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La guerra de Siria


            A pesar de que Siria lleva ya dos años y medio sumida en una guerra civil que ha causado más de 100.000 víctimas y que suma 6 millones de personas entre desplazados y refugiados, Occidente no ha querido tomar parte activa en el conflicto optando por una postura de “neutralidad”. La declaración más importante en este sentido es la expresada por parte del presidente Obama, quien dijo que la “línea roja” que provocaría una acción militar en Siria sería la utilización de armas químicas contra la población civil. Este ataque se produjo el 21 de agosto de 2013 en el distrito de Ghouta en Damasco, causando la muerte de más de 1.300 civiles.


           Los inspectores de la ONU que fueron a la ciudad el 26 de agosto confirmaron el 16 de septiembre en un informe que, en efecto, se habían utilizado armas químicas en el ataque. En concreto, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, informó ante el Consejo de Seguridad que se había lanzado gas sarín contra civiles, niños incluidos. “Esto es un crimen de guerra”, afirmó el secretario general. “La comunidad internacional tiene la responsabilidad de detener a los autores responsables y de asegurarse de que las armas químicas no vuelvan a aparecer como instrumento de guerra”[1].

           

             Como recogía el WSJ en su edición del día 19 de septiembre, “los descubrimientos detallados del informe de la ONU no dejaban duda alguna de que se habían lanzado cohetes fabricados en Rusia desde posiciones del ejército sirio. Pero, para detener a ‘los autores responsables’ tienes que nombrarlos y el Sr. Ban rechazó hacerlo, afirmando que a la ONU sólo se le había pedido que determinara si se habían utilizado armas químicas y que ‘es tarea de otros decidir si se tiene que continuar con este asunto para señalar a los posibles responsables’.”[2].

             

           Ante esta situación, los Estados Unidos, después de unas vacilaciones diplomáticas, declararon que atacarían las instalaciones de armas químicas de Assad. Este anuncio de una participación activa en la guerra civil de Siria con el fin de ayudar a los “rebeldes” pronto recibió el apoyo de Francia y del Reino Unido (si bien el Parlamento inglés posteriormente se negó a participar en una posible intervención armada) y el rechazo de Rusia, cuya postura oficial es de apoyo al régimen de Assad. Sin embargo, el ardor guerrero de Obama se extinguió bien pronto al afirmar que antes de proceder a cualquier intervención militar pediría permiso al Congreso de los Estados Unidos.

           

             El lunes 9 de septiembre de 2013 Rusia declaró públicamente que se encargaría de que el gobierno de Assad acordara una eliminación gradual de su hasta entonces negado arsenal químico, que debería llevarse a cabo en la imprecisa fecha de “a mediados de 2014”. A pesar de las reticencias de algunos miembros del gabinete de Obama, como la consejera de seguridad nacional Susan Rice, Obama saludó esta iniciativa indicando que “podría ser un avance potencialmente significativo”, mientras que al Senado le faltó tiempo para suspender la votación prevista para el miércoles 11 de septiembre acerca de si aprobaba o no una intervención armada en Siria. Assad, por su parte, dijo el martes día 10 de septiembre que aceptaría la oferta, puesto que ésta le aseguraba que no habría de padecer un ataque americano en su país, promesa que Putin se encargó de arrancar de los Estados Unidos como condición previa para cualquier acuerdo definitivo[3].

           

            De esta manera, a partir del acuerdo firmado entre rusos y americanos y del borrador que presentó Francia, el Consejo de Seguridad de la ONU estuvo trabajando durante dos semanas para elaborar una resolución que sería acordada por los cinco miembros del Consejo de Seguridad el día 27 de septiembre de 2013. La redacción de este acuerdo constituía toda una serie de concesiones a Rusia, puesto que esta resolución no iba acompañada de ninguna amenaza militar o sanciones como se estipula en el capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, ni culpaba a Assad de lo ocurrido el 21 de agosto cerca de Damasco[4]. Únicamente se estipulaba que cada 30 días se presentaría un informe a la ONU con los resultados de la destrucción de las armas químicas y se “obligaba” a Siria a no suministrar gas mostaza ni gas sarín, así como otras armas químicas, a grupos afines a ella en el conflicto como podría ser Hezbolá. Assad, por supuesto, aceptó este plan de la ONU el domingo día 29 de septiembre.


