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Deutsche Raus! O cómo los suizos muestran el camino a seguir

La cuestión alemana en la sociedad suiza. 

 

El 29 de noviembre de 2009 Suiza decidía en referéndum popular y por iniciativa de diversas organizaciones, entre ellas el Partido Popular Suizo (Schweizerische Volkspartei, SVP[1]), si el país helvético tenía que prohibir o consentir la construcción de más minaretes en su territorio. La propuesta se acompañaba de un cartel bastante significativo que pretendía demostrar las consecuencias que tendría la permisibilidad y la tolerancia con el Islam.

 

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Con una tasa de participación de alrededor del 55 % de la población, el 57,5% de los suizos votó a favor de la prohibición de seguir construyendo minaretes, una medida que no afectaría, sin embargo, a los cuatro ya existentes en territorio helvético. Sólo cuatro cantones recharazon esta iniciativa con relativa mayoría: Ginebra, con un 59,7%, seguida de Vaud (53,1%), Basilea Ciudad (51,64%) y Neuchatel (50,9%).

Con esta decisión, el pueblo suizo no sólo respaldaba una medida que quería evitar el incremento del poder social de un grupo político-religioso que no acata ni obedece las leyes democráticas suizas y que representa un peligro para el mundo no-musulmán, sino que también ponía las bases para la resistencia europea contra el Islam. Las reacciones por parte de la comunidad internacional no se hicieron esperar y tanto desde los países árabes como desde algunos países europeos (en especial, Alemania) se criticó fuertemente esta decisión popular, equiparándola, en lo referente a las posibles consecuencias, con las famosas viñetas sobre Mahoma que aparecieron en el diario danés “Jyllands Posten” el 30 de septiembre de 2005.

Como continuación de esta lucha por la democracia y la libertad en Suiza, el SVP publicó el 15 de diciembre en el diario Neue Zürcher Zeitung (NZZ) una nota en la cual denunciaba el gran incremento de inmigrantes que había en su país, así como los desmesurados gastos que su mantenimiento e integración tenían que sufragar los suizos. Entre estos inmigrantes peligrosos para las arcas del país helvético se mencionaban a los negros africanos, a los musulmanes, a los procedentes de los países balcánicos, pero también a los alemanes. Contra este colectivo en especial, el SVP sostenía que había que actuar con extrema severidad, puesto que no sólo se adueñaban de los puestos mejor pagados y atractivos en el terreno de la investigación y los hospitales, sino también pretendían “germanizar” la universidad suiza[2]. En la nota publicada se decía que “los coderos extranjeros se apremian por nuestros puestos de trabajo” (Ausländische Ellbögler drängen an unsere Arbeitsplätze), e incluso se llega a afirmar que “el mezquino alemán se pasea a sus anchas. Pues los alemanes contratan, ante todo, a alemanes – en las universidades y en los hospitales” (Deutscher Filz macht sich breit. Denn Deutsche stellen vor allem Deutsche an - an der Uni und in den Spitälern). Con el epígrafe “¡Cada vez más arrogancia extranjera! (Immer mehr ausländische Arroganz!) se mostraban sonrientes al político suizo Hans-Rudolf Merz[3] junto con el antiguo ministro alemán de finanzas Peer Steinbrück[4] y se acusaba de la insostenible situación a la izquierda y a los ingenuos que acogen y toleran gustosamente a los alemanes en Suiza.

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La crítica a los inmigrantes como criminales y como aquellos que se aprovechan de las ventajas sociales de unas instituciones a cuyos funcionarios insultan y amenazan cuando no consiguen lo que desean habría pasado desapercibida si no fuera por el hecho de que, por vez primera en Europa, se incluye entre a los inmigrantes no deseados a los alemanes.

Esta denuncia del SVP de la creciente afluencia de profesores y estudiantes alemanes en las universidades suizas provocó que unos 207 profesores de la Universidad de Zürich y de la ETH (Eidgenössische Technische Hochschule), también de Zürich, publicaran un comunicado conjunto al día siguiente en el mismo diario (el NZZ), argumentando que con “la retórica, la ideología y la política racista y xenófoba del SVP se torpedea la formación de nuestra juventud, se compromete nuestro futuro, se envenena la sociedad y se daña aquello que hace habitable nuestra ciudad y nuestro país: la amistosa vecindad de diferentes culturas”[5].

