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Rudolf Neuhäuser, Fjodor M. Dostojewskij. Leben – Werk – Wirkung. 15 Essays. Böhlau Verlag. Viena – Colonia – Weimar, 2013.

 

 

 

Rudolf Neuhäuser es sin duda una de las personalidades más importantes dentro del mundo de los estudios dostoievskianos y, sin embargo, una de las más desconocidas para la nueva generación de especialistas. Entre los importantes méritos que distinguen a este profesor austríaco nacido en Viena en el año 1933 está el haber sido uno de los fundadores de la International Dostoevsky Society (IDS) en 1971, así como el editar y consolidar en solitario durante los primeros años la revista Dostoevsky Studies, es decir, la publicación científica de la IDS donde se recogen las novedades de la investigación y la bibliografía más actualizada en todos los idiomas sobre Dostoievski.

Tras sacar a la luz en el año 1979 su obra fundamental Das Frühwerk Dostoevskijs. Literarische Tradition und gesellschaftlicher Anspruch (La obra temprana de Dostoievski. Tradición literaria y reivindicación social), nos encontramos ahora con esta segunda monografía dedicada a Dostoievski, que consiste en una recopilación de 15 de sus contribuciones más importantes dedicadas a su vida y a su obra: Fjodor M. Dostojewskij. Leben – Werk – Wirkung. 15 Essays (Fiódor M. Dostoievski. Vida – obra – influencia. 15 ensayos). Estos estudios, revisados y actualizados, se presentan recogidos en tres extensos apartados: «Aproximaciones», «Estudios sobre la obra» e «Historia de su influencia».

El  primer apartado, «Aproximaciones» (págs. 7-86), consta de cuatro artículos que poseen un carácter introductorio a la vida y a la obra de Dostoievski, en los que se intentan exponer las bases para una interpretación biográfica y literaria de su producción tanto novelística como periodística.

El escrito «Dostoievski: ¿Un ‘santo’ o una ‘figura patológica’?» (págs. 7-28) está dedicado a presentar el trasfondo filosófico en el que se inserta la obra de Dostoievski, afirmando que «no debemos olvidar que en Rusia los escritores han sido desde siempre los guías intelectuales, aquellos que señalaban el camino en la larga y oscura noche del dominio autoritario» (pág. 14). Es decir, la tarea de los escritores rusos nunca se ha definido por una labor puramente literaria y desinteresada, sino que su producción ha tenido en todo momento un claro componente ideológico, es decir, político y de acción social. Así se deben entender no sólo las obras de Pushkin, Gógol, Turguenev o Tolstói, sino también y ante todo la de Dostoievski, como muestra su predicación constante de la «idea rusa» y del gran papel que Rusia debería tener en la regeneración de Occidente y del mundo bajo la bandera de la Ortodoxia y del Zar (págs. 15-21).

El siguiente estudio («De la ‘mentira’ al ‘consenso patriótico’», págs. 29-54) analiza la cuestión de la «verdad» y la «mentira» en la obra de Dostoievski (págs. 29-42) para presentar a continuación de manera escueta el uso ideológico de su pensamiento en la Rusia actual (págs. 43-52) y citar unas líneas que arrojan luz sobre el contexto en el que se está llevando a cabo esta manipulación:

                Creer en Rusia significa creer en Dios […] Los extranjeros no comprenderán jamás a Rusia […] Los extranjeros no nos pueden comprender en absoluto […] La democracia es un sistema inhumano […] El mundo no ha podido elevarse hasta la cultura rusa, hasta el alma rusa y por eso ha tenido que descender hasta un nivel en el que ha empezado a ahogarse en el dinero y en la lascivia (pág. 51)

El tercer ensayo («La función de las fuentes literarias y de los modelos en Dostoievski», págs. 55-72) tiene un carácter más filológico y se centra en los géneros literarios que se encuentran en la obra de Dostoievski. Neuhäuser parte de la premisa de que Dostoievski es un autor con un mensaje claro y diáfano para el lector (págs. 55-56), sosteniendo que «en todos los casos se puede entender la elección del género directamente como una referencia del autor a la problemática, por lo general inconsciente, que se halla detrás de los protagonistas» (pág. 58). Bajo esta premisa se analizan los distintos recursos literarios que se hallan en la obra de Dostoievski (págs. 59 y ss.), destacando el carácter irónico de sus textos publicados tras su estancia en el presidio (págs. 62-69).

La siguiente contribución («Los géneros novela y narraciones / novelas breves», págs. 73-86) profundiza en la cuestión de los géneros, apoyándose en esta ocasión en la tesis del filólogo alemán Horst-Jürgen Gerigk de la «poética maquiavélica» en Dostoievski (pág. 76). Esta afirmación da pie a Neuhäuser para destacar el hecho de que «Dostoievski quiere despertar el interés del lector por un mundo ético compuesto de manera modélica que, sin embargo, tiene poco que ver con el mundo contemporáneo» (pág. 77).

