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Artur Mas y Mariano Rajoy o de la actual miseria de la política española

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El 21 de diciembre de 2012, Artur Mas fue proclamado presidente de la Generalidad de Cataluña con los votos a favor de Convergència i Unió (CiU) y de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). De esta manera, se iniciaba la X Legislatura de gobierno de la Comunidad Autónoma de Cataluña desde que se realizaran las primeras elecciones democráticas tras el fallecimiento de Francisco Franco en 1975.

Esta X Legislatura ha sido concebida por CiU y ERC como aquella que consumará por fin las “ansias de libertad del pueblo catalán” en su camino hacia la “independencia” y hacia la “soberanía nacional”, esto es, la que creará las estructuras legislativas necesarias para poder realizar un referéndum en el que se legitime democráticamente la creación de un nuevo estado desgajado de España[1].

El texto programático nacido del pacto entre las dos formaciones separatistas titulado “Acord X Legislatura”[2] tiene como finalidad exponer los principios sociales y económicos sobre los que se apoyará la acción de gobierno de CiU y de ERC. Asimismo, en este acuerdo es posible observar de manera diáfana cuál es la verdadera naturaleza o “tarannà” de esta coalición. A modo de ejemplo, sirvan los siguientes párrafos:

“L’incompliment sistemàtic dels acords per part del Govern de l’Estat respecte de Catalunya i la manca d’atenció a les últimes demandes legítimes (nou Estatut d’Autonomia i pacte fiscal en la línia del concert econòmic) agreugen una situación econòmica i social insostenible i deixen la Generalitat amb un marge d’actuació del tot insuficient per articular respostes adequades a les necessitats de la gent.” (Acord, pág. 1)

“Al llarg dels darrers trenta anys, una part molt important del catalanisme s’ha compromès a fons en la transformació de l’Estat espanyol per fer-hi encaixar Catalunya sense haver de renunciar ni a les legítimes aspiracions nacionals, ni a la voluntat d’autogovern, ni a la continuïtat com a nació. Però els intents d’encaix de Catalunya amb l’Estat espanyol i les seves reiterades respostes negatives són, avui, una via sense recorregut. És per aquest motiu que CiU i ERC consideren que Catalunya ha d’iniciar una nova etapa basada en el dret de decidir per garantir el progrés social, el desenvolupament econòmic, l’enfortiment democràtic i el foment de la cultura i la llengua pròpies.” (Anexo 1, pág. 1)

“Caldrà també dur a terme un programa de comunicació que tingui per objecte transmetre a l’opinió pública, a les autoritats europees i a la comunitat internacional l’esforç que està fent Catalunya i l’actitud manifestament deslleial del Govern espanyol.” (Anexo 3, pág. 2)

“El Govern [català] també es compromet a denunciar la deslleialtat manifesta de l’Estat espanyol envers Catalunya en aspectes estatutaris i sectorials.” (Anexo 3, pág. 3)

“Els greuges i la privació per part de l’Estat espanyol del dret legal de diposar dels ingressos que es generen a Catalunya a partir de multitud d’aspectes.” (Anexo 3, pág. 3)

Toda esta serie de improperios y ofensas institucionales contra España se han sucedido sin solución de continuidad desde que en 1980 accediera al poder Jordi Pujol habiendo alcanzado su punto álgido en el llamado “anhelo de libertad” expresado en la manifestación celebrada el 11 de septiembre de 2012. Todo ello, siempre, con el beneplácito y la complicidad del Gobierno de la nación.

Ante esta situación, muchas personas se han sorprendido (algunas incluso escandalizado) por una serie de filtraciones, según las cuales el Gobierno de España estaría supuestamente barajando la posibilidad de suspender la autonomía catalana en el caso de que los políticos nacionalistas se atrevieran a convocar un referéndum con vistas a la separación de Cataluña del resto de España, apoyándose en el artículo 155 de la Constitución Española.