Como respuesta a esta acción, el presidente del SVP, Roger Liebi, declaró que tenía testimonios de profesores suizos que se habían quejado del hecho de que en Suiza se contrataba felizmente a profesores de origen alemán, mientras que en Alemania sólo aceptaban aquellos profesores que fueran de su misma nacionalidad y señalaba cómo de los 207 firmantes, más de 60 eran ciudadanos procedentes del país germano[6].

Estas declaraciones de Liebi se acompañaron el día 30 de diciembre con la publicación de un breve informe en el que se recogían toda una serie de declaraciones de profesores y médicos suizos donde se criticaba el acoso de los alemanes en Suiza[7]. Al día siguiente se publicaba una nota en la que el SVP cargaba directamente contra los profesores firmantes, en concreto, contra los de origen alemán[8]. Bajo el epígrafe “A nuestros profesores: ¿son los alemanes una raza?”, el SVP comentaba un detalle curioso del escrito presentado por el gremio de profesores a sus acusaciones de germanización de la universidad suiza[9]. Por su decisiva importancia, reproducimos aquí el contenido de la nota en toda su extensión:

Nosotros, como ciudadanas y ciudadanos comunes del SVP, nos alegramos de que 200 grandes profesores se ocupen de la política. Aunque sean lo suficientemente ingenuos como para firmar un comunicado redactado por izquierdistas y marxistas conocidos desde hace ya tiempo por nosotros. Es maravilloso que también hayan firmado aquel comunicado – que pretende refutar al mezquino alemán – 65 profesores alemanes. Porque le llamamos el mezquino, los profesores injurian al SVP de “racista”.

Nosotros, gente común, no sabíamos en absoluto hasta ahora, que los alemanes fuesen una raza. Pero, en fin, fueron ya antaño los grandes profesores los que implantaron en el mundo la superstición de la raza.

¡Juzgue usted mismo el gráfico[10] que se adjunta aquí al lado si hay o no hay un mezquino alemán!

¿Pero qué tienen que decir los grandes profesores de ello? Nos informan de que estarían orientados precisamente “a lo internacional”. Nosotros, los del SVP, no sabíamos en absoluto hasta ahora que el mundo internacional terminaba en Alemania.[11]

 

 

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El 6 de enero del 2010, Roger Köppel, por su parte, publicaba un editorial en el diario Die Weltwoche titulado “Deutschtümelei”[12], donde comentaba la polémica indicando que, según las indicaciones del diputado del FDP[13] Philipp Müller, a finales de 2009 habían llegado a Suiza mensualmente cerca de 1.600 nuevos alemanes, entre ellos muchos académicos. Köppel recordaba cómo, según los testimonios históricos, “las primeras semillas del nacionalismo moderno crecieron en las universidades, donde los estudiantes extranjeros se agrupaban para defenderse peleándose frente a los nativos”.

Es un hecho, añadía, que el número de profesores de origen alemán está aumentando en las universidades suizas, especialmente en el ámbito de las humanidades, gracias sobre todo, al amiguismo allí imperante. Este aumento, no obstante, poco tendría que ver con el tópico habitual, según el cual los mejores investigadores serían de origen alemán. “El gran número de colaboradores alemanes en las universidades ya no se puede explicar por el hecho de que Alemania produce los mejores académicos del mundo. Es más probable que sea lo contrario. Si las universidades alemanas fueran las mejores, no tendríamos tantísimos profesores alemanes en Suiza”[14].

Por último, Köppel combatía la crítica de un profesor de filosofía alemán de la ETH de Zürich, Michael Hampe[15], quien calificaba las palabras del SVP de “brutalización y desculturización”, agregando que con ello se deseaba llevar a cabo una “nacionalización” y “helvetización” de la universidad suiza, de la misma manera que se había producido en la URSS y en la Alemania Nacional-Socialista. Köppel señalaba como exagerada la crítica del académico alemán, argumentando que no habría sido capaz de entender qué es lo que estaba pidiendo claramente el Patido Popular Suizo: “La defensa de Hampe de los alemanes es algo pueblerino. Y un malentendido de sus adversarios. La crítica del SVP no es ningún alegato para la protección de la patria, sino una llamada para una mayor apertura al mundo y menos germanomanía en las universidades suizas”[16].

