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Queridos conciudadanos y conciudadanas musulmanes…

 

Publicado en el diario Die Welt, el día 23 de septiembre de 2014

 

                Es genial que los musulmanes protesten contra el Estado Islámico. Pero la diferenciación entre   islam e islamismo es a menudo capciosa. A veces son dos caras de una misma moneda.

Por Henryk M. Broder

mohammed bomb

Queridos conciudadanos y conciudadanas musulmanes, queridos descendientes del Profeta Mahoma:

No sé si éste es el tratamiento correcto, pues suena un poco abultado. Yo diría mejor: Queridos hombres y mujeres musulmanes, pero esto no sería, me temo, políticamente correcto. Y yo no quiero ofender a nadie. Sobre todo, si tenemos algo en común. Yo también soy un ciudadano con trasfondo migratorio. Cuando mis padres dejaron Polonia y, pasando por Viena, se trasladaron a Colonia, yo tenía 11 años y no hablaba alemán.  Precisamente Colonia. Pero Katowice, el lugar de donde procedíamos, era todavía más feo.

Cuando hoy paso revista,  sólo puedo decir que tuve una infancia jodida. No por la “cultura de la bienvenida” del dialecto de Colonia y del Carnaval, sino por mis padres. Habían sobrevivido a los años del nazismo, pero sus almas se habían quedado en el camino. Nuestra casa era el purgatorio de los recuerdos. A pesar de ello, no me vino nunca a la cabeza la idea de hacerme volar por los aires o unirme a un grupo terrorista. Aunque yo sólo quería una cosa: salir de este valle de lágrimas de eterno sufrimiento.

Incluso en Colonia la vida tenía algo que ofrecer. Maastricht estaba a la vuelta de la esquina y hasta Ámsterdam sólo había tres horas. Lo digo únicamente para dejar bien claro que yo no he nacido en un yate de vela con una tarjeta visa de oro bajo el brazo. Esto por lo que se refiere a mí. Y ahora vayamos a vosotros.

Me pareció bien que el viernes pasado sentarais “un precedente” y os manifestarais contra el racismo, el fanatismo y la barbarie del Estado Islámico que, como todos los oradores aseguraban al unísono, nada tiene que ver con el “verdadero islam”. Os habéis distanciado de los criminales que comenten crímenes “en nombre del islam”. Pero entonces un déjà-vu se apoderó de mí. ¿Dónde había escuchado ya estas fórmulas?

¡Correcto! En las conmemoraciones en memoria de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, en los actos conmemorativos del día de la quema de libros, en aquel 9 de noviembre, cuando se ideó la “Noche de los cristales rotos del Reich”, en todas las visitas de Estado de los presidentes de la República Federal de Alemania  a Polonia, Francia y Grecia, cuando pedían perdón por los crímenes que se habían cometido “en nombre de los alemanes”.

¿Cómo era posible, me preguntaba yo cada vez que veía esto, devastar media Europa, matar a millones de personas y separar al mismo tiempo las acciones de sus perpetradores? ¿Habían dado los alemanes un poder especial y subcontratado a alguna  empresa para traer de vuelta al Reich la Marca del Este, atacar Polonia, aplastar Rotterdam y Coventry, mientras ellos estaban de viaje con “Fuerza a través de la alegría”[1] en Rügen y en la selva bávara?

Hoy me pregunto, ¿cómo se pueden cometer crímenes “en nombre del islam” que nada tienen que ver con el islam y que no se retrotraen al islam?

¿Cómo se puede diferenciar entre “verdaderos” y “falsos” musulmanes?

 “Créame, los terroristas no son musulmanes”, me dijo un joven en una de las manifestaciones del pasado viernes. ¿Cómo lo sabe? ¿Acaso no rezan cinco veces al día? ¿No se inclinan en dirección a la Meca? ¿Comen quizás carne de cerdo y se enjuagan el mal sabor de boca con una botella de Jack Daniels? ¿Y no podría ser que estos luchadores del Estado Islámico se declaren a sí mismos como los “verdaderos musulmanes” y a todos los demás que no son capaces de cortarle la cabeza a un “infiel” como blandengues que merecen el mismo destino? ¿Ha desarrollado alguien una prueba de tornasol o de orina para poder diferenciar a un “verdadero” musulmán de uno “falso”?

Si el Estado Islámico no es islámico, entonces la Inquisición no fue cristiana. Entonces Tomás de Torquemada permitía torturar sólo “en nombre del cristianismo”, mientras los “verdaderos  cristianos” se preparaban para el siguiente congreso ecuménico. ¿Y los cruzados? Éstos eran los primeros que practicaron vacaciones de aventura. Con todos los gastos pagados, por así decirlo.