El escándalo no se ha motivado tanto por las presuntas declaraciones del Gobierno del Partido Popular, como por el hecho de que las haya permitido e incluso realizado el mismo Mariano Rajoy. Lo que la prensa española ignora o no resalta con la suficiente claridad es que esta “defensa” repentina de la unidad de España por parte de Rajoy no nace de unas profundas convicciones personales, sino que viene forzada por la presión internacional. El domingo día 16 de diciembre, el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung publicaba un artículo a toda página firmado por Leo Wieland en el que se llevaba a cabo un análisis bastante ponderado sobre la situación social, económica y política en Cataluña y en el que se podía leer lo siguiente:

“El presidente del Gobierno Mariano Rajoy, quien ante el movimiento secesionista había respaldado en un primer momento una política de apaciguamiento, se sobresaltó después cuando le preguntó la canciller Angela Merkel si España podría realmente descomponerse por culpa de los catalanes. Lo que Merkel quería decir en realidad era que nadie querría prestar dinero a una España amputada.”[3]

Tal y como pasó con las medidas anti-crisis tomadas in extremis por el anterior presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, las recientes manifestaciones de algunos miembros del PP e incluso del propio Rajoy sosteniendo que de ningún modo se permitirá la realización de un referéndum que conduzca hacia la separación de Cataluña están motivadas por la presión extranjera, en concreto, por la  canciller alemana Angela Merkel. Las últimas declaraciones del presidente Rajoy en la entrevista publicada en el diario El Mundo el 24 de diciembre de 2012 así lo prueban: éstas no están en absoluto dirigidas al lector español, sino que tienen como destinatario la opinión pública internacional. He aquí una de sus afirmaciones más significativas:

“Sería bueno que el Gobierno y el PSOE fijaran una posición común sobre Cataluña”.

Rajoy sostiene, además, que le gustaría que Artur Mas rectificara su deriva secesionista, puesto que esto “sería bueno para Cataluña y para toda España”, aunque reconoce que “es una situación compleja y difícil. Y yo estoy dispuesto a ayudar a superarla. Lo único que tengo que decir es que la ley nos obliga a todos.”

Asimismo, se observa cómo el presidente de España no se pronuncia abiertamente sobre la posibilidad de suspender el gobierno autonómico de Cataluña o de inhabilitar a Artur Mas, sosteniendo que “todos estamos sometidos al imperio de la ley y que espero que todos actúen en consecuencia y no se haga nada que contravenga la ley […] Yo soy el primero que está sometido al imperio de la ley. Y la ley también se cumplirá en Cataluña”.

De cara al extranjero estas declaraciones de Rajoy pueden dar la impresión de que el presidente del Gobierno es consciente de la problemática que se está desarrollando durante estos últimos meses en la comunidad catalana, mostrando no sólo que es un gran estadista al querer buscar apoyo en su lucha por la unidad y la estabilidad de la nación en el principal partido de la posición, sino también un profundo respeto por la base principal de toda democracia como es la ley, al afirmar que debe ser respetada y que es igual para todos.

El problema está en que, si bien este discurso puede causar en el extranjero una sensación de firmeza por parte de Rajoy, nosotros, los españoles que vivimos en España y, más concretamente, en Cataluña, sabemos que sus palabras son vacías y sin intención alguna. Es más, que miente.

Nosotros conocemos a Mariano Rajoy; nosotros sabemos que este lerdo, que esta nulidad política, cuyos intereses intelectuales se reducen a la programación diaria de “Teledeporte” es un farsante y un mentiroso; nosotros sabemos que su despreciable oportunismo político ha provocado que no sólo incumpliera todos y cada uno de los puntos principales del programa político con el cual concurrió a las elecciones (no subida de impuestos, no recortes sociales, lucha incondicional contra ETA y la corrupción política, independencia de la justicia, etc.), sino también la ruina económica de muchísimas familias españolas; nosotros sabemos que su amor al poder, que no a España, es lo que está provocando que retrase el tan necesario rescate económico para nuestro país[4]; nosotros sabemos que este despreciable pusilánime no tiene las agallas suficientes para plantar cara al reto secesionista, de ruptura con España encabezado por CiU y apoyado en su forma más radical por los terroristas comunistas de ERC; nosotros sabemos, en definitiva, que los políticos separatistas de Cataluña son bien conscientes del carácter cobarde de Rajoy y que éstos cuentan precisamente con ello para seguir pergeñando la ruptura de nuestro país.

