Monday, 20. November 2017

Visitantes

1245687

Búsqueda

AGON en Facebook

Compártenos

Share to Facebook Share to Twitter Share to Linkedin Share to Myspace Share to Delicious Share to Google 

Compartir

LogoLeon

¿Es la lengua alemana un idioma de cultura?

Genocidio y racismo: contribución a la historia reciente de Alemania. 

 

El día 27 de septiembre de 2009 ganaba las elecciones en Alemania, aunque sin conseguir la mayoría absoluta, la CDU de Angela Merkel. Tras el fracaso en la legislatura anterior de la conocida como la “gran coalición”, es decir, el gobierno común entre los dos grandes partidos alemanes, el socialdemócrata SPD y el conservador CDU, Merkel creyó necesario intentar un nuevo gobierno de coalición, esta vez, con el FDP, es decir, el partido liberal. El líder de los liberales alemanes era Guido Westerwelle, político conocido principalmente por ser uno de los pocos personajes públicos que había reconocido abiertamente su homosexualidad en el 2001.

Las negociaciones llevadas a cabo entre el equipo de Merkel y el de Westerwelle tuvieron un resultado positivo y, aprovechando que habían mejorado considerablemente sus resultados electorales, Westerwelle ofreció su apoyo a Merkel en esta nueva legislatura, pasando a ocupar personalmente el puesto de ministro de asuntos exteriores.

La primera rueda de prensa ofrecida por Guido Westerwelle al día siguiente de las elecciones, es decir, el 28 de septiembre, causó una gran polémica por la conocida reacción airada del político liberal quien, ante una pregunta en inglés por parte de un corresponsal de la BBC no sólo se negó a contestar en la lengua de Shakespeare, sino que también riñó al periodista anglosajón argumentando que estaban en Alemania y que “en Alemania se habla alemán”[1].

La tremenda polémica que causó en los medios internacionales la inesperada reacción por parte del que sería ministro de asuntos exteriores alemán fue tal que, días después, en otra rueda de prensa en la cual Westerwelle presentaba el equipo que formaría parte de la coalición con la CDU, éste inició su comparecencia saludando a ingleses y franceses con un “welcome” y un “bienvenue” respectivamente[2].

El pasado jueves día 25 de febrero, el ya ministro alemán de asuntos exteriores, Guido Westerwelle, inauguraba en el Goethe-Institut de Berlín una campaña con el título “Alemán, idioma de las ideas” (Deutsch – Sprache der Ideen) que pretende fomentar el aprendizaje del idioma alemán no sólo entre los extranjeros residentes en Alemania, sino también en toda Europa y en el mundo entero[3]. En este acto, el Sr. Westerwelle pronunció un discurso titulado “El idioma alemán en el mundo – Un homenaje” (Die deutsche Sprache in der Welt - Eine Hommage)[4], y en el que, entre otras cuestiones, se afirmaba que:

-  El alemán es un idioma maravilloso.[5]

-  Esta noche es un “hommage”. Habríamos podido también hablar de “Ehrerweis” o de “Lobpreisung”. Pero no debemos. El alemán es lo suficientemente seguro de sí mismo como para llevarse bien con palabras de otros países.[6]

-  Quien propugna un Estado de derecho, abre espacios de libertad para los hombres. Las ideas que se pueden discutir libremente en un Goethe-Institut son ideas que a veces, dos casas más allá, podrían llevar a la cárcel. Fomentar esta libertad intelectual es un deber que Alemania quiere cumplir y por el que yo, personalmente, me siento obligado.[7]

-  La tarea de la política exterior de formación y cultura es co-organizar el mundo del mañana.[8]

-  Sólo cuando tenga éxito el diálogo entre culturas, se podrá vivir en una paz y en una libertad duradera.[9]

-  Quien habla un idioma, se encuentra con el respeto mutuo.[10]

-  Una Alemania que está por la sinceridad y la libertad, por la tolerancia y los valores, por el éxito y la motivación, por la formación y las innovaciones.[11]