Lo que me irrita todavía más, queridos parientes, es otra fórmula que en los últimos días se ha repetido como un mantra. “El islam es perfecto. Sólo que algunos musulmanes no lo son”. Una frase que suena sabia y conciliadora. Nadie es perfecto, todo el mundo puede equivocarse. El subtexto es, sin embargo, totalitario. Así como no hay ningún hombre que pueda ser perfecto, tampoco hay un sistema o una religión que sea perfecta.

Todo demócrata sabe que la democracia no es ningún estado final, sino un work in progress que se tiene que mejorar constantemente. Es como si se quisiera saber qué le espera a uno detrás del horizonte. Uno se acerca, pero sin alcanzarlo jamás.

¿La atrocidad como mero fracaso humano?

Sólo los partidarios de sistemas totalitarios están tan entusiasmados con su creencia que la consideran perfecta. El comunismo era perfecto, el nacionalsocialismo también.  Si durante su aplicación práctica hubo problemas, fue únicamente porque las personas no estuvieron a la altura de la tarea. Ahora los partidarios de Mahoma siguen estos pasos argumentativos. Mahoma era un hombre perfecto, el islam es perfecto, únicamente algunos musulmanes no lo son.

Con semejante fórmula mágica se puede reducir y justificar toda crueldad como “fracaso humano”. Con esta finalidad se ha inventado la diferenciación entre islam e islamismo. El islam es una “religión de paz”, así lo han confirmado en estos últimos días el presidente Obama, el primer ministro Cameron y el Ministro del Interior alemán Thomas de Maizière.

El islamismo, por el contrario, es una “ideología que desprecia al hombre” y cuyo camino está pavimentado con cadáveres. Y una cosa nada tiene que ver con la otra. A excepción del hecho de que los crímenes que se cometen “en nombre del islam” se contabilizan en la cuenta del islamismo.

Sinceramente, esto es para mí demasiado complicado. No entiendo nada. Quizás alguien me pueda ayudar a aclararme un poco: ¿Los atentados del 11 de septiembre son responsabilidad del islam o del islamismo? ¿Los ahorcamientos de homosexuales en grúas torres, la lapidación de adúlteras y el cortar las manos y los pies como castigo por robar responden a los mandamientos del islam o a la praxis del islamismo? ¿Los atentados de Londres, Madrid, Bali, Pune, Mumbai, Djerba, Ankara, Amman y Nairobi – por mencionar sólo unos cuantos – van en la dirección del islam o del islamismo?

¿Qué es todavía islam y qué es ya islamismo?

Cuando Hamás fusila a una docena de supuestos traidores en el patio de una mezquita de Gaza, ¿lo hacen de acuerdo con las normas del islam o según el gusto de los islamistas? Cuando millones de musulmanes en todo el mundo se manifiestan contra un par de caricaturas de Mahoma que sólo conocen de oídas y cuando durante estos desfiles mueren unas 100 personas, ¿esto se tiene que atribuir al islam o al islamismo?

Y cuando en una mezquita de Berlín un imán de Dinamarca llama “a cazar y a matar a todos los judíos sionistas hasta el último de ellos”, ¿está articulando con ello el amor al prójimo del islam o más bien el sonido áspero del islamismo?

En todas las religiones hay fanáticos que se toman tan en serio su fe que dios, en el caso de que existiera, se sentiría horrorizado.  Entre los protestantes había el recientemente fallecido Ian Paisley,  quien hizo todo lo posible para impedir una solución al conflicto de Irlanda del Norte. Entre los católicos está el obispo británico Richard Williamson, un reconocido antisemita y negador del Holocausto. Entre nosotros están los locos de la Neturei Karta, quienes se consideran a sí mismos como los “verdaderos” judíos y el Holocausto como un justo castigo de Dios. Rezan varias veces al día para la llegada del Mesías y desean que el hundimiento de Israel se produzca cuanto antes mejor.

En ninguna otra religión están, sin embargo –y siento realmente tener que decirlo–, los rangos de fanáticos tan frondosamente ocupados como lo están en la vuestra, queridos vecinos y vecinas en la gran casa del monoteísmo. Y esto no tiene nada que ver con que en el mundo haya unos 14 millones de judíos, 800 millones de protestantes, 1,2 mil millones de católicos y 1,5 mil millones de musulmanes.

¿Cuántos cristianos y judíos luchan con fuego y espada?

Todo cristiano practicante, todo judío fiel a la ley está naturalmente convencido de que su religión es superior a las demás. Este también es el caso de los partidarios de las comunidades religiosas secularizadas como los vegetarianos, los detractores de la energía nuclear y los predicadores del fin del mundo por culpa del cambio climático.

