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Pájaros, abejas y espías de la NSA.

La indignación europea sobre el espionaje de la NSA ignora su propia historia y sus propias prácticas

Editorial del WSJ del 29 de octubre de 2013

Obamatrip11

Quizás los líderes de la Unión Europea deberían haber enviado un comunicado en su reunión del viernes en Bruselas en el que agradecieran públicamente a Edward Snowden el hecho de que robara secretos de los Estados Unidos y les diera de esta manera algo de qué hablar en lugar de hacerlo sobre sus propias economías.

La tasa de desempleo de la eurozona alcanzó casi un récord del 12% en agosto, por encima del 11.5% del año anterior, y la pregonada recuperación europea está fichando al 0,3% después de 18 meses de recesión. Pero, ¿por qué llamar demasiado la atención sobre estas cosas desagradables cuando, oh, Dios mío, los americanos podrían estar escuchando a escondidas?

El último ataque de resentimiento europeo viene causado por más revelaciones de Snowden acerca de la escala del programa de vigilancia electrónico de la Agencia de Seguridad Nacional [=NSA, en inglés]. Le Monde informaba la semana pasada de que la NSA había recopilado unos 70 millones de grabaciones telefónicas francesas entre el diciembre pasado y enero. “Este tipo de prácticas entre socios es un ataque a la privacidad y es totalmente inaceptable”, dijo el Ministro de Asuntos Exteriores francés Laurent Fabius, quien citó al Embajador de los Estados Unidos para amonestarle.

Mientras tanto, el Der Spiegel alemán informaba de que la NSA podría haber estado siguiendo el móvil de Angela Merkel durante casi una década, aunque no está claro si los Estados Unidos escuchaban las conversaciones de la Canciller alemana o simplemente registraban sus contactos. A la revelación de Merkel siguen divulgaciones semejantes según las cuales la NSA habría vigilado las comunicaciones electrónicas del mexicano Felipe Calderón y de la brasileña Dilma Rousseff, entre otros líderes mundiales.

La indignación francesa es especialmente difícil de tomar en serio dado que Le Monde informaba este verano de que la agencia de inteligencia francesa DGSE mantiene su propio vigoroso programa de recopilación de información de objetivos domésticos y extranjeros. “Le Big Brother français”, como lo llama Le Monde. La antigua Secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright señaló recientemente que los franceses habían estado escuchando a escondidas sus conversaciones privadas cuando fue embajadora de los Estados Unidos en la década de 1990. “Esto no es una sorpresa para la gente”, dijo en una conferencia en Washington. “Los países se espían mutuamente”.

El caso alemán es más sensible, aun cuando los detalles siguen sin estar claros. Nadie duda de la buena fe personal de la Sra. Merkel como amiga de los Estados Unidos. Pero, si nos retrotraemos a décadas pasadas, hay buenas razones por las cuales los Estados Unidos querrían escuchar a escondidas a los cancilleres alemanes.

En la década de 1970, Günter Guillaume, un importante asesor del entonces canciller Willy Brandt, resultó ser un agente de la Stasi. La revelación forzó a Brandt a dimitir. Más recientemente, el antiguo canciller alemán Gerhard Schröder formó una alianza de facto con el francés Jacques Chirac y el ruso Vladimir Putin para oponerse a los Estados Unidos en la cuestión de Irak. Después de abandonar su puesto en el 2005, el Sr. Schröder de hecho fue a trabajar para el Sr. Putin como presidente de Nord Stream AG, un consorcio de oleoducto en el que el gigante del gas ruso Gazprom tiene un 51% de las acciones.

Tal historia es una buena razón para que la Administración Obama resista a las llamadas de Berlín y París para adoptar un acuerdo de “no espionaje” del tipo que los Estados Unidos tiene con el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Los intereses americanos y europeos han divergido con frecuencia y de manera brusca e inevitablemente lo harán de nuevo. El presidente Obama no debería atar de manos a sus sucesores, quienes podrían no tener a alguien tan solidario como la Sra. Merkel como homólogo en Berlín.

Los Estados Unidos deberían resistir también a los esfuerzos de las Naciones Unidas liderados por la Sra. Rousseff para extender a internet la protección de privacidad del Acuerdo Internacional de 1976 sobre los Derechos Políticos y Civiles. Expandiendo la ley no se pararán los actos de piratería informáticos chinos, rusos o sirios. Pero hará más difícil para los Estados Unidos y para las otras democracias poder comportarse inteligentemente en un área en la que ellos por lo general tienen ventaja técnica sobre sus enemigos. La alternativa es más desarmamento unilateral occidental en un mundo en el cual el crimen cibernético, los ataques cibernéticos y el terror cibernético se están convirtiendo en más efectivos y ubicuos.

No es de asombrar si incluso la Sra. Merkel intenta rebajar el tono de la retórica sobre las declaraciones de escuchas a escondidas. “La canciller tiene que aparecer lo suficientemente indignada para reflejar la indignación alemana y europea por las acusaciones”, señalaba el Der Spiegel, “pero también tiene que evitar denunciar públicamente al aliado más importante de Berlín, es decir, a los Estados Unidos”.

Traducción: La canciller y sus colegas no necesitan una lección sobre los pájaros y las abejas acerca del arte de gobernar[1], pero tienen que apaciguar los gritos de indignación anti-americanos domésticos. En este contexto, también se olvida que es obligación de los líderes políticos educar al público, incluso de una manera general, acerca de los hechos de la vida en relación con la inteligencia y de las necesidades de seguridad nacional en un mundo peligroso.

La Administración Obama es incluso peor, sonando defensiva como siempre en los programas contra el terror. Hasta el momento se está diciendo que se están comprobando las pruebas y los procedimientos de la NSA, como si la NSA trabajara para otro gobierno. El problema real es el error del Sr. Obama a la hora de defender los programas que han estado usándose tan vigorosamente desde que tomó el poder hace cinco años. No puede echarle la culpa de ello a George W. Bush.

El peligro ahora es que el presidente Obama intentará aplacar a su (antiguo) club de fans europeos y a liberales americanos acordando extender restricciones en el alcance de las actividades de la NSA. De ser así, el Sr. Obama le permitirá a Edward Snowden fijar la política de seguridad de los Estados Unidos, agravando el considerable daño que la fuga ya ha provocado. El precio pagado en inteligencia perdida se recompensará en vidas perdidas.



[1] La expresión “pájaros y abejas” es un eufemismo inglés sobre la enseñanza a los niños del acto sexual.