La prensa alemana pronto se hizo eco de esta polémica, sosteniendo que el número de alemanes que iban a Suiza a trabajar era bastante alto, pero que éstos iban a menudo “bien formados” y concurrían en el mercado de trabajo directamente y en igualdad de condiciones con los suizos. Esta competitividad se reflejaba tanto en el número de estudiantes, como en el de científicos en las universidades y hospitales, así como en bancos y en consejos empresariales, puesto que éstos suelen estar mejor pagados y soportan menos impuestos que en Alemania. Con todo, los alemanes no se dan cuenta en ocasiones de las diferencias entre ellos y los suizos ni del desprecio que despiertan entre estos últimos. De los cerca de 7,7 millones de habitantes que hay en el país helvético, unos 200.000 serían alemanes, constituyendo así uno de los grupos más importantes de inmigrantes[17].

El magazine universitario de la revista de orientación izquierdista Der Spiegel “Unispiegel”[18] también comentaba la discusión en Suiza, concentrándose no en los profesores, sino en las experiencias de los estudiantes alemanes en las universidades suizas. Así, traía a colación el caso de varios estudiantes alemanes que, ilusionados, iban a estudiar a Suiza, encontrándose a su llegada cuán difícil era “entrar en contacto con los estudiantes suizos” y teniendo que padecer por las noches el rechazo en la entrada de los clubs con el argumento de que eran alemanes: “Fue un shock para mí. Pensaba que los suizos me recibirían con los brazos abiertos”. Otro estudiante que también había marchado a St. Gallen a estudiar recuerda que cuando se encontraba entre suizos y hablaba “hochdeutsch” (lo que podríamos denominar “alemán standard”) sus compañeros suizos le decían “Vuélvete a casa al Reich”. Un especialista en Telecomunicaciones mantiene, por su parte, que los alemanes no tienen ni idea de cómo son realmente los suizos, burlándose únicamente de su acento, y de que éstos consideran a los alemanes en muchos aspectos “arrogantes”.

El rotativo insistía de nuevo en el hecho de que los alemanes son un tipo de inmigración con una formación “más allá de la normal”, viéndose esto reflejado en el hecho de que trabajan tanto en hospitales, como en bancos, aseguradoras, universidades, etc. Reconocía, asimismo, que había habido un incremento en estos últimos años de alemanes que habían emigrado al país vecino, viéndose esto reflejado en la prensa en titulares tales como “Invasión de los alemanes” o “Nueva ola de alemanes”. Por último, volvía a insistir en las diferencias “culturales” entre ambos y relataba el caso de una estudiante de intercambio de Berlín que tuvo que sufrir las descalificaciones de un veterinario al comentarle que no disponía de suficiente dinero en efectivo para pagarle por el tratamiento de su perro.

El diario socialdemócrata Die Zeit publicaba el 17 de enero del presente año un artículo firmado por Peer Teuwsen intitulado tendenciosamente “¡Extranjeros fuera! La derecha suiza ha encontrado un nuevo enemigo: los profesores alemanes que investigan y enseñan en las universidades suizas”[19] en el cual se comentan las declaraciones del veterano estratega del SVP Christoph Blocher en noviembre de 2009, cuando criticaba que cada mes entraran constantemente nuevos alemanes en Suiza. Esta inmigración alemana fue la que dio pie a que en diciembre del 2009 apareciera en el Neue Zürcher Zeitung el comunicado del SVP en contra de los alemanes, en concreto, de los profesores. Teuwsen sostenía que en la Confederación Helvética no sólo trabajan más de un cuarto de millón de alemanes, sino que en su gran mayoría son gente “bien formada académicamente”. Asimismo, reconocía el gran valor de la reacción de los profesores suizos (y alemanes), quienes, al contrario que los musulmanes frente al referéndum acerca de los minaretes, sí han sido lo suficientemente valientes como para levantar la voz contra la “propaganda de derechas” y la “xenofobia”. La aparición del comunicado con la estadística de los profesores alemanes vuelve a poner, a su juicio, en evidencia que se trate realmente de un mero problema universitario, dejándose entrever, antes bien, algo más complejo: el miedo de los suizos a pasar de nuevo por un “annus horribilis” en la economía. En este contexto, el autor del artículo señala que “los nacionalconservadores quieren eludir con su retórica otra discusión. Los alemanes no son el problema, puesto que toman, sobre todo, los puestos que los suizos no quieren”.

