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“Soy comunista”

Patryk Nowak

(Publicado en Forum polonijne, el 19 de enero de 2014, pág. 2)

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Hace unas semanas estuve en la universidad. Hacía mucho frío, como está haciendo ahora en invierno. Me decidí tomar un café bien caliente en mi bar preferido. No está mal, pensé. Puedo comprar lo que quiera, puedo ir donde quiera, cuando quiera, puedo incluso difundir cualquier estupidez que me venga a la cabeza, aunque ya empiezo a dudar de la idoneidad de este derecho. De camino a casa me di cuenta de que había un puesto curiosamente adornado. Manteles rojos, banderas amarillas y una asociación que recordaba al “Bloque negro”, un grupo de combate alemán de extrema izquierda. Curioso, pues así soy por naturaleza, pregunté al primer izquierdista que vi en el puesto por la finalidad de aquella asamblea, obteniendo la siguiente respuesta: “Somos comunistas. Queremos proteger el mundo del sanguinario capitalismo”. En ese momento dejé de escucharle. Algunos segundos más tarde me entregó un periódico: me quedé pasmado. En la portada del periódico me sonreía el camarada Lenin, junto a sus dos antepasados ideológicos: Marx y Engels. Con el fin de que fuera más simpático, los camaradas diseñadores no habían escatimado en simbología soviética. Todo el mundo, incluso el que tiene una cultura media, sabe que la ideología comunista estableció el “asesinato planificado”. ¿Quién inventó los campos de concentración? Precisamente los comunistas. ¿Quién asesinaba a la gente de manera bestial antes de que se fundara el III Reich? En efecto: primero las checas y luego la NKWD. ¿Quién es el responsable del Holodomor, es decir, de la Gran Hambruna en Ucrania, donde la URSS causó la muerte de 7 millones de personas? Exacto: la ideología comunista del asesinato planificado. Si existe un debate acerca de la ilegalización del NPD (lo cual creo que es justo), es necesario también considerar la liquidación del partido comunista. La ideología del III Reich dividía a la gente entre mejores y peores, según una clasificación genética, es decir, racial. Sólo es necesario cambiar la palabra “racial” por la “clase”… et voila!  Comunismo. Pero mi interlocutor del “Bloque negro” no quería escuchar esto: “Soy comunista. Tu propaganda fascista no cambia absolutamente nada”.