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¿Hacia dónde vamos? El negro futuro que nos depara el presidente Obama.

 

            La realidad geopolítica internacional actual es como es y, aunque la consejera de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Ben Rhodes, pudiera afirmar el 5 de septiembre de 2013 que “los Estados Unidos han jugado durante décadas el papel de mantener la arquitectura de la seguridad mundial y de reforzar las normas internacionales [y que] no queremos enviar un mensaje de que los Estados Unidos están de ningún modo huyendo de esta responsabilidad”[1], está claro que la envenenada afirmación de Obama del martes 24 de septiembre ante las Naciones Unidas es el origen de esta inquietante situación actual:

 

        “La noción de un imperio americano podría ser propaganda útil, pero no está confirmada por la actual política u opinión pública americana. En verdad, como el reciente debate abierto dentro de los Estados Unidos sobre Siria ha mostrado claramente el peligro para el mundo no es que América esté ansiosa por sumergirse en los asuntos de otros países o por tomar cualquier problema en la región como si fuera propio […] El peligro para el mundo es que los Estados Unidos, después de una década de guerra, se preocupe con razón de sus asuntos internos y, consciente de la hostilidad que nuestro compromiso en la región ha generado a través de todo el Mundo Islámico, pueda retirarse creando un vacío de liderazgo que ninguna otra nación está preparada para llenar”[2].

 

            No sólo los tradicionales aliados de los Estados Unidos y de lo que éste representa[3], sino también sus enemigos saben leer y son conscientes de que, en palabras del consejero del primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, el Sr. Yigit Bulut, “el mundo tiene un problema de liderazgo. Hoy hay dos líderes y medio en el mundo. Uno es Recep Tayyip Erdogan, el segundo es Putin y el medio es Obama”[4].

           

             Contra la tiranía no valen vacilaciones y la única forma de salir victoriosos ante los tiranos es mostrar fuerza y no debilidad como hacen hoy día los Estados Unidos bajo el mandato del presidente Obama, cuya única táctica reconocida parece ser finalizar guerras en lugar de ganar la paz. La traición consumada por el primer presidente afroamericano a la gran tarea encomendada a los Estados Unidos después de la derrota de los fascismos en Europa en 1945 de defender y de proteger las libertades y los valores occidentales en todo el mundo es el gran legado que Obama, con el aplauso de todos los insensatos que en su país y en el extranjero le apoyan, está dejando para las futuras generaciones de un muy dudoso mundo libre.

 

            La mejor diplomacia es la diplomacia armada, como argumentaba en un sensato artículo en el WSJ hace unas semanas el profesor de ciencias políticas y asuntos internacionales de la Universidad George Washington Henry R. Nau:

 

      “ ‘Diplomacia sin armas’, dijo en una ocasión el Rey de Prusia Federico el Grande, ‘es como música sin instrumentos’. Con ello quería decir que a menos que se prevenga al adversario de conseguir los objetivos por las armas fuera de las negociaciones, éste no tendrá ningún interés en tomarse en serio las alternativas pacíficas que se ofrecían dentro de las negociaciones […] Los déspotas de Teherán y de Damasco usan armas diariamente en casa y fácilmente en el extranjero antes y durante las negociaciones. Si los Estados Unidos usan las armas sólo cuando las negociaciones fallan, los déspotas usan la fuerza sin oposición hasta que consiguen sus objetivos […] Las armas obligan al adversario a tomarse en serio la diplomacia. Y usando un poco de fuerza antes se evita a veces la necesidad de utilizar una fuerza mayor después […] Cuando la diplomacia armada trabaja bien, no se tiene que utilizar la fuerza armada. Pero es un error suponer que tal fuerza militar no es necesaria.”[5]

 

            La fatal combinación de idealismo, ingenuidad e ignorancia es lo que está conduciendo a la diplomacia y a la política americana al desastre y a la auto-destrucción al abandonar su papel como guía y protectora de las libertades de Occidente. En palabras de Bret Stephens, “el presidente Obama ha pasado cinco años dando evidencias en abundancia de su deseo de reconciliarse con autócratas, como hizo con su ‘reset’ ruso; de superar la desconfianza demostrando la pureza de sus intenciones, como intentó hacer con su discurso de El Cairo; de valerse de cualquier ficción que le permitiera liberarse de sus obligaciones, como ha hecho con Siria. Un acuerdo con Irán, organizado a través de un acuerdo primero-de-este-tipo con el Sr. Rouhani, es una tentación personal e ideológica que el Sr. Obama es incapaz de resistir.

 

            En el caso de que tenga éxito (y espero que así sea), el Sr. Obama será saludado como un maestro en el arte de la diplomacia y un pacificador triunfante. Como con Yalta, no pasará mucho tiempo hasta saber quién ha sido traicionado y qué se ha perdido al servicio de una ilusión”[6].



[1] Lewis Libby y Hillel Fradkin, “Obama Needed More Than Translators at the U.N.”, WSJ, 26 de septiembre de 2013, pág. 14.

[2] Jay Solomon y Jared A. Favole, “Obama Sets Stage For Thaw With Iran”, WSJ, 25 de septiembre de 2013, pág. 11.

[3] Una muestra de la desilusión de los aliados occidentales de los Estados Unidos la ofreció el diputado laborista Paul Flynn, cuando en plena discusión sobre la participación o no del Reino Unido en una hipotética intervención armada en Siria se preguntaba “¿Acaso la razón real de que estemos aquí hoy no es el horror ante estas armas –si es que este horror existe– sino el resultado de un presidente americano que ha trazado insensatamente una línea roja, de manera que ahora está en la posición de atacar o de afrontar una humillación?”.

[4] De hecho, llegó a afirmar que “cien mil personas no habrían muerto en Siria si los Estados Unidos hubieran hecho lo que Erdogan dijo”. Sus declaraciones se encuentran recogidas en: “Turkish PM’s top aide says Erdogan one of only two Word leaders”, publicado en el diario turco Todayszaman el 29 de agosto de 2013 (http://www.todayszaman.com/news-324831-turkish-pms-top-aide-says-erdogan-one-of-only-two-world-leaders.html). Sobre el papel y los intereses que Turquía tiene en la zona, puede verse el reportaje de Adam Entous y Joe Parkinson “Turkey’s Spymaster Plots His Own Course on Syria”, WSJ, 11-13 de octubre de 2013, págs. 10-11.

[5] Henry R. Nau, “The Best Diplomacy Is Armed Diplomacy”, WSJ, 20-22 de septiembre de 2013, pág. 13.

[6] Bret Stephens, “Striking Deals with Despots”, WSJ, 25 de septiembre de 2013, pág. 18.