En este contexto de examen narrativo de la obra de Dostoievski, el filólogo austríaco realiza una división de la producción de Dostoievski en tres grandes etapas, abarcando la primera desde los inicios literarios del escritor hasta su estancia en el presidio, la segunda del periodo que va desde la salida del presidio hasta Crimen y castigo, mientras que la tercera englobaría sus cinco grandes novelas  (págs. 77 y ss.). El análisis que se lleva a cabo en estas páginas, en concreto, de las narraciones publicadas por Dostoievski a partir de 1862 revelan muchos aspectos de la novelística del autor ruso hasta entonces poco conocidos y que ayudan a comprender y a contextualizar mejor su voluntad de acción e influencia política (cfr. en especial págs. 85-86).

La segunda parte de la investigación de Rudolf Neuhäuser («Estudios sobre la obra», págs. 87-171) está dedicada a tratar algunas de las novelas más importantes de Dostoievski, mas lejos de ser meras exégesis, las contribuciones que aquí se recogen se distinguen por centrarse en cuestiones o problemáticas que afectan y que ayudan a comprender el conjunto de la producción del escritor ruso. Así, por ejemplo, en el primer ensayo («Humillados y ofendidos. Un poeta trabajando en su texto», págs. 87-98) se aprovecha el descubrimiento y adquisición por parte del profesor Neuhäuser de un manuscrito hasta la fecha desconocido y que pertenecía a Stefan Zweig para acercar al lector al «taller» de composición de Dostoievski y desmontar la tesis según la cual el escritor ruso no cuidaba ni el estilo ni la composición en sus obras.

En «El narrador en los Apuntes de la casa muerta» (págs. 99-107), Neuhäuser se centra en el papel del narrador con el fin de combatir la tesis que establece que en estas memorias existe un paralelismo entre el narrador-protagonista con Dostoievski, llegando a la conclusión que

                Los Apuntes de la casa muerta deberían ser leídos como texto artístico, como narración o novela breve, siendo la persona de referencia desde la primera hasta la última página Alexander Petrovich Gorianchikov. La obra gana de esta manera en unidad, en fuerza dramática y, al mismo tiempo, también en tragedia, en tanto que el héroe se hunde por su duro destino y halla la muerte. Naturalmente se encuentra detrás el destino de Dostoievski, que corre paralelamente al de Gorianchikov, pero éste se halla claramente en el trasfondo y está unido con el texto sólo de manera indirecta a través de las circunstancias extra-textuales conocidas por el lector de la biografía del autor. (pág. 106)

El siguiente ensayo («El jugador. Dostoievski: Un precursor de la modernidad», págs. 109-116) tiene como meta mostrar el carácter excepcional que cobra El jugador en el conjunto de la producción novelística dostoievskiana, destacando la concepción «moderna» que del amor Dostoievski expone en esta obra. En la siguiente contribución («Olympia y Olympiada: Dostoievski y Édouard Manet», págs. 117-129) se continúa con la problemática del amor y de la mujer, centrándose en este caso en Apolinaria Suslova (págs. 119-120) y en la posible influencia que tendría la representación de esta temática en el cuadro de Édouard Manet Olympia.

Los dos últimos ensayos que componen esta segunda parte tienen como eje central Los demonios. En «El autor y su narrador en Los demonios» (págs. 131-143), Neuhäuser trata la cuestión de quién es el cronista de la obra, citando para contextualizar la problemática a los representantes de las principales tendencias que se encuentran en la investigación (pág. 131). Acto seguido, el profesor austríaco presenta su propuesta, según la cual hay que prestar atención al hecho de que esta novela se publicó en primer lugar por entregas y no en formato compacto y unitario, es decir, como libro. De esta manera, analiza meticulosamente las distintas apariciones del cronista en cada uno de los capítulos de la novela con el fin de demostrar cómo el narrador de la historia se encuentra siempre presente a lo largo de toda la obra (págs. 135-138). Asimismo, prueba cómo existe una relación de parentesco entre las expresiones utilizadas por el cronista y por el Dostoievski publicista a la hora de relatar los acontecimientos y su intención de describir los hechos antes de que haya una verdad «oficial» (págs. 132, 139-140). Por lo que se refiere a la crítica realizada a Dostoievski de no mantener la coherencia narrativa, Neuhäuser la combate recordando cuál era la misión del artista en Dostoievski y concluyendo que «la manera en la que Dostoievski presenta al narrador, al mismo tiempo como reportero, es decir, como ‘cronista’ y como escritor, léase como ‘artista’, corresponde a la comprensión de la literatura por parte del escritor Dostoievski y esto se mantiene consecuentemente a través de toda la novela.» (pág. 142)