           Esta resolución de la ONU para la destrucción del armamento químico sirio es, no obstante, inoperante por diversas razones, entre las cuales se pueden destacar las siguientes:



               -   La logística de una empresa de tal envergadura es complicadísima, más todavía si se tiene en cuenta la situación de guerra del país. Ya el WSJ ponía en duda que se pudiera realizar como es debido, cuando sostenía irónicamente que “oh, y nosotros podemos estar seguros de ello, puesto que los inspectores de la ONU o de Rusia o quien sea serán capaces de localizar todo el arsenal químico, empaquetar armas que requieren un enorme cuidado en el transporte y luego controlar el futuro cumplimiento en la continua zona de guerra que es Siria”[5].


              Cuando los inspectores llegaron a principios de octubre a Siria[6], las sospechas del WSJ se vieron confirmadas. De esta manera, ya el 6 de octubre, si bien por un lado afirmaban que “hoy es el primer día de la fase de destrucción”, los inspectores no fueron capaces, sin embargo, de detallar ni qué se había destruido ni dónde[7]Lo que sí se ha podido observar es que el viernes día 11 de octubre “los aviones de combate de la fuerza aérea de Assad –los mismos que habrían sido destruidos por un ataque americano contra sus campos de aviación– bombardearon las áreas dominadas por los rebeldes en la ciudad de Safira, cuyo complejo militar se piensa que es la sede de una instalación de producción de armas químicas sirias. Suponemos que Assad no bombardeó Safira para que los ganadores del premio de la paz pudieran inspeccionar el lugar. Una suposición más plausible es que Assad desee recuperar el lugar de manera que pueda proteger y finalmente producir más armas químicas sarín y VX, unas armas que los inspectores no verán jamás”[8].

 

               - Junto a las cuestiones de logística hay que mencionar las de localización de las instalaciones. Como testimoniaba Michael Auslin hace unas semanas, “hay informes que indican que Assad está moviendo camiones llenos de armas químicas a Irak, de donde algunos creen que una parte podría haber venido en los días antes del ataque de George Bush a Saddam Hussein. Esconder armas en medio de una guerra civil no será muy difícil, así como la declaración de algunas áreas como ‘demasiado peligrosas’ para ser visitadas por parte de los inspectores, lo que servirá para frustrar todavía más sus esfuerzos”[9]


             Esta desconfianza también se ha visto confirmada con la llegada de los inspectores de la ONU. De hecho, éstos ya han advertido que “hay ciertos lugares localizados en áreas que son peligrosas” y que necesitarán de la protección del ejército sirio o, en su defecto, de las patrullas de la ONU. “No hemos empezado todavía nuestro trabajo de inspección en aquellos lugares, continúa Malik Ellahi, asesor político de Ahmet Uzumcu, director general de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas, pero pronto tendremos que hacerlo. En este sentido, será necesario asegurar las condiciones en el terreno de manera que nuestros equipos puedan proceder a hacer su trabajo de manera segura”[10]. Estas peticiones, obviamente, no han sido tenidas en cuenta. “Las reservas de Siria, estén donde estén, son sustanciales. La idea de que los inspectores holandeses eliminarán en medio de una guerra las armas químicas de Assad contradice la lógica y la historia de los regímenes corruptos”[11]


                 -  Por si no fuera suficiente, a estos dos serios inconvenientes hay que añadir la poca seriedad con la que se ha puesto como límite para la destrucción de estas armas la imprecisa fecha de “a mediados de 2014”[12], estando programado para el 1 de noviembre la destrucción de la capacidad de Siria de producirlas.


           En este sentido, Ahmet Uzumcu, decía el miércoles 9 de octubre que “yo no diría [que el plazo] no es realista, pero depende de la situación en el terreno […] La seguridad de nuestros expertos es la mayor preocupación […] Si podemos asegurar algún tipo de cooperación de todas las partes y se puede establecer algún cese temporal de las hostilidades para permitir a nuestros expertos trabajar en un ambiente permisivo, creo que se pueden alcanzar nuestros objetivos”[13]. El escepticismo expresado en estas palabras no se le escapa a ningún lector atento.


          Esta grotesca situación no es más que el resultado de la escandalosa tomadura de pelo llevada a cabo por parte de Rusia, que ha estado apoyando públicamente a Assad cuando éste negaba haber utilizado gas sarín y que ahora se hace pasar por su principal valedor y, sobre todo, del gobierno sirio, que de repente ha decidido eliminar unas armas que durante mucho tiempo ha negado que tenía[14] y que todavía niega haber usado[15].


        Con esta capitulación de Occidente ante Rusia y Siria, queda claro para el mundo y, en concreto, para las naciones enemigas de la libertad, el futuro papel que los actores principales de este acuerdo tienen en la conformación de la política internacional y, sobre todo, las terribles consecuencias que se derivan de esta situación para el pueblo sirio.