-  El alemán como idioma en el corazón. El alemán como idioma en el corazón de Europa. Es una parte importante de nuestra identidad europea.[12]

-  Como ven, el alemán y el sistema de formación alemán no es precisamente ningún impedimento para hacer carrera y esto es algo que queremos mostrar también a muchos jóvenes en todo el mundo.[13]

-  El alemán facilita oportunidades individuales. Abre el camino para uno de los mejores sistemas de formación del mundo y fortalece naturalmente también Alemania como sede de la ciencia. El alemán abre la posibilidad de hacer una carrera científica en más de las 350 universidades que, en parte, como todos sabemos, gozan de prestigio internacional.[14]

-  El idioma alemán es la llave para la literatura, la música, la filosofía y la ciencia, para el reino de las grandes tradiciones culturales europeas y, naturalmente, para la economía nacional más grande de Europa.[15]

Tal defensa del alemán como idioma de la cultura, de la ciencia y de la economía no dejaría se ser una muestra irrisoria más del patético nacionalismo alemán y no sería digno de atención si no fuera por el hecho de que se trata de un pueblo y de una cultura que puede ser digno de todo, menos de admiración y ejemplo a seguir. ¿Qué tiene de especial la lengua alemana? ¿Qué cultura representa el idioma alemán? ¿Qué ha hecho de destacable históricamente el pueblo alemán?

El alemán es un idioma maravilloso y harmónico. Sí, el alemán en el cual Anne Frank expresó sus angustias, sus sufrimientos y su martirio en un escondrijo de Holanda mientras huía y esperaba poder librarse del terror de los nacionalsocialistas alemanes es maravilloso. Sí, el alemán en el cual se proclamó y se dio la orden de exterminar a 6 millones de judíos en Europa es maravilloso. Sí, el alemán como idioma de la Shoah es maravilloso [y la frase "Arbeit macht frei" queda de maravilla colgada en la entrada del campo de exterminio de Auschwitz]

¿El alemán como idioma de las ideas? Sí, de ideas como el exterminio y la esclavización de todo aquel que no fuera “ario” o de ideas tan edificantes como las que se encuentran en la Kritik der praktischen Vernufnt, en la Wissenschaftslehre o en la Phämenologie des Geistes y que encontraron su plena culminación en el Mein Kampf y en la promulgación de las leyes de Nuremberg.

El alemán es un idioma lo suficientemente “seguro de sí mismo” como para poder aceptar palabras de otras culturas. Sí, ¿también sucede lo mismo con las personas que hablan esos idiomas? ¿Cuál es la relación de los alemanes con los extranjeros? ¿También de aceptación? ¿Aceptación en campos de concentración o en ghettos? ¿Es ésta la peculiar vía alemana de llevar a cabo el “diálogo entre culturas”? ¿Es éste el camino para vivir en una paz duradera? ¿O se refiere a la paz de cementerio que otorgan los crematorios y las cámaras de gas?

El alemán, Alemania, como el país donde se defiende la libertad de expresión. ¿Libertad de expresión en un país donde gobierna despóticamente lo “políticamente correcto”? ¿Libertad de expresión en un país en el cual no se puede investigar y discutir libremente de política? ¿Libertad de expresión que se manifiesta en esas censuras de contenidos de todo tipo en Internet? ¿Libertad de expresión que se manifiesta en esos vídeos censurados por el gobierno alemán en la red “Youtube”? ¿Es la libertad de expresión que se manifiesta en todas esas películas censuradas de A. Schwarzenegger, S. Stallone o J-C. van Damme debido a sus elevados niveles de “violencia”? ¿De esos vídeo-clubs alemanes en los que se venden “películas sin censurar” como si esto fuese algo extraordinario? ¿Los alemanes dando lecciones de civismo al resto de los europeos?