Los suizos deberían tomar conciencia – argumenta más adelante P. Teuwsen – de que los profesores de universidad suizos “han abandonado imperdonablemente” la investigación a favor de su propio currículum, de que los puestos de profesores ya no son atractivos para los suizos y de su “incapacidad de concebir la nueva competencia del extranjero como lo que es: como una posibilidad de probarse a sí mismos”.

Esta ya vieja enemistad entre suizos y alemanes[20] y la reacción airada de los profesores alemanes en Suiza y de los medios en Alemania demuestra que el SVP ha tocado aquí, con su crítica a los alemanes, uno de los tabúes europeos más celosamente evitados. Si la crítica del Partido Popular Suizo se hubiera limitado, como sucede en toda Europa (en Alemania, sobre todo) a descalificar a negros, musulmanes, latinoamericanos o eslavos, no habría trascendido en absoluto la noticia. Ahora bien, un alemán no puede tolerar que se le clasifique de inmigrante no-deseado y, menos todavía, que se le coloque impunemente al lado de tales colectivos. Los alemanes, como se encargan de repetir una y otra vez sus medios de comunicación, son gente “culta”, con una “gran formación” que los distingue del resto de los inmigrantes. Ellos son personas educadas, preparadas,que van a Suiza con el fin de enriquecer con su potencial y sus conocimientos la ciencia suiza o, mejor dicho, la ciencia a nivel “internacional”.

En definitiva, que si no fuera por el carácter cínico e insultante de esta argumentación, hasta produciría risa leerla e incluso podría inducir a pensar a algún despistado que los alemanes son realmente así. Sobre todo, si ese ingenuo despistado vive en España, el único país más o menos civilizado que todavía hoy conserva en Europa una imagen positiva de Alemania y de los alemanes.



[2] De hecho, el número de profesores alemanes en las universidades suizas ha aumentado en estos últimos años de manera espectacular. Entre el año 2003 y 2007 un 31 % de los profesores eran alemanes. En el 2008, de los 479 profesores contratados en las universidades suizas, 164 eran de origen alemán, lo que constituía un 34%.

[3] Político suizo que fue elegido presidente de la Confederación Suiza el 10 de diciembre de 2008. Bajo su gobierno se tomaron las medidas anunciadas por la OCDE para combatir el fraude fiscal y apoyar, por consiguiente, la desaparición del secreto bancario con lo que se rendía pleitesía de alguna manera a Alemania. Cfr. nota siguiente.

[4] Famoso miembro del partido socialdemócrata alemán (SPD), ministro de finanzas de 2005 a 2009 con el gobierno de Merkel, se caracterizó por sus diversas críticas al gobierno suizo y, en concreto, a sus finanzas en relación a la evasión de impuestos y al secreto bancario, sosteniendo en un primer momento que había que azotar a los suizos como si fueran niños y, posteriormente, identificándolos con los indios americanos, mientras que a la OCDE y a los alemanes con la Cavallería. Esto provocó una serie de reacciones adversas por parte de la opinión pública suiza, la cual no sólo lo tildó de “El feo alemán” (Blick Am Abend, edición del 17 de marzo de 2009; http://www.blick.ch/news/schweiz/steinbrueck-verspottete-unsere-politiker-114503), sino que incluso un diputado suizo, Thomas Müller (CVP/SG) afirmó en el Parlamento que “Peer Steinbrück, se tiene que decir claramente, define nuevamente la imagen del feo alemán. Me recuerda a aquella generación de alemanes que hace 60 años iban por las calles con abrigos de cuero, botas y brazaletes”. Toda esta polémica no arredró al ministro alemán quien en una entrevista en el Süddeutsche Zeitung afirmó que  “los suizos invitan a los extranjeros a infringir las leyes en sus países” (Cfr. http://www.sueddeutsche.de/finanzen/573/462192/text/ y http://www.blick.ch/news/schweiz/steinbrueck-verspottete-unsere-politiker-114503). Desde entonces su imagen se asocia al teutón agresivo y arrogante que quiere expoliar económicamente a Suiza. Cfr. para un resumen de la problemática desde el punto de vista alemán: http://www.spiegel.de/international/europe/0,1518,613990,00.html

[5] El comunicado puede leerse en http://weltoffeneschweiz.org/

[7] El documento, bajo el título “Wo Rauch ist, ist auch Feuer” se puede consultar en http://www.roger-liebi.ch/images/pdf/CommProf.pdf

[10] En el gráfico se mostraba una estadística del número de profesores suizos, alemanes y de otras nacionalidades en la universidad de Zürich donde se podía observar el progresivo aumento de académicos procedentes de Alemania.