        De esta manera, Bashar Assad ha pasado de ser, “como por arte de magia, un criminal de guerra y un enemigo de la humanidad (en palabras del Secretario General de la ONU Ban Ki-moon) a un inevitable, es más, a un legítimo socio negociador, cuyo espíritu de cooperación y responsabilidad me temo que pronto escucharemos cómo se elogia por todos sitios.”[16]


        En este sentido, como explicaba el WSJ en un editorial el día 11 de septiembre, Assad “puede estar seguro de que no habrá una futura acción militar occidental contra él. El Sr. Obama no se arriesgará a forzar otra guerra dada la oposición en casa y en el extranjero a este intento. Assad sabrá, asimismo, que puede desencadenar todas sus fuerzas convencionales de nuevo contra los rebeldes e Irán y Rusia sabrán que pueden armarle con impunidad”[17].


          Por lo que respecta al resto de actores, Bernard-Henri Lévy describe la situación como sigue:


            “Estoy hablando de Vladimir Putin, quien consiguió acabar con el tour de forcé imponiéndose como pacificador, haciendo que todo el mundo olvidara, en el proceso, sus propios crímenes en Georgia, en Chechenia y en Rusia, con el mismo aplomo que ha mostrado cuando juega a ser un atleta superhombre que abate ballenas, tigres y un lucio gigante.

            Estoy hablando de la titubeante y miedosa América que hemos visto –a través de la increíble secuencia de eventos en los cuales el sabio y poderoso discurso del Secretario de Estado John Kerry se yuxtaponía sobre los comentarios extrañamente indecisos de Barack Obama–  tomar sucesiva y casi simultáneamente todas y cada una de las posiciones geopolíticas concebibles. Estoy hablando de una América dispuesta a la debilidad. Una quiescente América que el Sr. Putin, con su asombrosa lección sobre la moral democrática publicada en el New York Times[18], se ha permitido el lujo de humillar en su propia casa[19].

               Estoy hablando de Corea del Norte y de Irán, quienes tendrán buenas razones para creer que, desde ahora, la palabra de Occidente, sus amenazas, las promesas que hace a sus aliados, no valen absolutamente nada. […]

              Y, finalmente, estoy pensando en los civiles de Siria que todavía no han sido asesinados por el fuego de artillería u obligados a huir y quienes ahora, más que nunca, se encuentran atrapados en una bisagra entre el ejército del régimen –apoyado por consejeros rusos, auxiliares de Hezbolá y la Guardia Revolucionaria de Teherán– y los yijadistas que sacan fuerza de la abdicación de Occidente y que cada vez más son capaces de presentarse, a pesar de los venenosos resultados futuros no muy difíciles de imaginar, como la última esperanza de un pueblo se encuentra al borde del abismo”[20].


            Expuesta así la situación, “¿qué lección extraerán de todo esto los dictadores del mundo entero? Verán que hay una enorme utilidad en crear un arsenal de armas químicas e incluso en usarlas. Gas sarín, VX, ántrax y lo que pueda ser útil para intimidar a tus enemigos, ya sean domésticos o extranjeros y para asesinarlos. Pueden luego ser objeto de comercio a un alto precio en circunstancias favorables. También pueden servir como salvavidas para un dictador que está yéndose al garete.


            Los dictadores inteligentes se darán cuenta de que pueden intercambiar sus arsenales de armas químicas por tiempo con el fin de aplastar una insurrección y luego reconstruir el arsenal una vez que la población haya sido pacificada.


          Esto es lo que se concluye si uno se centra en lo que el Sr. Obama llama legalmente las ‘normas internacionales’ que excluyen el uso de armas químicas. Eligiendo no afrontar la difícil estrategia y los desafíos humanitarios planteados por la guerra civil siria, el presidente está obteniendo ahora como recompensa todos los incumplimientos que decía que él quería castigar. En nombre del control de armas, está incentivando la proliferación de armas químicas. En nombre de la ley internacional, está minando el respeto por los tratados. En nombre de los intereses de los Estados Unidos, está alentando a los enemigos de América.


           Bashar Assad tiene que estar bendiciendo al gas sarín que asesinó a aquellos hombres, mujeres y niños el 21 de agosto. Si dio la orden de atacar, fue un golpe magistral. Las víctimas de las armas químicas tiemblan de agonía. Assad, Vladimir Putin y el iraní Ali Jamenei tiemblan de risa”[21].