La tarea de la actual política de formación y cultura alemana es la configuración del mañana. ¿De qué “mañana” estamos hablando? ¿De un “mañana” de solidaridad como el que está mostrando precisamente el partido liberal que preside el Sr. Westerwelle con Grecia y su tremenda crisis económica?[16] El idioma alemán como propugnador del diálogo entre culturas, de convivencia. ¿Se refiere el Sr. Westerwelle a la “convivencia” que han logrado implantar los alemanes en Suiza en las universidades y en la sociedad en general?[17] ¿De la “convivencia” que muestran en ese imperialismo camuflado de turismo en Mallorca, la cual consideran como el decimoséptimo “Land” de la “Deutsche Bundesrepublik”?

“Quien habla un idioma, se encuentra con el respeto mutuo” sostiene el Sr. Westerwelle. Sin duda, esta afirmación no la haría con la intención de aplicarla al idioma alemán o a los alemanes, quienes detestan y rechazan no sólo a los extranjeros que no hablan “akzentfrei” su idioma, sino a todas las personas que habitan en su país y no son de nacionalidad alemana. La xenofobia en Alemania no conoce, ciertamente, límites.

La lengua alemana como el idioma en el corazón de Europa. Sí, ciertamente, el alemán está presente en todo el centro de Europa en forma de campos de concentración y de exterminio de seres humanos y en los diversos memoriales de todos aquellos asesinatos y genocidios llevados a cabos por los hablantes de este maravilloso idioma portador de valores y de cultura que es el alemán. Y, sí, aún sigue, pese al robo producido este verano, el famoso cartelito escrito en alemán sobre la entrada del campo de extermino de Auschwitz.

El alemán se estudia en Polonia y es muy querido en el país vecino, argumenta, además, el Sr. Westerwelle. Sí, de la misma manera que son también muy “apreciados” toda esa cantidad ingente de asesinatos y matanzas llevadas a cabo por los alemanes en Polonia y que recuerdan constantemente los polacos conservando todavía toda una serie de inmensos cementerios en donde se enterraron a todos aquellos que no eran del gusto de los alemanes. ¿Hemos dicho ya que el campo de Auschwitz estaba en Polonia?

¿El alemán como idioma de la cultura? Sí, de la cultura que quema y censura libros. Sí, de la cultura representada por todos aquellos grandes filósofos de la Ilustración alemana. El maravilloso alemán mediante el cual tanto I. Kant como J. G. Fichte defendieron y justificaron los crímenes y los asesinatos de la Revolución Francesa. El mismo idioma en el cual Hegel teorizaba la sumisión del hombre ya no a Dios, sino al Estado. El maravilloso alemán de la sumisión de Hegel que fundamentaría ideológicamente a los dos movimientos más criminales del siglo XX, es decir, al comunismo y al nacionalsocialismo. El mismo idioma en el cual K. Marx puso las principios básicos sobre los cuales después se llevaría a cabo el exterminio sistemático de más de 100 millones de seres humanos o en el que el Dr. Joseph Goebbels pronunció su conocido discurso de la “totaler Krieg” y que condujo a la destrucción sistemática no sólo de Alemania, sino también de todo el territorio europeo. Sí, el alemán es un idioma portador de valores, de valores tan edificantes como la sumisión, la obediencia ciega y el exterminio.

¿Este alemán que une culturas y que está en el “corazón de Europa” es, además, el alemán de Fichte, el cual en sus Discursos a la nación alemana, redactados después de su desengaño con los resultados de la Revolución Francesa y el pueblo francés, el cual había considerado siempre superior al alemán, defendía que los alemanes eran el único pueblo capacitado para guiar a Europa y para entender la verdadera esencia del cristianismo? ¿Del mismo idioma alemán en el cual Fichte insinuaba que Cristo era ario y cuyos desarrollos teóricos se manifestaron prácticamente en los campos de concentración nacionalsocialistas?

