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¿Ha empezado ya la Tercera Guerra Mundial?

Publicado en el diario Die Welt el 19.09.2014

mohammed bomb

Los alemanes viven en el reino de las ilusiones. Les encanta el consenso y no ven ningún tipo de amenazas. Y cuando las hay, sólo se trata de conflictos que tienen que solucionarse parloteando. Por Henryk M. Broder.

Escribimos en el año 2014. Desde hace más de ocho años gobierna la República Federal de Alemania una mujer que fue socializada en la RDA. El presidente de la República Federal de Alemania también es un ossi[1]. Cuatro de los dieciséis presidentes de los gobiernos regionales son mujeres. El servicio militar obligatorio se eliminó prácticamente hace tres años y el ejército es una tropa dirigida como una empresa. En la cúspide del Ministerio de Defensa hay una mujer madre de siete hijos, cuya finalidad es “hacer del ejército una de las empresas más atractivas de Alemania”, en la que se ha de garantizar ante todo la “unidad de servicio y familia”[2].

En 1997 se declaró la violación matrimonial como un delito equiparable a la violación extramatrimonial, eliminándose así una prerrogativa secular de los hombres. Con la “Ley para la proscripción de la violencia en la educación” del año 2000 se garantizó a todos los niños “un derecho a una educación sin violencia”. Como  “improcedentes” se declararon no sólo los “los castigos corporales”, sino también “los traumas psíquicos y otras medidas degradantes”[3].

Las parejas del mismo sexo que se quieren “casar” pueden llevar una “vida en pareja inscrita” que se parece mucho al matrimonio civil. La completa igualdad de derechos de los matrimonios heterosexuales y homosexuales es sólo una cuestión de tiempo. A principios del 2013, el Tribunal Constitucional Federal dictó que había que considerar también a las parejas del mismo sexo con niños como “familia protegida según la Constitución”.

El viaje al centro de la tierra

Ser madre soltera ya no es una deshonra. Parece que el director médico de un hospital católico fue despedido porque, después de su separación, se había casado de nuevo e infringía con ello la moral y la fe católicas.

Pero tales casos son raros y causan tanta sensación como la noticia de una Inmaculada Concepción en los aledaños de una feria. Que el presidente de la República conviva con una mujer con la que no está casado en el castillo Bellevue irrita todo lo más a un par de diputados secundarios de Riedenburger Schambachtal[4] que han olvidado que su propio jefe de partido ha llevado durante años una relación extramatrimonial. El cambio social en la República Federal de Alemania no sólo ha acabado con las antiguas tradiciones, sino que también ha creado nuevas medidas para una próspera convivencia.

Puesto que el trabajo, el rendimiento y el salario ya no están relacionados entre sí, todos discuten sobre la introducción de un salario mínimo sin condiciones que debe acabar con las diferencias sociales. En los programas de todos los partidos está en un lugar prominente la “justicia social”. Ya es considerado socialmente injusto e inaceptable que las horas lectivas semanales en los institutos de la Baja Sajonia se eleven de 23,5 a 24,5. Así que los profesores van a las barricadas del GEW[5] y renuncian a las excursiones por la protesta. Justo y adecuado es, por el contrario, que una Agencia de colocación pague un viaje a Indonesia a una persona que recibe Hartz-IV[6] para que pueda visitar a un hijo suyo fruto de una relación malograda y que vive en Surabaya.

El desacoplamiento de la realidad

Como ya hemos dicho, escribimos esto en el año 2014. El Viaje al centro de la tierra, tal y como lo describió Julio Verne en el año 1864, es decir, hace justamente 150 años, no se ha realizado todavía, pero el viaje tripulado es una realidad. Desde los primeros 12 segundos del gran “vuelo” de los hermanos Wright en el año 1903 hasta el viaje a la Luna en el año 1969 pasaron sólo 66 años.

Las enormes ciudades submarinas que los futurólogos diseñaron siguen siendo una fantasía, mas la vida en tierra firme tiene todos los rasgos de una utopía que existe en la realidad. Aquí no se recibe lo que gana uno con su trabajo, sino lo que le corresponde, a lo que se tiene derecho. Una “cultura de lo menos” significa en la práctica menos trabajo con el mismo sueldo y la posibilidad de jubilarse antes de lo planeado.

Esto se puede celebrar o se puede deplorar. Se puede exigir una “repartición todavía más justa” o, como Guido Westerwelle, advertir de una “decadencia tardorromana”. En cualquier caso, tenemos que preguntarnos qué precio estamos pagando por sustituir el factor “riesgo” por el de “seguridad planificada”. A excepción de los accidentes caseros y de tráfico.

Del Hindukush a Neukölln[7]

El precio de la felicidad está en el desacoplamiento de la realidad. Como Truman Burbank, interpretado por Jim Carrey en el Show de Truman, nos hemos instalado cómodamente en un mundo virtual del cual hemos desterrado el mal. Nadie es malo. Nadie quiere hacer el mal, ni siquiera el talibán o los decapitadores del Estado Islámico. También los autores de los crímenes son, en sentido estricto, víctimas de relaciones históricas o sociales; si no ha sido la época colonial con sus efectos posteriores, ha sido una infancia difícil llena de privaciones. No hay conflicto que no se pueda resolver pacíficamente, de manera negociada. Tanto en el Hindukush como en Neukölln.

La consecuencia: no podemos aceptar que hemos errado, que nos hemos equivocado. Si hacemos un fallo, entonces hacemos enseguida otro para que parezca un método. Primero negamos que haya una “migración de la pobreza” y luego “ayudamos” a los municipios desbordados a resolver los problemas que han llegado al país con la migración de la pobreza. Esto no nos impide allanar el camino a la Unión Europea a Bulgaria y a Rumanía y también a Ucrania. En honor de la ocasión se hace un espectáculo en Estrasburgo que recuerda a los mejores momentos de la Cámara Popular de la RDA.

