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Si queréis un retorno, volveos con vuestro abuelo

Publicado originalmente en http://www.passiontimes.hk/article/06-29-2014/17028/ el 29 de junio de 2014 por Lady Kylie.

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Cada año, al llegar este triste día, sucede que esos despreciables chinos, con sus asquerosos rostros, gritan en nombre de los hongkoneses que “el retorno de 1997 fue conmovedor” o cosas como “de vuelta a los brazos de la Madre China”... Los chinos no tienen vergüenza. ¿Conmovedor? Hong Kong es simplemente el “aguijón en su carne” de bárbaros y vuestro sentimiento no es “conmovedor”, sino más bien “desalmado”.

El “1-J” es el día en el que los chinos ponen sal en la herida de los hongkoneses, un día en el que no hay nada que celebrar; llamarlo “Conmemoración del Retorno” es cuanto menos desagradable. Describe eufemísticamente el “Retorno” al lavado de cerebro, un suceso que ha sido descrito más neutralmente como “transferencia de soberanía” y que subjetivamente puede ser llamado “ocupación”.

Los chinos desconocen qué es Hong Kong. No respetan ni la cultura ni la historia de Hong Kong, ni tampoco a la gente que aquí vive. Incluso cuando dicen que Hong Kong es bueno, que les “gusta” Hong Kong, esto no significa más que disfrutar de nuestro sistema, beneficios e instalaciones, a la vez que, esquizofrénicamente, venir a destruir esas mismas cosas que desean. No sienten nada por Hong Kong, sino que gritan con aprobación la consigna ideológica de “China es ahora fuerte, Hong Kong también ha ‘vuelto’, hemos limpiado cien años de humillación”.

Para los chinos, estar contentos por el “retorno” de Hong Kong no es el resultado de su amor por Hong Kong o por una inocente actitud de espera a que Hong Kong “vuelva a casa”, sino que Hong Kong es el “aguijón en su carne”, Hong Kong es esa fantasía que se han creado en sus cerebritos de “cien años de vergüenza”. Tras más de diez años, los medios gubernamentales, un gobierno títere, los civiles chinos, los inmigrantes venidos de China y las palabras y acciones de los así llamados “invitados” [i.e., turistas] son en su conjunto una prueba fehaciente de que los chinos sólo desean que Hong Kong se deteriore, desean que Hong Kong muera y, cuanto más desagradable sea su muerte, tanto más desalmados serán ellos. Dado que no pueden atacar al “malvado imperialismo americano”, tan sólo pueden pajearse con Japón y Vietnam o amenazar a Taiwán, ya que, después de todo, “el cobarde sólo saca su espada frente al débil”. El territorio chino tiene una gran población, mientras que Hong Kong no es más que una pequeña manchita, por lo que utilizan el Tíbet o Hong Kong, que no pueden revelarse, como sacos de arena.

Hay muchos ejemplos, por lo que no es necesario ser exhaustivos. Pero al escribir este artículo he recordado un caso: soy una visitante habitual de museos. Dejemos de lado por ahora el tema del lavado de cerebro, el adoctrinamiento y la manipulación histórica. Hace seis o siete años, en la exhibición permanente de “La historia de Hong Kong” del Museo de Historia, al llegar a la sala de exhibiciones sobre la “Ocupación Japonesa de los Tres Años y Ocho Meses”, me preguntaba por qué en la “Batalla de Hong Kong” no se decía prácticamente nada sobre los soldados de la Mancomunidad que sacrificaron sus vidas heroicamente, pero sin embargo se elogiaba enormemente el papel de las guerrillas comunistas de Dongjiang. Igualmente, al ver la miserable situación de los hongkoneses de entonces, pude escuchar a una turista china que, con muchísima arrogancia, gritaba entre risas:

 

“¡Eso es la vergüenza de Hong Kong!”

