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¿Quiénes son los “rebeldes” sirios?

 


            A toda esta problemática, hay que añadir el infantilismo occidental a la hora de referirse a los “rebeldes” en lucha contra el régimen de Assad como “luchadores por la libertad”, como si se tratara de una idealizada guerrilla revolucionara marxista sudamericana. Nada más falso y alejado de la realidad.

            En primer lugar, los “rebeldes” sirios no constituyen un ejército homogéneo, sino que se dividen, por lo menos, en dos fuerzas principales. A saber:


1. Ejército sirio de liberación, compuesto en teoría por luchadores “moderados” que ven con buenos ojos a Occidente y esperan y desean su apoyo logístico contra Assad.

2. La coalición yijadista internacional conocida como “Estado Islámico de Irak y el Levante (al-Sham)”, formado por miembros y simpatizantes de Al-Qaeda.

 

            En segundo lugar, estas fuerzas están enfrentadas entre sí, no porque tengan diferencias teóricas sobre si sería mejor implantar una “monarquía” o una “república” tras el derrocamiento de Assad, sino por cuestiones de fe: ellos conciben esta lucha como una guerra entre distintas sectas del Islam, es decir, en Siria se está llevando a cabo un conflicto entre chiitas (ejército sirio de liberación)  y suníes (yijadistas).

 

          La coalición yijadista “se ha convertido en un imán para yijadistas extranjeros que ven la guerra en Siria no como un medio para derrocar el régimen de Assad, sino más bien como un campo de batalla para una gran guerra santa suní. De acuerdo con la profecía islámica secular que defienden, tienen que establecer un estado islámico en Siria como paso previo para conseguir uno a nivel mundial”[1].

 

            La conferencia del 13 de junio de 2013 que tuvo lugar en El Cairo y que reunió a clérigos regionales suníes acabó con la firma de un documento que llamaba a la yijad en Siria y que tuvo como resultado que se unieran a la lucha todavía más combatientes extranjeros.

 

           Estos islamistas gobiernan actualmente el norte de Siria, en la frontera con Turquía, aplicando no solamente la Sharia, sino también llevando a cabo ejecuciones de alauitas y chiitas, a quienes se les considera apóstatas, atacando santuarios chiitas y secuestrando y asesinando a los rebeldes pro-occidentales[2]. Además de estas lindezas, según nos informa Daniel Nisman, esta facción ultra-radical “ha sido criticada por su estricta imposición de la Sharia en las áreas liberadas, incluyendo ejecuciones públicas por delitos menores como consumo de alcohol o de tabaco”[3].

 

         Esta situación, en la que las fuerzas “rebeldes” se encuentran divididas entre lo que se podría denominar “radicales” y “moderados”, cuyos miembros se encuentran representados en el Consejo Militar Supremo del Ejército de Liberación Sirio, ligado a la Coalición Nacional Siria, sufrió un giro de 180 grados el 13 de septiembre de 2013. Este día, prominentes facciones sirias rebeldes se unieron bajo la bandera de una “Alianza Islámica” con la finalidad de que la Sharia fuera la “única fuente de legislación” en toda Siria.

 

            Entre los firmantes de esta nueva Alianza Islámica se encuentran los salafistas de Ahrar al-Sham, los afiliados a Al-Qaeda Jabhat al-Nusra, los islamistas moderados de Liwa al-Tawheed, Liwa al-Islam, Suqour al-Sham, Haqq, las Brigadas Furqan y varias unidades que estaban bajo la órbita del Ejército de Liberación Sirio como, por ejemplo, la Brigada de la Tormenta del Norte. Como hecho destacable, hay que señalar la ausencia de la organización “Estado Islámico de Irak y el Levante”, así como de algunas unidades seculares o moderadas como, por ejemplo, las brigadas Farouq o las de Ahfad al-Rasoul[4]. El motivo de esta alianza “radical” yace en parte en el desengaño continuo que las fuerzas “moderadas” están padeciendo por parte de las potencias occidentales, en concreto, de los Estados Unidos y del presidente Obama[5].

 

            El peligro que esta alianza supone para Siria es claro: “Aunque estos luchadores no forman la mayoría de los rebeldes, sus unidades están entre las mejor entrenadas y organizadas, poseyendo, por tanto, una mayor efectividad en el combate, en especial, en relación con las unidades poco disciplinadas y con pocos recursos afiliadas a la estructura del Consejo Militar Supremo del Ejército de Liberación Sirio”[6].

 

            De esta manera, “a las buenas intenciones de los moderados de Siria se les recompensa con retórica vacía y promesas incumplidas por parte de Occidente, mientras que los islamistas se están beneficiando de los misiles anti-tanques, de alimentos y financiación de Arabia Saudí, Qatar y donantes privados millonarios de todo el mundo islámico, quienes desean acabar con el régimen de Assad casi a cualquier precio”[7].



[1] Nour Malas y Siobhan Gorman, “Rebel-on-Rebel Violence Seizes Syria”, WSJ, 20-22 de septiembre de 2013, pág. 8.

[2] Ibidem.

[3] Daniel Nisman, “A New Islamist Alliance Among Syria’s Rebels”, WSJ, 27-29 de septiembre de 2013, pág. 15.

[4] Véase Nour Malas y Rima Abushakra, “Syrian Rebel Units Reject Exiled Leaders”, WSJ, 26 de septiembre de 2013, págs. 1 y 3 y el artículo anteriormente citado de Daniel Nisman.

[5] Además de los artículos citados en la nota anterior, véase el editorial del WSJ del 30 de septiembre, “Assad’s U.N. Partners”, pág. 12, donde se afirma que “por lo que se refiere a la oposición siria, ellos ven todo esto [es decir, el plan de desarme de la ONU y la actitud pasiva de los EE.UU.] como una victoria de Assad y una traición de Occidente. La semana pasada, 13 grupos rebeldes rompieron con el Consejo Militar Supremo moderado sirio con base en Turquía y se espera que se alineen con los luchadores islamistas afiliados a Al-Qaeda. Lejos de conducir hacia una paz duradera, la política diplomática en torno a las armas químicas parece haber radicalizado ambas partes”.

[6]Daniel Nisman, “A New Islamist Alliance Among Syria’s Rebels”, WSJ, 27-29 de septiembre de 2013, pág. 15.

[7] Ibidem.