Pero, ¿cuántos cristianos y judíos intentan imponer su fe todavía hoy con fuego y espada? ¿Cuándo un judío o un cristiano se ha hecho volar a sí mismo o a otros por los aires porque algún infiel había ofendido a Jesús o a Moisés? ¿Cuándo, a excepción de Irlanda, se han atacado católicos y protestantes como lo hacen todavía hoy suníes y chiitas?

Puede ser que el islam y el islamismo – el cual tiene también un comparativo: el islamismo radical – no sean completamente coincidentes. Pero el tránsito de uno a otro es fluido. ¿Pertenecen Hamás, que en Gaza lleva la voz cantante y Hezbolá, que participa en el gobierno del Líbano a las alas del islam de la Umma, mientras que tienden más al islamismo Boko Haram, Al-Qaeda, al-Nusra, al-Schabaab, el grupo de Sauerland y los dos conversos nigerianos que el 22 de mayo del 2013 partieron literalmente a trozos hasta la muerte al soldado británico Lee Rigby en el barrio londinense de Woolwich? Una cosa está clara: Todos son superados por el Estado Islámico. Y no pasará mucho tiempo hasta que un grupo todavía más radical supere al Estado Islámico.

Ya lo he dicho. Me parece bien que el pasado viernes hayáis sentado “un precedente” junto con el Ministro del Interior alemán, el presidente del consejo central de los judíos en Alemania y el presidente del consejo de la iglesia evangélica en Alemania, que os hayáis hablado a vosotros mismos como se habla a los niños retrasados: muy leeeeeentaaaaaameeeeeenteeeeee y subrayando cada palabra.

Las decapitaciones son verdaderamente una pésima maniobra de marketing

Pero habéis salido a la calle sólo para manifestaros contra el fanatismo religioso después de que los asesinos del Estado Islámico hayan decapitado a dos americanos y a un británico. Estas acciones han sido naturalmente una pésima maniobra de marketing tanto para el islam como para el islamismo. Y no eran las primeras decapitaciones que se habían producido “en nombre del islam”. Daniel Pearl, un periodista judío de los Estados Unidos que trabajaba para el Wall Street Journal fue asesinado de la misma manera en enero del 2002 en Karachi; la responsabilidad del acto la asumió un “Movimiento nacional para la restauración de la soberanía paquistaní”.

Desde entonces se decapita una y otra vez a infieles y a traidores como era habitual en los tiempos de Mahoma y como es todavía costumbre en Arabia Saudí. El pasado viernes se encontró el cuerpo sin cabeza de un beduino cerca de la ciudad de Sheikh Zuweid al norte de la península del Sinaí. El hombre habría sido un espía de Israel. Puesto que no era ningún americano o europeo y la “ejecución” no se había grabado en vídeo, el hecho no se ha divulgado.

Me temo que os tendréis que echar de nuevo a andar y tendréis que sentar otra vez “un precedente”. Para el Heute-Journal, para el Tagesthemen[2], para el Ministro del Interior. A no ser que se os ocurra algo mejor para llegar sobre todo a la gente joven que se va a Irak y a Siria. Entre ellos, también chicas menores de edad que quieren casarse con un “mártir”. ¿Qué tal un concierto de rock en la mezquita de Duisburg-Marxloh[3]? ¿O una yihad por el amor libre?

Salam y shalom a todos.



[1] En el original se dice “Kraft durch Freude”. En este párrafo el autor no hace más que jugar con denominaciones nacionalsocialistas como ésta. Kraft durch Freude era una organización nazi cuya misión consistía en organizar el tiempo libre de los trabajadores alemanes. De ahí la ironía del texto de Henryk M. Broder, cuando afirma que si acaso los alemanes estaban disfrutando de unas vacaciones organizadas por este organismo, mientras una empresa ajena a ellos destruía Europa y asesinaba a todos los “no-arios” durante la Segunda Guerra Mundial. (Nota del traductor)

[2] Tanto Heute-Journal como Tagesthemen son dos noticiarios de la televisión alemana.

[3] Referencia al barrio de Marxloh, situado al oeste de Alemania y conocido por ser el equivalente al Neukölln berlinés, puesto que, de una población de 180.000 habitantes, un 30% de ellos son extranjeros. Asimismo, posee la mezquita más grande de toda Alemania. Sobre este barrio puede leerse el reportaje aparecido en Der Spiegel: http://www.spiegel.de/politik/deutschland/duisburg-marxloh-wo-der-pott-deutschen-und-tuerken-gehoert-a-499612.html