 

Guau... ¿en serio? ¿vergüenza? ¿ser invadidos es una vergüenza? ¿por qué es una vergüenza ser una víctima? Tal es la mentalidad de los chinos, pero los hongkoneses nunca diríamos que la “Masacre de Nanjing” fue la vergüenza de China, para luego reírnos de vosotros. Al contrario, cuando han sucedido catástrofes naturales en China, Hong Kong ha sido el primero en ayudar y en realizar donaciones incondicionalmente. En realidad, no deja de ser sorprendente cuán despreciable es la retorcida mentalidad enfermiza de un pueblo que, con semejante complejo de inferioridad, recompensa amabilidad con odio.

De ahí que el modo de pensar de los chinos sea: “Si sufro, he de sufrir más que tú, sólo así me sentiré satisfecho” y no “Si sufro, lo mejor sería que no volviese a sufrir”. “Así pues”, dicen, “cuando Inglaterra os gobernaba erais impresionantes, pero ahora, cuanto más decadentes seáis, más desalmados seremos nosotros”. Pero la realidad es que vuestras masacres clasistas, la hambruna del Gran Salto Adelante, los errores imaginarios criticados por la Revolución Cultural, todos ellos fueron provocados por vosotros mismos, que convertisteis vuestro propio país en un manojo de chatarra. En sus corazones, los pequeños terratenientes piensan sobre nosotros: “Todos somos chinos, ¿por qué a vosotros no os ha pasado nada?”, y trasladan ese odio a Hong Kong, pues a sus ojos, que por haber sido “gobernados por Inglaterra” hayamos evitado las atrocidades que los chinos cometieron contra sí mismos, viene a significar que somos unos “traidores”; pero Hong Kong ha permanecido siempre pasivo, ¿no decís nada sobre la inutilidad del gobierno de la Dinastía Qing de entonces, pero sí culpáis ahora a Hong Kong? Los chinos deberían ir a un loquero.

Los chinos creen que Hong Kong representa “cien años de vergüenza” de China, pero esto es así porque creen que “Hong Kong es una parte de China”; cuando la Gran Dinastía Qing perdió frente a Inglaterra, los manchúes también eran considerados parte de la etnia china, mas al referirse a las fechorías de los manchúes los chinos dicen que los manchúes no son de su misma etnia Han: son los mejores en el universo a la hora de ir a donde mejor sopla el viento. Ya que Inglaterra tomó Hong Kong durante más de cien años, criar ahora los despojos de esos anglohonkoneses es una vergüenza para China, por lo que esa “toma de poder” es para que lo que denominan “raza china” deje de preocuparse y punto. ¿Pero aman a Hong Kong? ¿Quieren que los hongkoneses vivan bien? ¿Quieren que Hong Kong se convierta en un lugar mejor? La respuesta a todas estas preguntas es negativa. Su mentalidad enfermiza es igual a la de la historia del Rey Salomón, en la que dos jóvenes se disputaban un niño y la malvada mujer que se confesaba madre prefería matar al niño antes de que otra persona lo cuidase con cariño. China no quiere a la gente de Hong Kong, sólo quiere esa marca centenaria llamada “Hong Kong”, como puede verse en el gran número de empresas chinas que engañan, cual comerciante vendiendo carne de perro como si fuese de cordero, poniéndose el sello de “Hong Kong” en el nombre de su empresa. Es por ello que, cuando el 1 de julio de 1997 los hongkoneses vimos arriar bajo la lluvia las banderas de Inglaterra y de Hong Kong, lloramos. Y al ver la bandera de China y de S.A.R. izarse nos sentimos impotentes: los chinos creen que esto es “el honor y la gloria” de la “raza china”, “¡Hong Kong ha vuelto!”,  y en los medios políticamente correctos y en esa educación adoctrinadora no dejan de deciros que es un día por el que estar alegres y contentos. La realidad es que nuestra ciudad ha caído, nuestra historia no deja de ser distorsionada y destruida, nuestros otrora pacíficos y felices lugares han sido por vosotros, chinos, implacablemente colonizados. ¿Qué razón hay para la alegría?