Una prueba más de cómo los políticos secesionistas catalanes saben que les está todo permitido ha sido lo ocurrido en la ceremonia de nombramiento de Artur Mas como presidente de la Generalidad celebrada el día 24 de diciembre de 2012. A este acto no han asistido simbólicamente ni Ciutadans ni la CUP[5]. Por parte del Gobierno de España y en calidad de su máximo representante ha estado presente el Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, quien no sólo ha tenido que padecer una sonora pitada tanto a su llegada[6] como a su salida[7] del Palacio de la Generalidad, sino también se ha visto desplazado durante el evento a una discreta segunda fila, junto con los expresidentes de la Generalidad, en lugar de estar en la primera fila, como ordenaba el protocolo[8].

Asimismo, Artur Mas se ha permitido pronunciar un discurso completamente soberanista con la clara intención de mostrar su profundo desprecio a España como nación y como país ante la mirada de satisfacción del auditorio[9], quien disfrutó con perlas como  que “El rumb que porten avui els governs català i espanyol és de col·lisió” o que “El govern espanyol no ha de posar portes al camp ni reixes a la voluntat del poble de decidir el seu futur”.

Posteriormente, durante el juramento para ser nombrado presidente de la Generalidad de Cataluña, Artur Mas se permitió también tapar con un telón negro un cuadro con la imagen del Rey de España[10] y responder a la pregunta de si “Prometeu per la vostra consciència i el vostre honor complir fidelment les obligacions del càrrec de president de la Generalitat de Catalunya amb fidelitat al rei, la Constitució, l'Estatut d'Autonomia i les institucions nacionals de Catalunya?” con un “Sí, ho prometo i amb plena fidelitat al poble de Catalunya.”[11]

Ante estos ataques contra España, el Ministro Cristóbal Montoro se limitó a comentar al finalizar el acto que lo importante es la cuestión económica y que él tampoco desea que se produzca ningún choque entre Cataluña y España, como si se estuviera hablando de dos Estados distintos y soberanos[12].

De la misma manera que sucede con otras regiones problemáticas de nuestro país, el culpable de que en Cataluña se haya podido formar un gobierno cuya única meta principal es romper la unidad nacional con el fin de mostrar su ilimitado y profundo odio a todo lo que pueda recordar a España es el gobierno central de Madrid.

El problema con los nacionalistas catalanes no empieza, como muchos todavía creen, con los “grandes pactos” de la Transición, sino con la misma dictadura del General Franco. Y el motivo no es, como dice cierto revisionismo histórico separatista, porque Franco censurara, maltratara y humillara a Cataluña con la prohibición del idioma y de la cultura “propia”, sino más bien por todo lo contrario.

Es un mito anti-histórico que Franco tratara mal a Cataluña o al País Vasco. Y los hechos, a pesar de la propaganda revisionista, están ahí y hablan por sí mismos: Fue Franco, quien invirtió enormes cantidades de dinero en fomentar la industria tanto en las Vascongadas como en Cataluña, favoreciendo que se creara en aquellas zonas unos niveles de prosperidad de tal magnitud que provocaron que grandes colectivos de personas de otras regiones españolas tuvieran que emigrar a allí para poder ganarse la vida.

Es un mito anti-histórico que Franco marginara, humillara o prohibiera la lengua catalana. Y esto lo prueba el hecho de que al poco de acabar la Guerra Civil se podían publicar revistas y libros en catalán, de que ya en pleno franquismo se pudiera crear una editorial estrictamente catalana y con nombre en catalán como Edicions 62 y de que se realizaran tanto actividades culturales como premios literarios en catalán. Asimismo, hay que destacar que un gran número de instituciones catalanistas fueron creadas durante el Régimen como, por ejemplo, Òmnium Cultural o que autores que habían sido falangistas alcanzaron su reconocimiento literario en catalán, como demuestra el caso de Llorenç Villalonga. En un ámbito más popular, tenemos la constatación empírica que supone todo ese colectivo de personas mayores que, aún hoy, no han hablado otra lengua en toda su vida que no fuera la catalana y que a duras penas pueden componer una frase en español sin errores sintácticos o de pronunciación[13].