El idioma alemán como parte de nuestra identidad europea. Pero, ¿qué ha aportado el alemán al patrimonio cultural europeo heredado de los pueblos griegos y latinos? ¿La quema y destrucción sistemática de libros? ¿La idea de la sumisión, del Estado único, de la obediencia incondicional, del “deber absoluto” de Kant? No en vano, el alemán es la lengua de Martín Lutero, aquel que “liberó” al hombre de la tiranía del Papa de Roma para someterlo a Dios a través de un alemán, eso sí,  maravilloso, como se puede observar en su famosa traducción de la Biblia, el libro que ha esclavizado espiritualmente a Europa durante más de dos mil años.

No es nada casual el hecho de que el cristianismo se haya mantenido en territorio europeo y haya sobrevivido gracias a los germanos de las selvas descritos por Tácito en el siglo I d. C.: primero con el obispo Ulfilas, quien inventa el alfabeto gótico para traducir la Biblia, y luego con Lutero, el alemán – y no el latín o los idiomas del sur – se ha convertido propiamente en la lengua de identidad y de expresión del cristianismo en Europa (no deja de ser una ironía de la historia que la persona más conservadora y que más ha hecho por defender la causa del cristianismo en la segunda mitad del siglo XX sea un alemán, Joseph Ratzinger, quien, además, es ahora Papa de Roma).

El alemán como idioma que abre caminos en la formación intelectual en las universidades y Alemania como sede de la ciencia en Europa. Quizás habría que recordar al Sr. Westerwelle, en este contexto, que el idioma de la ciencia actual no es el alemán, sino el inglés y que las universidades alemanas no son los centros de investigación y saber de antaño. Asimismo, habría que recordar la polémica surgida en agosto de 2009 en Alemania al descubrirse que más de 100 “profesores honorarios” alemanes habían otorgado títulos de doctor a cambio de dinero o el hecho de que en la tierra de Goethe y Schiller hay más de 4 millones de personas de origen alemán que son consideradas analfabetas funcionales, es decir, que no saben ni leer ni escribir.[18] Si las universidades y los centros de investigación alemanes tuvieran esa fama mundial de la que el Sr. Westerwelle presume que poseen y fueran tan envidiadas, quizás no habría entonces esa “fuga de cerebros” alemanes a los Estados Unidos, alemanes que, una vez que están ahí, no sólo deploran el penoso estado actual de la academia y la ciencia en Alemania, sino que también hacen todo lo posible para no volver a su país natal.

Resulta curioso observar, por otro lado, cómo todos aquellos que se han considerado “Dichter” o creadores del maravilloso idioma alemán se han destacado siempre por su feroz visión crítica de los alemanes y la cultura alemana. Baste recordar, en este contexto, la figura de J. G. von Goethe, Hölderlin, A. Schopenhauer o F. Nietzsche. Quizás sea el autor de Also sprach Zarathustra y el forjador del término de “el buen europeo”, es decir, de aquel concepto que designaría al hombre que se sentía heredero de la gran cultura greco-romana y se declaraba enemigo acérrimo del cristianismo, el que mejor resuma qué le debe Europa al idioma y al pueblo alemán (Ecce homo, “El caso Wagner”):

 

2.

