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EE.UU., Siria e Irán o el Nuevo Orden Mundial

 

Introducción

 

            Los terribles atentados cometidos el 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono supusieron toda una lección de realismo para el mundo occidental. Los enemigos de la libertad no se encontraban ya en lejanos parajes de Palestina, Irak o Afganistán, sino en territorio civilizado y estaban dispuestos a morir matando a tantos “infieles” como fuera posible en nombre de Alá y de su rencoroso y enfermizo odio contra la cultura y los valores occidentales.

            A pesar de la escasa distancia histórica que se posee para poder realizar un análisis ponderado de las consecuencias geopolíticas que estos ataques terroristas trajeron consigo, se dispone, no obstante, de toda una serie de datos objetivos que nos permiten intuir cuáles son estos efectos y hacia dónde nos conducen.

            Si nos centramos en Europa, ésta ha desaparecido por completo de la política internacional y ha quedado reducida a una simbólica unión de Estados soberanos que intenta sobrevivir por todos los medios y vías posibles a una idea de hermandad europea que la actual crisis financiera está demostrando como ilusoria. Estamos ante el fracaso de un proyecto de Unión Europea que se formó demasiado rápido, centrándose únicamente en lo económico y que no ha sabido hacer hincapié en lo que une a los europeos con el fin de superar los particularismos y los egoísmos nacionalistas.

            El desarrollo político de los EE.UU., por su parte, ha demostrado una vez más la tesis de que el destino de las guerras no se decide en el campo de batalla, sino en la retaguardia. Tras la ofensiva emprendida por el presidente G. W. Bush contra Irak y Afganistán en lo que se denominó “Guerra contra el Terror”, los progresistas norteamericanos llevaron a cabo una dura campaña de desprestigio contra Bush y su acción militar que culminó en el año 2008 con la llegada a la Casa Blanca del primer presidente afroamericano de la historia del país: Barack Hussein Obama.

            Conocido por su formación intelectual comunista y religiosa anti-americana y anticolonialista, una de las primeras medidas que tomó Barack Obama fue la de acabar con las guerras contra el terrorismo islamista emprendidas por la Administración Bush. De esta manera, el presidente Obama pretendía erradicar la visión de los EE.UU. como “policía mundial” de forma que fuera considerado a partir de entonces como un país más en el escenario geopolítico internacional. Esta política de Obama tenía como principales ejes un acercamiento a China (donde se realizó la primera visita oficial al extranjero de la Administración Obama) y al mundo musulmán (recuérdese su discurso en El Cairo), a la vez que un progresivo y nada disimulado distanciamiento de Europa, acompañado por un “reset” en lo que se refería a las relaciones con la antigua gran potencia soviética con el fin de mejorar las mermadas relaciones entre ambos países.

            Los resultados de esta política se han podido constatar con claridad en el transcurso de los cinco años que Obama lleva al mando de la Administración americana: “conclusión” de la guerra de Irak, futura retirada completa de tropas de Afganistán y reacción por ausencia ante las denominadas “primaveras árabes” y los conflictos en Egipto (donde su ambigua política es en parte culpable de la situación actual), en Libia (donde se vio forzada a participar, pero con el principio de “leading from behind”) y en Siria e Irán.