No creas que los chinos te tratarán bien a partir de ahora. A los chinos les gusta utilizar la metáfora de la madre y el hijo para referirse a China y Hong Kong con la intención de adoctrinarnos con la consciencia de clase. No deja de ser divertido que, en realidad, la metáfora se refiera a algo así como a la historia de un viejo pervertido, gordo y feo, que secuestra a un jovencito para abusar de él. Este viejo pervertido, gordo y feo, con su gorda barriga satisfecha, se deleita en presumir de su riqueza con altanería, pero al ser débil en batalla, frente a un enemigo formidable esconde la cabeza en un agujero mostrando lo cobarde que es. Hong Kong no era más que un niño inocente salido de un pueblo de pescadores e Inglaterra lo crió hasta convertirlo en un joven bello y grácil. Después, ese viejo feo secuestró al joven y, mientras sus labios no dejaban de decir “te quiero, te echo de menos”, pensaba sólo en “venganza”: “¡Maldito demonio inglés que robaste ese Hong Kong que me pertenecía! ¡Y a Hong Kong le gustas! Pero ahora me toca recuperarlo. ¿Y qué le pasará? Todavía puedo hacerle lo que quiera, ¿lo ves? Hong Kong yace en el suelo, apaleado, con la cara ensangrentada, sin fuerzas para rebelarse y, cuanto más le golpeo, más feliz es China...”.

Ahora Hong Kong simplemente ha pasado de ser un lugar de inmigrantes ingleses a un lugar de inmigrantes chinos. Aunque excelente, el gobierno británico nos ha arrastrado ahora a una administración al estilo colonial chino que va de mal en peor; la soberanía de Hong Kong ha sido simplemente transferida de un estado excelente a las manos de un estado inferior. Los chinos suelen decir que Hong Kong será superado por Shanghai, pero esto pasará no porque Shanghai se desarrolle rápidamente, sino porque China no deja de oprimir a Hong Kong: la libertad de prensa bajó 20 puntos en un año, más que en ningún otro país en el mundo, por lo que es normal que un día nos superen (En realidad, el sistema legal heredado de Inglaterra todavía permite que el ambiente de inversión de Hong Kong sea mejor que el de cualquier ciudad de China, pero esto es otra historia).

Cada vez que dicen esto los chinos se ponen muy contentos: “¡Hong Kong no puede compararse con China!”. Es muy extraño, porque si realmente pensasen que todos somos “una familia”, ¿por qué no comparar sus propias ciudades con Tokio o Nueva York, en lugar de hacerlo con Hong Kong? En realidad, además de no creer sinceramente que los hongkoneses sean sus “compatriotas”, los chinos también odian a Hong Kong con locura; dicen que Hong Kong no es bueno, pero hacen todo lo posible por venir a Hong Kong. A aquellos chinos que sienten que “el retorno fue muy conmovedor” les da igual incluso si Hong Kong se convierte en un montón de heces; o que los hongkoneses observen con sufrimiento, melancolía e impotencia cómo el puerto que juntos construyeron Inglaterra y los hongkoneses se tiñe de rojo, a aquellos tampoco les importa, hasta tal punto que te insultan prohibiéndote sentir pena ante la invasión de tu propia tierra. Los chinos no dejan de robar los recursos de Hong Kong a la vez que, contradiciéndose, dicen que “Hong Kong se moriría sin China”. Risible. Y para aquellos que al oír esto dicen que “Si China os quisiese muertos, no habría ayudado a Hong Kong durante la crisis financiera y el SARS”: os lavan el cerebro, nenas. La crisis financiera la solucionamos nosotros solos gracias a la reserva billonaria dejada por Inglaterra tras abandonarnos, con la que tiramos del mercado bursátil para derrotar a Soros: de las manos de China no vimos ni un dedo; ¿SARS? Lo trajisteis de China, matando a casi trescientas personas, ¿y todavía decís que ayudasteis libremente a Hong Kong? ¡Maldito país de desgraciados sinvergüenzas!