El gran miedo que tenían durante la transición los nacionalistas vascos y catalanes consentidos por el retrospectivamente cruel y represor dictador Franco no era otro que el de perder los privilegios alcanzados y mantenidos durante el franquismo. De ahí el cupo vasco y de ahí que desde la transición se les permita absolutamente todo a los políticos nacionalistas catalanes.             

El grandísimo problema de ausencia de cultura democrática y de falta de libertades que padece actualmente Cataluña tiene su origen en el socio de Honor del F. C. Barcelona Francisco Franco, quien mimó hasta la saciedad una de las regiones españolas en las que con más satisfacción y alivio se le recibió cuando entró con las tropas nacionales en 1939. Constituye un despreciable acto de hipocresía e insulto a la verdad histórica observar cómo todos aquellos que recibieron a Franco con el brazo derecho levantado porque les había salvado “la paradeta” de la destrucción perpetrada por terroristas comunistas y separatistas y que cantaban con más fuerza que el resto de los españoles el “Cara el sol”, pretenden ahora pasar por demócratas y por fieros luchadores anti-franquistas que denuncian las “censuras” y las supuestas “persecuciones” del franquismo a la cultura catalana[14].

De aquellos polvos vienen estos lodos y todo lo que se ha hecho desde la Transición democrática no ha sido otra cosa que continuar la política de apaciguamiento y de mimo  iniciada por el General Franco. De ahí que ni los padres de la Constitución Española (entre los cuales se encontraba, no conviene olvidarlo, un representante del actual partido en el gobierno catalán CiU, el Sr. Miquel Roca), ni los distintos presidentes del Gobierno (Suárez, González, Aznar, Zapatero o Rajoy) hayan hecho nada para poner fin a las injustificadas y delirantes pretensiones del nacionalismo catalán.

Ahí están, por ejemplo, los pactos de González con Pujol o las irresponsables transferencias en sanidad y en educación a Cataluña realizadas por Aznar, quien además es culpable de haber debilitado a su propio partido con la expulsión de Aleix Vidal-Quadras de la política catalana como condición del apoyo de CiU a su gobierno y de haber permitido que se llevaran a cabo impunemente las primeras sanciones a los comerciantes que rotulaban en español. Por no hablar de Zapatero, el auténtico artífice del Estatuto actual de Cataluña, aprobado por una minoría de catalanes, en el que se prohíbe de facto la enseñanza en español en las escuelas catalanas y que sostenía que España era un concepto “discutido y discutible”, o de Rajoy, el pusilánime entre los pusilánimes, que permite que se siga persiguiendo el español en Cataluña y que los políticos catalanes puedan ir a Madrid a insultar a todos los españoles, a quien no le tiembla la mano a la hora de indultar a políticos corruptos de Unió y de seguir financiando a una casta política que ha anunciado de manera pública su deseo de crear unas estructuras de Estado con el fin de proclamar la “independencia”, destruir la unidad de España y acabar así con todo rastro de español en la sociedad catalana. En definitiva, la política de Madrid ha sido y es un continuo “y suma y sigue” en su táctica de “apaciguamiento” frente a la sinrazón del separatismo catalán.

Los resultados de las elecciones catalanas del 25 de noviembre del 2012[15] han mostrado las consecuencias de lo que sucede cuando el poder ejecutivo renuncia a ejercer su función y abandona una región a manos de una casta de políticos corruptos y resentidos que promueven el odio contra España en sus ciudadanos desde la más tierna infancia a través de la educación y de toda una serie de medios de comunicación convenientemente subvencionados[16].

