de la Campaña Anti-Trotskista, entre 1940 y 1942, 240 “disidentes” fueron asesinados en Shandong;

- más de 10.000 revolucionarios fueron asesinados durante la purga del Movimiento de Rectificación de Yan’an entre 1942 y 1944 por orden del Partido Comunista Chino, en un intento de imponer en el país el marxismo-leninismo y el maoísmo como ideologías únicas;

-entre 1947 y 1952 Mao llevó a cabo las reformas agrarias, en las que se estipuló que 50 millones de campesinos deberían ser eliminados con el fin de que éstas se pudieran implantar. Posteriormente Mao decidió eliminar únicamente a terratenientes y campesinos adinerados, ascendiendo la cifra de asesinatos, según el propio Mao Zedong, a 800.000, aunque autores modernos hablan de entre 4.500.000 y 28.000.000 muertos;

- entre 1950 y 1953 el Partido asesinó entre 700.000 y 2 millones de ciudadanos chinos acusados de “revolucionarios”, “capitalistas” o simpatizantes del Kuomingtang;

- campaña de los tres-anti y los cinco-anti iniciada por Mao Zedong en 1951 que, con la excusa de eliminar la corrupción dentro del Partido, permitió a Mao consolidarse en el poder eliminando a sus adversarios políticos: cientos de miles de “traidores” fueron torturados, enviados a campos de concentración (en donde acabaron suicidándose) o asesinados;

- en 1953 se llevaron a cabo nuevas campañas “anti-corrupción”, cuyo recuento de víctimas no ha sido todavía investigado;

- en 1955 el Partido realizó una nueva purga en la que 81.000 chinos fueron arrestados y 770.000 ejecutados;

- persecución política y purga de 550.000 chinos acusados de pertenecer a la “derecha”, muchos de los cuales fueron asesinados, en lo que se conoce como el Movimiento Antiderechista, instigado por Mao Zedong y llevado a cabo entre 1957 y 1959;

- 18 a 45 millones de muertes como consecuencia del Gran Salto Adelante dirigido por Mao Zedong entre 1958 y 1961;

- entre las numerosas pequeñas campañas que se llevaron a cabo durante el Gran Salto Adelante, destaca la Campaña de las Cuatro Pestes, iniciada en 1958, que pretendía eliminar ratas, moscas, mosquitos y gorriones a base de balas. La práctica totalidad de las aves de China desapareció y, sin aves que se alimentasen de los insectos, las plagas proliferaron resultando en la Gran Hambruna de los Tres Años, que se cobró 15 millones de víctimas según el propio Partido;

- 2.000 tumbas profanadas, entre ellas las de Confucio y sus descendientes, por los chinos seguidores de Mao, con la ayuda de 200 profesores y estudiantes universitarios, entre agosto y septiembre de 1966;

- destrucción de 67 mezquitas y 17 templos en Ningxia, miles pabellones y residencias antiguas de gran importancia histórica a lo largo de todo el país y 45 monasterios en el Tíbet, a manos de los chinos comunistas seguidores de Mao, a finales de agosto;

- quema de más de 680.000 documentos lamaístas con el fin de erradicar esta religión del Tíbet, a manos de los chinos comunistas seguidores de Mao, a finales de agosto;

- destrucción parcial del Templo de Confucio de Qufu, que había sido protegido anteriormente por los japoneses, a cargo de los chinos comunistas seguidores de Mao, en noviembre de 1966;

- millares de monumentos demolidos por los chinos comunistas seguidores de Mao entre el 9 de noviembre y el 3 de diciembre de 1966;

- 929 pinturas, 1.000 estatuas de piedra, 4.500 reliquias y 100.000 libros quemados por los chinos comunistas seguidores de Mao, también entre el 9 de noviembre y el 3 de diciembre de 1966;

- 2.000 libros y 200 pinturas en Sichuan y 80 toneladas de libros en Ningpo quemados por los chinos comunistas seguidores de Mao en las mismas fechas;

- 7.000.000 de libros saqueados de las bibliotecas y museos, como consecuencia del cierre gubernamental de los mismos llevado a cabo por, ¡sorpresa!, los chinos comunistas seguidores de Mao, también en las mismas fechas;

- destrucción de miles de figuras y pinturas budistas, en Turpan y en Pekín, en donde los chinos comunistas seguidores de Mao, además de destruir los 16 jardines del Antiguo Palacio de Verano que los occidentales habían dejado intactos, cubrieron sus murales con pintura blanca (mismas fechas);

- en 1983, como reacción a las ideas liberales que siguieron a las reformas económicas de 1978, algunos elementos del Partido intentaron llevar a cabo una nueva Revolución Cultural, denominada Campaña contra la Polución Espiritual, bajo los auspicios del nuevo Instituto del Socialismo. Esta campaña, que pretendía asesinar a los emprendedores del sector privado y a los que mantuvieran ideas “espirituales” diferentes de las del Partido, fue prematuramente contenida por Deng Xiaoping;

- el 4 de junio de 1989 los estudiantes que se manifestaban en la Plaza de Tian’anmen pidiendo reformas políticas, humanismo y democracia, fuero perseguidos, capturados y masacrados a sangre fría por las calles de Pekín, en lo que se conoce eufemísticamente como el “incidente de Tian’anmen”: entre 1.000 y 2.600 ciudadanos chinos asesinados, muchos de ellos estudiantes, y miles de heridos;

- desde 1979 hasta 2013 la política del “hijo único” ha derivado en el aborto y el asesinato institucionalizado de recién nacidos a manos de miembros del Partido, que vigilan que estas medidas se implementen, incluso si esto supone arrancar al segundo hijo de los brazos de su madre y asesinarlo.

 

Occidente, sin embargo, demasiado acomplejado como para darse cuenta de que fueron los Estados Unidos y los países que conforman Europa los únicos que, en su momento, supieron corregir sus errores y condenar este tipo de comportamientos como delictivos, sonríen disculpando a terroristas musulmanes y comunistas chinos bajo la bandera del multiculturalismo. Y con ello condenan a los mismos que dicen proteger a una miserable existencia. Eso sí, siempre lejos de sus barrios altos en donde lo más parecido a un extranjero es un anuncio de niños palestinos supuestamente asesinados por soldados israelíes.