[2] Editorial del WSJ del 19 de septiembre de 2013, “Chemical Weapons and Turtle Bay”, pág. 12.

[3] Cfr. el editorial del WSJ del 11 de septiembre de 2013, “Obama Rescues Assad”, pág. 12. Una renuncia al ataque que no le costó mucho a Obama, pues, como afirmó en su discurso ante la ONU del 24 de septiembre, “yo no creo que la opción militar –por parte de los que están en Siria o por poderes externos– pueda alcanzar una paz duradera. Ni creo que América o cualquier otra nación deba determinar quién tiene que gobernar Siria. Ésta es una decisión del pueblo sirio”. Véase el discurso completo en http://www.politico.com/story/2013/09/obama-un-speech-transcript-2013-97261.html.

[4] Obama, en su discurso anteriormente mencionado en la ONU, afirmó que era “era un insulto a la razón humana y a la legitimidad de esta institución [la ONU] sugerir que alguien distinto al régimen llevó a cabo este ataque”.

[5] Editorial del WSJ del 11 de septiembre de 2013, “Obama Rescues Assad”, pág. 12.

[6] Cfr. Naftali Bendavid, “Weapons Watchdog Says Syria Is Aiding Its Efforts So Far”, WSJ, 30 de septiembre de 2013, pág. 13.

[7] Associated Press, “Destruction of Syrian Chemical Arms Begins”, WSJ, 7 de octubre de 2013, pág. 9.

[8] Editorial del WSJ del 14 de octubre de 2013, “A Wishful Peace Prize, pág. 12.

[9] Michael Auslin, “North Korean Rules for Syria”, WSJ, 25 de septiembre de 2013, pág. 18. Véase también la entrevista a Julian Barnes, corresponsal en el Pentágono del WSJ en: http://live.wsj.com/video/syria-scattering-chemical-weapons-to-secret-sites/C65ED1F9-FE84-4105-AC73-C371F926C774.html?mod=WSJ_article_outbrain&;obref=obnetwork#!C65ED1F9-FE84-4105-AC73-C371F926C774.

[10] Naftali Bendavid, “Security Is Cast as Vital to Syria Disarmament Plan”, WSJ, 10 de octubre de 2013, pág. 10.

[11] Editorial del WSJ del 14 de octubre de 2013, “A Wishful Peace Prize”, pág. 12.

[12] Cfr. Bernard-Henri Lévy, “The Syria Deal Has a Hint of Munich”, WSJ, 19 de septiembre de 2013, pág. 14.

[13] Naftali Bendavid, “Security Is Cast as Vital to Syria Disarmament Plan”, WSJ, 10 de octubre de 2013, pág. 10.

[14] En una entrevista en un diario sirio el domingo 6 de octubre, Assad afirmaba que habían empezado a fabricar armas químicas en la década de los años 80 con el único fin de poder competir con Israel, sosteniendo que la producción se había parado la década siguiente. Cfr. Associated Press, “Destruction of Syrian Chemical Arms Begins”, WSJ, 7 de octubre de 2013, pág. 9. Una declaración formal de todo su arsenal de armas químicas se espera que se presente el 27 de octubre.

[15] Cfr. el editorial del WSJ del 11 de septiembre de 2013 “Obama Rescues Assad”, pág. 12 y el artículo de Bret Stephens, “The Price of Ignoring Mideast Reality”, WSJ, 18 de septiembre de 2013, pág. 13.

[16] Bernard-Henri Lévy, “The Syria Deal Has a Hint of Munich”, WSJ, 19 de septiembre de 2013, pág. 14. En un artículo publicado el día anterior, Douglas J. Feith, escribía: “Durante los dos años que han llevado al ataque con gas sarín el 21 de agosto en Damasco, Obama ha estado diciendo que el dictador sirio ‘tenía que irse’. Ya no. En un mes, Assad ha pasado de ser un carnicero sin ley a un socio en el desarme […] El Presidente Obama ha hecho ahora que sea en interés de los EE.UU. que Assad se quede en el poder. Esto significa que Assad tiene que quedarse, no irse, puesto que se le necesita para negociar y cumplir con un acuerdo para destruir las armas químicas de Siria. El acuerdo, si se negocia con éxito, llevará años cumplirlo. El control de armas significa obviamente que nunca tendrás que pedir perdón”. Douglas J. Feith, “A Very Productive Chemical-Weapons Attack”, WSJ, 18 de septiembre de 2013, pág. 14.

[17] Editorial del WSJ del 11 de septiembre de 2013 “Obama Rescues Assad”, pág. 12.