Construir un Hong Kong tan bello y único requiere 150 años; arruinar Hong Kong sólo requiere 15 años.

Finalmente, quiero hablar de eso que insistentemente llamo “transferencia de soberanía”, porque la verdad es que sólo es eso, una “transferencia de soberanía”, no hay “retorno” alguno: que Hong Kong sea denominado “Región Administrativa Especial de China” es simplemente un insulto.

Inglaterra desembarcó en Hong Kong en 1841 y al año siguiente tomó control oficial de la misma, momento en el cual la soberanía de Hong Kong pertenecía a la Gran Dinastía Qing. Con la Revolución Xinhai de 1911, el gánster de Cantón Sun Yat-sen y los suyos promovieron la revolución para acabar con la tiranía, estableciendo la República de China. Tras la Segunda Guerra Mundial, la República sucumbió ante los rufianes y gamberros del Partido Comunista, huyendo a Formosa (Taiwán) y, en 1949, los ladrones comunistas establecieron en ese territorio llamado “China” la República Popular China. Desde que Hong Kong pasó a ser gobernada por Inglaterra, eso que llaman “China” ha cambiado de manos dos veces y ha sido gobernado por tres regímenes: si Hong Kong debe “volver”, debe “volver” a la Gran Dinastía Qing. Pero dado que Qing desapareció, si Inglaterra no vuelve a ser su estado soberano, Hong Kong debe recibir el apoyo internacional para asegurar su independencia o realizar un referéndum para continuar manteniendo el gobierno británico. Cómo China engañó a Inglaterra ante las Naciones Unidas obligándola a salir de Hong Kong, afirmando incluso que enviaría tropas a Shenzhen para tomar [la ciudad], es otra historia. Pero la propaganda china de los medios políticamente correctos dice, por supuesto, que China es poderosa, que Inglaterra vendió Hong Kong por dinero, confundiendo a los hongkoneses para que crean que únicamente pueden confiar en esa China que desea matarlos. Hablaremos de ello en otro artículo. Cuando Margaret Thatcher visitó Hong Kong en el año de las negociaciones sino-británicas quería jugar la baza del “deseo de los ciudadanos”, pero fue cuestionada por los espías del Partido partidarios del retorno. Su Excelencia visitó después a Deng [Xiaoping] en Pequín y, al ver mientras hablaban un esputo en una escupidera, pensó en el futuro de Hong Kong, de tal modo que, distraída, resbaló y cayó al salir del Gran Salón del Pueblo. Su Excelencia acabó firmando finalmente la “Declaración Conjunta Sino-Británica”.

Lo dicho sobre la cuestión del “retorno” no es más que una reflexión básica, pero muchos hongkoneses serviles nunca pensaron que, al ser leales a los pecados de su sangre, iban a confiar ciegamente en la basura de propaganda gubernamental china, según la cual “el hijo que abandonó a su madre regresa a los brazos de su madre”. Un non-sequitur más del adoctrinamiento: un hijo puede ser el abuelo de su madre... absurdo1. En los años de la transferencia de soberanía un gran número de hongkoneses lloraron al verlo en televisión, mientras que otros huyeron al extranjero antes de la fecha límite. Esa bandera con forma de ventilador que llaman “Bandera de la Región Administrativa Especial” es de cabo a rabo un insulto para los hongkoneses; eso que llaman “retorno” no deja de parecerse a enviar a una oveja a la guarida de un tigre, ¿qué razón hay para la alegría? Pero, si al menos el tigre fuese tan bello como feroz no habría problema, mas resulta ser, por desgracia, una gran bestia de aliento pestilente con una fea cabeza y carente de gusto.


1Pues Hong Kong fue fundado un siglo antes de la República Popular China (Nota del traductor).