[…] «El Renacimiento y la Reforma protestante, sólo ambas cosas juntas constituyen un todo – el renacimiento estético y el renacimiento moral». – Tales frases acaban con mi paciencia y experimento el placer, siento incluso como un deber el decir de una vez a los alemanes todo lo que tienen ya sobre su conciencia. ¡Todos los grandes crímenes contra la cultura de los últimos cuatro siglos los tienen sobre su conciencia!... Y siempre por el mismo motivo, por su profundísima cobardía frente a la realidad, que es también la cobardía frente a la verdad, por su falta de veracidad convertida por ellos mismos en instinto, por «idealismo»... Los alemanes han hecho perder a Europa la cosecha, el sentido de la última gran época, la época del Renacimiento, en un instante en el que un orden superior de los valores, en el que los valores aristocráticos, los que dicen sí a la vida, los que garantizan el futuro, habían llegado a triunfar en la sede de los valores contrapuestos, de los valores de decadencia - ¡y hasta en los instintos de los que allí se asentaban! Lutero, esa fatalidad de fraile, restauró la Iglesia y, lo que es mil veces peor, el cristianismo, en el momento en que éste sucumbía… ¡El cristianismo, esa negación de la voluntad de vivir hecha religión!... Lutero, un fraile imposible, que atacó a la Iglesia a causa de su propia «imposibilidad» y –¡en consecuencia!– la restauró... Los católicos tendrían razones para celebrar fiestas en honor de Lutero, para componer obras teatrales en honor de Lutero… Lutero – ¡y el «renacimiento moral»! […] Leibniz y Kant, – ¡esos dos máximos obstáculos para la rectitud intelectual de Europa! – Finalmente, cuando a caballo entre dos siglos de décadence se dejó ver una force majeure de genio y voluntad, lo bastante fuerte como para hacer de Europa una unidad, una unidad política y económica, destinada a gobernar la Tierra, los alemanes, con sus «guerras de liberación», han hecho perder a Europa el sentido, el milagro de sentido en la existencia de Napoleón, – con ello tienen sobre su conciencia todo lo que vino, todo lo que hoy existe, esa enfermedad y esa sinrazón, las más contrarias a la cultura que existen, el nacionalismo, esa névrose nationale de la que está enferma Europa, esa perpetuación de los pequeños Estados de Europa, de la pequeña política: han hecho perder a Europa incluso su sentido, su razón la han llevado a un callejón sin salida. – ¿Conoce alguien, excepto yo, una vía para salir de este callejón sin salida?... ¿Una tarea lo suficientemente grande como para unir de nuevo a los pueblos?

3.

– Y, finalmente, ¿por qué no debería manifestar mi sospecha? También en mi caso volverán los alemanes a intentar todo para que de un destino inmenso nazca un ratón. Hasta ahora se han puesto en evidencia conmigo, dudo que en el futuro vayan a hacerlo mejor. – ¡Ay, cuánto deseo ser en esto un mal profeta!... Mis lectores y oyentes naturales son ya ahora rusos, escandinavos y franceses, – ¿lo serán cada vez más? – Los alemanes se hallan inscritos en la historia del conocimiento sólo con nombres ambiguos, no han producido nunca más que «inconscientes» falsificadores de moneda (– Fichte, Schelling, Schopenhauer, Hegel, Schleiermacher merecen esa palabra, lo mismo que Kant y Leibniz, todos ellos son meros fabricantes de velos [Schleiermacher] – ): no deberán tener nunca el honor de que el primer espíritu recto en la historia del espíritu, el espíritu en el que la verdad viene a juzgar a los falsificadores de moneda de cuatro milenios [sic], se incluya entre los representantes del espíritu alemán. El «espíritu alemán» es mi aire viciado: me cuesta respirar en la cercanía de esa suciedad in psychologicis convertida en instinto y que se revela en cada palabra, en cada gesto de un alemán. Ellos no han atravesado jamás por un siglo XVII de severo examen de sí mismos, como los franceses, un La Rochefoucauld, un Descartes son cien veces superiores en rectitud a los primeros alemanes, – no han tenido hasta ahora un solo psicólogo. Pero la psicología es casi el criterio de la pureza o impureza de una raza… Y cuando no se es siquiera puro, ¿cómo se debería tener profundidad? En el alemán, de un modo semejante a lo que ocurre en la mujer, no se llega nunca al fondo, no lo tiene: eso es todo. Pero no por ello se es ya superficial. – Lo que en Alemania se llama «profundo» es justamente ese instinto de suciedad para consigo mismo de la que precisamente estoy hablando: no se quieren tener las cosas claras sobre uno mismo. ¿Me sería lícito proponer que se use la palabra «alemán» como moneda internacional para designar esta degeneración psicológica? – En este momento, por ejemplo, el Kaiser alemán afirma que su «deber cristiano» es liberar a los esclavos de África: entre nosotros los otros europeos llamaríamos a esto sencillamente «alemán»… ¿Han producido los alemanes un solo libro que tuviera profundidad? Incluso se les escapa la noción de lo que es un libro profundo. He conocido personas doctas que consideraban profundo a Kant; me temo que en la corte prusiana se considere profundo al señor von Treitschke. Y cuando yo he alabado ocasionalmente a Stendhal como psicólogo profundo, me ha ocurrido, estando con profesores de universidad alemanes, que me han hecho deletrearles el nombre…

