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Ludwig von Mises contra China

Por qué el modelo chino es insostenible

(English version)

 

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Desde el punto de vista de la percepción occidental de China, el giro económico de este país a partir de 2004, al menos sobre el papel, ha sido elogiado tanto por los liberales clásicos, quienes toman como modelo a John Locke o a Ludwig von Mises, como por los socialistas antiliberales que se sienten más a gusto con el Manifiesto de Marx y el suicidio educativo de Dewey. Ambos bandos han secuestrado el término “China” para convertirlo en un concepto particular que puede ser acomodado dentro de prácticamente cualquier marco político, una práctica que puede rastrearse hasta los primeros filósofos ilustrados, como Malebranche, Leibniz, Wolff, Montesquieu, Voltaire, Toland o Quesnay, por mencionar sólo algunos. Estos filósofos, dejando de lado lo relevantes que sus respectivos sistemas filosóficos pudieran ser, no estaban interesados en China como un objeto de estudio sino, antes bien, como una corroboración de sus tesis éticas y políticas formuladas con anterioridad a su contacto con la civilización asiática.

            En España, autores liberales como Luis Torras o Francisco José Contreras creen que la expansión económica china debe ser vista como raison d’être de posteriores desarrollos en cuestiones de derechos humanos, democracia, capitalismo y liberalismo. En otras palabras: creen que, dado que el liberalismo es “correcto” y China, ciertamente, está creciendo, China debería estar experimentando una transición desde el comunismo/socialismo a la democracia/liberalismo. No podrían estar más equivocados y, de haber leído a von Mises con detenimiento, se habrían percatado de ello.

            Permítaseme ilustrar esta idea con una experiencia personal acaecida en 2011, cuando tuve la oportunidad de discutir este tema con un profesor de INSA, una importante escuela privada de negocios, márquetin y comunicación en Barcelona. Yo era escéptico con respecto a las posibilidades de desarrollo de un currículum en Márquetin 2.0 para estudiantes chinos, porque el mismo se centraba en redes sociales como Facebook o Twitter, que estaban –y siguen estando– prohibidas en China. El profesor, cuyo nombre se me escapa, me explicó que China obviamente se abrirá a las maravillosas maravillas del liberalismo y entonces esos conocimientos serán muy valorados por los nuevos emprendedores. En 2014 no sólo siguen bloqueadas en China las redes sociales occidentales como Facebook, sino que hace tan sólo un mes el sistema de redes japonés LINE, utilizado en muchos países asiáticos, desde Tailandia a Taiwán o Corea del Sur y con más de 400 millones de usuarios a nivel mundial, fue también añadido al Salón de la Infamia chino.

Al otro lado del océano intelectual, el lado que nos asegura que von Mises se equivoca, los huffingtonianos llaman a los liberales clásicos “imbéciles” y a los hijos de la economía china “genios”, mientras prostituyen el término “liberalismo” como una ideología de izquierdas más cercana a Karl Marx que a John Locke. Por segunda vez: perciben el socialismo como algo “positivo”, el liberalismo clásico como “malévolo” y, ya que China está, ciertamente, creciendo, esto les sirve una vez más como “sesgo confirmatorio”.

Lo que todos estos autores comparten es que tienen muchos más estudios sobre economía que sobre China. En realidad, son unos completos ignorantes al respecto y su comprensión de China es, al igual que la de los philosophes ilustrados, prácticamente pura superstición.

Hay un pasaje clave en la obra seminal de von Mises, Liberalismo (1927), en donde se discute la impracticabilidad del socialismo (II.4):

 

Un estado socialista de este tipo no es comparable a las empresas estatales, no importa cuán vasto sea su tamaño, que hemos visto desarrollándose en las últimas décadas en Europa, especialmente en Alemania y en Rusia. Las segundas florecen todas ellas hombro con hombro junto con la propiedad privada de los medios de producción. Entablan transacciones comerciales con empresas que los capitalistas poseen y gestionan y reciben varios estímulos de estas empresas que revigorizan su propia operación.

 

O dicho de manera sencilla: “El anticapitalismo puede mantenerse a sí mismo en existencia tan sólo absorbiendo del capitalismo” (IV.5). Y esto es exactamente lo que China está haciendo: absorbiendo de las sociedades capitalistas para sostener su –insostenible– sistema socialista. Manipulando su moneda, violando la propiedad intelectual para vender copias de productos a precios muy bajos que se romperán justo antes de llegar a casa, edificando grandes proyectos de infraestructura que permanecerán vacíos para siempre y trabajando hombro con hombro junto a la propiedad privada de los medios de producción que les ofrece Hong Kong, su “Región Administrativa Especial” preparada para ser parasitada; así continúa China absorbiendo los países del mundo, capitalistas o no, desde Hong Kong y Taiwán hasta África o el 5% del territorio de Ucrania.

            China muestra que von Mises tenía razón: el socialismo es insostenible. El resto del mundo (todavía) capitalista muestra lo mismo: que la libertad económica sólo puede florecer entre gentes políticamente libres. En caso contrario, abusarán de la nuestra.

 

César Guarde