[18] El artículo de Putin, titulado “A Plea for Caution From Russia. What Putin Has to Say to Americans About Syria” y publicado el 11 de septiembre, acababa con las siguientes palabras: “Mi relación personal y de trabajo con el Presidente Obama está marcada por una creciente confianza. Aprecio que así sea. He estudiado cuidadosamente su discurso a la nación del martes. Y me gustaría poder diferir de una afirmación que hizo sobre el excepcionalismo americano al afirmar Obama que la política de los Estados Unidos es ‘lo que hace diferente a América. Es lo que nos hace excepcionales’. Es extremadamente peligroso animar a la gente a verse a sí mismos como excepcionales, sea cual sea la motivación que empuje a ello. Hay países grandes y países pequeños, ricos y pobres, aquellos con gran tradición democrática y aquellos que todavía están buscando su camino a la democracia. Sus políticas también difieren. Todos nosotros somos diferentes, pero cuando pedimos la bendición del Señor, no tenemos que olvidar que Dios nos creó a todos iguales”. (http://www.nytimes.com/2013/09/12/opinion/putin-plea-for-caution-from-russia-on-syria.html?pagewanted=all&;_r=0). Sobre esta estrategia de Putin, basada en un claro anti-americanismo, véase el artículo de David Satter, “Russia’s Anti-American Foreign Policy”, WSJ, 24 de septiembre de 2013, pág. 18, donde puede leerse que “el anti-americanismo de Rusia se va probablemente a intensificar. A diferencia de la Unión Soviética, Rusia no tiene una ideología universal capaz de inspirar lealtades que trasciendan los límites nacionales. El anti-americanismo es una especie de sustituto que le permite a Rusia forjarse un papel prominente en los asuntos mundiales que no podría tener jamás si se preocupara sólo de actuar positivamente”.

[19] “Un comentarista inglés en el The Telegraph, llamaba el lunes a esto ‘el peor día para los EE.UU. y la diplomacia occidental en su conjunto desde que hay memoria’ y esto es sólo una suave exageración. Un presidente de los EE. UU. débil e inconstante ha sido manipulado por los enemigos de América declarando que una derrota en su política sobre Siria era en realidad un triunfo”. Editorial del WSJ del 11 de septiembre de 2013 “Obama Rescues Assad”, pág. 12. El artículo citado del diario inglés pertenece a Charles Crawford y lleva por título “Syria, chemical weapons, and the worst day in Western diplomatic history”. En internet se puede leer en http://blogs.telegraph.co.uk/news/charlescrawford/100235250/syria-chemical-weapons-and-the-worst-day-in-western-diplomatic-history/.

[20] Cfr. Bernard-Henri Lévy, “The Syria Deal Has a Hint of Munich”, WSJ, 19 de septiembre de 2013, pág. 14. La triste situación de los civiles sirios se puede observar, por ejemplo, en un reportaje publicado en el WSJ en el que se denunciaba cómo en las poblaciones gaseadas a finales de agosto las tropas fieles a Assad prohibían la entrada de ayuda humanitaria: Sam Dagher, “Syrian Regime Blocks Food to Town That Was Gassed”, WSJ, 4-6 de octubre de 2013, págs. 14-15 y Joe Lauria, “Russia Calls on Syria to Allow Aid”, WSJ, 4-6 de octubre de 2013, pág. 15. En este sentido, se afirma en un editorial en el WSJ que “el asedio muestra que entregue o no Assad todas sus armas químicas, el acuerdo EE.UU.-Rusia ha sido una victoria estratégica para Assad y sus patrones en Irán. Ahora puede dar rienda suelta a sus fuerzas para asesinar a la oposición por cualquier medio posible en tanto que no utilice por quinceava vez armas químicas. Puede incluso dejar morir de hambre a miles de personas, incluyendo mujeres y niños, sabiendo que no corre ningún riesgo de intervención occidental. La frase hecha para esto es paz de cementerio”. Editorial del WSJ, “Let Them Starve”, 7 de octubre de 2013, pág. 12.

[21] Douglas J. Feith, “A Very Productive Chemical-Weapons Attack”, WSJ, 18 de septiembre de 2013, pág. 14. La gran carcajada de estos tres defensores de la democracia y de la libertad ante la debilidad de Occidente se debió reforzar con la propuesta de la ONU de querer organizar una conferencia de paz en Ginebra entre el gobierno sirio y las fuerzas rebeldes a mediados de noviembre. Cfr. Natasha Brereton-Fukui, “Kerry Urges No Letup on Syria”, WSJ, 8 de octubre de 2013, pág. 10.