4.

– ¿Y por qué no debería ir hasta el final? Me gusta hacer tabla rasa. Forma incluso parte de mi ambición el ser considerado como despreciador par excellence de los alemanes. Mi desconfianza contra el carácter alemán la manifesté ya cuando tenía veintiséis años (tercera Intempestiva, p. 71) – para mí los alemanes son imposibles. Cuando me imagino una especie de hombre que contradice a todos mis instintos, siempre me sale un alemán. Lo primero que hago cuando «sondeo los riñones» de un hombre es mirar si tiene en el cuerpo un sentimiento para la distancia, si ve en todas partes rango, grado, orden entre un hombre y otro hombre, si distingue. Con ello se es gentilhomme; en cualquier otro caso se pertenece irremisiblemente al tan magnánimo, ay, tan bondadoso concepto de la canaille. Pero los alemanes son canaille —¡ay!, son tan bondadosos… El trato con alemanes degrada: el alemán nivela... Si excluyo mi trato con algunos artistas, ante todo, con Richard Wagner, no he pasado ni una sola hora buena con alemanes.... Suponiendo que apareciese entre los alemanes el espíritu más profundo de todos lo milenios, una salvadora cualquiera del Capitolio opinaría que su muy poco bella alma tendría al menos idéntica importancia… No soporto a esta raza, con quien siempre se está en mala compañía, que no tiene mano par las nuances –  ¡ay de mí!, yo soy una nuance –, que no tiene esprit en los pies y ni siquiera sabe caminar… A fin de cuentas, los alemanes carecen de pies, sólo tienen piernas... Los alemanes no tienen ni idea de cuán vulgares son, pero esto constituye el superlativo de la vulgaridad, – ni siquiera se avergüenzan de ser meramente alemanes... Hablan de todo, creen que ellos son quienes deciden, me temo que incluso han decidido sobre mí…

No, el alemán no es el idioma par excellence en el corazón de Europa. Si algo representa y ha representado históricamente el alemán es la sumisión, la intolerancia, la tiranía, la superstición y el exterminio indiscriminado de seres humanos a los cuales se les consideraba como seres inferiores. Ulfilas, Lutero, Kant, Fichte, Hegel, Marx, Hitler – todos ellos hablaban alemán, todos ellos defensores de los principios anti-europeos de la sumisión y la obediencia ciega a la autoridad (sea ésta “dios”, el “Estado” o el “proletariado”).

El alemán como expresión de una cultura que ha de mostrar el camino de la tolerancia y de la paz, de una paz que ha de ser, como argumentaba Kant, “eterna”, de una paz, en definitiva, que se conseguirá el día en que Europa se convierta en un inmenso campo de concentración nacionalsocialista y la bota alemana con la svástica incrustada pueda pasearse de nuevo a sus anchas y mostrar al mundo todo el odio y el resentimiento que lleva dentro.[19] Quizás sea ésta la magia del idioma alemán de la que habla el ministro de asuntos exteriores alemán, Guido Westerwelle, quien muestra actitudes xenófobas y chauvanistas negándose a hablar en otros idiomas en ruedas de prensa y rechaza ayudar a aquellos países que se encuentran en crisis como Grecia, cuna de la civilización occidental. Pero seamos, no obstante, positivos y concluyamos este texto con aquellas palabras con las que le hubiera gustado finalizar a Herr Westerwelle su ponencia y que por prudencia evitó pronunciar, es decir, con el bellísimo y hermosísimo “Deutschland, Deutschland über alles…”



[1] http://www.tagesspiegel.de/politik/wahlen/Guido-Westerwelle-BBC;art20195,2911549. Aquí se ofrece no sólo la noticia, sino también el vídeo en el cual se ve a Westerwelle negándose a contestar al periodista británico.