[11] El texto original reza como sigue: „Wir als gewöhnliche Bürgerinnen und Bürger von der SVP freuen uns, dass sich 200 hohe Professoren mit der Politik befassen. Obwohl sie naiv genug sind, ein Inserat zu unterzeichnen, das ihnen uns längst bekannte Linke und Marxisten aufgesetzt haben. Schön, dass auch 65 deutsche Professoren jenes Inserat – welches den deutschen Filz widerlegen soll – unterzeichnet haben. Weil wir den Filz benennen, beschimpfen die Professoren die SVP als «rassistisch». Wir Gewöhnlichen wussten bisher gar nicht, dass die Deutschen eine Rasse sind. Aber es waren ja schon damals die hohen Professoren, die den Rassen-Aberglauben in die Welt gesetzt haben. Urteilen Sie anhand der nebenstehenden Grafik selber, ob es einen deutschen Filz gibt oder nicht! Aber was sagen die hohen Professoren dazu? Sie belehren uns, sie seien eben «international» ausgerichtet. Wir von der SVP wussten bisher gar nicht, dass die internationale Welt in Deutschland aufhört“.

[13] FDP o Freisinnig-Demokratische Partei (Partido radical democrático o “Partido radical”, como se le suele denominar en Suiza) es un partido de orientación liberal.

[14] „Der hohe Anteil deutscher Universitätsmitarbeiter kann ja nicht allein dadurch zu erklären sein, dass Deutschland die besten Akademiker der Welt produziert. Wahrscheinlicher ist das Gegenteil. Wären die deutschen Unis besser, hätten wir nicht so viele deutsche Professoren in der Schweiz“.

[15] Hampe había publicado un artículo en el cual criticaba la actitud “xenófoba” del SVP y abogaba por la “internacionalización” del saber en Suiza. (http://www.tagesanzeiger.ch/schweiz/standard/Folgt-auf-die-Arisierung-die-Helvetisierung/story/15725297).

[16] „Hampes Verteidigung der Deutschen ist Schollendenken. Und ein Missverständnis seiner Gegner. Die SVP-Kritik ist kein Plädoyer für Heimatschutz, sondern ein Ruf nach mehr Weltoffenheit und weniger Deutschtümelei an den Schweizer Universitäten“. Una crítica a este editorial de Köppel se publicó en el Basler Zeitung al día siguiente con la firma de Guido Kalberer bajo el elocuente título de “Nach den Muslimen die Deutschen. Roger Köppel und seine ‘Weltwoche’ spielen mit dem Feuer der Fremdenfeindlichkeit” (http://bazonline.ch/kultur/diverses/Nach-den-Muslimen-die-Deutschen/story/29631029)

[19] El titular original era: “Ausländer raus! Die Schweizer Rechte hat ein neues Feindbild entdeckt: die deutschen Professoren, die an Schweizer Universitäten forschen und lehren“. Cfr. http://www.zeit.de/2010/03/Schweiz-Hochschulen-Professoren. En la página de www.academics.de aparecía esta noticia con el título de “¡Extranjeros fuera! Los profesores alemanes no son bienvenidos en todos sitios” (Ausländer raus! Deutsche Professoren sind nicht überall willkommen). Cfr. http://www.academics.de/wissenschaft/auslaender_raus_deutsche_professoren_sind_nicht_ueberallwillkommen_36989.html.

[20] La obra recientemente publicada del Dr. Bruno Reihl (alemán emigrado a Suiza) explica esta “diferenciación” y la problemática convivencia de suizos y alemanes desde un punto de vista que pretende ser “didáctico” para los alemanes: Der feine Unterschied – Ein Handbuch für Deutsche in der Schweiz, Midas Verlag, Zürich, 2009.