De ahí que tenga toda la razón el ahora de nuevo presidente Artur Mas cuando sostiene que ni el PP, ni Ciutadans, ni UPyD tienen autoridad alguna para criticar la deriva secesionista de Cataluña, la cual ha sido refrendada ampliamente por el electorado catalán, puesto que objetivamente es así. Que una gran parte de la sociedad catalana que acudió el pasado 25 de noviembre a las urnas haya dado su confianza democrática a un partido que tiene su sede embargada a causa del llamado “cas Palau” y cuyos líderes se han visto salpicados no por un caso de corrupción, sino por varios[17], demuestra el grado de enfermedad generalizada en la que ha caído el “pueblo catalán” después de 30 años de ininterrumpida propaganda nacionalista.

Que la sociedad catalana esté enferma; que en Cataluña no se pueda estudiar en español; que el idioma español esté perseguido en todos los ámbitos importantes de la sociedad; que gente que no ha nacido en Cataluña abogue por la separación de esta región española por motivos históricos, económicos o sociales que no conoce ni comprende muy bien, pero cuyos “argumentos” repite a la perfección gracias a la eficiente propaganda de TV3, entre otros medios de comunicación que están bajo la batuta política y económica de la Generalidad, es culpa única y exclusivamente del gobierno estatal y de esa tan irresponsable como ineficaz política de apaciguamiento iniciada tras la Guerra Civil por el General Franco.

Hacia dónde nos llevará esta cobarde actitud política está todavía por determinar. Ahora bien, si se ha de juzgar por lo visto hasta el momento, tanto el destino de Cataluña (si al final consigue separarse) como el del conjunto de España parecen bastante claros: acabar siendo una república bananera con unos niveles de corrupción y de pobreza mucho más acentuados de los que puede observarse en cualquier dictadura tercermundista.

 



[1] Sobre los más que previsibles riesgos de este pacto de CiU con ERC ya advirtió en su momento la burguesía catalana, quien pidió a Mas que llegara a un acuerdo bien  con el PP o con el PSC a fin de mantener la cohesión social y no embarcarse en aventuras peligrosas que pudieran tener graves consecuencias económicas para la región. Cfr. http://politica.elpais.com/politica/2012/12/22/actualidad/1356198968_628727.html

[2] El documento se puede consultar online en http://www.ciu.cat/media/78434.pdf.

[4] Cfr. los análisis económicos llevados a cabo por Roberto Centeno en www.cotizalia.com: http://www.cotizalia.com/opinion/disparate-economico/

[5] Partido anti-sistema, separatista y próximo a Bildu, que ya está recibiendo los mimos de la prensa subvencionada por la Generalidad por su agresiva lucha contra Ciutadans: http://www.elpuntavui.cat/noticia/article/7-vista/8-articles/605285-la-cup.html

[10] http://www.elmundo.es/elmundo/2012/12/24/barcelona/1356360726.html y http://politica.elpais.com/politica/2012/12/24/videos/1356360043_341607.html. A esta afrenta a la Corona Real hay que añadir su reacción al discurso del Rey, al afirmar que no lo vio “porque tenía que pensar” en la composición de su futuro gobierno autonómico. Véase http://politica.e-noticies.cat/mas-no-va-seguir-el-discurs-del-rei-71405.html

[12] http://www.ara.cat/politica/Montoro-assegura-espanyol-desitja-Catalunya_0_834516663.html.  En el caso de que el lector quiera hacerse una idea de cómo las gastan los voceros subvencionados del separatismo catalán, puede consultar el siguiente comentario a la asistencia del Ministro Montoro: http://www.elpuntavui.cat/noticia/article/7-vista/8-articles/605128-ho-has-entes-montoro.html.

[13] Entre la bibliografía sobre el tema, véase Javier Barraycoa, Historias ocultadas del nacionalismo catalán, Libros Libres, Madrid, 2011 y Jesús Laínz, Desde Santurce a Bizancio. El poder nacionalizador de las palabras, Ediciones Encuentro, Madrid, 2011.

[14] Véase, por ejemplo, VV. AA., Homenaje de Cataluña liberada a su caudillo Franco, Ediciones del Fomento de la Producción Nacional, Barcelona, 1940 e Ignasi Riera, Els catalans de Franco, Plaza & Janés, Barcelona, 1998 (publicado en español por la misma editorial al año siguiente).