[3] Entre las organizaciones participantes se contaban el „Goethe-Institut“, el „Deutsche Akademische Austauschdienst“,  la "Zentralstelle für das Auslandsschulwesen", el "Pädagogische Austauschdienst", el "Institut für Auslandsbeziehungen" y la "Deutsche Welle".

[5] Deutsch ist eine wunderschöne Sprache.

[6] Der Abend heute ist eine „Hommage“. Wir hätten auch von einem Ehrerweis oder einer Lobpreisung sprechen können. Aber wir müssen nicht. Deutsch ist selbstbewusst genug, sich mit Worten aus anderen Ländern bestens zu vertragen.

[7] Wer für Rechtsstaatlichkeit eintritt, eröffnet Freiheitsräume für Menschen. Ideen, die man in einem Goethe-Institut frei diskutiert, sind Ideen, für die man manchmal zwei Häuser weiter ins Gefängnis geworfen werden kann. Diese intellektuelle Freiheit zu fördern, ist ein Auftrag, den Deutschland erfüllen will und dem ich mich auch ganz persönlich verpflichtet fühle.

[8] Aufgabe der deutschen Auswärtigen Kultur- und Bildungspolitik ist, die Welt von morgen mitzugestalten.

[9] Nur wenn der Dialog zwischen den Kulturen gelingt, werden wir auf Dauer in Frieden und in Freiheit leben können.

[10] Wer eine Sprache spricht, begegnet sich mit wechselseitigem Respekt.

[11] Ein Deutschland, das für Offenheit und Freiheit, für Toleranz und Werte, für Erfolg und Leistungsbereitschaft, für Bildung und Innovationen steht.

[12] Deutsch als Sprache im Herzen. Deutsch als Sprache im Herzen Europas. Sie ist ein wichtiger Teil unserer europäischen Identität.

[13] Sie sehen, Deutsch und das deutsche Bildungssystem, das ist eben kein Karrierehindernis und das wollen wir vielen jungen Menschen auch in der Welt zeigen.

[14] Deutsch ermöglicht individuelle Chancen. Es öffnet den Weg zu einem der besten Ausbildungssysteme der Welt und stärkt natürlich auch den Wissenschaftsstandort Deutschland. Deutsch eröffnet die Möglichkeit auf eine wissenschaftliche Karriere in mehr als 350 Hochschulen, die zum Teil, wie wir alle wissen, Weltruf genießen.

[15] Die deutsche Sprache ist der Schlüssel zur deutschen Literatur, zur Musik, Philosophie und Wissenschaft, zum Reichtum großer europäischer Kulturtraditionen und natürlich auch zur größten Volkswirtschaft Europas.

[16] Véase nuestro informe “Deutschland gegen Griechenland o de la necesidad de no olvidar lo inolvidable”.

[17] Véase nuestro informe “Deutsche Raus! O cómo los suizos muestran el camino a seguir”.

[18] Véase el informe del Bundesverband Alphabetisierung del 2000, http://www.alphabetisierung.de/fileadmin/files/Dateien/Downloads_Texte/IhrKreuz-gesamt.pdf, así como el del Deutsches Institut für Erwachsenenbildung Leibniz-Zentrum für Lebenslanges Lernen (September 2009):  http://www.die-bonn.de/doks/karg0901.pdf.

[19] Un muy interesante documento de lo que es realmente "el ser alemán" lo constituye la reciente película La cinta blanca y que curiosamente tan poco gusta a los alemanes que la han visto.