«La recompensa de la fe y el ciudadano del cantón Uri: Los demonios de Dostoievski» (págs. 145-171) constituye una sugestiva reflexión en torno a, por un lado, cuánto hay de auto-biográfico en Kiríllov, Shatov, Stavrogin y Stepan Trofimovich Verjovenski (págs. 150-62) y, por el otro, a la concepción economicista de la fe que aquí se puede encontrar. Estas líneas toman como base las tesis expuestas por la investigadora americana Susan McReynolds en su obra Redemption and the Merchant God y que Neuhäuser aplica a la confesión de Stravrogin con el monje Tijón (págs. 163-171).

La tercera parte («Historia de su influencia», págs. 173-257) es quizás el apartado más interesante en tanto que permite observar el uso y el abuso ideológico que se ha realizado históricamente de la obra de Dostoievski, sobre todo, en Rusia. Así, el primer texto («La recepción de Dostoievski en Rusia (1881-2010)», págs. 173-194) delinea la fortuna de Dostoievski en su patria, mostrando el fanatismo de los exegetas rusos actuales quienes lo vuelven a caracterizar, tal y como sucedió con los primeros intérpretes de su obra a finales del siglo XIX y a principios del XX, como el profeta del pueblo ruso que lo guiará a la salvación, es decir, a la dominación del mundo occidental. Como ejemplo paradigmático de estas interpretaciones fanáticas de los investigadores rusos, Neuhäuser cita un texto del actual presidente de la IDS, Vladímir Zacharov, quien, en un artículo titulado «Dostoievski sobre el futuro de Rusia», escribió en relación con la cuestión de si había un futuro de Rusia fuera de la Ortodoxia:

                 Ésta es una pregunta retórica. Sin Dios ni Cristo sólo hay para Rusia un final: la desaparición en la nada. ¿Queremos tal final después de nuestra historia milenaria? Dostoievski es categórico: El futuro de Rusia fuera de la Ortodoxia es impensable (pág. 187).

Esta situación en la que se encuentran no sólo los estudios dostoievskianos, sino la sociedad rusa en general es descrita por Neuhäuser a través de las palabras del historiador moscovita Yuri Afanasiev de la siguiente manera: «Vivimos más con el recuerdo que con la historia, más con sentimientos que con pensamientos» (pág. 191).

Los siguientes tres artículos constituyen un bloque independiente en este apartado, puesto que tienen un carácter más literario y se encuadran dentro de lo que podríamos denominar «literatura comparada». De esta manera, teniendo como eje central la novela de Dostoievski Crimen y castigo, se analiza primero la obra de Vladímir Makanin Underground o un héroe de nuestro tiempo («Asesinato en Moscú: Un Raskólnikov post-soviético. La novela de Makanin Underground o un héroe de nuestro tiempo», págs. 195-209) y se establecen las premisas para una comparación entre el autor bosnio Meša Selimović y Dostoievski («Dostoievski y Meša Selimović: Prolegómenos para un estudio comparativo», págs. 211-225), destacando los paralelismos biográficos e ideológico-narrativos que se pueden encontrar entre ambos autores («La historia del antiguo mandarín: Variantes de un motivo», págs. 227-237).

El último ensayo que encontramos en esta obra del profesor Rudolf Neuhäuser no sólo se distingue del resto por estar redactado en lengua inglesa, sino también porque constituye una de las contribuciones más interesantes de esta monografía al ocuparse de la concepción de los Estados Unidos que puede extraerse de la obra de Dostoievski («¿Qué le pasa a los Estados Unidos? El neoliberalismo actual criticado desde el punto de vista del siglo XIX», págs. 239-257). Así, tras un interesantísimo recorrido histórico sobre los distintos autores rusos que trataron de los EE.UU. en los siglos XVIII y XIX y que pudieron tener algún tipo de influencia en la opinión de Dostoievski sobre el Nuevo Continente, se analizan las distintas apariciones en su producción para resaltar finalmente el papel negativo que los Estados Unidos tuvieron en su ideario político.

De esta manera se cierra esta recopilación de estudios del filólogo austríaco Rudolf Neuhäuser que, como se habrá podido observar, está dirigida no sólo al especialista, sino también al interesado en la obra y/o el pensamiento del gran escritor ruso. Las sugestivas claves de lectura que aquí se ofrecen y los diversos conceptos filológicos, históricos y filosóficos que aquí se aclaran son de conocimiento obligatorio si se desea una comprensión meditada, sensata y ecuánime de la cosmovisión de Dostoievski.


Jordi Morillas

Coordinador Regional para España de la International Dostoevsky Society