Agencia de colocación Mosul

Mientras tanto, hemos reconocido que la política de migración ha sido un fracaso. No pasa nada, el constante parloteo del Ministro del Interior lo arreglará, asimismo necesitamos una mejor “cultura de la bienvenida”. El islam, escuchamos  diariamente, es una religión como cualquier otra, sólo habría que diferenciar exactamente entre islam e islamismo, aunque nadie sabe dónde termina uno y dónde empieza el otro.

Ni siquiera la secretaria general del SPD, Yasmin Fahimi, quien hace un par de días hizo saber que el “Estado Islámico” no era una organización “radical islámica”. Designarla como “islámica” es un “desprecio y una atribución que hiere el honor de los musulmanes aquí en Alemania”[8]. ¿Debemos pedir al “Estado Islámico” que cambie de nombre para no ofender a los musulmanes y que se denomine quizás “El brazo mesopotámico del SPD Hessen-Sur”? ¿O “Agencia de colocación Mosul”[9]?

Toleramos tales pretensiones como toleramos también que investigadoras e investigadores de género nos instruyan sobre el hecho de que la pertenencia sexual de un hombre no es un hecho biológico, sino un constructo social. Quien afirme tal cosa no será objeto de mofa, sino que él o ella será distinguido con sustanciosos premios.

En condiciones normales todo esto sería, en el mejor de los casos, gracioso. Pero las condiciones no son normales. Las crisis y los conflictos sobre los que nos mantienen al día Claus Kleber y Caren Miosga[10] podrían ser también facetas de una Tercera Guerra Mundial que ya ha empezado hace tiempo, sin el estruendo con el que se inician normalmente las guerras.

Ya no tiene que ser un atentado a un archiduque o un falso asalto a una emisora de radio[11]. Estamos en medio de una yihad global, importamos bombas de relojería que están haciendo tic tac y exportamos terroristas que buscan la muerte. Pero nuestra gran preocupación es que podríamos vernos involucrados en los sucesos como víctimas inocentes en una carnicería en la Oktoberfest.

Aunque el servicio militar obligatorio se eliminó prácticamente hace tres años, cada vez más jóvenes de la República Federal de Alemania quieren rechazar un servicio militar que ya no existe. “Cada vez con más frecuencia recibimos solicitudes en la comunidad de trabajo evangélica para la objeción de conciencia y la paz”, acaba de dar a conocer el “comisionado de la paz” de la EKD[12]. “El tema está todavía presente”.

En el reino de las ilusiones el ser no determina la conciencia, sino el miedo a la expulsión de un paraíso en el cual una “Agencia de transparencia del mercado para combustibles” informa a los conductores de dónde y cuándo pueden poner gasolina a mejor precio.



[1] Ossi es un calificativo despectivo que los alemanes occidentales utilizan para designar a los alemanes que proceden de la antigua República Democrática de Alemania. (De aquí en adelante todas las notas al texto se han de entender como notas del traductor)

[2] Estas declaraciones las hizo la Ministra de Defensa al diario Bild en su edición del domingo 12 de enero de 2014 (http://www.bild.de/bild-plus/politik/inland/bundeswehr/soll-attraktivster-arbeitgeber-werden-34200720,var=a,view=conversionToLogin.bild.html y http://www.bild.de/politik/inland/bundeswehr/bundeswehr-laufen-soldaten-weg-von-der-leyen-muss-handeln-34207074.bild.html).

[4] Riedenburger Schambachtal es una pequeña población que se encuentra junto al río Altmühl, que pasa por Baviera.

[5] GEW es el sindicato de Educación y Ciencia de Alemania. Véase http://www.gew.de/GEW_Sindicato_de_Educacin.html

[6] Hartz-IV es el nombre con el que se conoce una medida de ayuda económica a los desempleados introducida en Alemania en el 2002 por la comisión presidida por Peter Hartz a instancias del gobierno socialdemócrata de Gerhard Schröder. Este subsidio permite a los desempleados de larga duración poder seguir recibiendo dinero del Estado, quien además se encarga de cubrir otras necesidades como el pago del alquiler de una vivienda, los transportes, la seguridad social, etc. Gracias a este Hartz-IV una parte considerable de la población alemana, a la que hay que sumar diferentes colectivos de extranjeros como los musulmanes, viven sin necesidad de trabajar.

[7] Neukölln es un barrio de Berlín conocido por tener un 40% de población extranjera, siendo en su gran mayoría musulmanes.

[9] La ironía con lo de “Agencia de colocación” viene por el hecho de que muchos de los jóvenes musulmanes que viven en Alemania y que van a Irak o a Siria a luchar con el Estado Islámico son desempleados.

[10] Claus Kleber es un periodista alemán que retransmitió desde Nueva York los atentados del 11 de septiembre de 2011 y que actualmente trabaja para la ZDF presentando el magazín de noticias Heute-Journal. Por su parte, Caren Miosga es la moderadora del programa de noticias Tagesthemen de la cadena de televisión ARD.

[11] Referencias a cómo empezaron tanto la Primera como la Segunda Guerra Mundial.

[12] EKD significa Evangelische Kirche in Deutschland, es decir, Iglesia evangélica en Alemania. La sorprendente noticia se encuentra recogida en su página web: http://www.ekd.de/aktuell_presse/news_2014_09_19_2_kriegsdienstverweigerung.html